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Cómo Proteger la Democracia

El terrorismo musulmán no es una amenaza para la democracia y el estado de derecho en Europa. Sus partidarios no cuentan con apoyo social ni constituyen por eso un peligro político para nadie. Son parias de sus propias comunidades. No convencen ni a unos ni a otros. No proponen un modelo de sociedad que seduzca ni a europeos ni a árabes. No veo en qué sentido pueden ser un peligro para la democracia. Amenazan nuestras vidas, y acaso nuestro patrimonio. Pero de eso deberá encargarse la policía y los tribunales; no los políticos. La mayor amenaza para la democracia la constituye este nuevo y absurdo credo político que supone, como sostiene la autora, que terrorismo e inmigración y minorías étnicas o religiosas son fenómenos relacionados. Y que la solución para terminar con el desdeñable puñado de terroristas está en la instalación de leyes excepcionales, encarcelamientos injustificados, torturas, deportaciones y hasta la guerra.
La lucha contra estas amenazas debe consistir en una mayor firmeza a la hora de defender los valores democráticos y occidentales. Como en Francia, como en Bélgica, como en España, los partidos políticos tradicionales deben cerrar pactos que excluyan la formación de alianzas con partidos de extrema derecha y fascistas, independientemente de los votos que obtengan en las elecciones. Esta es una cuestión moral, antes que política. Y sería conveniente detectar el extremismo en sus propuestas antes que en los nombres que se den. Los fascistas han adoptado nuevas estrategias: ya no son los rapados vestidos de cuero, borrachos y violentos de antaño. Ahora van disfrazados de decencia y no forman partidos propios, sino se incrustan en partidos establecidos. Pero se les ve el plumero de lejos: pregonen como lo pregonen, sus programas son discriminatorios, represivos y socavan el estado de derecho. Piénsese en los fascistas belgas. Ahora van vestidos de seda, pero igual arrojan saliva.
Quizás se deba, donde se pueda, acosar sin descanso al extremismo, llevándoles a tribunales toda vez que sus dichos y propuestos les sitúen fuera de la ley. Como en Bélgica, también debería la prensa democrática sellar un pacto de exclusión publicitaria y de cobertura de los partidos extremistas. Ni debe olvidarse el trabajo de zaga del extremismo. Predican desde hace tiempo contra la corrección política. Esta corrección, obviamente, obstaculiza el racismo y la discriminación. También obstaculiza que se aprueben leyes de excepción que tienen en la mira a grupos determinados de la población. Predican los fascistas de hoy que la democracia se reduce a la suma de los votos, sin consideración alguna por nuestros valores morales. Se creen con derecho a participar en la vida política. Quieren gobernar. Deben los ciudadanos de bien exigir de sus partidos que rechacen toda apertura hacia el extremismo -se trate de fundamentalistas, fascistas o nacionalistas.

El Fascismo Es Cosa del Demonio

A mi juicio, la principal amenaza para la democracia y para Occidente es el fascismo. A diferencia del terrorismo fundamentalista, que, por grave y serio que sea, no deja de ser un suceso policial y no representa ninguna amenaza política, y por tanto tampoco para nuestros ámbitos social, jurídico ni estructural, el fascismo -o lo que se ha dado en llamar hoy, curiosamente, populismo-, esa mortal enfermedad del alma y la moral humanas, seduce a demasiados occidentales. Justamente debido a que esta aberración moral puede disfrazarse de opción política -utilizando la amenaza islámica, entre otras-, hay demasiados políticos moralmente corruptos dispuestos a prestar oídos a los cantos de esta demoníaca harpía que es el fascismo. Sino, piénsese en el grave caso de Holanda, donde una tiranía xenófoba y fascista va ya en su segundo término. Y cada día que pasa, se reafirma en sus repugnantes planes de odio, instalando un apartheid para la población árabe, como hicieron los nazis con los judíos.
El fascismo hoy se advierte en un discurso estúpido y simiesco, como es propio a la naturaleza del fascismo. Piensa el simio mágicamente. Un moro mató a un nativo en Holanda y hete ahí que el simio concluye que los moros son un peligro y que hay que darles de palos. Lee un nativo un libro moro donde se reprueba la homosexualidad y hete que el simio concluye que el islam es malo. Observa el nativo que los terroristas son en realidad árabes y extranjeros, y hete que concluye el simio que los árabes y extranjeros son enemigos malos. Así razonan los simios holandeses, y los simios de muchos países más. Tiene dinero el moro y hete que el simio se propone quitárselo y aprueba leyes para aliviarle el bolsillo -y promulgará el simio leyes excepcionales, obligando a pagar más por lo mismo a los que adolecen de ser árabes y moros. Se prohíbe "criticar a las sociedades occidentales" [sic] dictaminaron los simios en Holanda. No me gusta que hablen árabe, grita una harpía que hace de ministro.
Los simios fascistas establecen conexiones donde la inteligencia no las percibe. Mucho tiene que ver la inmigración con el terrorismo, ladra un simio rascándose el ojete. Tienen los moros demasiadas libertades, aúlla otro, chupándole el dedo al primero. Limitan nuestra libertad de expresión, grita un tercero; no podemos insultarlos. Metamósles en chirona sin acusarles de nada, propone una harpía y guardia de prisiones. Prohibamósles los abogados, azuza una gárgola de tres hocicos. Torturemósles, pa que aprendan, denuesta otro simio. Quitémosles la seguridad social, ofrece otro. El islam es malo, chilla un simio de pelo platinado. Parece una escena sacada del infierno. Y de ahí viene el fascismo: es el Mal, del que hay que defenderse y al que hay que destruir, con todas las armas del pueblo de Dios. Dirán los simios que se justifican en la amenaza musulmana. No ha de creérseles. El fascismo ha estado siempre aquí, acechando con garras deformes y maltrechas. Huele a infierno. Duele el alma.

Tolerancia Holandesa, Inmigración e Integración

Acabo de leer su ‘Tolerancia holandesa', de Agustín Villanueva.
Su nota es extraña e incompleta en lo que toca a Holanda. Iré señalando paso por paso lo que me llama la atención sobre el permanente mal entendido en torno a Holanda y su política de integración.

Define usted en el primer párrafo que la integración implica convivencia, igualdad de oportunidades y mucho respeto a las creencias, etc. Pues es justamente lo que la actual política holandesa de integración quiere dejar de lado. Ha usted de saber que el término ‘integración' se usa en Holanda explícitamente como sinónimo de ‘asimilación'. En el intenso debate de principios de 2004, el gobierno optó por mantener el uso de ‘integración' sólo porque la palabra ‘asimilación' ya había usada en un contexto similar por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial -cuando se hablaba de la ‘asimilación de los judíos', de los que en esa época se decía que no estaban ‘integrados' y que supuestamente causaban problemas al país.
El actual gobierno holandés no ha definido nunca en qué consistiría lo que llama falta de integración de la población inmigrante y de los extranjeros residentes en general. No es de extrañar, si se tiene en cuenta que según las conclusiones de la comisión Blok, de diciembre de 2003 y enero de 2004, la integración de los inmigrantes ha de considerarse un gran éxito. Sin dar explicaciones, sin embargo, el gobierno rechazó esas conclusiones y siguió adelante con sus planes en torno al tema. Que afirme el gobierno que los extranjeros no están integrados es reconocidamente falso en el contexto holandés. Sí señaló la comisión Blok que los problemas que enfrentaban los extranjeros en el país -mayor desempleo, mayor dependencia de subsidios- se debían fundamentalmente a una política casi sistemática de exclusión de los ciudadanos de origen extranjero del servicio público y al racismo de una parte de la población nativa. La comisión indicó medidas para superar estos problemas, que el gobierno obviamente rechazó.
La afirmación de que los inmigrantes no están integrados es de naturaleza política e ideológica y poco tiene que ver con la realidad del país. Al contrario, debido a la burda implementación de los llamados programas de integración, los problemas de los inmigrantes y extranjeros son cada vez mayores y ha provocado mayor desempleo, mayor exclusión y mayor racismo.

La diferencia entre inmigrantes con papeles y sin papeles me parece enteramente irrelevante y no se ve a qué buenas conclusiones puede conducir.

En seguida, y sin que venga a cuento, salta usted al Wall Street Journal y al asesinato de Theo van Gogh. Se preguntaba ese diario, dice usted, "qué ha podido fallar para que el cineasta haya sido asesinado por un islamita radical". ¿Qué cree usted? ¿Cree que algo ha tenido que fallar? ¿No le parece que si ha fallado algo, ese fallo debe haber ocurrido en la cabeza del autor del asesinato? En 2002 fue asesinado el cabecilla de la extrema derecha, Pim Fortuyn. Lo mató un extremista holandés. ¿Habríamos de decir, coherentemente, que algo falló -dónde- para que se produjera ese asesinato? Ha de saber usted que los atentados contra políticos ocurren en Holanda desde principios de los años noventa y que han recrudecido en los últimos cinco años. La inmensa mayoría de estos atentados han sido cometidos por terroristas de extrema derecha. Los atentados incluyen intentos de asesinatos e intimidación de políticos demócratas -sobre todo a nivel provincial; incendios provocados de mezquitas, escuelas y centros de reunión de musulmanes; ataques a personas de origen árabe. ¿No debemos preguntarnos qué ha debido ocurrir para haber llegado a este estado de cosas?
Ayaan Hirsi Ali, la diputado somalí, tiene una historia particular que no debe ser ignorada. Con un terrible pasado de violencia, cree que su labor es erradicar el islam. Hirsi Ali propone que los inmigrantes de origen árabe deben optar entre el islam y la Constitución holandesa. La incoherencia del punto de vista es manifiesta, dado que la Constitución re-afirma la libertad de religión. Sus puntos de vista extremistas y ajenos a la tradición holandesa le han valido el creciente reproche incluso de colegas de su propio partido -el VVD, una coalición de liberales y elementos de extrema derecha. En Holanda se mira con tristeza su caso, pues su rechazo visceral del islam está teñido por experiencias en su país -que incluye la mutilación genital. Es interesante observar, sobre su película ‘Submissión', que fue esta un encargo del ministerio del Interior, y que la película fue aprobada por este ministerio antes de su publicación -en una proyección a la que asistieron, aparte los dos realizadores, los ministros del Interior y de Justicia.

No se han discutido abiertamente las dificultades para integrar a los musulmanes por la sencilla razón de que no hay problemas de integración de los musulmanes.

Enseguida une usted, sin explicarse mayormente, el tema de la inmigración con el del terrorismo. Es un paso en falso, y de mala fe. Los actos terroristas, como le explico arriba, vienen ocurriendo en Holanda desde principios de los años noventa; la inmensa, abrumadora mayoría de ellos son cometidos por terroristas de extrema derecha -y no estoy incluyendo como acto terrorista la matanza de Sbrenica, en julio de 1995 en la antigua Yugoslavia, cuando tropas holandesas se hicieron cómplices de la matanza de 7.800 niños y hombres musulmanes. Ninguno de esos actos terroristas ha terminado en juicios ni condenas. Nada se ha hecho tampoco para impedirlos, y nada se ha hecho para relacionar su ocurrencia con determinados sectores de la población nativa. Obviamente hay terroristas islámicos entre los musulmanes del país, y es labor del servicio secreto su detección y detención. También hay terroristas fascistas entre los holandeses del país, y es igualmente labor del servicio secreto su detección y detención.
La influencia potencial a que se refiere Hirsi Ali es una idea tendenciosa. Podríamos decir lo mismo: "Aunque hoy los fascistas son una minoría muy pequeña entre nuestros conciudadanos holandeses, es enorme la influencia potencial de los extremistas de este grupo". Son palabras huecas. Es obvio. Un terrorista empecinado -como recordará usted a los terroristas de ‘Crimen y castigo'- logrará convencer a otros para llevar a cabo sus planes. Sea. Nada nuevo nos enseña la constatación.

Lo que ha dicho Edwin Bakker es más reconocible. La violencia y grosería en la vida política se ha transformado en norma desde que asumiera el primer gobierno de extrema derecha aquí, en 2002. Tan es así que algunos diputados demócratas han denunciado que no se sienten seguros ni en el propio Parlamento, donde las amenazas, insultos y amenazas en los pasillos son cada vez más comunes. (¿No le recuerda nada?) En lo que se refiere a los insultos, ciertamente Van Gogh era conocido por su grosería. Pero en su caso era mucho más que eso: Van Gogh despreciaba e insultaba a menudo a los judíos, y fue procesado por injurias en repetidas ocasiones. De hecho, estuvo en juicio durante los últimos nueve años de su vida. Llegó a celebrar en sus columnas el exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Luego de desearle la muerte al jefe de la bancada verde hace algunos años, anunció su intención de ir a mear en su tumba. Ese era el cineasta. También estuvo amenazado de muerte en los últimos 15 años de su vida. Su muerte estaba anunciada -pero tenía demasiados enemigos y no sabíamos de dónde saldría la mano que lo mató.

El país no ha ignorado la presencia del radicalismo islamita. Es una labor del servicio de inteligencia. El servicio de inteligencia ha fallado en la detección de estos terroristas, y ha fracasado en gran parte debido a su propia incompetencia. Como en otros países de Europa, la cantidad de personal musulmán o árabe, incluyendo a traductores, en los servicios secretos y policiales, es mínima. Y eso refleja el problema que señalaba la comisión Blok: la política de exclusión del estado holandés le ha jugado una mala partida. Cuando necesitaba infiltrarse en esos grupos, no pudo hacerlo por haber dejado de lado la urgente y natural tarea de contar con personal árabe. Eso ciertamente no es culpa de la comunidad musulmana.

La señora Verdonk no es una fuente de autoridad. Es ella de profesión guardia de prisiones y no tiene una formación redondeada. Probablemente no significa esto demasiado, pero no lo olvide. Sus planes no se basan en nada real ni mesurable, sino solamente en su odio a los extranjeros y a lo que es diferente. Es una típica representante del nuevo fascismo holandés: ignorante, grosera, falsa, mal amanerada, vociferante y fanática. En la calle se la llama ‘la hija de Hitler'.

Ahora le diré, de mi propia cosecha, que la integración o su carencia no es realmente un tema de gentes inteligentes ni de bien y sobre el cual no se puede hacer más conjeturar, entre otras cosas porque el gobierno no ha definido nunca esta supuesta falta de integración y basa su política en presuposiciones formuladas a medias. Pareciera que lo fundamental en lo que se llama la falta de integración es el aprendizaje del holandés. El aprendizaje del holandés fue siempre alentado por el estado y hubo desde los años setenta institutos estatales que daban incluso cursos gratuitos para extranjeros.
Aprender holandés o no, obviamente, es una decisión personal. Pareciera que el gobierno hoy asume que no hablar holandés es un obstáculo a la integración. Pues bien: la inmensa mayoría de los extranjeros habla perfectamente holandés. Es difícil creer que la insignificante y desdeñable minoría de extranjeros que no domina el idioma local se haya transformado de golpe en el tema central de la integración, pues es claramente falso. En Holanda no se exige, por lo demás, que todos los extranjeros hablen holandés. Usted debe saber que hay extranjeros que no están obligados a ‘integrarse' en este sentido: los llamados por el gobierno, ‘occidentales', los que tienen ingresos superiores y los dueños de empresas. ¿No lo sabía?
Pero ¿por qué deberían hablar los extranjeros holandés? En muchos países del mundo no existe semejante e insólita exigencia y nadie supone en esos países que eso implique problemas de integración. Analice usted, por ejemplo, el caso de Chile: 300.000 palestinos, más de medio millón de alemanes, 50.000 coreanos, etc. No se ha sabido nunca que haya allá problemas de integración, ni nunca ha tenido ningún gobierno planes de integración de ningún tipo. ¿Por qué, entonces, la exigencia? Considere usted que no solamente habla la mayoría de los extranjeros el idioma, sino además que los nativos holandeses son en su gran mayoría bilingües y que es incluso normal que un nativo domine activamente dos, tres y hasta cuatro idiomas. Ciertamente no hay aquí problemas de falta de comunicación por imposibilidad lingüística. En el mercado de trabajo, si es usted de origen extranjero tendrá menos oportunidades que los nativos, hable usted o no el holandés. Es precisamente lo que señalaba la comisión Blok. No es el dominio del holandés el problema; es la actitud de parte de la sociedad holandesa.

La verdad es que el tema del idioma se deriva de otra cosa: para dificultar la inmigración -que es un objetivo, logrado, del gobierno actual y sobre todo de la cabecilla de la extrema derecha, la ministro Verdonk- se ha exigido que los futuros inmigrantes dominen el holandés antes de entrar al país. (Junto a exigencias económicas onerosas, como el impuesto especial de llega casi a los 6.000 euros para los que quieran asentarse en el país). Esta exigencia, claramente, ha hecho disminuir enormemente las tasas de inmigración. La exigencia, como se ve, es un simple truco burocrático para impedir la inmigración; no obedece a nada substancial -y le puedo asegurar que la mayoría de los miles de programadores que llegan al país no habla holandés. Tampoco lo hablan los miles de polacos y otros nacionales de países de la UE. Tan es así que los futuros inmigrantes -pero los de países considerados no occidentales, árabes y musulmanes- deben rendir su examen de holandés, o de integración, en el país de origen... por teléfono. Tal es la seriedad del asunto.

El examen de integración ha sido ampliamente discutido. Ha sido considerado irritante, humillante y estúpido, incluso por el cabecilla del propio partido fascista en el Parlamento, el diputado Nawijn. Incluye preguntas irrelevantes y tendenciosas. De la respuesta a preguntas insólitas se hace depender la entrega de un permiso de residencia. Por ejemplo, si usted responde mal a la pregunta sobre el uso de detergentes, corre usted el riesgo de no obtener ese permiso. (La respuesta correcta es que los detergentes no han de mezclarse). Por ejemplo, si no sabe usted cuál es la diferencia entre una tarjeta de crédito, un pin y un chip, corre el riesgo de perder el derecho a residir en el país. Al examen se sometieron el año pasado varios cientos de holandeses, incluyendo a políticos, intelectuales, artistas y alcaldes y ex alcaldes, y gente de a pie. La opinión fue unánime: el llamado examen de integración es una estupidez. Sus preguntas son arbitrarias y absurdas. Mide un conocimiento variopinto de trivialidades. La sospecha de todos: su intención es simplemente dificultar el ingreso de extranjeros, y humillar a los que lo sobrevivan. Sin embargo, el gobierno no ha tomado ninguna medida en torno al tema. No tiene realmente interés: el propio gobierno reconoce que el objetivo del examen no es realmente ayudar a los extranjeros a integrarse, sino a deshacerse de ellos.

Otro tópico relacionado con la integración son los valores. El gobierno difunde la creencia de que los musulmanes o árabes tienen valores opuestos a la Constitución o incompatibles con la cultura holandesa. Pero esos valores los define el gobierno y sus representantes en base a afirmaciones de ideólogos de extrema derecha, no en base a estudios ni investigaciones. Así, dice el gobierno que el islam es incompatible con la democracia y que favorece el islam la fundación de teocracias. Ave por la imaginación de esos ideólogos. Según un sondeo reciente, sin embargo, la inmensa mayoría de los inmigrantes musulmanes defiende valores democráticos en la vida política y vivirían difícilmente a gusto en países no democráticos. Sólo un tres por ciento de la población musulmana residente conoce valores fundamentalistas. La gran mayoría de ellos participa en las elecciones como el resto de los ciudadanos y ninguno de ellos sueña siquiera con la instalación de un régimen de clérigos. Las afirmaciones del gobierno son pues arbitrarias.
Además, ser fundamentalista no es un delito y es un derecho que garantiza la Constitución. Acá hay ciudades enteras que son fundamentalistas cristianas, desde tiempos inmemoriales, y nadie supone que constituyan un gran problema -a pesar de que, por ejemplo, rechazan la vacunación. Hay barrios fundamentalistas, como algunos judíos -y tampoco se supone que constituyan un problema. De modo que no es el fundamentalismo un problema: esa gente que no bebe, no fuma, no consume drogas y no hace otra cosa que trabajar para sus familias no constituyen, ni han constituido antes, un problema para el estado.
Asegura el gobierno que los musulmanes golpean a sus mujeres. La violencia intra-familiar es un problema que afecta a todas las sociedades del mundo. No dice el gobierno que en Holanda el 50 por ciento de los casos de violencia familiar ocurre en familias nativas. Es verdad que, proporcionalmente, los musulmanes están sobre-representados (si se considera que un 10 por ciento de la población total es musulmana), pero esta constatación no justifica en absoluto esas afirmaciones tendenciosas sobre el islam y las mujeres.

¿Qué ha pasado entonces en Holanda? La extrema derecha y el neo-nazismo (ahora, además, anti-musulmán) han sido siempre fuertes en el país. Sin embargo, por la decencia que caracterizó a la clase política de Holanda, nunca lograron formar parte de gobierno alguno -hasta 2002, cuando se formó la primera coalición con partidos fascistas. Este fue el grave e imperdonable error de la clase política holandesa. Estos partidos -impulsados por el enorme éxito del cabecilla fascista Pim Fortuyn- adquirieron carta de ciudadanía. Fue un error terrible por el que Holanda tendrá todavía que pagar. La clase política, obsesionada por su rendimiento mercantil en las elecciones, optó por reconocer como legítimas ideologías perniciosas, aberrantes y basadas en el odio racial apenas disimulado. Frente al racismo y al fascismo, los políticos holandeses decidieron negociar y hasta gobernar juntos, y muchos partidos antiguamente decentes incorporaron a sus programas medidas fascistas -medidas que eran favorecidas por una parte de los electores. (E ignorando posturas de partidos normales en otros países de Europa, que se comprometieron a no negociar nunca con esos partidos, como en Francia y en Bélgica). El problema es pues que no habiendo los partidos normales alcanzado un acuerdo sobre los fascistas, y temerosos que los votos obtenidos por estos en las elecciones facilitaran coaliciones de las que podrían ser excluidos, y llevados por el ánimo de gobernar a toda costa, la clase política holandesa decidió pactar con el demonio.
Cuando se pacta con el demonio, es este el que gana. Y ha ganado esto: ha creado un clima de tensiones culturales y raciales que el país no conocía desde la Segunda Guerra Mundial, ha despojado de sus derechos a una parte considerable de su población, ha transformado en legítimas medidas discriminatorias que no son aplicadas en ningún país occidental y que violan claramente la propia Constitución y la europea, ha instalado un régimen de apartheid -que ya ha sido denunciado por numerosos estudiosos extranjeros- repugnante y evocativo de las prácticas del apartheid sudafricano de antaño. La clase política -la derecha y la izquierda- dejó entrar al demonio en casa. Y ahora será difícil -no imposible- terminar con él.

Dicen aquí muchos que todo cambió con los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, Washington y Pensilvania. No es una fecha que se pueda olvidar. Sin embargo, ocurrió antes la matanza de Sbrenica, en julio de 1995, en la que tropas holandesas se hicieron cómplices de las unidades serbias que asesinaron a sangre fría a unos 7.800 niños y hombres musulmanes en la antigua Yugoslavia. Según muchos, ese acontecimiento cambió todo en Holanda -lo afirman entre otros el historiador James Kennedy. Holanda debió mirarse al espejo. ¿Cómo fue posible? ¿Cómo entender ese increíble acto de cobardía? ¿Qué hacer con los soldados? La investigación oficial de esos acontecimientos duró siete años. Cuando se publicaron las conclusiones, en 2002, el gobierno holandés optó por renunciar antes que procesar a las tropas y repensar su papel en la Unión Europea y en las misiones de Naciones Unidas. En las elecciones que siguieron a la crisis de gobierno, obtuvieron los fascistas casi un 15 por ciento de los votos. Entonces los partidos de la derecha tradicional decidieron hacer la vista gorda sobre las aberraciones morales del fascismo, y aceptaron gobernar con esos partidos -esos partidos que consideraban héroes a los asesinos y sus cómplices, y no entendían qué habían hecho mal las tropas holandesas. Entonces empezó la decadencia de Holanda. En julio de 1995.

¿Son Más Importantes Las Elecciones Que El Fin De La Ocupación?

Hay un problema que espera resolución: ¿son más importantes las elecciones que la retirada de las tropas ocupantes? ¿Garantizan las elecciones la retirada de esas tropas? Son preguntas que preocupan a la resistencia nacionalista. Los perdedores digerirán mal la derrota. ¿La victoria la digerirán bien los victoriosos? El atentado fue dirigido contra la sede del partido chií más importante. La sede del partido es la antigua casa del cristiano baazista Tariq Aziz. Es un dato llamativo. Aziz está en prisión. Pero ¿por qué ha sido su casa ocupada? El proceso puesto en marcha por el gobernador Bremer -el licenciamiento del ejército iraquí y el programa de purga del servicio público- ha excluido a cientos de miles de sunníes que, por ser sunníes y funcionarios, no significa necesariamente que sean cómplices de los crímenes de la dictadura de Hussein.Son los autores de esos crímenes quienes deben ser juzgados, no la población sunní.Y los sunníes temen que las elecciones legitimen su exclusión.
Que la sede del partido chií sea la antigua casa de Aziz ilustra lo mal que se puede digerir la victoria. Una de las acusaciones que se hizo contra el antiguo favorito de Washington -Chalabi, su familia y su partido- fue justamente que se había apropiado de bienes y propiedades de funcionarios baazistas sin tener derecho ni autoridad para ello. No necesita Iraq una política de venganzas tribales ni pasar de una tiranía sunní a una chií. Iraq necesita inventar el concepto de ciudadanía y creer en él. Necesita un sistema jurídico estable y transparente, no un régimen arbitrario que deja en la indefensión a la población sunní y que permite que políticos y delincuentes no sunníes se apoderen impunemente de sus bienes. La victoria también puede ser difícil de digerir. Los antiguos funcionarios baazistas, culpables o sospechosos de horrendos crímenes, deben ser llevados a justicia -pero a una justicia que se ajuste al derecho internacional y no a una horca improvisada.
stados Unidos se ha mostrado testarudo. No se trata solamente de lo inopinada que fue la invasión de Iraq. También se trata de que expone un modelo de sociedad que es simplemente repugnante a ojos europeos y del mundo árabe. No es simplemente aceptable que Bush y otros funcionarios republicanos del Senado y del Pentágono tengan intereses privados en la conducción de la guerra -por ejemplo. Estados Unidos no lo quiere entender. No es aceptable que Bush prohíba que se investigue el destino del dinero de la ‘cuenta del pueblo iraquí', de la que han desaparecido 4.000 millones de dólares. No es aceptable que prohíba la investigación de las relaciones entre la Casa Blanca y las empresas del vice-presidente Cheney. Tampoco que acepte un sistema judicial que se aparta de normas internacionales del derecho. No lo es que continúe insistiendo en la evidente falsedad de que la guerra de Iraq tiene algo que ver con el terrorismo. Tampco que sancione la tortura. Europa debe seguir reticente.

¿Quién Desdeña La Amenaza Terrorista?

Dice Anthony Giddens que no hay que desdeñar la amenaza del terrorismo islámico.

Quizás el autor no debiera dejar de lado el contexto en que toma lugar el debate sobre la amenaza terrorista. La extrema derecha y tendencias claramente fascistas exageran la amenaza del terrorismo islámico porque en sus enrarecidos raciocinios este se asocia con la inmigración musulmana. Con esta absurda ecuación de la mano, exigen medidas represivas y control de la población musulmana -como es el caso en Holanda-, la limitación de la inmigración, la ampliación de leyes especiales anti-terroristas y la severa limitación -hasta desvirtuación- del estado de derecho (limitaciones para algunos grupos de la población de algunas libertades).Es contra este maligno movimiento que muchos enfatizan el carácter policial de la amenaza. No significa que sea un reto desdeñable. La lucha anti-terrorista ha exigido la reforma de instituciones policiales justamente para capacitarlas mejor. Para la extrema derecha, el terrorismo islamita es una excusa bienvenida para sostener irracionalidad y xenofobia.
Enfatizar el carácter policial de la lucha anti-terrorista también implica que no se cree que su solución pueda ser bélica. La idiota pretensión -y evidente falsedad- de Estados Unidos, de que han intervenido en Iraq en el marco de la lucha anti-terrorista, no ha hecho más que exacerbar ese peligro. Y la amenaza se ha transformado en cientos de víctimas en Europa y fuera de ella en acciones de represalia. Que esta verdadera y mortífera memez -que la invasión y destrucción de Iraq y probablemente de otros países se logrará la erradicación del terrorismo- ha demostrado ser absurda y contraproducente. Ha aumentado la amenaza terrorista de manera considerable; ha obstaculizado la continuación del proceso de paz en Palestina; ha reforzado los regímenes autoritarios en Oriente Medio; y da apoyo a las tendencias autoritarias que conoce Europa -como en Inglaterra y Holanda, donde las garantías jurídicas ya no significan nada. (La Corte Suprema británica ha declarado ilegales algunas medidas).
Tampoco dice el autor nada sobre el terrorismo de extrema derecha, que es ciertamente una amenaza que se viene arrastrando de antes incluso de los atentados del 11/S y contra la cual Europa se ha mostrado complaciente. Para citar un ejemplo, la extrema derecha ha cometido varios cientos de atentados en los últimos cinco años -quemando mezquitas y escuelas, golpeando a extranjeros, amenazando y golpeando a políticos demócratas. En todo ese período, no se han detenido a más de diez personas. Estos grupos terroristas tienen, como otros, sus brazos políticos legales incrustados en partidos normales (en el ‘liberal' en Holanda), que los protegen e impiden una actuación policial eficaz. (De acuerdo a las instrucciones entregadas por Interior a la policía, no son terroristas y no deben tener prioridad en las labores policiales). Estos grupos y partidos constituyen de lejos la amenaza más ominosa, porque atacan desde dentro nuestras instituciones básicas. Son la quinta columna del Mal.

Bin Laden Llama A Oponerse A Las Elecciones En Iraq

El llamado de bin Laden es ciertamente un despropósito, sobre todo si se toma en cuenta que el origen de su rabia es que la Constitución iraquí admite fuentes no musulmanas. Al insistir en su insólito califato, desmiente, de paso, la imagen más pragmática de sus últimos discursos. Sin embargo, si se atiende a informes norteamericanos e iraquíes recientes, puede contribuir a ampliar la brecha entre los militantes fundamentalistas y la resistencia nacionalista. El daño que ha causado la filial de Al Qaeda a la causa nacionalista iraquí es enorme, particularmente por las espeluznantes decapitaciones, y su apoyo a la red de Al-Zarqawi no hará más que alejar a los nacionalistas de sus esfuerzos. Es un desarrollo positivo. Los nacionalistas tampoco participarán en las elecciones, pero por razones muy diferentes a las de los terroristas islámicos. Y finalmente tanto los estadounidenses como los iraquíes parecen más dispuestos a buscar algún terreno de entendimiento con la resistencia.
En la reunión que sostuvo Allawi con dirigentes nacionalistas en Jordania quedó claro que la reticencia nacionalista a participar en las elecciones tiene poco que ver con el proceso electoral mismo y más con reclamos y temores sunníes que son muy legítimos. Todo el mundo coincide en que los decretos del gobernador Bremer están en el origen de gran parte de la resistencia sunní, especialmente el licenciamiento masivo del ejército iraquí y la despiadada política de desbaazificación en las instituciones públicas. Los sunníes interpretan justamente que si no se busca una solución a este problema antes de las elecciones, su marginación social, profesional y política no hará más que adquirir los visos de una terrible legitimidad. Por otro lado, no hay razón alguna para prohibir el pan-arabismo -que, a pesar del desarrollo que tuvo en Iraq, es una corriente secular que puede transformarse en una opción democrática. Ambos problemas pueden solucionarse, pero se necesitará algo más de tiempo.
La solución insinuada por funcionarios norteamericanos es quizás la menos viable: reservar escaños para los sunníes, aun si no lograran ser elegidos en las votaciones. Con esto se desvirtuaría todo el propósito de una asamblea legislativa y no es realmente un incentivo para que los sunníes se comprometan con el proceso electoral. Realizar las elecciones sin un acuerdo previo con los nacionalistas no acabará con la violencia. La violencia acabará probablemente cuando se inicien negociaciones serias no sólo sobre las reivindicaciones sunníes, sino sobre todo sobre la retirada de las tropas norteamericanas y otras de la ocupación. Un acuerdo semejante podría significar que los nacionalistas mismos podrían desarticular las redes terroristas que los norteamericanos, por más que destruyan ciudades enteras, estarán cada vez más en menos condiciones de hacer. No debemos engañarnos. Con el probable triunfo de los partidos religiosos, el idilio chií-estadounidense también se acercará a su fin.

¿Quieren Los Musulmanes Instalar Una Teocracia En Europa?

La amenaza terrorista terminará, sin ninguna duda. Es indudablemente policial. Y tiene escasas posibilidades de echar raíz en Europa o en cualquier parte del mundo. Nadie en Europa, y menos sus poblaciones musulmanas, está esperando el advenimiento de una teocracia fundamentalista al estilo afgano, o al estilo que sea. No hay sondeos que justifiquen esta creencia. Y los que hay, desmienten la tesis mantenida tan burramente de que los moros nos quieren someter a un régimen socio-político inspirado en el islam. Eso sólo existe en la cabeza de afiebrados, y de fascistas, a los que conviene transmitir la memez para inspirarnos el temor y el odio. La gran mayoría de la población musulmana es ajena a estas elucubraciones. La creencia en que los moros son enemigos demuestra un desmayo de la razón y de la moral. Supongo que los que predican este odio tienen motivos inconfesables, porque una ideología éticamente en orden no necesita absurdos ni falsedades ni aberraciones lógicas.
La mayor amenaza para la democracia y simplemente nuestra civilización es el fascismo o populismo o como quiera que se le quiera llamar a esa ideología que predica que estamos en una supuesta guerra contra los musulmanes y quiere someter a regímenes de excepción aberrantes e inmorales a la población musulmana de Europa. Este régimen de excepción implica, para los moros, todo un cuerpo de leyes diferentes que no se aplican a la población nativa (como en Holanda) y un diferente conjunto de derechos. Hay que seguir con atención al régimen holandés. Ya hay propuestas se crear guetos para los moros. También ha sugerido el gobierno obligar a los extranjeros desempleados a trabajar por menos del salario mínimo. Estas personas son las mismas que deben pagar impuestos especiales elevadísimos por ser extranjeros. ¿A qué se parece el régimen como el que quieren imponer los holandeses sobre su población extranjera? Huele a la Alemania nazi. Huele a Sudáfrica.
Occidente sufre varias amenazas. La del terrorismo musulmán. Y la del fascismo. La primera es sobre todo policial, porque la ideología del extremismo moro no seduce ni a occidentales ni a musulmanes. El peligro fascista es peor. La defensa de Occidente requiere la defensa de sus valores modernos: la democracia, las libertades públicas, el estado de derecho. Son valores que niegan fascistas y terroristas. Suponer que la invasión de Iraq no tiene nada que ver con el terrorismo es un acto de ceguera y de llana imbecilidad. También lo es suponer que atacar a un país bajo la excusa de la amenaza terrorista no es un acto de terrorismo. Los países árabes sufren de teocracias y dictaduras desde que tenemos memoria. Y sus poblaciones aspiran a la libertad. Es conveniente para el mundo libre que esa región conozca regímenes políticos modernos. No se contribuye a ese desarrollo con la guerra. Pero sacrificar las libertades de Occidente sería una victoria para terroristas y fascistas por igual.

El Tema De La Integración No Se Relaciona Con El Terrorismo

No entiendo que la integración sea realmente un problema relacionado con el terrorismo. No al menos de la manera en que lo plantean la mayoría de los gobiernos de Europa. En Holanda, según la comisión Blok -cuyas conclusiones fueron rechazadas por el gobierno- los extranjeros se encuentran integrados, de modo que los planes y medidas tomadas por el gobierno son aberrantes y constituyen más bien políticas de humillación y acoso de la población extranjera, y musulmana. El examen de integración ha sido ampliamente rechazado, incluso por políticos de los propios partidos de gobierno, incluyendo a algunos de extrema derecha. Depende un permiso de residencia por ejemplo de responder correctamente preguntas sobre el uso de detergentes y la distinción entre chips y tarjeta de crédito. Los políticos y otras personalidades que se sometieron al examen concluyeron unánimemente que las preguntas eran irritantes y humillantes.
Sin embargo, nada de esto es tomado en cuenta por el gobierno y los insólitos y estúpidos exámenes se siguen tomando. Por otro lado, para poder dar este examen deben los extranjeros pagar sumas altísimas, fuera de toda proporción y evidentemente arbitrarias. El gobierno ha reconocido que su intención es limitar la inmigración. Véase así hasta dónde llega su seriedad. Además, los musulmanes de Holanda viven de acuerdo a las normas del país y lo que piensan no difiere de lo que piensa la mayoría de la población sobre temas como el estado de derecho y la libertad de expresión, la democracia parlamentaria y el sistema de partidos. Según un sondeo reciente, sólo un 3% de los musulmanes apoya al fundamentalismo -no al terrorismo, que es algo diferente. Así, es evidente que el tema de la integración está siendo mal usado y con intenciones inmorales e inconfesables. No es la falta de integración el problema, sino la propagación de ideologías y grupos de extrema derecha.
Según la comisión Blok -para seguir con este ejemplo- los problemas de los inmigrantes se derivan de dos cosas: una política sistemática de exclusión practicada por el estado, y del racismo de una parte de la población nativa. Lo primero ha quedado dolorosamente en claro con la amenaza terrorista, cuando el gobierno descubrió que esa política discriminatoria le había privado de los indispensables agentes y traductores árabes que necesita para esa lucha. Lo segundo, en que los inmigrante conocen tasas de desempleo más altas que los nativos. Estos problemas son comunes a varios países de Europa y su solución parece simple: obligar o estimular a instituciones del estado y empresas a contratar a extranjeros. Y no solamente a los blancos de Europa del Este, que es la inmigración que el gobierno favorece en su intento de remplazar a los moros por polacos y otras nacionalidades del Este. Es un plan de genética social que evoca las políticas nazis, y es simplemente inaceptable.