¿Dónde Están los Refugiados Deportados?
Ayer nos enteramos, por televisión -no por la prensa escrita, que no dice palabra sobre el asunto- que de los 26.000 refugiados que deben ser deportados, varios miles de ellos ya han sido efectivamente deportados. Unos 2.500 de entre ellos recibieron finalmente un permiso de residencia, después de que la ministro Verdonk, la hija de Hitler, reconsiderara sus casos. Cerca de mil o mil quinientos habrían vuelto voluntariamente a sus países de origen. Varios cientos -no recuerdo cuántos, quizás 600- han "entrado en la clandestinidad" y cerca de 2.000 han "partido del país con destino desconocido".
El servicio de inmigración, que ha sido acusado de intolerables y increíbles violencias y abusos contra los refugiados, pretende que su responsabilidad termina una vez que los deportados cruzan las fronteras. De gran parte de la gente retornada o deportada, y de las personas desaparecidas, dice el servicio no saber nada. Esto no es solamente negligencia; es también una violación de las leyes y tratados internacionales que protegen a los refugiados y a las personas que necesitan ayuda y asilo por correr sus vidas peligro en sus países de origen por razones diversas. El derecho de asilo se estableció con ese fin. Y se protege por su medio a personas perseguidas por razones políticas, étnicas, religiosas, raciales e incluso de definición sexual. Es un derecho antiguo, que viene del derecho de gentes de la antigüedad. Y es reconocidamente un buen derecho, y una buena ley.
La responsabilidad del servicio de inmigración no termina cuando los deportados cruzan la frontera. Debe además cerciorarse de que esas personas, obligadas en realidad a volver, no sufran la persecución ni las violencias de las que debieron escapar en primer lugar. El gobierno holandés no puede garantizar que a esas personas no se las perseguirá. Sólo en los casos reconocidos de personas que pidieron asilo por razones exclusivamente económicas se puede esperar que no sean perseguidas o molestadas, y aún en esos casos es dudoso que no sufran algún tipo de acoso. Además, el gobierno holandés tiene una responsabilidad adicional, porque esas personas vivieron en Holanda durante al menos cinco años, y han dejado aquí sus ambientes sociales, sus redes de amigos e incluso hasta familiares.
Dicho esto, volvamos al asunto. De los refugiados desaparecidos de los archivos del servicio de inmigración hay unos 600 que "entraron en la clandestinidad", que es una categoría usada por el propio servicio. Vale decir, se fugaron de los centros de detención de refugiados' y están probablemente en Holanda en lugares desconocidos. Se supone que están en Holanda porque, sin tener pasaporte ni otros documentos de identidad, es imposible que hayan podido salir del país.
La categoría que más extraña es la esos 2.000 refugiados que "han partido con destino desconocido". ¿Qué quiere decir? Si, como todos los demás refugiados, no tiene pasaportes ni documentos de identidad, ¿cómo han podido "partir", vale decir, salir del país? Que han "partido con destino desconocido" significa que no se han fugado de los centros de detención, como los que han "entrado en la clandestinidad". Si han salido del país, no pueden haberlo hecho sin pasaporte, debido a que sin él no habrían podido comprar un billete de avión. Se puede salir de Holanda por tren o autobús, pero en las fronteras hay fuertes controles de los documentos de identidad, sobre todo en las fronteras, y ciertamente habrían sido sorprendidos y devueltos a los centros de detención. Si han salido por avión, quiere decir que el servicio de inmigración les devolvió sus documentos; pero si es así, y salieron del país por avión o por tren o por autobús con documentos de identidad, entonces su destino no es desconocido. Sin embargo, el servicio de inmigración dice no saber dónde están.
Y esa es la pregunta que la prensa holandesa no plantea y que el servicio de inmigración no quiere responder: ¿Dónde están esos refugiados?
Según otras informaciones, Holanda ha llegado a un acuerdo secreto con Nigeria y varios otros países africanos según el cual esos países se comprometen a recibir en su territorio a refugiados deportados aún si no provienen de esos países originalmente, a cambio de fondos e incluso a cambio de ayuda al desarrollo. De ser así, es esta igualmente una violación del derecho internacional, sobre todo porque Holanda asume que, una vez los deportados fuera del país, ya no es responsabilidad suya saber qué ocurre o ha ocurrido con ellos. Es bastante posible, así, que esas personas estén encarceladas o hayan sido incluso asesinadas.
Es una perspectiva espantosa, pero no debemos desdeñarla. En 2003, dos somalíes deportados a Nigeria fueron asesinados a poco de llegar a ese país. Entonces el servicio de inmigración se lavó las manos. Aquí nadie dijo nada. La prensa calló y ningún parlamentario hizo preguntas sobre el asunto. Se trataba nada más que de dos casos.
Ahora se trata de 2.000 mil casos, y una gran parte de esas personas han sido declaradas ahora "desaparecidas". Según se supone, una gran parte de esos refugiados "partidos con destino desconocido" han sido en realidad deportados a Nigeria y otros países africanos. Pero no se sabe qué ha ocurrido con ellos en esos países. Esos refugiados están desaparecidos.
Es escalofriante recordar que el gobierno holandés que colaboró con los nazis en la Segunda Guerra Mundial argumentaba lo mismo que argumenta ahora el servicio de inmigración. Las autoridades holandesas eran responsables de los judíos sólo hasta la frontera; lo que ocurriera con ellos después de cruzar la frontera no era su responsabilidad. También "desaparecían con destino desconocido". En realidad, eran entregados a los alemanes, que los trasladaban a campos de concentración y exterminio. La gran mayoría de ellos fueron asesinados por los nazis. La policía holandesa que les deportó no fue nunca castigada.
Es urgente que la comunidad internacional tome cartas en el asunto. Es urgente que se investigue sobre el destino de esas personas y es urgente que el mundo obligue al gobierno holandés a revelar dónde están esos refugiados. Es urgente que la comunidad internacional, y la Unión Europea en primer lugar, ponga fin a las prácticas represivas, inhumanas e ilegales del gobierno holandés en su tratamiento de los refugiados. Es urgente que la comunidad internacional obligue al gobierno holandés y a la hija de Hitler a decirnos dónde están esos refugiados.
* Terminando de escribir esta crónica, se informa en la prensa -que sin embargo nada ha dicho sobre la desaparición de los refugiados- que el servicio de inmigración de Holanda acaba de admitir a 150 refugiados africanos. Curioso. Ciertamente es una decisión loable y hemos de alegrarnos que esas 150 personas estén ahora libre de peligro y puedan rehacer sus vidas. Pero la pregunta anterior se hace todavía, si se quiere, más pertinente: ¿Dónde están los deportados desaparecidos en Nigeria y otros países africanos? Es quizás demasiada coincidencia que el gobierno holandés aparezca con estos refugiados admitidos justo en los momentos en que se descubre la desaparición de 2.000 refugiados deportados.
El servicio de inmigración, que ha sido acusado de intolerables y increíbles violencias y abusos contra los refugiados, pretende que su responsabilidad termina una vez que los deportados cruzan las fronteras. De gran parte de la gente retornada o deportada, y de las personas desaparecidas, dice el servicio no saber nada. Esto no es solamente negligencia; es también una violación de las leyes y tratados internacionales que protegen a los refugiados y a las personas que necesitan ayuda y asilo por correr sus vidas peligro en sus países de origen por razones diversas. El derecho de asilo se estableció con ese fin. Y se protege por su medio a personas perseguidas por razones políticas, étnicas, religiosas, raciales e incluso de definición sexual. Es un derecho antiguo, que viene del derecho de gentes de la antigüedad. Y es reconocidamente un buen derecho, y una buena ley.
La responsabilidad del servicio de inmigración no termina cuando los deportados cruzan la frontera. Debe además cerciorarse de que esas personas, obligadas en realidad a volver, no sufran la persecución ni las violencias de las que debieron escapar en primer lugar. El gobierno holandés no puede garantizar que a esas personas no se las perseguirá. Sólo en los casos reconocidos de personas que pidieron asilo por razones exclusivamente económicas se puede esperar que no sean perseguidas o molestadas, y aún en esos casos es dudoso que no sufran algún tipo de acoso. Además, el gobierno holandés tiene una responsabilidad adicional, porque esas personas vivieron en Holanda durante al menos cinco años, y han dejado aquí sus ambientes sociales, sus redes de amigos e incluso hasta familiares.
Dicho esto, volvamos al asunto. De los refugiados desaparecidos de los archivos del servicio de inmigración hay unos 600 que "entraron en la clandestinidad", que es una categoría usada por el propio servicio. Vale decir, se fugaron de los centros de detención de refugiados' y están probablemente en Holanda en lugares desconocidos. Se supone que están en Holanda porque, sin tener pasaporte ni otros documentos de identidad, es imposible que hayan podido salir del país.
La categoría que más extraña es la esos 2.000 refugiados que "han partido con destino desconocido". ¿Qué quiere decir? Si, como todos los demás refugiados, no tiene pasaportes ni documentos de identidad, ¿cómo han podido "partir", vale decir, salir del país? Que han "partido con destino desconocido" significa que no se han fugado de los centros de detención, como los que han "entrado en la clandestinidad". Si han salido del país, no pueden haberlo hecho sin pasaporte, debido a que sin él no habrían podido comprar un billete de avión. Se puede salir de Holanda por tren o autobús, pero en las fronteras hay fuertes controles de los documentos de identidad, sobre todo en las fronteras, y ciertamente habrían sido sorprendidos y devueltos a los centros de detención. Si han salido por avión, quiere decir que el servicio de inmigración les devolvió sus documentos; pero si es así, y salieron del país por avión o por tren o por autobús con documentos de identidad, entonces su destino no es desconocido. Sin embargo, el servicio de inmigración dice no saber dónde están.
Y esa es la pregunta que la prensa holandesa no plantea y que el servicio de inmigración no quiere responder: ¿Dónde están esos refugiados?
Según otras informaciones, Holanda ha llegado a un acuerdo secreto con Nigeria y varios otros países africanos según el cual esos países se comprometen a recibir en su territorio a refugiados deportados aún si no provienen de esos países originalmente, a cambio de fondos e incluso a cambio de ayuda al desarrollo. De ser así, es esta igualmente una violación del derecho internacional, sobre todo porque Holanda asume que, una vez los deportados fuera del país, ya no es responsabilidad suya saber qué ocurre o ha ocurrido con ellos. Es bastante posible, así, que esas personas estén encarceladas o hayan sido incluso asesinadas.
Es una perspectiva espantosa, pero no debemos desdeñarla. En 2003, dos somalíes deportados a Nigeria fueron asesinados a poco de llegar a ese país. Entonces el servicio de inmigración se lavó las manos. Aquí nadie dijo nada. La prensa calló y ningún parlamentario hizo preguntas sobre el asunto. Se trataba nada más que de dos casos.
Ahora se trata de 2.000 mil casos, y una gran parte de esas personas han sido declaradas ahora "desaparecidas". Según se supone, una gran parte de esos refugiados "partidos con destino desconocido" han sido en realidad deportados a Nigeria y otros países africanos. Pero no se sabe qué ha ocurrido con ellos en esos países. Esos refugiados están desaparecidos.
Es escalofriante recordar que el gobierno holandés que colaboró con los nazis en la Segunda Guerra Mundial argumentaba lo mismo que argumenta ahora el servicio de inmigración. Las autoridades holandesas eran responsables de los judíos sólo hasta la frontera; lo que ocurriera con ellos después de cruzar la frontera no era su responsabilidad. También "desaparecían con destino desconocido". En realidad, eran entregados a los alemanes, que los trasladaban a campos de concentración y exterminio. La gran mayoría de ellos fueron asesinados por los nazis. La policía holandesa que les deportó no fue nunca castigada.
Es urgente que la comunidad internacional tome cartas en el asunto. Es urgente que se investigue sobre el destino de esas personas y es urgente que el mundo obligue al gobierno holandés a revelar dónde están esos refugiados. Es urgente que la comunidad internacional, y la Unión Europea en primer lugar, ponga fin a las prácticas represivas, inhumanas e ilegales del gobierno holandés en su tratamiento de los refugiados. Es urgente que la comunidad internacional obligue al gobierno holandés y a la hija de Hitler a decirnos dónde están esos refugiados.
* Terminando de escribir esta crónica, se informa en la prensa -que sin embargo nada ha dicho sobre la desaparición de los refugiados- que el servicio de inmigración de Holanda acaba de admitir a 150 refugiados africanos. Curioso. Ciertamente es una decisión loable y hemos de alegrarnos que esas 150 personas estén ahora libre de peligro y puedan rehacer sus vidas. Pero la pregunta anterior se hace todavía, si se quiere, más pertinente: ¿Dónde están los deportados desaparecidos en Nigeria y otros países africanos? Es quizás demasiada coincidencia que el gobierno holandés aparezca con estos refugiados admitidos justo en los momentos en que se descubre la desaparición de 2.000 refugiados deportados.
El Caso del Caco Marroquí
Qué contraste entre la conmoción que causó la muerte del caco marroquí en Amsterdam y la violación de tres mujeres somalíes en el sur del país. Veamos el primer caso. Dos rateros pararon su motocicleta detrás del coche de una señora (holandesa) que estaba de compras en un supermercado. Al salir y subirse al coche, uno de los cacos (el marroquí) abrió la portezuela y le arrancó el bolso de las manos. Corrió a montarse en el sillín de atrás de la motocicletas, para huir. Pero la mujer fue más rápida. Puso marcha atrás y arremetió a toda velocidad contra los cacos. En su ataque, arrancó cuatro amsterdamitos (tubos de metal entre la calzada de la calle y la acera). El coche arrastró a la motocicleta y la aplastó contra un árbol; el caco murió igualmente aplastado y despachurrado.
La mujer descendió del coche, pero no para ayudar al herido -que estaba muerto- sino para huir, pues la gente que había presenciado el incidente se volcó contra ella y pretendía agredirla o detenerla mientras llegaba la policía.
Pues bien, este suceso de crónica roja ha causado un enorme revuelo, provocando las habituales e insensatas intervenciones de los políticos. La hija de Hitler declaró toda pancha que según ella la muerte del caco no constituía un delito de asesinato. Y tiene toda la razón. La fiscalía ha anunciado sus intenciones de procesarla por homicidio involuntario. Pero ¿qué tiene que decir una ministro sobre este asunto? Y el diputado neo-nazi Wilders se acercó a la prensa para insistir en que según él la solución de la delincuencia se encuentra en la deportación de los delincuentes a sus países de origen. No dijo nada sobre qué hacer con los delincuentes holandeses ni si a ellos habría que deportarlos también.
La pregunta es pertinente porque el caco muerto era tan holandés como él, nacido aquí como él y con estudios aquí como él. El diputado platinado propone expulsar a los delincuentes holandeses a países que no son los suyos y donde nada tienen que hacer. (Estados Unidos lo viene haciendo para consternación de la comunidad internacional con delincuentes estadounidenses nacidos en Estados Unidos de padres camboyanos). Debería ser más cauto, pues la ley se puede volver contra él. En Holanda, discriminar e incitar a la discriminación sigue siendo un delito. Y el diputado neo-nazi podría ser procesado. No será ciertamente deportado, pero podrá pasar algunos días en prisión.
El caso del caco marroquí ha puesto en el centro de la atención pública los temas de la inmigración y los extranjeros. A nadie se le ocurriría relacionar el tema de la delincuencia con la inmigración, excepto a un fascista, y así ha ocurrido. Como el caco es extranjero, y parte de la opinión pública es xenófoba, los macarras fascistas holandeses utilizan el suceso para agriar los ánimos y continuar con su incitación al odio contra los extranjeros.
Las tres mujeres somalíes son refugiadas, o rechazadas o en trámite. La banda de holandeses y belgas las secuestró, violó y obligó mediante palizas y maltratos a tener relaciones sexuales con animales para hacer películas pornográficas. Las tres mujeres eran mantenidas desnudas y encadenadas en un granero en la provincia. En el momento de su detención, la banda planeaba filmar una película snuff, en la cual las mujeres serían violadas, mutiladas y luego asesinadas frente a las cámaras. Una de las mujeres logró escapar y dio la alarma desde una granja vecina.
A pesar de la gravedad del caso, ningún político holandés se acercó a la prensa a proponer medidas especiales. Ni siquiera a pedir una reforma de la ley penal para imponer penas de prisión perpetua a los hechores -como sí han hecho para el caso del asesino de van Gogh. Pero si se sigue la lógica de la extrema derecha, habría que castigar también al grupo étnico al que pertenecen los delincuentes. Y obviamente los fascistas no han dicho nada. La explicación, esta vez los criminales son nativos. La moraleja: los fascistas no tiene lógica, sólo estupidez y odio.
En ninguno de los dos casos deben los políticos ni las autoridades decir nada. No les corresponde ni nadie espera que lo hagan. Son casos que pertenecen a la historia de la delincuencia en este país y ya dictarán los jueces sentencia. Entretanto, corresponde que no se interrumpa su trabajo ni se trate de ejercer presión sobre ellos para obtener el veredicto deseado. El diputado neo-nazi no quiere que la mujer que arrolló al caco marroquí sea procesada, porque la considera prácticamente una heroína. La hija de Hitler quiere minimizar su delito -que es muy parecido a lo que ella hace con los refugiados. Las dos conductas debiesen ser reprobadas severamente. Constituyen una intromisión inaceptable en las atribuciones y funcionamiento de los tribunales.
La mujer descendió del coche, pero no para ayudar al herido -que estaba muerto- sino para huir, pues la gente que había presenciado el incidente se volcó contra ella y pretendía agredirla o detenerla mientras llegaba la policía.
Pues bien, este suceso de crónica roja ha causado un enorme revuelo, provocando las habituales e insensatas intervenciones de los políticos. La hija de Hitler declaró toda pancha que según ella la muerte del caco no constituía un delito de asesinato. Y tiene toda la razón. La fiscalía ha anunciado sus intenciones de procesarla por homicidio involuntario. Pero ¿qué tiene que decir una ministro sobre este asunto? Y el diputado neo-nazi Wilders se acercó a la prensa para insistir en que según él la solución de la delincuencia se encuentra en la deportación de los delincuentes a sus países de origen. No dijo nada sobre qué hacer con los delincuentes holandeses ni si a ellos habría que deportarlos también.
La pregunta es pertinente porque el caco muerto era tan holandés como él, nacido aquí como él y con estudios aquí como él. El diputado platinado propone expulsar a los delincuentes holandeses a países que no son los suyos y donde nada tienen que hacer. (Estados Unidos lo viene haciendo para consternación de la comunidad internacional con delincuentes estadounidenses nacidos en Estados Unidos de padres camboyanos). Debería ser más cauto, pues la ley se puede volver contra él. En Holanda, discriminar e incitar a la discriminación sigue siendo un delito. Y el diputado neo-nazi podría ser procesado. No será ciertamente deportado, pero podrá pasar algunos días en prisión.
El caso del caco marroquí ha puesto en el centro de la atención pública los temas de la inmigración y los extranjeros. A nadie se le ocurriría relacionar el tema de la delincuencia con la inmigración, excepto a un fascista, y así ha ocurrido. Como el caco es extranjero, y parte de la opinión pública es xenófoba, los macarras fascistas holandeses utilizan el suceso para agriar los ánimos y continuar con su incitación al odio contra los extranjeros.
Las tres mujeres somalíes son refugiadas, o rechazadas o en trámite. La banda de holandeses y belgas las secuestró, violó y obligó mediante palizas y maltratos a tener relaciones sexuales con animales para hacer películas pornográficas. Las tres mujeres eran mantenidas desnudas y encadenadas en un granero en la provincia. En el momento de su detención, la banda planeaba filmar una película snuff, en la cual las mujeres serían violadas, mutiladas y luego asesinadas frente a las cámaras. Una de las mujeres logró escapar y dio la alarma desde una granja vecina.
A pesar de la gravedad del caso, ningún político holandés se acercó a la prensa a proponer medidas especiales. Ni siquiera a pedir una reforma de la ley penal para imponer penas de prisión perpetua a los hechores -como sí han hecho para el caso del asesino de van Gogh. Pero si se sigue la lógica de la extrema derecha, habría que castigar también al grupo étnico al que pertenecen los delincuentes. Y obviamente los fascistas no han dicho nada. La explicación, esta vez los criminales son nativos. La moraleja: los fascistas no tiene lógica, sólo estupidez y odio.
En ninguno de los dos casos deben los políticos ni las autoridades decir nada. No les corresponde ni nadie espera que lo hagan. Son casos que pertenecen a la historia de la delincuencia en este país y ya dictarán los jueces sentencia. Entretanto, corresponde que no se interrumpa su trabajo ni se trate de ejercer presión sobre ellos para obtener el veredicto deseado. El diputado neo-nazi no quiere que la mujer que arrolló al caco marroquí sea procesada, porque la considera prácticamente una heroína. La hija de Hitler quiere minimizar su delito -que es muy parecido a lo que ella hace con los refugiados. Las dos conductas debiesen ser reprobadas severamente. Constituyen una intromisión inaceptable en las atribuciones y funcionamiento de los tribunales.
Derechos Humanos y Prensa en Holanda
Según el informe anual para 2004 de la organización de derechos humanos Human Right Watch, Holanda se encuentra entre los países del mundo donde la situación de los refugiados y solicitantes de asilo es grave. Así es. Y lo es desde hace muchos años. En 2003 el gobierno decretó la deportación de 26.000 refugiados que han vivido en el país durante más de cinco años, y en casos hasta nueve años. Son en su gran mayoría personas completamente integradas a la sociedad holandesa -han tenido tiempo de integrarse, dado los años que debieron esperar una respuesta. Las normas de la Unión Europea exigen que los gobiernos den una respuesta a una petición de asilo en un plazo de seis meses. Así, que después de esperar tantos años hayan esos refugiados aprendido holandés y encontrado trabajo para sostener a sus familias, es algo más que loable y digno de recompensas. La recompensa que pensó el gobierno fue deportarlos.
Esos refugiados provienen en su gran mayoría de países como Iraq, Irán, Bosnia, Somalia y otras zonas candentes del mundo. Muchos de ellos serán con toda seguridad encarcelados, torturados y quizás hasta matados si vuelven a sus países de origen. Nada de eso ha importado al gobierno. De hecho, en 2003 mismo dos refugiados rechazados fueron devueltos a Somalia. Fueron asesinados poco después. El gobierno, como el gobierno colaboracionista en la época de la Segunda Guerra Mundial, dice que su responsabilidad acaba en la frontera.
Intolerable e Inhumano Trato
El informe se basa en datos y hechos que son indesmentibles. Los solicitantes de asilo tienen 48 horas para demostrar que corren peligro. Es muy poco tiempo, sobre todo si se tiene enfrente a jueces que han decidido colaborar con el poder y no tienen otro fin que expulsar del país a cuantos más puedan. No son jueces; son ratas. Los jueces juzgan los casos sobre la base de los informes previos redactados por los funcionarios del servicio de inmigración. En los últimos años han renunciado varios de esos funcionarios por problemas de conciencia. Han contado lo que ocurre en sus dependencias y el trato que se da a los solicitantes de asilo. El trato es cruel e inhumano a propósito y tiene por objetivo desalentar y humillar a los refugiados. Reciben órdenes directas de la ministro Verdonk, la cabecilla de extrema derecha y antigua guardia de prisiones, la llamada con toda razón la hija de Hitler'.
En un caso dado a conocer por uno de esos funcionarios con conciencia una rata del servicio de inmigración obligó a una mujer que había sido violada en Irán a reproducir la violación y a mostrarle cómo la habían obligado a chuparle la pija a unos soldados. La rata del servicio de inmigración desestimó luego la petición de asilo de la mujer argumentando que en la posición que describió la mujer era imposible que hubiera podido chupársela a alguien. Este ejemplo lo dice todo sobre la naturaleza moral de esas ratas y de su jefe mayor, la ministro Verdonk y sus cómplices.
El Juicio Rápido Es una Mofa Siniestra del Derecho de Asilo
Las vistas' de los jueces del servicio de inmigración son farsas. Es una burla de las leyes de asilo. Es un ejemplo de lo que entienden los simios fascistas por las leyes europeas. Es una vergüenza para Europa que estos simios se justifiquen en que fueron elegidos. (También es falso; nadie los ha elegido).
Los simios holandeses han gozado de un inexplicable silencio de parte de organizaciones de derechos humanos internacionales y otros organismos. En algunos casos no es tan inexplicable. Holanda comenzó a violar de manera descarada los derechos humanos y a horadar el derecho de asilo desde que asumió la primera coalición de la derecha con partidos fascistas. Pero en 2003 y 2004 Amnistía Internacional guardó silencio. También será coincidencia que en 2003 recibió un cuantioso subsidio de 6 millones de euros de parte del gobierno holandés. Amnistía Internacional ha guardado silencio desde entonces.
La Prensa Nativa Calla
Llama la atención que la prensa nativa no ha dado casi atención a este informe. El principal diario del país, NRC-Handelsblad (que se ha destacado sin embargo en denunciar las inclinaciones fascistas del actual gobierno), mencionó el informe en un artículo sobre los derechos humanos... en Estados Unidos, en su página cuatro. Ningún editorial sobre el asunto. Es curioso. Cuando se trata de Holanda, otras noticias llegan a primera plana. Por ejemplo, la visita del reportero del New York Times en noviembre salió en primera plana en varios periódicos. También salió en primera plana de detención del agente del servicio secreto holandés que vendió agentes químicos a Iraq. Salió en primera plana la muerte de seis holandeses en el maremoto del Océano Índico. Pero no el informe sobre la situación de los derechos humanos en el país. Un asunto de tanta importancia ni siquiera es mencionado propiamente.
La prensa holandesa no es exactamente una prensa independiente. Tampoco se puede decir derechamente que los medios de comunicación y los periodistas estén co-optados por el gobierno. En 2003 el director del telediario de la televisión estatal NOS dijo en una entrevista con CNN que la ministro Verdonk había decidido deportar a esos 26.000 refugiados porque había criminales de guerra entre ellos. Le escribí una carta enfadado pidiéndole explicaciones, e información. Me contestó diciendo que no lo sabía y que se había limitado a repetir lo que le había dicho la hija de Hitler. Es para no creer, ¿no? Poco después declaró el gobierno haber encontrado a un sospechoso -un bosnio- de crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia, y a 20 delincuentes comunes. ¿Por qué dijo el jefe del telediario una estupidez y una falsedad semejante?
En 2002 pedí también informaciones sobre el juicio rápido de esos jueces del servicio de inmigración. En algunas organizaciones que se oponen sin embargo a la deportación me dijeron que estaba todo en orden. No es posible creerlo. ¿Cómo va estar en orden si la mayoría de las peticiones son rechazadas? ¿Cómo va a estar en orden si los refugiados tienen apenas 48 horas para demostrar que tienen razones legítimas para huir de su país?
¿Son los Germanos Sumisos?
Es extraño. En general, los periodistas, y en realidad todo el mundo aquí tienden a aceptar como verdad lo que digan las autoridades. Aunque la falsedad sea patente. Así, por ejemplo, ocurrió con la comisión Blok. Esta comisión determinó que los inmigrantes estaban integrados en Holanda y que sus problemas no provenían de la falta de integración. Pues bien, los simios afirman lo contrario. Desde entonces, toda la prensa -digo bien, toda- acepta el punto de vista del gobierno y en sus noticias y análisis tienen a la falta de integración como su punto de partida. Lo dijo el gobierno, parecen pensar los periodistas, luego es verdad.
Semejante sumisión y falta de independencia es difícil de imaginar. ¿Será verdad lo que decían etnógrafos en el siglo 19, que los pueblos germánicos sufren de este defectuoso carácter nacional que les lleva a aceptar sumisamente todo lo que digan las autoridades, que -a diferencia, por ejemplo, de los pueblos latinos- se identifican con ellas y las obedecen ciegamente?
En la prensa se advierte una suerte de sorpresa sobre el informe de Human Rights Watch, como si no lo pudieran creer o como si fuera falso. Los periodistas están esperando la reacción del gobierno. Las primeras reacciones oficiales fueron de falsa consternación: ¡Ni lo imaginábamos, no sabemos qué decir! La hipocresía está de moda. Y me temo que mientras el gobierno no diga qué piensa sobre el informe, los periodistas tampoco dirán nada y seguirán pretendiendo que no saben nada del asunto. Callarán. Y condenarán esta mala noticia a páginas interiores. Y la incorporarán en otros artículos, con títulos engañosos, sobre los derechos humanos en Chipre, o en la Cochinchina, provisto que no se mencione Holanda. No le gusta eso a las autoridades.
Esos refugiados provienen en su gran mayoría de países como Iraq, Irán, Bosnia, Somalia y otras zonas candentes del mundo. Muchos de ellos serán con toda seguridad encarcelados, torturados y quizás hasta matados si vuelven a sus países de origen. Nada de eso ha importado al gobierno. De hecho, en 2003 mismo dos refugiados rechazados fueron devueltos a Somalia. Fueron asesinados poco después. El gobierno, como el gobierno colaboracionista en la época de la Segunda Guerra Mundial, dice que su responsabilidad acaba en la frontera.
Intolerable e Inhumano Trato
El informe se basa en datos y hechos que son indesmentibles. Los solicitantes de asilo tienen 48 horas para demostrar que corren peligro. Es muy poco tiempo, sobre todo si se tiene enfrente a jueces que han decidido colaborar con el poder y no tienen otro fin que expulsar del país a cuantos más puedan. No son jueces; son ratas. Los jueces juzgan los casos sobre la base de los informes previos redactados por los funcionarios del servicio de inmigración. En los últimos años han renunciado varios de esos funcionarios por problemas de conciencia. Han contado lo que ocurre en sus dependencias y el trato que se da a los solicitantes de asilo. El trato es cruel e inhumano a propósito y tiene por objetivo desalentar y humillar a los refugiados. Reciben órdenes directas de la ministro Verdonk, la cabecilla de extrema derecha y antigua guardia de prisiones, la llamada con toda razón la hija de Hitler'.
En un caso dado a conocer por uno de esos funcionarios con conciencia una rata del servicio de inmigración obligó a una mujer que había sido violada en Irán a reproducir la violación y a mostrarle cómo la habían obligado a chuparle la pija a unos soldados. La rata del servicio de inmigración desestimó luego la petición de asilo de la mujer argumentando que en la posición que describió la mujer era imposible que hubiera podido chupársela a alguien. Este ejemplo lo dice todo sobre la naturaleza moral de esas ratas y de su jefe mayor, la ministro Verdonk y sus cómplices.
El Juicio Rápido Es una Mofa Siniestra del Derecho de Asilo
Las vistas' de los jueces del servicio de inmigración son farsas. Es una burla de las leyes de asilo. Es un ejemplo de lo que entienden los simios fascistas por las leyes europeas. Es una vergüenza para Europa que estos simios se justifiquen en que fueron elegidos. (También es falso; nadie los ha elegido).
Los simios holandeses han gozado de un inexplicable silencio de parte de organizaciones de derechos humanos internacionales y otros organismos. En algunos casos no es tan inexplicable. Holanda comenzó a violar de manera descarada los derechos humanos y a horadar el derecho de asilo desde que asumió la primera coalición de la derecha con partidos fascistas. Pero en 2003 y 2004 Amnistía Internacional guardó silencio. También será coincidencia que en 2003 recibió un cuantioso subsidio de 6 millones de euros de parte del gobierno holandés. Amnistía Internacional ha guardado silencio desde entonces.
La Prensa Nativa Calla
Llama la atención que la prensa nativa no ha dado casi atención a este informe. El principal diario del país, NRC-Handelsblad (que se ha destacado sin embargo en denunciar las inclinaciones fascistas del actual gobierno), mencionó el informe en un artículo sobre los derechos humanos... en Estados Unidos, en su página cuatro. Ningún editorial sobre el asunto. Es curioso. Cuando se trata de Holanda, otras noticias llegan a primera plana. Por ejemplo, la visita del reportero del New York Times en noviembre salió en primera plana en varios periódicos. También salió en primera plana de detención del agente del servicio secreto holandés que vendió agentes químicos a Iraq. Salió en primera plana la muerte de seis holandeses en el maremoto del Océano Índico. Pero no el informe sobre la situación de los derechos humanos en el país. Un asunto de tanta importancia ni siquiera es mencionado propiamente.
La prensa holandesa no es exactamente una prensa independiente. Tampoco se puede decir derechamente que los medios de comunicación y los periodistas estén co-optados por el gobierno. En 2003 el director del telediario de la televisión estatal NOS dijo en una entrevista con CNN que la ministro Verdonk había decidido deportar a esos 26.000 refugiados porque había criminales de guerra entre ellos. Le escribí una carta enfadado pidiéndole explicaciones, e información. Me contestó diciendo que no lo sabía y que se había limitado a repetir lo que le había dicho la hija de Hitler. Es para no creer, ¿no? Poco después declaró el gobierno haber encontrado a un sospechoso -un bosnio- de crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia, y a 20 delincuentes comunes. ¿Por qué dijo el jefe del telediario una estupidez y una falsedad semejante?
En 2002 pedí también informaciones sobre el juicio rápido de esos jueces del servicio de inmigración. En algunas organizaciones que se oponen sin embargo a la deportación me dijeron que estaba todo en orden. No es posible creerlo. ¿Cómo va estar en orden si la mayoría de las peticiones son rechazadas? ¿Cómo va a estar en orden si los refugiados tienen apenas 48 horas para demostrar que tienen razones legítimas para huir de su país?
¿Son los Germanos Sumisos?
Es extraño. En general, los periodistas, y en realidad todo el mundo aquí tienden a aceptar como verdad lo que digan las autoridades. Aunque la falsedad sea patente. Así, por ejemplo, ocurrió con la comisión Blok. Esta comisión determinó que los inmigrantes estaban integrados en Holanda y que sus problemas no provenían de la falta de integración. Pues bien, los simios afirman lo contrario. Desde entonces, toda la prensa -digo bien, toda- acepta el punto de vista del gobierno y en sus noticias y análisis tienen a la falta de integración como su punto de partida. Lo dijo el gobierno, parecen pensar los periodistas, luego es verdad.
Semejante sumisión y falta de independencia es difícil de imaginar. ¿Será verdad lo que decían etnógrafos en el siglo 19, que los pueblos germánicos sufren de este defectuoso carácter nacional que les lleva a aceptar sumisamente todo lo que digan las autoridades, que -a diferencia, por ejemplo, de los pueblos latinos- se identifican con ellas y las obedecen ciegamente?
En la prensa se advierte una suerte de sorpresa sobre el informe de Human Rights Watch, como si no lo pudieran creer o como si fuera falso. Los periodistas están esperando la reacción del gobierno. Las primeras reacciones oficiales fueron de falsa consternación: ¡Ni lo imaginábamos, no sabemos qué decir! La hipocresía está de moda. Y me temo que mientras el gobierno no diga qué piensa sobre el informe, los periodistas tampoco dirán nada y seguirán pretendiendo que no saben nada del asunto. Callarán. Y condenarán esta mala noticia a páginas interiores. Y la incorporarán en otros artículos, con títulos engañosos, sobre los derechos humanos en Chipre, o en la Cochinchina, provisto que no se mencione Holanda. No le gusta eso a las autoridades.
Estados Unidos Debe Tocar Retirada
Que la ocupación es el problema lo vienen diciendo varios partidos iraquíes desde hace un tiempo. Hace poco, partidos sunníes, entre ellos la Asociación de Clérigos Musulmanes y el Partido Islámico Iraquí -que formó parte del gobierno interino- se declararon dispuestos a participar en las elecciones si Estados Unidos accedía a iniciar negociaciones y fijaba un plan gradual de retirada de las tropas. Es una propuesta que a va a la raíz del asunto y es sensible, pero fue rechazada. Si los analistas que temen que Estados Unidos ha llegado a Iraq para quedarse no tienen razón, esto es algo que se tendrá que hacer tarde o temprano. Cuando se hizo la propuesta, era todavía posible realizar las elecciones el 30 de enero. Ahora sería muy difícil. Ahora la resistencia querrá transformar las elecciones en una suerte de referéndum sobre la ocupación. Y parece claro que las elecciones empeorarán los problemas, antes que solucionarlos.
Los problemas en torno a las elecciones son sin embargo claros. Legitimarían la exclusión de los sunníes, que desde el licenciamiento del ejército iraquí y del llamado programa de desbaazificación es un hecho que los sunníes se niegan a aceptar y que ha dado un decisivo impulso a la resistencia. Es posible que muchos encuentren legítimo que los chiíes asuman ahora el poder, después de décadas de opresión. Pero esto justamente empeorará la situación e impedirá que se imponga en Iraq el concepto de ciudadanía por encima del de pertenencia a comunidades tribales o confesionales. El ajuste de cuentas que empezó Bremer vienen abonando el terreno de lo que parece una inevitable guerra civil. Un gobierno chií, por otra parte, seguirá dependiendo de tropas extranjeras, haciendo de su retirada un asunto todavía más delicado e imprevisible. Si, además, como temen muchos, se inclina este gobierno hacia los iraníes, la instalación de una teocracia será inevitable.
Los partidos sunníes han pedido además, en el marco de las esperadas negociaciones con Estados Unidos, la intervención de tropas árabes y de Naciones Unidas para dar garantías de la retirada de las tropas americanas y ofrecer una protección necesaria a sunníes y chiíes y evitar una guerra civil. No lo han dicho con tantas palabras, pero un plan semejante implicaría probablemente el fin de la guerra santa fundamentalista. Estas propuestas no fueron aceptadas en su tiempo, y ahora es quizá demasiado tarde. Las elecciones seguirán adelante, servirán de ejercicio en democracia y se formará un gobierno de mayoría chií. Finalmente los sunníes tendrán que aceptar los hechos que resulten de ellas. Pero no pondrán fin a la resistencia ni a la violencia. Para demasiados iraquíes el problema de Iraq es la ocupación, no las elecciones. Iniciar siquiera conversaciones con la resistencia allanaría el camino hacia una solución de largo plazo. Estados Unidos tendrá que discutir su retirada.
Los problemas en torno a las elecciones son sin embargo claros. Legitimarían la exclusión de los sunníes, que desde el licenciamiento del ejército iraquí y del llamado programa de desbaazificación es un hecho que los sunníes se niegan a aceptar y que ha dado un decisivo impulso a la resistencia. Es posible que muchos encuentren legítimo que los chiíes asuman ahora el poder, después de décadas de opresión. Pero esto justamente empeorará la situación e impedirá que se imponga en Iraq el concepto de ciudadanía por encima del de pertenencia a comunidades tribales o confesionales. El ajuste de cuentas que empezó Bremer vienen abonando el terreno de lo que parece una inevitable guerra civil. Un gobierno chií, por otra parte, seguirá dependiendo de tropas extranjeras, haciendo de su retirada un asunto todavía más delicado e imprevisible. Si, además, como temen muchos, se inclina este gobierno hacia los iraníes, la instalación de una teocracia será inevitable.
Los partidos sunníes han pedido además, en el marco de las esperadas negociaciones con Estados Unidos, la intervención de tropas árabes y de Naciones Unidas para dar garantías de la retirada de las tropas americanas y ofrecer una protección necesaria a sunníes y chiíes y evitar una guerra civil. No lo han dicho con tantas palabras, pero un plan semejante implicaría probablemente el fin de la guerra santa fundamentalista. Estas propuestas no fueron aceptadas en su tiempo, y ahora es quizá demasiado tarde. Las elecciones seguirán adelante, servirán de ejercicio en democracia y se formará un gobierno de mayoría chií. Finalmente los sunníes tendrán que aceptar los hechos que resulten de ellas. Pero no pondrán fin a la resistencia ni a la violencia. Para demasiados iraquíes el problema de Iraq es la ocupación, no las elecciones. Iniciar siquiera conversaciones con la resistencia allanaría el camino hacia una solución de largo plazo. Estados Unidos tendrá que discutir su retirada.
Terrorismo y Violencia Fascista
El mes pasado se publicó el informe de la Fundación Ana Frank y de la Universidad de Leiden sobre la violencia de extrema derecha en Holanda. Como ya se intuía, se confirmaron algunos temores de la ciudadanía. El terrorismo de extrema derecha aumentó fuertemente después de que el ministro del Interior, tras el asesinato del columnista Theo van Gogh por un militante musulmán fundamentalista, llamara por cadena nacional a la guerra contra los musulmanes. Entre la primera semana de noviembre y fin de mes, hubo 174 incidentes violentos. Se cometieron 47 atentados contra mezquitas.
Los políticos de extrema derecha, y el gobierno, sostienen que son incidentes menores y se niegan a clasificarlos de actos terroristas. Les llaman "actos de violencia política" y naturalmente no han propuesto ninguna medida especial para combatirlos, a diferencia de las numerosas medidas anunciadas contra el terrorismo musulmán tras el asesinato del columnista. La ministro de Extranjería, la hija de Hitler', negó en esos meses protección policial a las mezquitas y otros centros de reunión de ciudadanos musulmanes. El jefe de la bancada del partido de extrema derecha elogió los actos de terrorismo cometidos por lo que llamó "la rabia del pueblo". El jefe de policía declaró que los atentados de la extrema derecha no tenían prioridad. En contraste, los sermones de los clérigos en las mezquitas contaban con mayor interés de parte del servicio secreto.
Así, los simios fascistas hacen de las suyas con la completa colaboración del gobierno y de las autoridades. Escandaloso entre otras cosas es que la policía detuvo tardíamente a los autores de uno de los atentados, después de que vecinos de la localidad dijeran por televisión que conocían desde hace tiempo la identidad de los autores. Aun así, la policía declaraba no saber nada y que continuaban las pesquisas.
La violencia fascista no es cosa nueva ni es inocente como afirman los ministros. En agosto se colocó una bomba en un centro de refugiados que no llegó a estallar. De haber estallado, según los informes de la policía de la localidad, no se descarta que hubiese habido víctimas mortales, dada la potencia del artefacto. Sin embargo, y a diferencia de otros casos relacionados con terroristas musulmanes, el gobierno prohibió a la prensa informar sobre ese atentado frustrado. Hasta la fecha no han detenido a nadie en conexión con ese hecho.
Los atentados fascistas no son nuevos en el país. Se han recrudecido desde 2002. Cada año hay atentados contra mezquitas e incendios provocados de templos y lugares de reunión de musulmanes. Cada año hay cientos de agresiones racistas y otros actos de violencia de grupos de nativos de extrema derecha que quedan impunes. En los últimos años han renunciado varios concejales y otros políticos regionales a sus puestos tras ser amenazados, y en algunos casos, golpeados por elementos de extrema derecha. Sin embargo, el gobierno pretende que la violencia es reciente, y que proviene fundamentalmente de los musulmanes o que la violencia racista es una reacción. Esto último, como se lee en el informe de la fundación Ana Frank, es completamente falso. Se diría que lo contrario es verdad: que los escasos actos de violencia fundamentalista es una reacción al terrorismo de extrema derecha y a las medidas que viene tomando el gobierno contra la población musulmana del país -sin olvidar tampoco que el gobierno declaró la guerra a Iraq y participa en la ocupación de ese país junto a tropas norteamericanas.
El gobierno, lamentablemente, ha optado por identificarse con los grupos de extrema derecha. En varias ocasiones sus ministros se han referido a ellos y otros criminales como "nuestros jóvenes". En varias ocasiones los ministros han elogiado el terrorismo fascista. Y este terrorismo, junto con el gobierno que lo ampara, se ha transformado en una urgente y grave amenaza para el país.
Los políticos de extrema derecha, y el gobierno, sostienen que son incidentes menores y se niegan a clasificarlos de actos terroristas. Les llaman "actos de violencia política" y naturalmente no han propuesto ninguna medida especial para combatirlos, a diferencia de las numerosas medidas anunciadas contra el terrorismo musulmán tras el asesinato del columnista. La ministro de Extranjería, la hija de Hitler', negó en esos meses protección policial a las mezquitas y otros centros de reunión de ciudadanos musulmanes. El jefe de la bancada del partido de extrema derecha elogió los actos de terrorismo cometidos por lo que llamó "la rabia del pueblo". El jefe de policía declaró que los atentados de la extrema derecha no tenían prioridad. En contraste, los sermones de los clérigos en las mezquitas contaban con mayor interés de parte del servicio secreto.
Así, los simios fascistas hacen de las suyas con la completa colaboración del gobierno y de las autoridades. Escandaloso entre otras cosas es que la policía detuvo tardíamente a los autores de uno de los atentados, después de que vecinos de la localidad dijeran por televisión que conocían desde hace tiempo la identidad de los autores. Aun así, la policía declaraba no saber nada y que continuaban las pesquisas.
La violencia fascista no es cosa nueva ni es inocente como afirman los ministros. En agosto se colocó una bomba en un centro de refugiados que no llegó a estallar. De haber estallado, según los informes de la policía de la localidad, no se descarta que hubiese habido víctimas mortales, dada la potencia del artefacto. Sin embargo, y a diferencia de otros casos relacionados con terroristas musulmanes, el gobierno prohibió a la prensa informar sobre ese atentado frustrado. Hasta la fecha no han detenido a nadie en conexión con ese hecho.
Los atentados fascistas no son nuevos en el país. Se han recrudecido desde 2002. Cada año hay atentados contra mezquitas e incendios provocados de templos y lugares de reunión de musulmanes. Cada año hay cientos de agresiones racistas y otros actos de violencia de grupos de nativos de extrema derecha que quedan impunes. En los últimos años han renunciado varios concejales y otros políticos regionales a sus puestos tras ser amenazados, y en algunos casos, golpeados por elementos de extrema derecha. Sin embargo, el gobierno pretende que la violencia es reciente, y que proviene fundamentalmente de los musulmanes o que la violencia racista es una reacción. Esto último, como se lee en el informe de la fundación Ana Frank, es completamente falso. Se diría que lo contrario es verdad: que los escasos actos de violencia fundamentalista es una reacción al terrorismo de extrema derecha y a las medidas que viene tomando el gobierno contra la población musulmana del país -sin olvidar tampoco que el gobierno declaró la guerra a Iraq y participa en la ocupación de ese país junto a tropas norteamericanas.
El gobierno, lamentablemente, ha optado por identificarse con los grupos de extrema derecha. En varias ocasiones sus ministros se han referido a ellos y otros criminales como "nuestros jóvenes". En varias ocasiones los ministros han elogiado el terrorismo fascista. Y este terrorismo, junto con el gobierno que lo ampara, se ha transformado en una urgente y grave amenaza para el país.
Presidente Lagos No Debe Encubrir a Criminales
Llevar a Pinochet a juicio está lejos de ser suficiente. También hubo quien ejecutó las órdenes de asesinato y la gran mayoría de esos ejecutores se encuentran en libertad e incluso en funciones oficiales. No debiese el presidente Lagos protegerlos como hace al declarar secreto de estado la identidad de esos criminales. Haciéndolo, se hace extrañamente cómplice de encubrimiento de esos crímenes. Por respeto a las víctimas y sus familiares y por un mínimo sentido de justicia, esos criminales deben ser procesados -sus delitos no caducan. Pero el enjuiciamiento del ex dictador debiese servir de pie a una reforma mayor del estado chileno para despojarlo de las trabas que dejó la dictadura. En muchos aspectos, debido a esas trabas Chile es un país con una dictadura legal. Han de hacer sus políticos esfuerzos más dedicados y dirigidos para terminar de manera resuelta y definitiva con los resabios de la dictadura.
Es también una buena ocasión para legislar de manera permanente sobre los derechos humanos. Debe posibilitarse que personal de las fuerzas armadas y policiales no sólo puedan desobedecer legítimamente órdenes abiertamente contrarias a los derechos humanos, sino además penalizarse que personal subalterno obedezca a sus superiores en la comisión de esos delitos. Permitir la comisión de esos delitos, por orden superior o no, debe ser considerado un delito de tanta gravedad como la comisión misma de ellos y en todos los casos castigados con máxima severidad. Y ciertamente el personal militar y policial debe ser educado y reeducado en un respeto incondicional y firme de los derechos humanos. Esto inauguraría un régimen de respeto de esos derechos sin ambigüedades y sin que sea posible negociar sobre ellos. Por eso no conviene la ambigüedad del actual presidente chileno. No se negocia con la vida cuya sangre ha sido derramada.
Es también una buena ocasión para legislar de manera permanente sobre los derechos humanos. Debe posibilitarse que personal de las fuerzas armadas y policiales no sólo puedan desobedecer legítimamente órdenes abiertamente contrarias a los derechos humanos, sino además penalizarse que personal subalterno obedezca a sus superiores en la comisión de esos delitos. Permitir la comisión de esos delitos, por orden superior o no, debe ser considerado un delito de tanta gravedad como la comisión misma de ellos y en todos los casos castigados con máxima severidad. Y ciertamente el personal militar y policial debe ser educado y reeducado en un respeto incondicional y firme de los derechos humanos. Esto inauguraría un régimen de respeto de esos derechos sin ambigüedades y sin que sea posible negociar sobre ellos. Por eso no conviene la ambigüedad del actual presidente chileno. No se negocia con la vida cuya sangre ha sido derramada.
Ministro Holandés Defiende Asesinato
Ocurren en Holanda cosas insólitas, que muchos creen imposibles. Sin embargo, están ahí. El jurista holandés André Klip señala el grave peligro en que se encuentra el estado de derecho en el país. No lo amenazan los terroristas musulmanes, sino aquellos que debiesen defenderlo: el propio gobierno, y las fuerzas políticas que lo apoyan.
En diciembre del año pasado visitó el país el presidente de Pakistán. Acababa de autorizar la ejecución extrajudicial de un sospechoso de terrorismo. Y el vice-premier holandés, Zalm, le felicitó en público por ese asesinato. No sorprendió a muchos. Es el mismo político que, a los pocos días del asesinato de Theo van Gogh, llamó a la guerra contra el islam y desencadenó una ola de atentados de los grupos de extrema derecha que lo apoyan. Posteriormente, otro ministro del gobierno, la llamada hija de Hitler', negó protección policial a las mezquitas. Luego, el jefe de policía declaró que los atentados contra las mezquitas, y los grupos terroristas de derecha que los cometían, no eran una prioridad para el gobierno.
Nadie tiene simpatía por los terroristas, musulmanes o no, que atentan contra la vida de civiles, aquí o en la Cochinchina. Pero el respeto de las normas jurídicas es esencial para la vida de todos los ciudadanos en una democracia. Que Pakistán no lo sea agrega todavía más repugnancia a la postura y dichos del ministro. Ese detenido fue probablemente torturado y obligado a confesar. Quizás incluso fue detenido con las manos en la masa. Sin embargo, corresponde a los tribunales dictar sentencia, no a los presidentes ni a parlamentarios y menos a dictadores.
El ministro vuelve a enviar una señal equivocada para los ciudadanos, correcta para sus cómplices y secuaces, que ven en la suspensión del estado de derecho y de las garantías jurídicas mínimas la ocasión de actuar impunemente y seguir cometiendo atentados terroristas como vienen haciendo desde hace más de cinco años -vale decir, poco después de asumir el primer gobierno de coalición de la derecha con elementos fascistas.
Al mismo tiempo, otro ministro (Kamp, de Defensa), salió en defensa del soldado holandés acusado de asesinar a un civil iraquí desarmado en Iraq. Aunque las evidencias eran claras y los testimonios de testigos iraquíes y de sus propios compañeros eran decisivas -es decir, que disparó a matar sin que hubiera necesidad y sin que las tropas holandesas corriesen peligro alguno-, el juez que llevó el caso lo absolvió de las acusaciones. Es el veredicto que el ministro había exigido públicamente de los tribunales, diciendo que no era correcto que "nuestros jóvenes" fueran juzgados por lo que hacían en Iraq.
Este constante ataque contra las normas jurídicas está dando resultados para el gobierno, pues muchos jueces se sienten amenazados y muchos han optado por colaborar con las autoridades de extrema derecha, resolviendo casos de modo caprichoso y en evidente contradicción con las normas jurídicas. Es lo que hicieron muchos jueces durante la época nazi, y durante las atroces dictaduras sudamericanas de los años setenta y ochenta.
Los tres ministros son cabecillas de la extrema derecha del país. Son los que han llevado a Holanda a declarar la guerra a Iraq y a participar activamente en la ocupación de ese país. Son quienes abogan por hacer de Holanda, otrora símbolo de libertad y tolerancia, una tiranía fascista, donde sus habitantes tendrán derechos y libertades diferentes dependiendo de su origen étnico. Son los que han transformado a Holanda en un peligro para la democracia europea, para los valores más caros de las sociedades occidentales y para la decencia. Son agentes del Mal.
Es una lástima ver a Holanda convertida en una caricatura repugnante de lo que debe ser una sociedad civilizada, donde los personeros más importantes del país pregonan el odio y la violencia en un lenguaje arrogante y soez, a la vez que silencian y excluyen a sus gentes buenas. Y que, en lugar de mantener el orden público y el respeto de las leyes, predican su violación e incitan a sus partidarios a cometer crímenes de una cobardía sin nombre.
Sin embargo, a pesar de las terribles implicaciones de las palabras de vice-premier, que elogió el asesinato de un sospechoso, ningún parlamentario, ni de derechas ni de izquierdas, pidió explicaciones en la Cámara. Tal parece están todos de acuerdo, o el temor es grande. Pero es insólito. Por palabras mucho menos onerosas han los parlamentarios armado revuelo en otros días. Por ejemplo, cuando un imán holandés declaró en un programa de televisión que le gustaría que Dios matara al cabecilla neonazi Wilders. Entonces los diputados provocaron una lluvia de preguntas y exigieron en todos los tonos que se hicieran nuevas leyes para castigar el delito de anhelar la muerte de otros. Pero cuando el vice-premier celebró ese otro asesinato, callaron todos.
Es un signo de la época. Holanda está en peligro.
En diciembre del año pasado visitó el país el presidente de Pakistán. Acababa de autorizar la ejecución extrajudicial de un sospechoso de terrorismo. Y el vice-premier holandés, Zalm, le felicitó en público por ese asesinato. No sorprendió a muchos. Es el mismo político que, a los pocos días del asesinato de Theo van Gogh, llamó a la guerra contra el islam y desencadenó una ola de atentados de los grupos de extrema derecha que lo apoyan. Posteriormente, otro ministro del gobierno, la llamada hija de Hitler', negó protección policial a las mezquitas. Luego, el jefe de policía declaró que los atentados contra las mezquitas, y los grupos terroristas de derecha que los cometían, no eran una prioridad para el gobierno.
Nadie tiene simpatía por los terroristas, musulmanes o no, que atentan contra la vida de civiles, aquí o en la Cochinchina. Pero el respeto de las normas jurídicas es esencial para la vida de todos los ciudadanos en una democracia. Que Pakistán no lo sea agrega todavía más repugnancia a la postura y dichos del ministro. Ese detenido fue probablemente torturado y obligado a confesar. Quizás incluso fue detenido con las manos en la masa. Sin embargo, corresponde a los tribunales dictar sentencia, no a los presidentes ni a parlamentarios y menos a dictadores.
El ministro vuelve a enviar una señal equivocada para los ciudadanos, correcta para sus cómplices y secuaces, que ven en la suspensión del estado de derecho y de las garantías jurídicas mínimas la ocasión de actuar impunemente y seguir cometiendo atentados terroristas como vienen haciendo desde hace más de cinco años -vale decir, poco después de asumir el primer gobierno de coalición de la derecha con elementos fascistas.
Al mismo tiempo, otro ministro (Kamp, de Defensa), salió en defensa del soldado holandés acusado de asesinar a un civil iraquí desarmado en Iraq. Aunque las evidencias eran claras y los testimonios de testigos iraquíes y de sus propios compañeros eran decisivas -es decir, que disparó a matar sin que hubiera necesidad y sin que las tropas holandesas corriesen peligro alguno-, el juez que llevó el caso lo absolvió de las acusaciones. Es el veredicto que el ministro había exigido públicamente de los tribunales, diciendo que no era correcto que "nuestros jóvenes" fueran juzgados por lo que hacían en Iraq.
Este constante ataque contra las normas jurídicas está dando resultados para el gobierno, pues muchos jueces se sienten amenazados y muchos han optado por colaborar con las autoridades de extrema derecha, resolviendo casos de modo caprichoso y en evidente contradicción con las normas jurídicas. Es lo que hicieron muchos jueces durante la época nazi, y durante las atroces dictaduras sudamericanas de los años setenta y ochenta.
Los tres ministros son cabecillas de la extrema derecha del país. Son los que han llevado a Holanda a declarar la guerra a Iraq y a participar activamente en la ocupación de ese país. Son quienes abogan por hacer de Holanda, otrora símbolo de libertad y tolerancia, una tiranía fascista, donde sus habitantes tendrán derechos y libertades diferentes dependiendo de su origen étnico. Son los que han transformado a Holanda en un peligro para la democracia europea, para los valores más caros de las sociedades occidentales y para la decencia. Son agentes del Mal.
Es una lástima ver a Holanda convertida en una caricatura repugnante de lo que debe ser una sociedad civilizada, donde los personeros más importantes del país pregonan el odio y la violencia en un lenguaje arrogante y soez, a la vez que silencian y excluyen a sus gentes buenas. Y que, en lugar de mantener el orden público y el respeto de las leyes, predican su violación e incitan a sus partidarios a cometer crímenes de una cobardía sin nombre.
Sin embargo, a pesar de las terribles implicaciones de las palabras de vice-premier, que elogió el asesinato de un sospechoso, ningún parlamentario, ni de derechas ni de izquierdas, pidió explicaciones en la Cámara. Tal parece están todos de acuerdo, o el temor es grande. Pero es insólito. Por palabras mucho menos onerosas han los parlamentarios armado revuelo en otros días. Por ejemplo, cuando un imán holandés declaró en un programa de televisión que le gustaría que Dios matara al cabecilla neonazi Wilders. Entonces los diputados provocaron una lluvia de preguntas y exigieron en todos los tonos que se hicieran nuevas leyes para castigar el delito de anhelar la muerte de otros. Pero cuando el vice-premier celebró ese otro asesinato, callaron todos.
Es un signo de la época. Holanda está en peligro.
Excesiva Cautela de Gobierno Chileno
Cuando el juez Garzón intentó procesar en España al ex dictador, el gobierno chileno adoptó una política incomprensible para impedirlo, argumentando incluso que se violaba la soberanía chilena. Eso es mucho más que "excesiva cautela [...] basada en el temor a una inestabilidad". Como se sabe, la denegación de justicia para miles de chilenos continúa hasta hoy, y continuará eternamente si se acepta el vergonzoso decreto del presidente, que declara secreto de estado la identidad de los ejecutores de los crímenes cometidos durante la dictadura. No tiene motivos legítimos el presidente para ese decreto, y demuestra que sus declaraciones de que este proceso debe quedar en manos del poder judicial es una hipocresía. Pretenderá el gobierno que si Pinochet es juzgado, podemos pasar de perseguir a los ejecutores. Pero eso equivale a introducir en el derecho penal criterios primitivos, animistas, para hacernos creer que el juicio del sátrapa absuelve mágicamente a los ejecutores de esos crímenes.
No es admisible que intervenga el presidente en casos que atañen a los tribunales, ni que continúe en sus intentos de proteger a quienes deberían estar hoy tras las rejas. Nadie le ha autorizado a perdonar a los criminales. Si actúa así respondiendo a amenazas de la clase militar, debería tomar medidas drásticas para deshacerse de esos elementos que atenazan al estado de derecho chileno. Los argumentos políticos de esos elementos son llanamente falsos, pues no hubo en Chile guerra civil ni son comparables los crímenes de un régimen dictatorial con los que cometieron los patriotas para defenderse de ese régimen y devolver al país su libertad. Esta política de protección del crimen envía además una muy mala señal a los otros países de América Latina que intentan todavía hoy ajustar cuentas con sus propios dictadores y criminales.¿Podrá este Chile estar a la altura para el delicado cargo de conducir a la OEA? Este perdón será visto como amenaza a las esperanzas de justicia en toda América.
En una pieza de teatro del filósofo y dramaturgo chileno Juan Rivano un joven es detenido por las tropas de Alejandro. Este demuestra su magnanimidad, perdona al joven -que ha matado a un soldado defendiendo a una vieja en el mercado- y le devuelve su libertad. Cuando sale de la prisión, se encuentra con sus amigos gritando contra el dictador. Lo invitan a unirse al coro. "¡Pero si me acaba de devolver la libertad!", dice el joven. "Por eso mismo", responden sus amigos. La libertad deja de ser tal cuando se recibe de un dictador; la justicia igualmente deja de ser justicia cuando la definen criminales. No corresponde al presidente Lagos atribuirse funciones de juez y dar él mismo por concluido ese obscuro episodio de la historia de Chile. Al proteger a los criminales no contribuye a la paz social, sino agrega un nuevo capítulo a los horrores de la dictadura. Chile debe dejar de ser rehén de esos elementos criminales.
No es admisible que intervenga el presidente en casos que atañen a los tribunales, ni que continúe en sus intentos de proteger a quienes deberían estar hoy tras las rejas. Nadie le ha autorizado a perdonar a los criminales. Si actúa así respondiendo a amenazas de la clase militar, debería tomar medidas drásticas para deshacerse de esos elementos que atenazan al estado de derecho chileno. Los argumentos políticos de esos elementos son llanamente falsos, pues no hubo en Chile guerra civil ni son comparables los crímenes de un régimen dictatorial con los que cometieron los patriotas para defenderse de ese régimen y devolver al país su libertad. Esta política de protección del crimen envía además una muy mala señal a los otros países de América Latina que intentan todavía hoy ajustar cuentas con sus propios dictadores y criminales.¿Podrá este Chile estar a la altura para el delicado cargo de conducir a la OEA? Este perdón será visto como amenaza a las esperanzas de justicia en toda América.
En una pieza de teatro del filósofo y dramaturgo chileno Juan Rivano un joven es detenido por las tropas de Alejandro. Este demuestra su magnanimidad, perdona al joven -que ha matado a un soldado defendiendo a una vieja en el mercado- y le devuelve su libertad. Cuando sale de la prisión, se encuentra con sus amigos gritando contra el dictador. Lo invitan a unirse al coro. "¡Pero si me acaba de devolver la libertad!", dice el joven. "Por eso mismo", responden sus amigos. La libertad deja de ser tal cuando se recibe de un dictador; la justicia igualmente deja de ser justicia cuando la definen criminales. No corresponde al presidente Lagos atribuirse funciones de juez y dar él mismo por concluido ese obscuro episodio de la historia de Chile. Al proteger a los criminales no contribuye a la paz social, sino agrega un nuevo capítulo a los horrores de la dictadura. Chile debe dejar de ser rehén de esos elementos criminales.