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Terminar Con el Terror

De lo que se trata realmente es de evitar las acciones terroristas. Dado que los motivos de algunos grupos son colaborar con la resistencia iraquí haciéndonos probar lo que significa vivir con el terror y la muerte, lo más razonable -aparte capturar y llevar a justicia a sus autores -sería revisar la cordura de la guerra. Todos sabemos lo injustificada que nos era. Tras dos años terror allá, sería conveniente que Estados Unidos accediera a negociar su retirada. Si termina la ocupación, se quitaría la enorme presión que ejerce la guerra sobre las poblaciones musulmanas en el mundo. La guerra es claramente injusta e innecesaria. Cree que es así la abrumadora mayoría de las opiniones públicas de Europa, y el mundo -y naturalmente en los mundos árabe y musulmán. La continuación de una ocupación y resistencia mortíferas no tiene ningún sentido. Por más tiempo y más muertes que pasen, nada cambiará. En Iraq no tiene Estados Unidos nada que hacer.

O mucho. Todo dependerá de los acuerdos a los que pueda llegar con el gobierno y la resistencia legítima. Obviamente, un primer resultado deberá ser la exclusión de los terroristas fundamentalistas, y su represión -y también un freno a las tendencias fundamentalistas del propio gobierno iraquí. Fijar un calendario de retirada no es una mala idea. No significa mañana. Puede tomar el tiempo suficiente como para continuar con el adiestramiento de la policía y ejército si, por ejemplo, se dejase de acosar a la resistencia que, entonces, tampoco emprendería acciones de ningún tipo. Las tropas americanas podrían retirarse de las ciudades y algunas labores de policía podrían ser también realizadas por tropas de otros países árabes o musulmanes aceptables para las dos o más partes. Las tropas aliadas podrían replegarse hacia las fronteras o destinarlas a los proyectos de reconstrucción. La resistencia iraquí debería aceptar un compromiso vinculante de integrarse y adaptarse a las nuevas reglas democráticas de Iraq. Son temas básicos sobre los que construir.

La fijación de un calendario de retirada quitaría a muchos el motivo para actuar asesinándonos. La guerra de Iraq fue el principal motivo de los atentados de Madrid; es posible que también sea el motivo de los de Londres. Esto quizás no signifique el fin de los atentados. Lamentablemente, el terrorismo se ha convertido en el arma preferida de gobiernos y rebeldes y simples criminales. Pero el terrorismo de los años setenta y ochenta en el Reino Unido, Francia y España lo sobrevivió Europa sin que siquiera asomase el espectro del fascismo como medicina. Naturalmente siempre existe la posibilidad de que algunos insensatos que quisieran implantar por ejemplo la ley islámica en Europa o revivir según se dice califatos tan antiguos que nadie recuerda sus nombres, cometan actos de terror. El riesgo es inevitable, pero nada indica -todo lo contrario- que las poblaciones musulmanas de Europa quieran prestar oídos a esas ideologías estrambóticas. Para los musulmanes de Europa, los barbudos de Afganistán con sus alucinaciones son igual de desagradables que para los no musulmanes.

Todavía es posible que ocurran actos de terror por otros motivos. En Holanda, por ejemplo, el asesinato de van Gogh -el columnista holandés ultimado por un militante musulmán- tiene un contexto casi pueblerino: el autor había causado el odio de su asesino por insultar en sus columnas y películas según él a los musulmanes. Aunque no parece tampoco que el asesinato haya sido planeado por un grupo, ciertamente no es una conspiración del terrorismo internacional y al Qaeda no está detrás del homicidio. Sacarse fotos con pasamontañas y decapitar al ‘enemigo' -al inocente, al civil, al civil inocente- se ha puesto de moda, hasta tal punto que lo aplican ahora bandas de criminales en América del Sur y las pandillas callejeras en las otras dos. Y desde la guerra de Iraq se ha transformado en el método favorito para ajustar cuentas entre presidiarios de bandas enemigas. Que los asesinos se reclamen de la misma fe y utilicen decorados terroristas no agrega necesariamente un dato relevante. Tienen motivos de lo más diversos. Pareciera que ya no se discute que la gran mayoría de las víctimas son completamente inocentes de cualquier delito que en otra época les pudiese haber costado la pena de muerte. Todos somos víctimas ahora.

En algunos países se trata a los árabes y extranjeros de tal modo que es difícil imaginar que no haya reacciones violentas en el futuro. En Holanda se ha implantado un apartheid de la población árabe y extranjera del Tercer Mundo que es simplemente inmoral y que no me cabe ninguna duda que puede causar heridas y odios profundos. Por ejemplo, el estado trata por todos los medios de impedir que los trabajadores extranjeros residentes puedan reunirse en Europa con las familias -a pesar, y en violación de tratados europeos sobre la reunificación familiar de los inmigrantes. Se les impone todo tipo de trabas y abusos económicos. Si los hijos son mayores, se les excluye de la familia. También se les excluye si no hablan holandés, si no aprueban un examen pagado sobre folclore holandés, si no tienen 21 años y si no pueden demostrar ellos o sus padres que no serán un lastre para el estado y si ganan un 120% del salario mínimo. Ahora el gobierno está afilando una ley para imponer restricciones en el espacio de vivienda: si el extranjero que quiere traer a su familia vive en un espacio menor a tantos metros cuadrados, no se autorizará su reunificación.

El apartheid holandés es de una injusticia y arbitrariedad tan espantosa que es difícil imaginar que no estén aquí las tropas aliadas liberándonos. Es difícil imaginar que en un contexto en que, además de lo dicho arriba, a los inmigrantes árabes se les echa de sus trabajos, se les quitan las prestaciones sociales, se intenta -y seguramente el gobierno lo logrará- limitar su acceso al seguro médico y son constantemente denigrados y humillados a gusto por los mandarines neo-fascistas -entre ellos la notoria e infame hija de Hitler-, es difícil, digo, no imaginar que algunos afectados reaccionen de manera violenta. No sería nada sorprendente. En estos días, se hacen cosas peores por menos motivos todavía. Pero cualquiera de nosotros tendría sentimientos de indignación si nos tratasen de esa manera en algún país. Es patente que aquí los malos de la película no son los inmigrantes, sino el gobierno y su insensato, injusto, inmoral sistema de acoso de los árabes y otros extranjeros. La espantosa estrategia busca agobiar de tal modo a los extranjeros que estos opten por marcharse ‘voluntariamente'.

Para terminar con el terrorismo se requiere terminar con la guerra. Pero también terminar con la discriminación, el acoso y la humillación de los musulmanes de Europa. Decretar nuevas leyes, generalmente irrelevantes, más limitaciones a la libertad de expresión, de credo y de asociación, y amenazas de estados de excepción, juicios sin abogados, cárceles secretas y otras bárbaras medidas de supuesta protección, no solucionarán nada, no son parte de la solución sino de un problema todavía mayor. Inglaterra debiese tomar cuidado que las medicinas que prescribe el inepto curandero llamado Blair, no sean peor que la enfermedad. La ciega represión iniciada por Blair no producirá que más terroristas.

Desvaríos Irracionales de Blair

Que los atentados de Londres no tienen nada que ver con la guerra es la incoherente aserción de Blair y sus ministros. Lo desmienten tres importantes investigaciones -una inglesa, otra saudí y otra israelí- y la propia opinión pública inglesa, que establece una relación. Los dichos de Blair son sólo eso: dichos, porque sus argumentos no se derivan de investigaciones. O sea, son de valor prácticamente nulo. Si los atentados de Londres no tienen que ver con la guerra, ¿con qué tienen que ver? Con una "ideología del mal", con unas "ideas bárbaras". ¿Por qué colocan bombas los terroristas? Porque son malos, dice el jefe de estado. ¿Por qué son malos? Porque tienen "ideas bárbaras". Con este asombroso razonamiento circulatorio es imposible pensar en soluciones, excepto seguir la opción militar: continuar la ocupación de Iraq, que la mayoría de los europeos considera una insensatez. ¿Qué hacer?

El problema es complicado para Inglaterra, pues los institutos de investigación han concluido que la ocupación de Iraq es un semillero para el terrorismo, vale decir, mientras continúe la ocupación, existirá la posibilidad de atentados terroristas. Y el atentado de Londres demuestra que los terroristas no se han concentrado en Iraq y que bin Laden, aparentemente, sigue siendo capaz de golpear en Occidente -porque Estados Unidos abandonó la tarea de combatir el terrorismo para iniciar una guerra ilegal alejada del 11 de septiembre de 2001, pues fue planeada en 1999 para que, entre otras cosas, el emperador memo pudiera vengar a su papaíto. ¿Qué tendrá en mente Blair? Se reúne con clérigos musulmanes. ¿Cuando un panadero comete un crimen, se reúne la policía con el gremio de los panaderos? Si la "ideología del mal" no se deriva de la religión ni de la cultura, ¿de dónde viene? Y bombardear ciudades y matar a 20.000 civiles, ¿a qué ideología del mal pertenece?

Pero las ‘soluciones' que sugiere Blair son absurdas. Pareciera que en su opinión ahora oponerse a la guerra también forma parte de la ideología del mal. Yo rechazo la guerra y escribo contra la guerra y contra la ocupación. ¿Me considerarán terrorista o agente del mal? ¿Oponerme a la guerra me transforma en moro? Pienso que llevo dos años y ningún avión ha bombardeado y exterminado a mi familia -pero mañana me puede matar un terrorista. Por más que nos repugnen las carnicerías terroristas, es evidente y es humanamente razonable suponer que lo hacen en respuesta a los mortíferos ataques de los aliados. Y la opinión pública y los centros de investigación creen -contra Blair- que el fin de la ocupación (o el inicio de conversaciones) contribuiría enormemente a disminuir los riesgos de atentados, aunque no signifique que la policía y los espías deban bajar la guardia.

Los fascistas holandeses -algunos de ellos miembros del gobierno y parlamento- ya han discutido ideas similares. A algunos animales fascistas se les ha ocurrido que, siendo los árabes y musulmanes el grupo de población de dónde provienen los terroristas, deberían ser restringidos en guetos y controlar sus entradas y salidas. Otros han propuesto campos de concentración para los elementos sospechosos, que calculan en Holanda en 50 mil personas. A tal nivel ha llegado en Holanda lo que algunos aborígenes germánicos llaman vida política. En esos campos se puede re-educar a los malos, balbucean echando babas de odio. ¿Estará Blair pensando algo similar?

¿Qué espera Blair? Si creemos en lo que dice -y contra las investigaciones de institutos científicos-, tendremos que aceptar su privilegio de lo irracional por sobre la lucidez. Pero aceptar lo irracional implica negar la democracia, que supone un ciudadano que hace opciones conscientes y racionales. Al pedirnos que creamos lo que dice, Blair nos pide que abandonemos nuestra inteligencia y aceptemos su desvarío. ¿Por qué habríamos de adoptar su posición? No se basa en nada, en ninguna investigación, en ningún dato. Encima, los propios terroristas (en otros atentados, como el de España) han declarado explícitamente que sus atentados son represalias por la destrucción y ocupación de Iraq.
Nos sentimos todos como espectadores de una guerra que no queremos. Sentimos solidaridad y rabia, pero nuestros gobiernos y clases políticas se han rebelado contra la voluntad popular. Y con ello han desvirtuado nuestra democracia. Este es el contexto y ¿quiere Blair convencer a Oriente Medio de las ventajas de la democracia? Nuestros gobiernos hacen guerra contra nuestra voluntad y diciéndonos que son demócratas. Pero la mayoría de la opinión pública está contra la guerra y es partidaria de su fin inmediato. ¿No decía Hussein, cuando declaró la guerra a Irán, que era un gobernante demócrata con 99 por ciento de la votación? ¿Y cuál es entonces la diferencia? Inglaterra ciertamente no está exportando a Oriente Medio un modelo de democracia. Blair rechaza la opinión de la mayoría del mismo modo que los sunníes rechazan a la mayoría chií. ¿Quién va a creer en Oriente Medio y en el mundo en una democracia semejante, donde la opinión mayoritaria de la población no cuenta para su clase política? ¿Y qué democracia y civilización es una sociedad que está dispuesta a abandonar sus principios y hundirse en la barbarie nada más que porque tiene miedo e insiste en ocupar tierras extranjeras?

Los aliados pueden perder esta guerra. La están perdiendo. Estados Unidos tiene problemas de reclutamiento y deberá re-introducir el servicio militar obligatorio. Aún así, para tener un control decisivo del país debería contar con más de medio millón de tropas, lo que no reunirá ni aun con ayuda de aliados. Cada día que pasa es un día de derrota para Estados Unidos. Cada día significa más ataúdes y más mutilados, y no se ve su fin. Si Estados Unidos no demuestra su voluntad de fijar un calendario de retirada y reconstrucción, los atentados seguirán, allá y acá. Y nos seguirán matando de uno y otro lado. Somos los civiles los que estamos contra la guerra, en Iraq y en Europa, y debemos unirnos para luchar contra nuestros gobiernos, apagar su sublevación e insolencia y seguir construyendo civilización, libertad y democracia.

Sobre un Columnista del ABC

Este autor incoherente y fanático no aporta datos fehacientes para discutir en serio el problema del terrorismo. Demuestra mala fe que diga que los partidarios de los terroristas en la comunidad musulmana serían una minoría mayoritaria si los musulmanes fuesen divididos en facciones. Es simplemente falso. La abrumadora mayoría de los musulmanes en Europa rechaza los atentados terroristas. En Holanda, donde independientemente del terrorismo los musulmanes son sometidos a un grotesco e inmoral sistema de apartheid, de estudios y sondeos se desprende que los musulmanes fundamentalistas (no confundir con terroristas) no superan el 5 por ciento, y los que apoyan actos de terror cometidos por militantes que se reclaman del islam no superan el 2 por ciento. Otro dato a considerar es que tampoco quieren fundar partidos políticos propios y votan por formaciones tradicionales holandesas.

El ‘grupo de riesgo' más grande lo forman fascistas y ultraderechistas. El terrorismo terminará como terminan todos los sucesos policiales: con los autores en la cárcel. Pero el peligro de la barbarie fascista, aparte sus actos de terror, es que puede transformarse en una fuerza social y política e intentar infiltrarse en la vida política -como en Holanda. La amenaza del fascismo es de otro orden. El fascismo es la cobardía, la codicia y el odio convertido en sistema. Las medidas de control y represión de los fascistas deben acentuarse; deben ser sacados de la calle y de los medios. Es del todo inútil que un fascista pueda aportar soluciones; el lugar natural del fascista es la cárcel, junto con los terroristas. Ahí no hará daño y puede predicar el odio a las paredes de su celda. La discriminación está penada por la ley. Sólo por esto el macabro autor de la nota debería ser llevado a tribunales.

¿Qué propone el autor? Censores de sermones: Pero la ley debe ser igual para todos. Todos lo que hagan apología del odio y del terror debe ser enjuiciados; no sólo los clérigos incendiarios: también los fascistas y derechistas que proponen pisotear la constitución española y la europea. Proponer y fomentar la discriminación sobre la base que sea, es un delito en Europa. Expulsión sistemática de sembradores de odio. Lo mismo se aplica a fascistas y otras bazofias. Prohibir el velo: ya que estamos en eso, prohibamos también los cascos y las gorras (porque cascos llevan los que siembran el terror en otros países). Gimnasia obligatoria: aprendamos a cantar en alemán también, por qué no. Pretendamos que somos raza superior, por qué no. Reimplantemos los campos de concentración. Humillemos a los moros. Que sepan quién manda. Qué sarta de estupideces. Vaya solución.

Blair Quiere Ser el Nuevo Führer

El discurso de Blair tras el atentado de Londres es el anuncio de una grave amenaza para Occidente y su civilización. A pesar de los sentimientos de piedad y solidaridad mostrados, la opinión pública, mayoritariamente contra la guerra, no lo apoya. Su gobierno carece de la legitimidad necesaria para continuar con una guerra ilegal y mortífera que ha causado la muerte de más de 15.000 iraquíes -mutilados, destrozados por bombardeos aliados y atentados terroristas. Ciertamente, Blair está consciente de que tanto en Iraq como en Europa, la opinión pública le hace responsable de la guerra que ha provocado directamente represalias contra civiles ingleses. La guerra de Iraq, además, deja patente una insoluble contradicción: ¿cómo convencer a Oriente Medio de las ventajas de la democracia, cuando nosotros en Europa somos incapaces de imponer nuestro voto mayoritario a gobiernos chúcaros e insolentados, que han declarado en nuestro nombre y contra nuestra voluntad una guerra de motivos innobles e inconfesables?

Para muchos, el único beneficio de la democracia para los enemigos de Estados Unidos e Inglaterra es que permite esperar a que termine el mandato de los cabecillas políticos de turno. También esperamos todos que los gobiernos de Bush y Blair terminen cuanto antes. Por más que se esfuerce el gobierno británico en separar los atentados de la guerra de Iraq, para todos es manifiesto que -y según demuestran recientes estudios- la guerra, no ilusiones de califatos perimidos, ha agotado la paciencia de muchos. Tras los atentados, Blair ha diseñado una nueva estrategia que es un atentado mucho más mortífero que el de los terroristas: quiere terminar con el estado de derecho y la democracia, y quiere controlar lo que decimos y pensamos todos los ciudadanos de Europa sobre la base de que algunos de nosotros podemos tener "ideas bárbaras". Entre las ‘ideas bárbaras' que define el inteligente, no se encuentra la guerra preventiva.

Tampoco se encuentran los bombardeos de civiles, los secuestros extrajudiciales, las detenciones secretas sin juicios ni abogados, la prisión indefinida de sospechosos, las limitaciones a la libertad de expresión, prensa y asociación de los ciudadanos musulmanes y de origen árabe de Europa. Blair se acerca cada vez más al gobierno de ultraderecha de Holanda. Curiosamente, en ese país el líder laborista ha anunciado su preferencia por una alianza con los fascistas locales. La medicina de Blair es peor que la enfermedad, y va a terminar con el paciente, y el paciente somos nosotros, que queremos vivir en libertad y en democracia y en derecho. Para la opinión pública la solución es que Inglaterra abandone Iraq, no seguir desmantelando el estado de derecho. Los campos de concentración que tiene en mente pueden además provocar reacciones violentas de la ciudadanía, porque esta no considera que oponerse a la guerra sea cosa de bárbaros. De bárbaros y cobardes es haberla iniciado.

Guerra y Atentados Terroristas

Aunque todavía no se cuenta con más informaciones policiales, que los terroristas de Londres fueran paquistaníes y un jamaicano, es un fenómeno que causa inmensa inquietud. Si han actuado para castigar a Inglaterra por su participación en la guerra, es evidente que han actuado en tanto que musulmanes -pues no son árabes. Eso quiere decir, probablemente, que en torno a Iraq se ha creado la convicción de que se trata de una guerra religiosa -que es la pretensión de Al Qaeda y otros fundamentalistas. Es un fracaso de Estados Unidos en su guerra de conquista de los corazones. El hecho es terrible, pues amplía el frente de la guerra de Iraq. Probablemente abrumará a nuestras policías y servicios de inteligencia. Las consecuencias políticas y sociales pueden ser graves. Malos o no malos, según se expresa el primer ministro británico, tienen un punto: la guerra de Iraq. Antes de seguir implementando leyes más represivas y de mayor alcance, deberíamos pensar si no es tiempo de que Estados Unidos abandone Iraq.

Es también la guerra de Iraq la que ha motivado, según dos estudios -uno israelí, otro saudí-, a los yihadistas en Iraq. La conclusión es simple: hoy en día, es la guerra de Iraq está creando terroristas y provocando atentados de represalia. El atentado de Turquía deja intuir que las acciones de represalia contra nacionales e intereses de países implicados en la guerra pueden extenderse a todo el mundo -como extendida está la oposición a la guerra. Las opiniones públicas europeas comparten su oposición a la guerra. Son sólo jefes de estado largamente ilegítimos los que nos tienen enfrascados en una guerra injusta, ilegal, contraproducente y de una criminal banalidad. Con el fin de la ocupación, no sufriríamos probablemente la amenaza de actos de represalia. Con dejar pasar el tiempo no cambiará nada, excepto el número de víctimas. Estados Unidos debe sentarse a negociar urgentemente un calendario de retirada.

Un calendario de retirada es lo que Estados Unidos no quiere explicitar. Retirarse no significa mañana. Puede durar el tiempo suficiente como para adiestrar y equipar a los iraquíes para su lucha contra el terrorismo fundamentalista, que sería posible si los aliados dejan de acosar a la resistencia nacionalista. Las conversaciones con la resistencia legítima debería excluir al fundamentalismo militante, de cuya erradicación resistencia y aliados deberían ser responsables. Gran parte de las tropas aliadas deberían retirarse de las ciudades y/o concentrarse en las fronteras. Algunas tareas de las tropas aliadas pueden ser encargadas a tropas árabes y/o musulmanas. La resistencia debería firmar acuerdos vinculantes para su integración y participación en la vida política, de acuerdo a las nuevas reglas democráticas del país. En un nuevo contexto, tropas internacionales aceptadas por la resistencia y gobierno iraquíes podrían encargarse de aliviar las inquietudes americanas.

El Mal Fascista Está A la Puerta

Es difícil tomar en serio las teorías de la gente de extrema derecha y fascistas. Son teorías brutas: deportación masiva de los musulmanes, dicen unos, como si los atentados se explicasen porque sus autores se reclaman de esa fe. Si fuese así, un conocido sátrapa, también homicida, llamado Franco, que se decía para la fastidiada sorpresa del catolicismo, católico, y sin embargo nadie hubiese considerado ni consideraría razonable perseguir o expulsar a los católicos de España. La verdad, el fascismo muestra tan poca inteligencia que aburre leer a sus practicantes. Dirá el fascista entonces que se trata de los árabes: otra sandez. En cualquiera de los dos casos, la solución es bestial: la deportación significaría campos de concentración (o ‘de partida', como los llaman en Holanda), y los riesgos de represalias contra poblaciones europeas en el planeta serían todavía mucho más grandes.

El fascista es de reducida inteligencia. Su discurso suena probablemente más similar a las peroratas de un retrasado mental borracho que a las reflexiones de un ser humano normal. Por donde se lo mire, el fascista reacciona como cobarde. Dirá -como dicen algunos- que a los árabes hay que meterlos en campos de concentración o en barrios restringidos para controlar sus salidas. También los nazis justificaron sus primeras medidas contra los judíos en argumentos similares. A poco dirán que hay que robarles también -como hicieron los nazis- y hasta matarlos. Quienes proponen esto, han dejado de pertenecer a la raza humana y uno reprocha a los dioses que permitan que semejante bazofia ensucie nuestra Tierra. En Holanda, por ejemplo, el gobierno quiere despojar a los extranjeros del acceso al seguro médico y a la seguridad social sobre la base de que esos cuidados han sido construidos por Holanda durante siglos. Argumento repugnante, si se toma en cuenta el pasado esclavista del país.

El mal fascista está a la puerta. Esos seres de almas contrahechas que predican el odio pueden convencer a gente más moderada. El fascista se presenta como el capataz que pondrá orden, a cambio de que le den carta blanca para su sed de sangre. Muchas clases políticas se han dejado seducir por el chantaje fascista, y lo han pagado muriendo a sus manos.El fascista es un limpiaculos, pero también muerde a veces la mano del amo.Por eso es importante que los partidos convencionales no accedan a conversar o negociar con ellos, que no se les permita acceder a la administración, que no se les de cobertura periodística y que las leyes sean ajustadas para impedir que difundan su odio.Así impediremos que corrompan al resto de la sociedad.Porque entre el peligro policial que representa un grupo minúsculo de descerebrados y el que representa un considerable segmento de la población que propone absurdos estados de emergencia como solución, para nuestra civilización es este último el más peligroso.

El Atentado del 11 de Marzo y el PP

No se entiende la insistencia de algunos en que los terroristas del 11 de Marzo querían influir en las elecciones. Dado que su objetivo era presionar a la opinión pública española para que quitara apoyo a las formaciones políticas responsables del ataque contra Iraq, es evidente que los terroristas buscarían influir en las elecciones. Los atentados colocaron entonces el tema de la guerra -que hasta entonces parecía una diversión lejana y económicamente provechosa, como afirmara el presidente de entonces- en el primer lugar de las prioridades a la hora de votar. La opinión pública ya estaba por abrumadora mayoría contra la participación de España en el ataque contra Iraq. A la guerra contra Iraq había que ponerle fin porque era ilegal y contra la comunidad y derecho internacionales, porque sus motivos eran inventados, porque no se conseguiría así derrotar al terrorismo y porque un prolongamiento de la presencia de España allá habría aumentado los riesgos de represalia en casa.

Ciertamente, es una idea bastante absurda que un gobierno declare guerra a otro país en ausencia de motivos veraces y en disconformidad con las reglas internacionales que regulan estas situaciones. Al intervenir junto a Estados Unidos, el gobierno español de entonces se apartó del electorado y expuso a los españoles a los riesgos que todos conocemos. Saben los enemigos de las potencias occidentales que la mejor estrategia es llevarles la guerra a casa. Torpedear esa estrategia es la tarea de los servicios de inteligencia y tribunales. Y en todo sentido, España está mucho mejor sin guerra que con ella, aunque deban redoblarse los esfuerzos para impedir que atentados como los del 11 de Marzo vuelvan a ocurrir. En el actual contexto europeo, España será un feliz obstáculo a las iniciativas irracionales que provienen de gobierno proto-fascistas, como el holandés.

Tampoco es seguro que sin los atentados hubiese ganado las elecciones el partido entonces gobernante. Estando la opinión pública contra la guerra, sólo faltaba recordarle la urgencia de acelerar la salida de España. Lo sabían los terroristas tan bien como todo el mundo. Los atentados simplemente reforzaron una tendencia ya manifiestamente presente en el electorado. Las insólitas promesas de bonanza económica que prometió entonces el gobierno sobre la base de que la participación en la destrucción de Iraq redundaría en contratos de reconstrucción para las empresas españolas, cayó simplemente mal entre el público español. Se entiende que el ex gobierno esté picado por su derrota, pero es incomprensible que adopte los puntos de vista de algunos tradicionales enemigos de España -Inglaterra y Holanda. Las críticas del ex partido gobernante reflejan deslealtad hacia España, pero también aburren por lo absurdo e injusto.

El Atentado de Londres 3

[Sobre el periodista del ABC] Los terroristas de España y del Reino Unido tampoco vienen de Afganistán. Los vascos y los irlandeses usan la seguridad social y las becas porque son ciudadanos de sus países, y trabajan y pagan sus impuestos como el resto de los ciudadanos de esos países. Lo mismo se aplica para todos los ciudadanos árabes y musulmanes de Europa. Y todos los ciudadanos extranjeros, y de Europa del Este, y de China, de Japón, de Sudamérica, que viven en Europa, y son ciudadanos.
El atentado de Londres se esperaba, por el papel de su país en la guerra. Que los terroristas hayan logrado hacerlo es la trágica responsabilidad de los servicios de inteligencia. Siempre puede ocurrir; no son infalibles. Estados Unidos ha estado acosado durante décadas por salvajes asesinos en serie, a pesar de precauciones y avanzada tecnología. Hubiésemos preferido que hubiesen sido interceptados; no lo fueron. Los grupos terroristas son difíciles de infiltrar. Más si son fanáticos religiosos.

Que el atentado puede traer graves consecuencias sociales me parece desvarío de descerebrados. ¿Cómo así? ¿Saldrán las civilizadas hordas inglesas a linchar al panadero marroquí de la esquina, que es por tanto árabe, por tanto musulmán, por tanto terrorista, y vive cerca? ¿Qué estupidez es esa? La única consecuencia que acarreará es que los autores serán prendidos, juzgados y encarcelados.
La solapada sugerencia del canalla que escribió este artículo, de que no ha de darse crédito a lo que dicen los clérigos -por tanto, condenados de antemano-, es el pensamiento de una rata. Eso permitiría acusar a cualquier árabe y rechazar sus declaraciones por el mero hecho de que es árabe, vale decir, en la imbécil creencia del autor, sospechoso, porque los árabes mienten. Vaya dechado de lucidez. Es una estupidez y una canallada, y niega principios jurídicos básicos que hacen a la esencia de la identidad occidental.

Es deseable que se tomen medidas más severas o más estrictas contra organizaciones relacionadas con el terrorismo. Es ridículo que se permita que grupos reconocidamente aliados al terrorismo continúen actuando en suelo europeo; pero también que se permita que algunos países parias participen con Estados Unidos en la ocupación de Iraq y que recluten abiertamente y envíen soldados a matar a los hijos de ese país. Esta guerra sigue siendo ilegal, como ilegal es el terrorismo tan asociado a ella. Pero no necesitamos en absoluto leyes de excepción, ni limitaciones a las libertades de expresión y de asociación para castigar y prevenir estos delitos. Los políticos deben dar muestras de mayor responsabilidad y no satisfacer los instintos de las masas descarriadas y asustadizas. Necesitamos más libertad, no más fascismo; necesitamos igualdad, no apartheid; necesitamos democracia para todos, sin estados de excepción para algunos.