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Hija de Hitler Tumba Gobierno

La noticia no ha aparecido en todos los diarios. Sin embargo, es una de las más importantes para Europa en los últimos días. Cayó el gobierno holandés, y con él termina de momento el más osado experimento reaccionario en Europa, conducido desde las sombras por la llamada ‘hija de Hitler', la infame ministro de Extranjería y cabecilla de la extrema derecha y de los neonazis holandeses.
Los motivos de la caída del gobierno (una estrafalaria, enfermiza coalición formada por la democracia cristiana, los liberales y los ultra-conservadores) son de los que huelen a farsa. En diciembre pasado, cuando se realizaban elecciones internas en el VVD, el partido de extrema derecha más grande del país, la ministro de Extranjería, que obedece al nombre de Rita Verdonk, despojó del pasaporte holandés a Aryaan Hirsi Ali, la diputado de origen somalí de su mismo partido. En ese momento, según especularon muchos analistas políticos, la Verdonk quería acentuar su identidad xenófoba, una identidad política que hoy, desgraciadamente, seduce al pueblo holandés -un giro atávico de retorno a las raíces germánicas que también vivió el país en época del imperio nazi del que formó parte. El mensaje era: No importa quiénes sean, los extranjeros no son aquí bienvenidos.
La maniobra de la gendarme era transparente. La diputado había reconocido que, al entrar a Holanda, había mentido. Dio otro nombre que el suyo propio, y calló que no provenía directamente de Somalia, sino de otro país vecino donde había vivido su familia, en los últimos años, como refugiada. Esto último la habría excluido del derecho de solicitar asilo en Holanda o en cualquier otro país de Europa o del mundo, a menos que también en ese país de acogida corriese su vida peligro, que no era el caso.
Hirsi Ali es la diputado anti-musulmana que escribió el guión de la película que dirigió Theo van Gogh por encargo del ministro del Interior y de la ministro de Extranjería. A van Gogh le costó la vida: fue ultimado en la vía pública por un musulmán agraviado. Tras herirlo a balazos, lo degolló.
En las campañas anti-musulmanas del país, disfrazadas como campañas anti-terroristas, Hirsi Ali jugó un papel de la primera importancia.
La hija de Hitler, al despojarla de la nacionalidad holandesa, quería dejar en claro que, sin importar la contribución de la somalí a la causa anti-árabe, seguía siendo extranjera y, por tanto, indeseable.
Curiosamente, la somalí y la nativa holandesa eran miembros del mismo partido: el VVD, o Partido por la Libertad, el Pueblo y la Democracia, antiguamente liberal y desde 2001, en manos de una tendencia de extrema derecha muy cercana a los neonazis y encabezada, entre otros, por la rígida gendarme de prisiones. Este partido otrora liberal ha sido comparado correctamente con el estrafalario partido liberal ruso, una ridícula amalgama de antiguos comunistas, neo-nazis y nacionalistas místicos.
El parlamento reaccionó indignado y hasta su propio partido exigió de la Verdonk que devolviera la nacionalidad a Hirsi Ali. Se llegó a un acuerdo. La ministro reconsideraría su decisión. Seis meses después, en junio, determinó inesperadamente que la somalí no había mentido y, consecuentemente, le devolvió su pasaporte.
Era demasiado tarde y demasiado torpe. La somalí, tras perder la nacionalidad holandesa, perdió también su escaño en el parlamento. Y sintiéndose acosada en el país, pidió subrepticiamente asilo en Estados Unidos, donde un laboratorio ideológico de Washington cercano a Bush le ofreció una posición. Doblemente exiliada, la ex diputado se encuentra hoy en esa ciudad.
A pesar de la maniobra de la Verdonk, perdió las elecciones internas de su partido. La gendarme ha sido denunciada muchas veces por antiguos dirigentes de su propio partido de dar cobijo a las tendencias más funestas de la ultra-derecha holandesa. Algunos de sus propios colegas en ese partido la han comparado con Hitler y la Alemania nazi, cuando la ministro quiso obligar a los extranjeros residentes en el país a llevar consigo una ‘viñeta' (como la estrella amarilla) con la especificación de su grado de asimilación a la cultura holandesa. En la actualidad cuenta con un propio servicio del estado, el de Inmigración y Naturalización, una especie de SS que ha sido denunciada por abusos y maltratos por numerosas juristas y abogados, incluyendo a muchos ex funcionarios que renunciaron a él tras la llegada de la ministro.
El año pasado finalmente, tras numerosas e insistentes denuncias, el Consejo de Europa y la Unicef condenaron explícitamente a Holanda por encarcelar a niños. La ministro de Extranjería aplicó en el país, a comienzos del milenio, medidas insólitas de represión y exclusión de los extranjeros. Una de ellas fue la decisión de encarcelar a los solicitantes de asilo, incluyendo a sus familias, mientras los tribunales de inmigración del país -otras de sus infamias- decidían sobre su destino. La consecuencia fue el encarcelamiento de numerosas familias, y numerosos niños que, junto a sus padres, languidecen en cárceles especiales sin escuela y en las más terribles condiciones, con escasa asistencia médica y sólo de urgencias y otras ignominias.
La terrible situación que viven muchos extranjeros en el país, especialmente los extranjeros no arios, viene siendo denunciada por numerosos grupos de extranjeros en el país. El gobierno ha reaccionando dictando leyes antiterroristas que penalizan la redacción o publicación de, cito textualmente, "textos anti-occidentales". El gobierno holandés considera que Holanda es occidental y definió esta ley de manera amplia para poder perseguir a los opositores. Muchos extranjeros han abandonado el país. Y también muchos holandeses lo están haciendo en un exilio encubierto. Por primera vez en Holanda desde la guerra, los habitantes que dejan el país son más que los extranjeros que llegan.
Ha sido durante los dos sucesivos gobiernos de ultra-derecha, que yo no dudo en calificar de neo-nazis, los que han convertido al otrora tolerante país en una enorme cárcel con un irrespirable ambiente de opresión. Hay nuevas leyes especiales que atacan solamente a los extranjeros: a diferencia de los nativos, los extranjeros que cometen faltas como hurtos son deportados del país, independientemente de los años que haya vivido en el país. Los extranjeros deben pagar impuestos y tasas especiales que no deben pagar los nativos. Los inmigrantes deben pagar una ridícula tasa de inmigración cercana a los seis mil euros. Además deben aprobar un estrafalario examen de folclore holandés. En flagrante violación de leyes europeas, prohíbe y pone trabas a los matrimonios entre nativos y extranjeros, sometiéndoles a onerosas tasas, prolongadas separaciones y humillaciones. Prohíbe la reunificación familiar, instituida por la Unión, y ha pisoteado prácticamente todos los tratados europeos en torno a los extranjeros.
Al alero de la ministro del odio, se transformó en normal en el país hablar de indecencias bajo el lema de la libertad de expresión y del rechazo de la corrección moral o política. Así, por ejemplo, desde 2003 se discute abiertamente en Holanda, incluso a nivel de gobiernos regionales, la posibilidad de fundar guetos exclusivos para extranjeros, para poder controlarlos mejor. Incluso se ha discutido la idea de cerrar estos guetos con murallas, para controlar la entrada y salida de sus habitantes. Se intentó en varios ayuntamientos prohibir que los extranjeros hablaran sus propios idiomas en la calle. El gobierno ha prohibido incluso que, en la prensa, se le compare abiertamente con el régimen nazi. ¿Por qué? Muchos otros desarrollos en otros aspectos delatan su identidad neo-nazi. Las nuevas leyes que permiten la eutanasia no solicitada ha provocado un éxodo de personas de la tercera edad hacia pueblos fronterizos en Alemania, donde saben que no serán eliminados por el estorbo que supone su vejez. Y, a pesar de su riqueza, en el terreno económico el gobierno aplica una política de exclusión similar al apartheid de invención local: en las grandes ciudades ya hay comedores populares que las iglesias y grupos de particulares han iniciado para alimentar a las familias pobres de uno de los países más ricos del planeta.
Al alero de la ministro se han multiplicado las milicias paramilitares neonazis, que cuentan la protección del gobierno y que son responsables de numerosos incendios de mezquitas y locales de extranjeros y agresiones sin fin. Son las milicias que actuaron tras el asesinato de van Gogh, cuando un ministro de las mismas simpatías que la gendarme, declarara la ‘guerra' contra los musulmanes y otros extranjeros. Las milicias neonazis gozan de absoluta impunidad en el país y la ministro, en una demostración de su indecencia, los llamó públicamente "chicos holandeses enfadados", desechando las evidencias de que constituyen peligrosas milicias armadas. Valga como dato adicional sobre la actuación de estos grupos que para principios de 2005 habían renunciado a sus puestos en las provincias casi un tercio de los ediles por amenazas de milicias neonazis.

Volvamos a la ministro. Tras devolver el pasaporte a la diputado de origen somalí, el partido liberal de la coalición (D66, ‘demócratas 66'), que desde hace unos años vive con la permanente impugnación de sus dirigentes por parte de las bases del partido que habían reclamado su salida de la coalición de gobierno, finalmente decidieron exigir la renuncia de la antigua guardia de prisiones. La hija de Hitler se negó a dimitir. La respaldó el primer ministro demócrata-cristiano. Y los liberales cumplieron su amenaza (ya la había utilizado antes y no habían cumplido; muchos creían que esta vez tampoco lo harían). El gabinete debió presentar su renuncia. Ahora se discute para cuando se llamará a elecciones generales.
Muchos temen ahora que la ministro, rechazada y perdedora en las elecciones internas de Democracia, Patria y Libertad, forme su propio partido. Las perspectivas no son nada halagüeñas. Según sondeos recientes, los holandeses vuelven a creerse una raza superior, casi un cuarto de la población es abiertamente racista y la gran mayoría es anti-árabe y opina, el 63 por ciento, que el islam es irreconciliable con los valores europeos (valores que, a pesar de sus respuestas, creen ellos que comparten: un doble y bochornoso absurdo). El país en las garras de las estrafalarias ilusiones racistas, las posibilidades de la hija de Hitler son enormes y cuelga en el horizonte la tenebrosa probabilidad de que este personaje que parece sacado del infierno sea incluso primer ministro de su país.
La oposición decente es casi inexistente. En Holanda los partidos tradicionales no firmaron nunca el pacto de decencia que firmaron los partidos belgas y franceses, por el cual se impiden de gobernar o formar alianzas con partidos de extrema derecha. Nada impidió así que la derecha holandesa incorporara a su programa las reivindicaciones de los partidos fascistas que fueron los ganadores de las elecciones de 2001 -cuando el líder neo-nazi Pim Fortuyn ganó póstumamente las elecciones de su país. Tras las innumerables rencillas internas y problemas con la justicia, los partidos fascistas se desmembraron y fueron excluidos del gobierno, pero sus programas se los apropiaron e incluso exacerbaron los actuales partidos de gobierno. (Por ejemplo, Pim Fortuyn era partidario de otorgar un perdón a los ilegales y refugiados antes de cerrar las fronteras; el actual gobierno expulsó a 26 mil refugiados y pretendía deportar de 200 mil extranjeros del país. Obviamente, ha rechazado la petición de otorgar a los ilegales el tradicional perdón de los cinco años).
La opinión extendida en Holanda es que si los ciudadanos tienden hacia posturas fascistas, los fascistas deben convertirse en interlocutores válidos y hasta participar en el gobierno. Eso se llama democracia, piensan muchos políticos nativos, haciendo tabla rasa de los valores morales y jurídicos que suelen acompañar a las democracias, entre ellos la tolerancia y la igualdad ante la ley, para no nombrar más que dos de esos principios. Holanda parece dispuesta a echar por la borda su breve pasado como país occidental y recuperar sus atávicas raíces germánicas, con ideologías estúpidas y odiosas que pretenden que ese pequeño pueblo forma parte de una grotesca raza superior. Una raza superior en estupidez, donde los políticos producen lindezas lógicas como que todo ataque, léase comentario crítico, por escrito contra las sociedades occidentales (o sea, nosotros, dicen los payasos), constituye un delito de terrorismo. Una raza superior cuyos políticos establecen que todos somos iguales ante la ley, menos los extranjeros. Una raza superior cuyos funcionarios se arrogan el derecho de aprobar o desaprobar la vida sentimental y matrimonial de los extranjeros y de aquellos nativos considerados inferiores o traidores, que son los que se enamoran de extranjeros.
Para qué decir más.
Así que el fin del gobierno holandés es una buena noticia, pero su caída no implica todavía el fin del régimen xenófobo.

Mar Para Bolivia

Nuevamente se discute en Chile el tema del mar para Bolivia. Ahora porque los habitantes de Arica, antigua ciudad peruana hoy chilena, se oponen a que Bolivia tenga salida al mar. Al menos, según el dudoso plebiscito realizado en las galerías comerciales de la ciudad por funcionarios del ayuntamiento. Por cierto, no es nada legal y no significa nada, entre otras cosas porque metodológicamente es una chapuza.
Se sabe que Chile se opone a cualquier discusión sobre una eventual salida al mar de Bolivia. No faltarán los argumentos, que políticos y diplomáticos chilenos suelen esgrimir y que se resumen en que, según Chile, la ley y los tratados internacionales impedirían que Bolivia acceda al mar. Según la ley porque presuntamente Bolivia y Chile firmaron un tratado o pacto que da por dirimido el conflicto, y según los tratados porque sin la intervención de Perú no se podrían iniciar conversaciones con Bolivia sobre este asunto.
Las excusas abundan al sur de Bolivia. La verdad es que la clase política chilena, de todo signo, no tiene la menor intención de permitir que Bolivia salga al mar. Hace dos años el presidente Lagos sacó de su cargo al cónsul chileno en La Paz por expresar simpatía por el anhelo boliviano de salir al mar.
Quizás no es conveniente que Bolivia recurra al gas o a otros recursos para usarlos en su intento de acceder al mar. No tiene ningún sentido y no hará más que reafirmar a Chile en su rechazo de toda negociación. Chile no devolverá territorios bolivianos. Es más posible que Chile ceda territorios, con o sin soberanía, sin mención alguna del pasado.
Chile debería ceder territorios a cambio de nada, simplemente como gesto de solidaridad y de buena voluntad. Es evidente, y evidenciaría una terrible mala fe, pretender que la ausencia de mar no obstaculiza el desarrollo de Bolivia y que Chile debe esperar a que las clases altas finalmente manejen bien ese país. Bolivia es un país incapaz de gobernarse a sí mismo, argumentan los chilenos. Su inestabilidad es tan intensa que firmar tratados o pactos con Bolivia es un absurdo. Pero justamente Chile contribuiría enormemente a la estabilidad de Bolivia si cediese a ese país una franja marítima. En todo caso, no es de incumbencia de los chilenos si ese país es estable o no.
Chile, sin duda, puede vivir sin los kilómetros de costa que para Bolivia son tan esenciales para recuperar su dignidad y fortalecer su camino al desarrollo -y antes que eso, su escape del abandono y la miseria.
Muchos se oponen a la idea de que una franja marítima pueda estar bajo soberanía boliviana. ¿Qué importaría? Todos los países del mundo colindan con zonas soberanas de otros países. Y es evidente que Bolivia necesitaría gobernar la zona recibida, aun si sólo fuera por razones de orden público. Pero también es posible pensar en una zona de soberanía compartida. También es posible crear una zona integrada boliviano-chilena. Con buena voluntad, hay muchos desarrollos posibles.
En cierto sentido, se comprende que los chilenos no quieran tocar la historia -como se entiende que los bolivianos sí recurran a ella. Pero ha pasado mucho tiempo y nada obliga a que las generaciones actuales se sientan solidarias o partícipes de conflictos de generaciones pasadas. Nadie puede sentir orgullo por estar geográficamente emparentado con los soldados que invadieron Perú y Bolivia para saquear sus ciudades y cometer otros actos de bárbara violencia. No se trata de eso. Si Chile debe ceder mar a Bolivia es por un simple y humano gesto de solidaridad y fraternidad.
Lo que dijo el presidente Morales tiene mucho de razonable. Hay muchos chilenos de bien que cederían a Bolivia una franja marítima. Quizás es a ellos a quien debe dirigirse Morales, más acá de políticos y diplomáticos, para que allanen el camino de Bolivia hacia el mar.

Todavía Hay Jueces Cómplices de Pinochet

En los últimos días la ciudadanía ha vuelto a recordar brutalmente que el decreto de amnistía mediante el cual Pinochet y sus cómplices pretendieron librarse de la justicia sigue estando vigente. Ese decreto de amnistía protege a los militares y otros responsables de violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad de ser llevados a justicia y procesados. Eminentemente ilegítimo, ha sido aplicado por un juez venial y ciertamente cómplice de la dictadura militar: el juez Montiglio. Con su criminal interpretación de las leyes y con su recurso a un decreto moralmente inválido, el juez Montiglio deja una vez más al descubierto su complicidad, y la de parte del poder judicial, con la dictadura chilena.
La decisión del juez pone en evidencia que es de suma urgencia derogar ese decreto para impedir que este juez y otros sigan burlándose de Chile, de sus ciudadanos y de las víctimas de la espeluznante dictadura de Pinochet, y para contribuir con su anulación a una verdadera paz social. La decisión del juez es un obstáculo a la reconciliación de los chilenos y deja muy mal parado al país ante la opinión e instituciones internacionales. Nuevamente es Chile un país bananero en el que no se puede confiar. Sus instituciones judiciales parecen ser una farsa, toscos simulacros de lo que debiesen ser.
Chile en algún momento deberá también abocarse a la tarea de llevar a justicia a los jueces y otras instancias del poder judicial que colaboraron y siguen colaborando con la banda de criminales que dirigió Chile durante tantos años y que aún tiene secuestrado el destino del país. Muchos de los jueces de Chile, como el mismo Montiglio, deberían ser encarcelados y castigados severamente por prestarse a servir los intereses de los criminales que son responsables de la muerte de más de tres mil ciudadanos de bien de este país.
Montiglio no ha de quedar impune. Como no han de quedar impunes Pinochet ni las sabandijas que lo apoyaron.
Obviamente, políticos de extrema derecha manifestaron su oposición a la derogación de la ley de amnistía. Ha de entenderse que estos señores consideran a Pinochet de algún modo defendible. Es como defender a Idi Amin Ada, o a Hitler. Pareciera que la derecha todavía no logra entender que Pinochet y los suyos no son más que una banda de criminales que utilizó argumentos políticos como excusa para enriquecerse y poder servir los intereses de un país extranjero. Sus crímenes fueron patrocinados, ordenados y pagados por una potencia extranjera. De aquí surgió la farsa fascista de acusar a ciudadanos inocentes de ser culpables de crímenes que o nunca se cometieron o nunca existieron como tales en un régimen democrático. Acusándoles de comunistas e inventando cargos antinacionales se aseguraban que sus patrones extranjeros y nacionales les pagaran. Eso es Pinochet y los que le apoyaron. Eso son. No hay mucho que buscar detrás. Son de inteligencia limitada. Son fascistas. Son gentes de ultraderecha. Elementos salidos directamente del infierno, pero que no sirven ni como gárgolas.
Es una desgracia que en el país sigan vigentes leyes y decretos emanados de una autoridad usurpada, y por tanto ilegítima. De hecho, absolutamente ninguna ley que haya sido decretada durante la dictadura tiene validez moral o política. Si no lo han entendido así los jueces, alguien debe dejárselo en claro. Si no acatan, su presencia en el poder judicial es inexplicable e injustificable, porque aplicando leyes de época de la dictadura causan un gravísimo daño al país y enturbian y obstaculizan los esfuerzos de paz social.
Los crímenes de Pinochet y sus cómplices -entre ellos, se nos vuelve a recordar, jueces- debiesen ser castigados de la manera más drástica posible. Sus secuestros y torturas y asesinatos no son excusables ni comprensibles ni justificables. Chile y su honor y dignidad como país y patria de hombres libres están en juego. Y hay que empezar por derogar la ley que dictó el monstruo de La Dehesa, Pinochet, el capataz limpiaculos. El país debe volver a los cauces de la civilización y de la moral y para ello debe deshacerse de la escoria que constituyen los militares cómplices de Pinochet y los jueces que, incrustados en instituciones democráticas, siguen protegiéndoles.

¿Por Qué Matar A los Perros?

Hace unas semanas las autoridades sanitarias de Santiago ordenaron el exterminio de unos treinta perros que vivían en la Plaza de la Constitución, a la que da el Palacio de Gobierno -el palacio que conoce todo el mundo, porque las imágenes de su bombardeo por los aviones de Pinochet recorrieron todo el planeta. La matanza ha causado la indignación de los defensores de los derechos animales, de organizaciones vinculadas a la protección animal y de la ciudadanía en general.
Ha costado nada menos que dos semanas descubrir al autor de la orden de exterminio, que se mantuvo oculto y en las sombras durante todo ese tiempo.
Es un señor de apellido Ilabaca, director de la autoridad sanitaria de Santiago. Este señor ordenó el exterminio en vísperas del cambio de mando en el Palacio de La Moneda. Presuntamente consideró de mal gusto tener perros en la plaza mientras tomaba lugar la importante ceremonia. Sin embargo, declaró que los perros eran vagos y que estaban probablemente infectados de rabia, supuestamente tras haber sido mordidos por murciélagos, y que en general los perros callejeros constituyen un peligro para la salud pública.
Sin embargo, que esos perros puedan ser llamados vagos es discutible. Desde hace tres años o más un grupo de vecinos y trabajadores (empleados, funcionarios, dueños de kioscos) de los alrededores de Pla za de la Constitución habían formado un grupo que se ocupaba de la alimentación de esos perros (proveyéndoles cada día) de su alojamiento (algunos dormían en los kioscos) y de su salud (todos habían sido vacunados y esterilizados a costas del grupo de vecinos y algunos de ellos, que sufrían de otras dolencias, estaban bajo tratamiento). Todos esos perros además tenían el collar que entrega la misma autoridad sanitaria a perros que, justamente, no son considerados callejeros.
El señor Ilabaca, además, violó el reglamento de su propio departamento, que autoriza las campañas de exterminio de perros sólo en casos de epidemias o evidente peligro para la salud pública, que no era el caso. Es evidente que Ilabaca mintió, que el motivo real del exterminio fue probablemente la ceremonia de cambio de gobierno, y que los perros, según los informes médico-veterinarios de ellos, que todos tenían, no tenían rabia. Ni hay murciélagos con rabia en el centro de Santiago.
Así, la ciudadanía ha pedido que se despida a ese señor de esa función. Debe quedar claro, mediante esa medida drástica, que estas acciones son francamente inaceptables. Es inaceptable mentir a la ciudadanía para ocultar una medida desastrosa, y es inaceptable ordenar el exterminio de perros cuando no hay motivo alguno que lo justifique.
El silencio que ha guardado el gobierno de Bachelet sobre el asunto habla muy mal de ella. Ilabaca debe ser despedido, así como los funcionarios que obedecieron sus órdenes.
Como en el caso de violaciones de derechos humanos, no es posible pensar que los autores materiales no sepan que cuando se les ordena torturar, golpear o matar están actuando fuera de la ley y cometiendo violaciones graves de ellas y de los derechos humanos. Ha de esperarse que esos funcionarios (soldados o policías) se nieguen a ejecutar esas órdenes y que si no queda otra alternativa, deben proceder a la neutralización del oficial que imparte esas órdenes. Toda otra conducta es delictiva y deber ser castigada. Si un subalterno accede a la ejecución de esa órdenes ilegales, debe ser perseguido y condenado de la misma manera que sus autores intelectuales.
En el caso de los perros debe aplicarse el mismo razonamiento. No es posible pensar que los autores materiales de la matanza no supieran que actuaban al margen de la ley al exterminar a perros sanos. La primera evidencia de que actuaban fuera de la ley es que ellos sabían que el señor Ilabaca no esperó ningún informe que hubiese pedido sobre la salud de las mascotas. Las mandó matar sin base alguna y afirmándose únicamente en su autoridad.
Para que un crimen semejante no vuelva ocurrir las autoridades políticas deben castigar al autor intelectual y a los funcionarios menores que le obedecieron.
El incidente ha desencadenado una serie de sucesos espantosos: ha inspirado a estudiantes universitarios a colgar a un perro como parte de un ritual de iniciación, ha incitado a otros a poner veneno en alimentos para mascotas, ha alentado a otras autoridades (las de Cartagena) a la comisión de crueldades similares. El clima actual de indefensión de las mascotas es intolerable y es urgente que políticos de buena fe y con el corazón bien puesto propongan una legislación de protección animal que ponga fin a estos desmanes autoritarios.
Independientemente de lo que piensen algunas autoridades, la sociedad chilena considera a las mascotas como miembros de la familia y se les trata normalmente como tal. Es común ver que a los perros callejeros se les alimente, e incluso, como en el caso de los perros de Plaza de la Constitución, se les cobije por las noches o se lleve al veterinario para ser esterilizados o sometidos a tratamiento otros males. En el barrio donde vivo, los vecinos han construido unas casetas para los perros callejeros; ahí viven, ahí duermen. Se ganan su merienda como guardianes de la calle.
Así tratan los ciudadanos a los perros. ¿Pretenderán las autoridades que empecemos a verlos como enemigos a los que hay que exterminar? Pero la ciudadanía, al contrario, piensa que si están enfermos, ha de cuidárseles y llevarles al matasanos, igual haríamos con cualquiera de nosotros. Y matar a un perro, un ser totalmente indefenso, entregado enteramente a nuestro cuidado para vivir como nosotros, es ciertamente un crimen que ha ser penalizado. Las mascotas deben tener derechos. Y uno de ellos es el derecho a no ser matadas impunemente, a no ser sometidas a muertes tan injustas como espantosas.
Y el nuevo gobierno socialista hace mal en no tomar medidas y guardar silencio. Esa actitud la aleja de una ciudadanía que está clamando que se legisle para actos atroces como ese no vuelvan a ocurrir.

¿Puede Volver el Nazismo?

Ayer justamente escribía, reflexionando sobre un nuevo plan del gobierno holandés, que nada hay en la historia que impida un retorno del nazismo, como forma extrema del fascismo. Hoy H.D.S. Greenway escribe en el Boston Globe [mqh lo publica en español ] que el rabí Soetendorp, conocido en Holanda por su defensa de los musulmanes, ha advertido que un retorno del nazismo en Holanda no es impensable si, por ejemplo, se cometiera en Holanda, o en Europa, un atentado terrorista de la magnitud de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. O sea, un atentado que cause varios miles de muertos.
Sí, puede ocurrir. No coincido con todo lo que dice Greenway. No creo, como parece creer, que esta ola de sentimientos anti-musulmanes haya comenzado en 2001. Comenzó antes. Comenzó en 1995, cuando las tropas holandesas a las que la ONU envió a defender una ciudad musulmana en Bosnia, se rindieron ante tropas serbias y colaboraron en el asesinato a sangre fría de ocho mil hombres y niños musulmanes. Los holandeses colaboraron, y quizás si salvaron sus vidas por eso, separando para los serbios a hombres de mujeres. Por ese crimen no ha pagado ninguno de esos soldados ni sus jefes ni sus responsables políticos. Y lo más increíble es que la comunidad europea y la OTAN han decidido mirar para otro lado y todavía envía Holanda tropas para tareas de la ONU y en países musulmanes. Para no creer.
Al publicarse los resultados de una investigación parlamentaria -entre otras muchas- seis años después, en 2001, el gobierno holandés, entonces dirigido por la social-democracia, no tuvo el coraje político de llevar a juicio a esos soldados y tomar las medidas judiciales pertinentes y prefirió renunciar. En las elecciones subsiguientes, y tras el asesinato del jefe del nuevo partido fascista que surgió en las secuelas de la matanza de Srebrenica, el partido fascista obtuvo una parte tan considerable de los votos, que formó gobierno con los partidos de la derecha tradicional -que, a diferencia de las derechas responsables de Francia y Bélgica -que han firmado y respetado un pacto de no gobernar con los fascistas ni con la extrema derecha bajo ninguna circunstancia- han formado coaliciones de gobierno con los elementos más deleznables del espectro político holandés.
Esta repugnante coalición duró un año, y volvió a formarse y los fascistas, bajo diversos nombres y partidos, han estado desde entonces entrando y saliendo del gobierno. Pero los partidos de derecha han abandonado prácticamente todos sus antiguos principios liberales y conservadores y han hecho suyo casi íntegramente el programa del fenecido partido del cabecilla fascista Fortuyn. Hoy el partido liberal holandés es una formación política aberrante, más similar a los liberales-comunistas-nacionalistas-ortodoxos rusos que a los partidos liberales de Occidente.

Definitorio del partido fascista, y del gobierno actual, es una furiosa xenofobia, un odio desatado contra los extranjeros, y especialmente contra los árabes, los musulmanes y los negros y morenos de piel. La gente bien en Holanda viene librando una lucha desigual y terrible contra el gobierno y los elementos nazis en la administración, como la ministro de Extranjería, que llamaos ‘la Hija de Hitler’. El apodo no es casual. Esta ministro ha propuesto obligar a los extranjeros a llevar una chapa o libreta o tarjeta en la que se especificará el ‘grado de integración’ -el mismo método, y el mismo razonamiento detrás de la estrella amarilla que impusieron los nazis a los judíos. Esta ministro, y sus aliados fascistas más extremos, han insinuado la idea de cerrar y aislar barrios donde vivirán solamente extranjeros y árabes -como los guetos en los que fueron encerrados los judíos antes de su exterminio. Esta ministro encarcela a los extranjeros que piden asilo y otros inmigrantes que tienen la mala fortuna de llegar a sus fronteras. Esta ministro ha devuelto a solicitantes de asilo a sus países de origen y entregado información reservada a sus policías, tras lo cual esos refugiados han desaparecido o sido asesinados. Este gobierno holandés ha instalado una extensa red de ‘centros de detención’ -los antiguos campos de concentración de los nazis- donde languidecen miles de extranjeros, incluyendo familias con niños, sin haber cometido delito alguno. Y al menos uno de esos centros ha sido establecido en las antiguas instalaciones de un campo de concentración nazi en el norte del país -un campo que hasta entonces era más bien una suerte de museo.

La lista de pequeñas y cotidianas atrocidades que comete Holanda contra su población extranjera y árabe es demasiado extensa para tratarla aquí. Las medidas llamadas en pro de la integración de los extranjeros son ridículas y humillantes: la más reciente, según leímos en la prensa, prohibir que los inmigrantes hablen sus lenguas natales y obligarlos a hablar holandés incluso en el interior de sus casas. Prohibir a sus mujeres el uso del pañuelo de cabeza. (Pero no a las niñas católicas al norte de Amsterdam, donde el pañuelo de cabeza es de uso tradicional). Y todas estas violencias cotidianas en medio de un clima represivo feroz, donde el gobierno dice defender la libertad expresión encarcelando o amenazando con encarcelar a todo aquel que, según se lee en las nuevas leyes antiterroristas, y cito de memoria, "escriba contra las sociedades occidentales". Yo mismo podría ser considerado un "escritor anti-occidental", porque ser anti-occidental en Holanda se interpreta, y lo interpretan los jueces como estar contra el gobierno y sus medidas en torno a la inmigración y los musulmanes.

Las violaciones a los derechos humanos y el desprecio por el estado de derecho son ahora elementos fijos del paisaje político holandés. Detenciones arbitrarias, apremios físicos y psicológicos en las comisarías de policía, simulacro de justicia con jueces venales y cobardes y un cuerpo de leyes absurdas y estúpidas (como la referida ley antiterrorista), y un extendido clima de miedo en las fábricas e instituciones (nadie se atreve a hablar contra el gobierno) han transformado completamente al país que era antes una de las joyas de la democracia y la libertad en Europa.

Sí, en Holanda, que se descubrió germana durante el período que llaman de ‘ocupación’, de 1942 a 1945, y que sería mejor llamar de ‘colaboración’, el peligro del retorno del nazismo es patente. La irracionalidad y crueldad de ese período de su historia no les impide no repetirlo. A los fascistas, no se olvide, les mueve el odio y reivindican lo irracional y la violencia como formas legítimas de hacer política. Si llegase a ocurrir que un grupo de fanáticos musulmanes cometiese un atentado de las dimensiones del 11 de septiembre de 2001, como dice Soetendorp, no me cabe ninguna duda de que Holanda caería de lleno en lo que será uno de los períodos más tenebrosos de su historia, una reedición de la horrorosa demencia de los nazis.


Hija de Hitler Vuelve al Ataque

Hace unas semanas publicó mQh unas extravagantes noticias sobre los proyectos e intentos de partidos de la extrema derecha holandesa, con la ministro de Extranjería a la cabeza, de prohibir que en las calles del país se hable otra lengua que el holandés. La iniciativa parece sacada de una novela sobre el nazismo, y en realidad las ideas de la ministro, que no por nada es llamada en esas mismas calles ‘la Hija de Hitler’, tienen el insoportable tufo de los atavismos germánicos. También extraordinario es que la iniciativa de la ministro no es nueva y que un proyecto que procuraba que los extranjeros se expresasen en holandés en las calles, que evidentemente fracasó, ya se implementó en una ciudad holandesa. Y no menos extraordinario es que el actual proyecto es iniciativa del partido fascista de Rotterdam, que se ha hecho en las últimas elecciones municipales, con la complicidad de la derecha tradicional, con el gobierno del ayuntamiento.

Originalmente la idea fue defendida argumentando que facilitaría la integración de los extranjeros, aunque es difícil advertir cómo o en qué sentido una idea tan estúpida puede contribuir a una integración que cuenta con otros obstáculos más importantes, entre ellos las propias políticas racistas y discriminatorias del gobierno. ¿Qué se ganaría, en efecto, con impedir que los extranjeros hablen en sus lenguas? Y se puede además argumentar con bastante solidez que prohibir que los extranjeros hablen en sus idiomas maternos puede tener efectos negativos sobre la integración.

Entre los nuevos argumentos de los fascistas holandeses se lee ahora que los holandeses se sienten inseguros y hasta amenazados de oír lenguas extranjeras en las calles y espacios públicos de su país. Hay que observar que esto ocurre en un país que fue en el pasado reciente símbolo de tolerancia. Pero lo que seguramente no dirán las agencias de prensa es que todo este intento de legislar sobre qué idioma hablar en las calles afecta solamente a los extranjeros de origen árabe o musulmanes o ciudadanos de países que Holanda, por razones bastante curiosas, considera no occidentales. Nadie piensa en vigilar si los turistas ingleses o franceses acatan las nuevas disposiciones municipales. Nadie les ha dicho que, por ejemplo, el español y el francés causan temor entre los aborígenes.

Es lamentable que un país que mereció durante años el justo elogio de la comunidad internacional esté ahora dominado por una equipo de políticos incapaces y mal paridos que han implantando el odio y el apartheid como forma de gobierno y que de forma subrepticia y haciendo uso de argumentos peregrinos quiere volver a los valores que los aliados destruyeron en Alemania en 1945. Sin tener nada que defender en la historia del mundo occidental, Holanda ha vuelto a caer en las tenebrosas ideologías germánicas que pensábamos que habían desaparecido.

Hay mucha gente que cree que es imposible que vuelva a ocurrir. Yo creo que en la historia nada es imposible. Y puede volver a ocurrir, en Holanda.

Pinochet de Paisano

El reciente indulto otorgado por el presidente chileno Lagos a un brutal suboficial que asesinó, degollando, a un dirigente sindical, es quizás una de las páginas más negras de la historia de la todavía inconclusa transición chilena a la democracia. Demuestra lo mucho que falta todavía para que Chile vuelve a ser una democracia normal. Hoy, siguen mandando los militares, la casta de criminales que asoló y robó en el país durante 17 años. El indulto es una demostración del poder militar, y deja ver la patética posición del presidente civil, que repite aparentemente los dictados militares, diciendo que contribuirá a la paz social. Es prácticamente imposible llevar a buen término el proceso de democratización con un presidente que es elegido, pero que sigue sirviendo los intereses de los criminales de antaño. La democracia chilena ha sido secuestrada.
Resulta todavía más repugnante el otro motivo que dice el presidente que tuvo para aceptar la orden militar: cometió su crimen, dice, por orden superior. Eso le parece al presidente que exime de responsabilidad al autor de ese atroz y cobarde asesinato. Pero la verdad es que, dada la naturaleza de ese y otros crímenes, en condiciones normales, y con un poder judicial independiente, ese criminal debía estar ya ejecutado y enterrado, y no libre y en las calles, donde la peligrosa bestia es un peligro para la ciudadanía. Pero el hecho de que ya haya obedecido órdenes habría sido un motivo más para su merecida condena a muerte, porque violó, al obedecer, leyes y normas más importantes que la obediencia. Eso es lo que debe castigarse todavía más severamente.
Reintroducir la pena de muerte para crímenes violentos contra los derechos humanos, cometidos por las fuerzas del estado, es algo que el poco varonil presidente no hará. Al contrario, ahora se propone sacar a la calle a la peligrosa jauría de la que se valió el clan Pinochet para imponer su reino de terror. Lagos pretende comprender el terror. Y con la decisión de indultar a ese criminal, refuerza una ideología repugnante -la de no responsabilidad individual como ciudadano- que hace imposible legislar sobre derechos humanos. Los proyectos de derechos humanos -por ejemplo, convertir en punible la obediencia de una orden que viola los derechos humanos- no tienen en Lagos a un partidario.
El amor de Lagos por Pinochet es casi proverbial. Le salvó de la cárcel y de un juicio en España con la complicidad de la hipocresía inglesa. Le ha salvado de juicios por derechos humanos en Chile. Ha protegido a otros criminales, decretando que sus nombres no sean conocidos en 50 años. Secreto de estado. Ahora empezará a indultar a esos monstruos. Y Chile volverá a estar en peligro. Mientras la ciudadanía piensa que esos animales deberían estar bajo tierra, el presidente los hace renacer y los suelta en las calles de ese pobre país.
¿Qué tipo de democracia es Chile, de todos modos? ¿De dónde saca el mandarín chileno el derecho a interrumpir el curso de la justicia? Los jueces ya habían condenado a este animal, ¿quién ordenó a Lagos sacarlo de la cárcel?

¿Para quién trabaja Lagos? ¿Es un Pinochet de paisano?

Logros Tardíos en Lucha Antiterrorista

Aunque tranquiliza, es un logro tardío. Esos cuatro o cinco terroristas no debieron nunca haber llegado siquiera a fracasar en sus atentados. Es posible que la policía inglesa, como otras europeas, se engañara y enfatizara la vigilancia de sospechosos árabes -desdeñando la de otros grupos radicales. La nacionalidad de los terroristas es causa de gran preocupación. Independientemente de porqué cometieron esos atentados -que no sabemos todavía-, esto es un golpe del cerebro del terrorismo: sus reclutas pueden provenir de cualquier parte. La teoría es que los atentados forman parte del entramado de la guerra -aunque el gobierno inglés, comprensiblemente, no quiera reconocerlo. La ecuación simple sería que si Inglaterra se retira de Iraq, no se cometerían atentados en ese país. Pero no es tan simple. El terrorismo golpeará en cualquier país que tenga tropas en algún país musulmán -como, en el marco de la ONU, tienen muchos países en lugares como Afganistán, Sudán y otros.

No creo que se convenza a los terroristas de que la opinión pública europea rechaza la invasión de Iraq -por ilegal, por tener motivos falsos, etc.-, pero no la intervención de tropas cuando lo determina Naciones Unidas. Tampoco los conservadores europeos confían en esa institución. Pero el público sí apoya las campañas militares contra el terrorismo -esa es la razón por la que rechaza la guerra de Iraq. Pero naturalmente esto no significa que el terrorismo justifique de cierto modo la guerra. Debe esta terminar cuanto antes. Sin la guerra de Iraq, el reclutamiento de los radicales se vería entorpecido y, sobre todo, las fuerzas militares y policiales podrían dedicarse realmente a la lucha contra el terrorismo. Sin la guerra, el fundamentalismo perdería su principal plataforma. Tal como están las cosas, la suspensión del estado de derecho en Inglaterra es el mayor triunfo del terrorismo.

Los incidentes terroristas no deben hacernos olvidar que, por más espantosos que sean, no dejan de ser incidentes policiales. Si no se han reformado antes las constituciones por la existencia de nazis y neo-nazis y asesinos en serie, no se ve el motivo porqué habrían de modificarse ahora para enfrentarse a grupos pequeños de criminales. Las leyes que tenemos son más que suficientes. Estas leyes y la atmósfera que crean sólo dan más fuerza a los elementos más nocivos y perniciosos de nuestras propias sociedades. (Perniciosos como los serbios, cuyos jefes criminales siguen en libertad, a pesar del demostrado celo de nuestras policías; habrá que explicar al mundo musulmán porqué Karadzic y Mladic y otros criminales siguen en libertad. O perniciosos como los holandeses, que han implantado un apartheid en el país). Europa debe luchar por la democracia y la libertad. Eso implica luchar contra la guerra y contra el terrorismo.