Clases de Ciudadanos y las Antillas
Según la nueva ideología del gobierno holandés, en el país hay holandeses que valen más que otros. Obviamente, y aunque parezca raro, el gobierno supone que los aborígenes constituyen la clase superior. Los extranjeros constituyen una segunda clase.
Los extranjeros, a diferencia de los aborígenes, podemos ser encarcelados sin motivos, sin juicio, y sin abogados; no podemos decir lo que pensamos, ya que el derecho a la libertad de expresión ha sido circunscrito sólo para los nativos; no podemos casarnos con quien queramos; no podemos vivir formando familias, si no contamos con la aprobación de las autoridades raciales del país; normalmente tampoco ganamos lo mismo y pagamos más impuestos que los aborígenes, aunque gozamos de menos derechos y prestaciones.
Esto ya lo sabíamos.
Ahora parece que hay más clases de ciudadanos.
El gobierno viene de determinar que los habitantes de la provincia de las Antillas -poblada por los holandeses, como Suriname, con los secuestros masivos de negros en África y con la esclavitud- no han de gozar de los mismos derechos que los habitantes de otras provincias. Si algún provinciano de ultramar quiere visitar la parte continental del país, debe solicitar un visado como si fuera extranjero y demostrar que viaja para estudiar y/o que no es pobre.
El fascismo holandés tiene a los pobres en horror -seguramente porque no tiene nada que robarles.
¿En qué son diferentes los provincianos de Groningen a los provincianos de las Antillas?
Los simulacros de ministros con que adorna el gobierno el país, no han explicitado sus motivos. Pero son evidentes: esos provincianos son negros, descendientes de los esclavos llevados por Holanda a poblar esas comarcas. Y ahora Holanda descubre que en realidad, terminada la esclavitud tardíamente, ya no le convienen esas provincias de ultramar. Con la esclavitud era un chollo; sin esclavitud, una carga insoportable.
Ahora los descendientes esclavos pueden gozar de todas las libertades que quieran, entre ellas la de morirse de hambre, de desnutrición, de subdesarrollo y de atraso.
Ya antes el gobierno se había deshecho de sus lazos con la principal colonia holandesa de América: Suriname. El gobierno otorgó a ese país la libertad negando el pasado y eludiendo las responsabilidades históricas que asumió al iniciar la esclavitud.
Es verdad que Holanda, excepto en su período como parte del imperio nazi, no tiene ni ha tenido grandes proyectos históricos. Pero abandonar a su suerte a dos colonias fundadas por el propio país con gente secuestrada en otros continentes es realmente una infamia y una canallada.
El país, en manos de este desvergonzado gobierno, probablemente seguirá eludiendo sus responsabilidades históricas. Probablemente teme por sus bolsillos. Sus ancestros saquearon al resto del mundo para financiar su desarrollo. Ahora temen que el mundo les exija cuentas.
Así, las posibilidades de los ciudadanos del reino dependen de dónde se ubica tu provincia particular. Si te tocó una provincia negra y ultramarina, serás menos holandés que otros. Si eres pobre, serás todavía menos holandés que los demás. En realidad, parecen pensar los cerebros del gobierno, tan poco holandeses son los negros y los pobres que es mejor ni siquiera considerarlos holandeses.
Dentro de poco Holanda cederá su independencia a esa colonia. Y tratará de deshacerse de ella y de sus negros y mulatos, como ya hizo con Suriname.
El fascismo holandés no es nuevo, pero tampoco es de la Segunda Guerra Mundial. Este fascismo tiene raíces históricas que se remontan al siglo 18 y al contexto de las culturas germánicas. Es la misma ideología que inspiró a la esclavitud, ahora con ropa nueva.
El fascismo se siente bien en Holanda. Poco a poco los nuevos cabecillas nos acostumbran a la idea de que en el futuro aplicará a sus ciudadanos diferentes conceptos de ciudadanía.
Los extranjeros, a diferencia de los aborígenes, podemos ser encarcelados sin motivos, sin juicio, y sin abogados; no podemos decir lo que pensamos, ya que el derecho a la libertad de expresión ha sido circunscrito sólo para los nativos; no podemos casarnos con quien queramos; no podemos vivir formando familias, si no contamos con la aprobación de las autoridades raciales del país; normalmente tampoco ganamos lo mismo y pagamos más impuestos que los aborígenes, aunque gozamos de menos derechos y prestaciones.
Esto ya lo sabíamos.
Ahora parece que hay más clases de ciudadanos.
El gobierno viene de determinar que los habitantes de la provincia de las Antillas -poblada por los holandeses, como Suriname, con los secuestros masivos de negros en África y con la esclavitud- no han de gozar de los mismos derechos que los habitantes de otras provincias. Si algún provinciano de ultramar quiere visitar la parte continental del país, debe solicitar un visado como si fuera extranjero y demostrar que viaja para estudiar y/o que no es pobre.
El fascismo holandés tiene a los pobres en horror -seguramente porque no tiene nada que robarles.
¿En qué son diferentes los provincianos de Groningen a los provincianos de las Antillas?
Los simulacros de ministros con que adorna el gobierno el país, no han explicitado sus motivos. Pero son evidentes: esos provincianos son negros, descendientes de los esclavos llevados por Holanda a poblar esas comarcas. Y ahora Holanda descubre que en realidad, terminada la esclavitud tardíamente, ya no le convienen esas provincias de ultramar. Con la esclavitud era un chollo; sin esclavitud, una carga insoportable.
Ahora los descendientes esclavos pueden gozar de todas las libertades que quieran, entre ellas la de morirse de hambre, de desnutrición, de subdesarrollo y de atraso.
Ya antes el gobierno se había deshecho de sus lazos con la principal colonia holandesa de América: Suriname. El gobierno otorgó a ese país la libertad negando el pasado y eludiendo las responsabilidades históricas que asumió al iniciar la esclavitud.
Es verdad que Holanda, excepto en su período como parte del imperio nazi, no tiene ni ha tenido grandes proyectos históricos. Pero abandonar a su suerte a dos colonias fundadas por el propio país con gente secuestrada en otros continentes es realmente una infamia y una canallada.
El país, en manos de este desvergonzado gobierno, probablemente seguirá eludiendo sus responsabilidades históricas. Probablemente teme por sus bolsillos. Sus ancestros saquearon al resto del mundo para financiar su desarrollo. Ahora temen que el mundo les exija cuentas.
Así, las posibilidades de los ciudadanos del reino dependen de dónde se ubica tu provincia particular. Si te tocó una provincia negra y ultramarina, serás menos holandés que otros. Si eres pobre, serás todavía menos holandés que los demás. En realidad, parecen pensar los cerebros del gobierno, tan poco holandeses son los negros y los pobres que es mejor ni siquiera considerarlos holandeses.
Dentro de poco Holanda cederá su independencia a esa colonia. Y tratará de deshacerse de ella y de sus negros y mulatos, como ya hizo con Suriname.
El fascismo holandés no es nuevo, pero tampoco es de la Segunda Guerra Mundial. Este fascismo tiene raíces históricas que se remontan al siglo 18 y al contexto de las culturas germánicas. Es la misma ideología que inspiró a la esclavitud, ahora con ropa nueva.
El fascismo se siente bien en Holanda. Poco a poco los nuevos cabecillas nos acostumbran a la idea de que en el futuro aplicará a sus ciudadanos diferentes conceptos de ciudadanía.
¿Qué Dijo Bush sobre Holanda?
En el discurso de Bruselas, Bush se refirió brevemente a Holanda, y causó el estupor de todo el mundo y malestar e interpretaciones disparatadas de algunos políticos holandeses. Bush dijo: "Debemos rechazar el antisemitismo en cualquiera de sus formas, y debemos condenar la violencia como la que hemos visto en Holanda". De inmediato surgió la pregunta sobre a qué se refería. El ministro de Asuntos Exteriores, Bot, y el premier Balkenende se atoraron para concluir que se refería al asesinato de Theo van Gogh. Bot incluso llegó a pensar. Obviamente, no llegó demasiado lejos. Considerando que esa parte del discurso de Bush giraba sobre las minorías étnicas, se esforzó el pensador, debía tener que ver con van Gogh. Peculiar razonamiento, ya que antes de esta revelación ha clamado por todas partes que el asesinato del columnista de extrema derecha era una conspiración de terroristas musulmanes fundamentalistas.
Un lapsus, pues. Y significativo, porque en realidad son los críticos del gobierno los que han propuesto que el clima de persecución, humillación y acoso de la población musulmana en el país ha exacerbado los ánimos de manera tal que algunos musulmanes han decidido combatir al fascismo de otra manera que con instrumentos legales. En esta perspectiva, el horrendo asesinato fue la eliminación de un enemigo interior y una muestra de repudio contra el apartheid holandés, y no una conspiración internacional.
Como quiera que sea, parece más probable que Bush tuviera en mente los innumerables atentados de fascistas y neo-nazis contra la población musulmana y judía, y contra los extranjeros en general que ha caracterizado a Holanda en los últimos meses. Por cierto, estos atentados del terror de extrema derecha comenzaron ya a comienzos del nuevo siglo y poco tienen que ver con el asesinato del columnista, pero desde su muerte se han acentuado. En la prensa norteamericana un importante órgano de prensa -el New York Times- ha dedicado varios reportajes en los que resalta la violencia neo-nazi. Lo mismo el Herald Tribune, que además ha publicado un extenso artículo sobre el cobarde papel de Holanda en la Segunda Guerra Mundial, cuando su población colaboró activamente con los nazis y logró el exterminio de casi toda la población judía de su país. Sí, son los viejos demonios de los holandeses que han vuelto a aflorar a superficie. Pero, además, el día anterior al discurso nos enteramos del incendio provocado de una tienda judía en una ciudad holandesa, en cuyas paredes los autores garrapatearon cruces gamadas. Lo mismo hicieron, esa misma noche, en varias tiendas musulmanas de la misma ciudad.
"Debemos preocuparnos de que las minorías puedan participar plenamente en la sociedad, y de que toda nueva generación aprenda el valor de la tolerancia", dijo el presidente Bush en su discurso. Este es en realidad el mensaje que los políticos holandeses no quieren escuchar, enceguecidos por su odio anti-musulmán y su codicia -como enceguecidos por el odio anti-judío y la codicia estuvieron sus padres en la Segunda Guerra Mundial. Es una llamada de atención sobre el apartheid holandés y sobre el peligroso alejamiento de Holanda de valores occidentales fundamentales -como, según dijo el presidente, el de la libertad.
Cada vez más líderes internacionales empiezan a darse cuenta de lo que pasa en Holanda. También lo dijo Moratinos, el ministro de Asuntos Exteriores de España, hace algunos días. No sé si están enterados de todo lo que pasa. ¿Sabrán, por ejemplo, que Holanda ha entregado a algunos refugiados a la policía de los países de donde provenían y que han subsecuentemente desaparecido? Es lo que hicieron los padres de los actuales políticos holandeses con los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero aunque no conozcan estos detalles, es un signo de que el mundo empieza a darse cuenta.
Un lapsus, pues. Y significativo, porque en realidad son los críticos del gobierno los que han propuesto que el clima de persecución, humillación y acoso de la población musulmana en el país ha exacerbado los ánimos de manera tal que algunos musulmanes han decidido combatir al fascismo de otra manera que con instrumentos legales. En esta perspectiva, el horrendo asesinato fue la eliminación de un enemigo interior y una muestra de repudio contra el apartheid holandés, y no una conspiración internacional.
Como quiera que sea, parece más probable que Bush tuviera en mente los innumerables atentados de fascistas y neo-nazis contra la población musulmana y judía, y contra los extranjeros en general que ha caracterizado a Holanda en los últimos meses. Por cierto, estos atentados del terror de extrema derecha comenzaron ya a comienzos del nuevo siglo y poco tienen que ver con el asesinato del columnista, pero desde su muerte se han acentuado. En la prensa norteamericana un importante órgano de prensa -el New York Times- ha dedicado varios reportajes en los que resalta la violencia neo-nazi. Lo mismo el Herald Tribune, que además ha publicado un extenso artículo sobre el cobarde papel de Holanda en la Segunda Guerra Mundial, cuando su población colaboró activamente con los nazis y logró el exterminio de casi toda la población judía de su país. Sí, son los viejos demonios de los holandeses que han vuelto a aflorar a superficie. Pero, además, el día anterior al discurso nos enteramos del incendio provocado de una tienda judía en una ciudad holandesa, en cuyas paredes los autores garrapatearon cruces gamadas. Lo mismo hicieron, esa misma noche, en varias tiendas musulmanas de la misma ciudad.
"Debemos preocuparnos de que las minorías puedan participar plenamente en la sociedad, y de que toda nueva generación aprenda el valor de la tolerancia", dijo el presidente Bush en su discurso. Este es en realidad el mensaje que los políticos holandeses no quieren escuchar, enceguecidos por su odio anti-musulmán y su codicia -como enceguecidos por el odio anti-judío y la codicia estuvieron sus padres en la Segunda Guerra Mundial. Es una llamada de atención sobre el apartheid holandés y sobre el peligroso alejamiento de Holanda de valores occidentales fundamentales -como, según dijo el presidente, el de la libertad.
Cada vez más líderes internacionales empiezan a darse cuenta de lo que pasa en Holanda. También lo dijo Moratinos, el ministro de Asuntos Exteriores de España, hace algunos días. No sé si están enterados de todo lo que pasa. ¿Sabrán, por ejemplo, que Holanda ha entregado a algunos refugiados a la policía de los países de donde provenían y que han subsecuentemente desaparecido? Es lo que hicieron los padres de los actuales políticos holandeses con los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero aunque no conozcan estos detalles, es un signo de que el mundo empieza a darse cuenta.
Holanda Empieza Deportación de Árabes
La desgraciadamente inevitable hija de Hitler' acaba de anunciar que ha decidido deportar a tres clérigos musulmanes de Eindhoven, y al mismo tiempo informa la prensa que la policía ha arrestado para su inmediata deportación a un imán turco de Rotterdam. La decisión la basa la señora en indicaciones de la policía secreta, la Algemene Informatie- en Veiligheid Dienst AIVD, que sospecha o acusa a los imanes -uno de Bosnia, uno de Egipto y uno de Kenia- de predicar contra "la sociedad occidental", la guerra santa y contribuir a la radicalización de los jóvenes musulmanes, y de haber reclutado militantes para la guerra santa. Como explicación, agrega el parte de la policía secreta, son los tres salafistas, que son, parece, los que predican vivir al pie de la letra las doctrinas del Corán. Se les acusa, pues, de pregonar el terrorismo.
Algunos analistas musulmanes han sostenido que con esta decisión pretende la ministro poner a prueba la implementación de una política de deportaciones y persecución religiosa masiva.
El terrorismo es un asunto demasiado serio como para creer que sea todo esto una chacota de la sargento Verdonk. Pero ¿qué otra cosa creer? Pues los tres imanes se han declarado sorprendidos de las acusaciones, diciendo que ellos, muy al contrario, predican contra la guerra santa y contra la violencia. ¿Estarán mintiendo? ¿Serán de verdad espías y jefes terroristas encubiertos que reclutan a jóvenes para transformarlos en criminales de la guerra santa?
La policía secreta en estos asuntos se ha mostrado incapaz e inepta en muchos terrenos. Algunas de las acusaciones y sospechas han resultado ser estrafalariamente falsas. El abogado de los clérigos dice que como prueba de la verdad de las declaraciones de los imanes, ha entregado o entregará al tribunal las filmaciones en video de las prédicas, de las que se suele encargar el personal de la mezquita como parte de sus tareas habituales. En ellas se vería y oiría predicar a los clérigos justamente contra la guerra santa y la violencia, o sea, de los delitos de los que son acusados.
Se pregunta uno: ¿Habrán los espías -pues las imputaciones de la policía secreta se basan en informaciones obtenidas de espías y soplones, obviamente- oído mal, entendido al revés lo que dijo algún imán algún viernes? Esto sería ridículo. Realmente, ¿serán tan malvados los imanes para pretender que, siendo reclutadores de terroristas, además predicaban contra el terrorismo? Suena, por decir lo menos, novelesco. Además, ahí están los videos, como prueba contundente de la ineptitud de la policía secreta. Si no, ¿por qué llegaron a esa conclusión?
La explicación -que son salafistas- no dice nada, ya que no se puede hacer equivaler el fundamentalismo con el terrorismo. En primer lugar, porque el fundamentalismo, de la especie que sea -los hay también cristianos y judíos- es una ideología y pensar no es un delito, por extravagante que nos parezca alguna idea. Lo que se condena es que se cometan (o se pregonen, recluten, preparen, inicien) actos terroristas, y se traban consecuentemente, en los países más consecuentes, las actividades de los grupos o individuos que utilicen la violencia para la consecución de sus fines.
Han sido salafistas, lamentablemente, los que han estado implicados en graves atentados, entre ellos el del 11 de marzo de 2003 en Madrid. De los terroristas del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York y Washington, se dice que eran saudíes y wahhabistas, una secta aliada al salafismo. Aun así, que algunos atentados hayan sido cometidos por salafistas es tan relevante como decir que los terroristas colombianos, por ser colombianos, son cristianos, lo que sería un absurdo.
O sea, que todo este asunto tiene cara de ser un torpe y patético montaje de la policía secreta.
Es muy sorprendente que, por ejemplo, los espías no estuvieran al tanto de que las prédicas eran filmadas y que los clérigos podrían, por tanto, probar que no hacían apología de la violencia ni de la guerra santa. Y menos aun que reclutaran a jóvenes para cometer atentados terroristas.
El alcalde de la ciudad -Eindhoven- dice que el ayuntamiento no ha tenido nunca problemas con la mezquita de los acusados y otros entrevistados a las puertas del templo se mostraban atónitos ante las acusaciones de la ministro. Tampoco la policía de la ciudad tenía indicios de que fuese un centro de reclutamiento terrorista.
Sería lamentable que se probase que todo este asunto es manipulación de la ministro de Extranjería y que tiene por propósito probar hasta dónde puede llegar en fortalecer el apartheid de facto de la población árabe. Si se acepta la deportación de los imanes, se aceptará el principio de someter a los hombres religiosos árabes a un régimen aparte, especial, en el pueden ser encarcelados y deportados si son acusados por la policía secreta. Y se aceptaría, también, el principio de que las acusaciones, por provenir de la policía secreta y por razones de seguridad, no pueden ser verificadas ni controladas independientemente. De este modo, la máxima autoridad judicial del país serían ahora no los tribunales, ni la policía, y no toda la policía, sino en particular la policía secreta -obviamente, de siniestra reputación.
Aceptar la decisión de la ministro sería aceptar el principio de que los árabes son culpables a primera vista -por ser árabes y musulmanes, por no ser cristianos, por ser extranjeros- y que, machacando la vieja corrección política, someter a los árabes a un régimen derechamente aparte, con leyes y sanciones diferentes. Si así ocurriese, sería el fin definitivo de la democracia holandesa y su decadencia en una peligrosa e irracional ideología xenófoba. Y la medida, una vez aprobada, se puede extender a otros terrenos y personas, y terminar afectando no sólo a los fundamentalistas, sino a todos los árabes y posteriormente a otros grupos de la población.
Sería mejor que la ministro dedicara más atención a la efectividad y fiabilidad de su servicio secreto. Pero ella misma tiene muy poca credibilidad, así que cuando se oyen sus explicaciones, termina siempre dominando la impresión de que está loca de histérica, llena de un odio que se le nota hasta en la manera de posar, y que hará cualquier cosa para salirse con la suya, contra viento y marea. Esta impresión se confirma si se toma en cuenta que apenas unos días atrás negó más de diez veces que las autoridades de inmigración habían entregado informaciones sobre decenas de deportados devueltos a sus países a las policías de esos países. Algunos ellos están desaparecidos y algunos suponen, muertos. Si las acusaciones fuesen verídicas, sería la más explícita demostración de la naturaleza demoníaca de las políticas de la hija de Hitler'. Es más que evidente que si se entregan esos datos a esas policías, esas personas difícilmente volverán a ver la luz del día, sea porque serán asesinados, sea porque serán encerrados por un largo tiempo, ya que han huido originalmente por temor a represalias de las dictaduras de sus países. Lamentablemente para la ministro, al menos un refugiado logró volver y contó a periodistas exactamente cómo ocurrió su entrega a las autoridades congoleñas, agregando el macabro detalle de que al llegar al aeropuerto nacional, los policías holandeses estaban muertos de miedo por el conocido salvajismo de los militares a quienes estaban entregando a los deportados. Fue de ese modo que la prensa se hizo con una ordenanza del servicio de inmigración que ordena que se debe entregar a las autoridades congoleñas el informe de los interrogatorios de los deportados, que esas autoridades exigen a cambio de un permiso de retorno al país. Pues bien, entre el día en que se publicó en la prensa ese documento y el día del debate, ella simplemente modificó la ordenanza, eliminando la frase en que se refería a la entrega de esos documentos confidenciales a las autoridades de esos países. Y los parlamentarios de extrema derecha acusaron subsecuentemente a los demandantes de haber leído mal la ordenanza, sin considerar la explícita confesión de la ministro de que la había modificado. Es el colmo. Realmente, esta señora es superlativamente intratable. Y lo peor de todo es que, a pesar de que lo vimos todos -porque todo esto pasó por televisión a hora punta-, los parlamentarios terminaron aceptando su absurda explicación: vale decir, que puede ser verdad que esos documentos se hayan entregado a esas policías, pero que ella ya venía desde hace un tiempo pensando en modificar la ordenanza y lo había hecho el día anterior al debate parlamentario. ¿Explicación? Es, francamente, una historia de simios, incoherente, hasta surrealista. Y, así, libró. Es difícil entender cómo puede el pueblo holandés aceptar autoridades políticas tan nefastas e irracionales. El espectáculo de la clase política es asombrosamente bizarro. ¿Deben los contribuyentes pagar para mantener a esa manga de simios dizque debatiendo en el Congreso?
Es decir, la credibilidad de la hija de Hitler' no existe. Uno se acostumbra a creer que miente abundante y enfáticamente, sin complejo alguno, desparpajada y mostrando una alucinante arrogancia. Y es una mala idea que la ciudadanía la asocie regularmente con lo peor que tiene Holanda, muchas de sus gentes todavía racistas y xenófobas. ¿Si no se le exige lógica ahora, que dirá cuando se pruebe que esos imanes son en realidad importantes aliados en la lucha contra el terrorismo? ¿Dirá como dijo un reciente informe del servicio secreto español, que son tan malos que hasta comen jamón? ¿Vale decir, que aunque inocentes, son culpables? El único contexto en que esto tiene sentido es uno en el que lo malo es ser árabe, no ser musulmán ni terrorista. No es una buena impresión.
Parece que en el arresto de gobierno se dice que predicaban contra las sociedades occidentales. Este es uno de los nuevos bizarros y simiescos delitos de la llamada legislación anti-terrorista: no se puede predicar contra la sociedad occidental, un supuesto delito estúpido, absurdo y de amplia aplicación. Tal por ejemplo, que la posesión de libros de ciertos autores o sobre ciertos temas será usada como prueba en una acusación de terrorismo. Como solían hacer las sangrientas dictaduras de simios que vivió América Latina en los años setenta y ochenta, cuando la posesión de libros marxistas en la biblioteca familiar podía significar la ejecución de la familia.
Habría sido más coherente que si los clérigos son efectivamente culpables de terrorismo o de actividades asociadas al terrorismo, fuesen detenidos y procesados con cargos específicos. Con expulsar a esos imanes no se obtiene nada, y hasta es posible que sus países no los quieran, en la presunción de que si son efectivamente terroristas, entonces significarían allá una carga más para sus propios servicios de inteligencia. Si son terroristas, serán un problema en cualquier parte y lo mejor sería sacarlos de circulación recurriendo a leyes normales que lo permiten antes que empaquetar el problema a otro país.
Realmente, todo esto tiene mala cara.
Algunos analistas musulmanes han sostenido que con esta decisión pretende la ministro poner a prueba la implementación de una política de deportaciones y persecución religiosa masiva.
El terrorismo es un asunto demasiado serio como para creer que sea todo esto una chacota de la sargento Verdonk. Pero ¿qué otra cosa creer? Pues los tres imanes se han declarado sorprendidos de las acusaciones, diciendo que ellos, muy al contrario, predican contra la guerra santa y contra la violencia. ¿Estarán mintiendo? ¿Serán de verdad espías y jefes terroristas encubiertos que reclutan a jóvenes para transformarlos en criminales de la guerra santa?
La policía secreta en estos asuntos se ha mostrado incapaz e inepta en muchos terrenos. Algunas de las acusaciones y sospechas han resultado ser estrafalariamente falsas. El abogado de los clérigos dice que como prueba de la verdad de las declaraciones de los imanes, ha entregado o entregará al tribunal las filmaciones en video de las prédicas, de las que se suele encargar el personal de la mezquita como parte de sus tareas habituales. En ellas se vería y oiría predicar a los clérigos justamente contra la guerra santa y la violencia, o sea, de los delitos de los que son acusados.
Se pregunta uno: ¿Habrán los espías -pues las imputaciones de la policía secreta se basan en informaciones obtenidas de espías y soplones, obviamente- oído mal, entendido al revés lo que dijo algún imán algún viernes? Esto sería ridículo. Realmente, ¿serán tan malvados los imanes para pretender que, siendo reclutadores de terroristas, además predicaban contra el terrorismo? Suena, por decir lo menos, novelesco. Además, ahí están los videos, como prueba contundente de la ineptitud de la policía secreta. Si no, ¿por qué llegaron a esa conclusión?
La explicación -que son salafistas- no dice nada, ya que no se puede hacer equivaler el fundamentalismo con el terrorismo. En primer lugar, porque el fundamentalismo, de la especie que sea -los hay también cristianos y judíos- es una ideología y pensar no es un delito, por extravagante que nos parezca alguna idea. Lo que se condena es que se cometan (o se pregonen, recluten, preparen, inicien) actos terroristas, y se traban consecuentemente, en los países más consecuentes, las actividades de los grupos o individuos que utilicen la violencia para la consecución de sus fines.
Han sido salafistas, lamentablemente, los que han estado implicados en graves atentados, entre ellos el del 11 de marzo de 2003 en Madrid. De los terroristas del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York y Washington, se dice que eran saudíes y wahhabistas, una secta aliada al salafismo. Aun así, que algunos atentados hayan sido cometidos por salafistas es tan relevante como decir que los terroristas colombianos, por ser colombianos, son cristianos, lo que sería un absurdo.
O sea, que todo este asunto tiene cara de ser un torpe y patético montaje de la policía secreta.
Es muy sorprendente que, por ejemplo, los espías no estuvieran al tanto de que las prédicas eran filmadas y que los clérigos podrían, por tanto, probar que no hacían apología de la violencia ni de la guerra santa. Y menos aun que reclutaran a jóvenes para cometer atentados terroristas.
El alcalde de la ciudad -Eindhoven- dice que el ayuntamiento no ha tenido nunca problemas con la mezquita de los acusados y otros entrevistados a las puertas del templo se mostraban atónitos ante las acusaciones de la ministro. Tampoco la policía de la ciudad tenía indicios de que fuese un centro de reclutamiento terrorista.
Sería lamentable que se probase que todo este asunto es manipulación de la ministro de Extranjería y que tiene por propósito probar hasta dónde puede llegar en fortalecer el apartheid de facto de la población árabe. Si se acepta la deportación de los imanes, se aceptará el principio de someter a los hombres religiosos árabes a un régimen aparte, especial, en el pueden ser encarcelados y deportados si son acusados por la policía secreta. Y se aceptaría, también, el principio de que las acusaciones, por provenir de la policía secreta y por razones de seguridad, no pueden ser verificadas ni controladas independientemente. De este modo, la máxima autoridad judicial del país serían ahora no los tribunales, ni la policía, y no toda la policía, sino en particular la policía secreta -obviamente, de siniestra reputación.
Aceptar la decisión de la ministro sería aceptar el principio de que los árabes son culpables a primera vista -por ser árabes y musulmanes, por no ser cristianos, por ser extranjeros- y que, machacando la vieja corrección política, someter a los árabes a un régimen derechamente aparte, con leyes y sanciones diferentes. Si así ocurriese, sería el fin definitivo de la democracia holandesa y su decadencia en una peligrosa e irracional ideología xenófoba. Y la medida, una vez aprobada, se puede extender a otros terrenos y personas, y terminar afectando no sólo a los fundamentalistas, sino a todos los árabes y posteriormente a otros grupos de la población.
Sería mejor que la ministro dedicara más atención a la efectividad y fiabilidad de su servicio secreto. Pero ella misma tiene muy poca credibilidad, así que cuando se oyen sus explicaciones, termina siempre dominando la impresión de que está loca de histérica, llena de un odio que se le nota hasta en la manera de posar, y que hará cualquier cosa para salirse con la suya, contra viento y marea. Esta impresión se confirma si se toma en cuenta que apenas unos días atrás negó más de diez veces que las autoridades de inmigración habían entregado informaciones sobre decenas de deportados devueltos a sus países a las policías de esos países. Algunos ellos están desaparecidos y algunos suponen, muertos. Si las acusaciones fuesen verídicas, sería la más explícita demostración de la naturaleza demoníaca de las políticas de la hija de Hitler'. Es más que evidente que si se entregan esos datos a esas policías, esas personas difícilmente volverán a ver la luz del día, sea porque serán asesinados, sea porque serán encerrados por un largo tiempo, ya que han huido originalmente por temor a represalias de las dictaduras de sus países. Lamentablemente para la ministro, al menos un refugiado logró volver y contó a periodistas exactamente cómo ocurrió su entrega a las autoridades congoleñas, agregando el macabro detalle de que al llegar al aeropuerto nacional, los policías holandeses estaban muertos de miedo por el conocido salvajismo de los militares a quienes estaban entregando a los deportados. Fue de ese modo que la prensa se hizo con una ordenanza del servicio de inmigración que ordena que se debe entregar a las autoridades congoleñas el informe de los interrogatorios de los deportados, que esas autoridades exigen a cambio de un permiso de retorno al país. Pues bien, entre el día en que se publicó en la prensa ese documento y el día del debate, ella simplemente modificó la ordenanza, eliminando la frase en que se refería a la entrega de esos documentos confidenciales a las autoridades de esos países. Y los parlamentarios de extrema derecha acusaron subsecuentemente a los demandantes de haber leído mal la ordenanza, sin considerar la explícita confesión de la ministro de que la había modificado. Es el colmo. Realmente, esta señora es superlativamente intratable. Y lo peor de todo es que, a pesar de que lo vimos todos -porque todo esto pasó por televisión a hora punta-, los parlamentarios terminaron aceptando su absurda explicación: vale decir, que puede ser verdad que esos documentos se hayan entregado a esas policías, pero que ella ya venía desde hace un tiempo pensando en modificar la ordenanza y lo había hecho el día anterior al debate parlamentario. ¿Explicación? Es, francamente, una historia de simios, incoherente, hasta surrealista. Y, así, libró. Es difícil entender cómo puede el pueblo holandés aceptar autoridades políticas tan nefastas e irracionales. El espectáculo de la clase política es asombrosamente bizarro. ¿Deben los contribuyentes pagar para mantener a esa manga de simios dizque debatiendo en el Congreso?
Es decir, la credibilidad de la hija de Hitler' no existe. Uno se acostumbra a creer que miente abundante y enfáticamente, sin complejo alguno, desparpajada y mostrando una alucinante arrogancia. Y es una mala idea que la ciudadanía la asocie regularmente con lo peor que tiene Holanda, muchas de sus gentes todavía racistas y xenófobas. ¿Si no se le exige lógica ahora, que dirá cuando se pruebe que esos imanes son en realidad importantes aliados en la lucha contra el terrorismo? ¿Dirá como dijo un reciente informe del servicio secreto español, que son tan malos que hasta comen jamón? ¿Vale decir, que aunque inocentes, son culpables? El único contexto en que esto tiene sentido es uno en el que lo malo es ser árabe, no ser musulmán ni terrorista. No es una buena impresión.
Parece que en el arresto de gobierno se dice que predicaban contra las sociedades occidentales. Este es uno de los nuevos bizarros y simiescos delitos de la llamada legislación anti-terrorista: no se puede predicar contra la sociedad occidental, un supuesto delito estúpido, absurdo y de amplia aplicación. Tal por ejemplo, que la posesión de libros de ciertos autores o sobre ciertos temas será usada como prueba en una acusación de terrorismo. Como solían hacer las sangrientas dictaduras de simios que vivió América Latina en los años setenta y ochenta, cuando la posesión de libros marxistas en la biblioteca familiar podía significar la ejecución de la familia.
Habría sido más coherente que si los clérigos son efectivamente culpables de terrorismo o de actividades asociadas al terrorismo, fuesen detenidos y procesados con cargos específicos. Con expulsar a esos imanes no se obtiene nada, y hasta es posible que sus países no los quieran, en la presunción de que si son efectivamente terroristas, entonces significarían allá una carga más para sus propios servicios de inteligencia. Si son terroristas, serán un problema en cualquier parte y lo mejor sería sacarlos de circulación recurriendo a leyes normales que lo permiten antes que empaquetar el problema a otro país.
Realmente, todo esto tiene mala cara.
Holanda y la Constitución Europea
Hubo una pequeña conmoción en Holanda cuando se emitieron por televisión unos videos en los que las autoridades de un ministerio llamaban a la población a votar por la constitución europea. En los videos se veían imágenes de los campos de concentración y exterminio de la Segunda Guerra Mundial. Y uno de los mensajes explícitos era: No debe volver a ocurrir. Y para impedir que el fascismo y nuevas formas de nazismo vuelvan a surgir, es la conclusión lógica, hay que votar Sí a Europa.
Los videos causaron malestar entre políticos, y más entre políticos de derechas que de izquierdas. Dijeron que se sugería que los partidarios del No eran prácticamente fascistas y nazis.
Y las autoridades retiraron los videos.
Sin embargo, el mensaje no es exagerado. Es verdad que suena un poco raro que el gobierno, dominado por sus elementos de extrema derecha, sea partidario de Europa. También es verdad que el gobierno se encuentra dividido sobre este asunto. Y es probable, como acusan muchos en la izquierda, que la postura del gobierno sea hipócrita.
La razón es que para llevar a cabo su política de inmigración, abiertamente racista y xenófoba, el gobierno en realidad necesita alejarse de Europa y sus valores y principios. Así lo entienden los movimientos fascistas y de extrema derecha del país, como el antiguo partido del líder fascista Pim Fortuyn y otros cabecillas -como el capo de pelo oxigenado del fascismo parlamentario, Wilders.
Nada se opone tanto a la Holanda actual como los principios establecidos en la constitución europea, que prohíbe explícitamente la discriminación en virtud de la raza, religión, convicciones políticas, etc., de sus ciudadanos y que postula esos principios como universales.
El gobierno holandés viene eludiendo y corrompiendo esos valores europeos desde hace bastante tiempo. Sus políticas de cierre de fronteras, las exigencias que se imponen a inmigrantes del Tercer Mundo y especialmente del mundo árabe, las medidas para imposibilitar el matrimonio de holandeses con extranjeros, los impuestos especiales que deben pagar los extranjeros, las cárceles para extranjeros, las deportaciones y maltratos, las muertes en esas cárceles y muchas medidas más adoptadas por el gobierno, marcan a este gabinete como uno de los parias de Europa, como lo fue hace algunos años Austria y Serbia.
A largo y mediano plazo, la única posibilidad de supervivencia del gobierno holandés reside en su alejamiento de Europa. Su lugar en la Europa actual se explica sólo por la negligencia, ignorancia y en algunos casos complicidad de otros gobiernos europeos.
Pero ciertamente no escapa a nadie que, visto que resistir al nuevo fascismo es prácticamente imposible en el país, la principal fuente de resistencia y rechazo deberá provenir de Europa. Y sobre todo de los valores y principios estampados en su constitución.
Los videos causaron malestar entre políticos, y más entre políticos de derechas que de izquierdas. Dijeron que se sugería que los partidarios del No eran prácticamente fascistas y nazis.
Y las autoridades retiraron los videos.
Sin embargo, el mensaje no es exagerado. Es verdad que suena un poco raro que el gobierno, dominado por sus elementos de extrema derecha, sea partidario de Europa. También es verdad que el gobierno se encuentra dividido sobre este asunto. Y es probable, como acusan muchos en la izquierda, que la postura del gobierno sea hipócrita.
La razón es que para llevar a cabo su política de inmigración, abiertamente racista y xenófoba, el gobierno en realidad necesita alejarse de Europa y sus valores y principios. Así lo entienden los movimientos fascistas y de extrema derecha del país, como el antiguo partido del líder fascista Pim Fortuyn y otros cabecillas -como el capo de pelo oxigenado del fascismo parlamentario, Wilders.
Nada se opone tanto a la Holanda actual como los principios establecidos en la constitución europea, que prohíbe explícitamente la discriminación en virtud de la raza, religión, convicciones políticas, etc., de sus ciudadanos y que postula esos principios como universales.
El gobierno holandés viene eludiendo y corrompiendo esos valores europeos desde hace bastante tiempo. Sus políticas de cierre de fronteras, las exigencias que se imponen a inmigrantes del Tercer Mundo y especialmente del mundo árabe, las medidas para imposibilitar el matrimonio de holandeses con extranjeros, los impuestos especiales que deben pagar los extranjeros, las cárceles para extranjeros, las deportaciones y maltratos, las muertes en esas cárceles y muchas medidas más adoptadas por el gobierno, marcan a este gabinete como uno de los parias de Europa, como lo fue hace algunos años Austria y Serbia.
A largo y mediano plazo, la única posibilidad de supervivencia del gobierno holandés reside en su alejamiento de Europa. Su lugar en la Europa actual se explica sólo por la negligencia, ignorancia y en algunos casos complicidad de otros gobiernos europeos.
Pero ciertamente no escapa a nadie que, visto que resistir al nuevo fascismo es prácticamente imposible en el país, la principal fuente de resistencia y rechazo deberá provenir de Europa. Y sobre todo de los valores y principios estampados en su constitución.
La Estatua de Franco
La estatua ecuestre de Franco -a primera vista de proporciones muy distorsionadas o de caballo extra enano- , ha sido retirada de las calles de Madrid. Era una medida largo tiempo esperada. Era insólito, en realidad, que cuando calles, plazas y otros lugares públicos suelen llevar nombres de grandes de la patria -en todas-, hubiese en España esa anomalía moral que consiste en rendir tributo o memoria tan destacada a personajes criminales y deplorables. Es tan insólito como que hubiese en Alemania estatuas de Hitler o Himler, y en Chile, de Pinochet. Crímenes como los cometidos por estos y otros dictadores están fuera del ámbito político. Sus perpetradores no son exaltados políticos de un signo u otro; son, en primer lugar, criminales, más próximos a la figura del asesino en serie que a otra cosa.
Por era razón, el gobierno español satisface un reclamo expresado durante mucho tiempo. Y debiera proseguir en esa noble labor, erradicando los monumentos que el antiguo dictador español hizo construir, mofándose, con los trabajos forzados de sus opositores políticos: el Valle de los Caídos. Es un insulto a la memoria de sus miles de víctimas, inocentes y opositores. Y es un insulto a la sana razón, pues lo mismo sería celebrar con monumentos enfermedades como la paranoia o la esquizofrenia violenta. Franco pertenece al capítulo de las escorias de la historia.
Extraña por esta razón la indignación expresada por gentes de derecha en España. ¿Cómo es posible que gentes que parecían ser sensatas, defiendan ahora semejante e inmoral culto? ¿Cómo es posible que políticos que van de liberales por la vida, defiendan que se rinda tributo a ese monstruo deforme? La historia tiene muchas sorpresas, y esta es desagradable.
Ni la izquierda ni la derecha parecen comprender que la ciudadanía de esta época censura con igual intensidad el uso de la violencia en las luchas políticas y que es simplemente vergonzoso que, bajo pretensión de no re-abrir [?] heridas, se exculpe los crímenes de un -en el mejor de los casos- retardado violento. Es como lo dice el presidente Rodríguez Zapatero: no es aceptable aceptar que haya un vínculo entre política y violencia, y el que lo hace delata su adherencia a principios de una moralidad perimida, la moralidad estrecha, particular, del propio grupo, clan, familia, tribu -en suma, una moral distorsionada y, por ello, falsa. Los crímenes de unos son aparentemente, parecen decir esos políticos, mejores que otros.
No debe aceptarse nunca la aparente razonabilidad de la violencia. No se pueden solucionar los aparentes problemas que crean las reivindicaciones nacionalistas recurriendo a la violencia. Y cuando grupos o individuos cruzan ese umbral, ya no pertenecen al mundo de la sociedad civil, donde los conflictos se solucionan de otra manera. Es lamentable, en cierto modo, descubrir que la derecha española no lo haya entendido. Los crímenes de Franco no son excusables, como no es excusable que Hitler decidiera exterminar a los judíos, como no es excusable que Pinochet, por ejemplo, hiciera decapitar a algunos opositores, ordenando arrojar sus cabezas en los jardines de la embajada italiana. Cuando se cometen crímenes de esta naturaleza, cuando se encarcela, tortura y asesina a los opositores políticos, se ha abandonando mucho antes el ámbito de la civilización; sus perpetradores no son ni pueden ser héroes de ninguna causa, sino simples y atroces asesinos -hasta demonios.
Por cierto, la ciudadanía y los jóvenes deben conocer la historia de sus propios países, pero sin rendir culto al crimen ni al mal.
Por era razón, el gobierno español satisface un reclamo expresado durante mucho tiempo. Y debiera proseguir en esa noble labor, erradicando los monumentos que el antiguo dictador español hizo construir, mofándose, con los trabajos forzados de sus opositores políticos: el Valle de los Caídos. Es un insulto a la memoria de sus miles de víctimas, inocentes y opositores. Y es un insulto a la sana razón, pues lo mismo sería celebrar con monumentos enfermedades como la paranoia o la esquizofrenia violenta. Franco pertenece al capítulo de las escorias de la historia.
Extraña por esta razón la indignación expresada por gentes de derecha en España. ¿Cómo es posible que gentes que parecían ser sensatas, defiendan ahora semejante e inmoral culto? ¿Cómo es posible que políticos que van de liberales por la vida, defiendan que se rinda tributo a ese monstruo deforme? La historia tiene muchas sorpresas, y esta es desagradable.
Ni la izquierda ni la derecha parecen comprender que la ciudadanía de esta época censura con igual intensidad el uso de la violencia en las luchas políticas y que es simplemente vergonzoso que, bajo pretensión de no re-abrir [?] heridas, se exculpe los crímenes de un -en el mejor de los casos- retardado violento. Es como lo dice el presidente Rodríguez Zapatero: no es aceptable aceptar que haya un vínculo entre política y violencia, y el que lo hace delata su adherencia a principios de una moralidad perimida, la moralidad estrecha, particular, del propio grupo, clan, familia, tribu -en suma, una moral distorsionada y, por ello, falsa. Los crímenes de unos son aparentemente, parecen decir esos políticos, mejores que otros.
No debe aceptarse nunca la aparente razonabilidad de la violencia. No se pueden solucionar los aparentes problemas que crean las reivindicaciones nacionalistas recurriendo a la violencia. Y cuando grupos o individuos cruzan ese umbral, ya no pertenecen al mundo de la sociedad civil, donde los conflictos se solucionan de otra manera. Es lamentable, en cierto modo, descubrir que la derecha española no lo haya entendido. Los crímenes de Franco no son excusables, como no es excusable que Hitler decidiera exterminar a los judíos, como no es excusable que Pinochet, por ejemplo, hiciera decapitar a algunos opositores, ordenando arrojar sus cabezas en los jardines de la embajada italiana. Cuando se cometen crímenes de esta naturaleza, cuando se encarcela, tortura y asesina a los opositores políticos, se ha abandonando mucho antes el ámbito de la civilización; sus perpetradores no son ni pueden ser héroes de ninguna causa, sino simples y atroces asesinos -hasta demonios.
Por cierto, la ciudadanía y los jóvenes deben conocer la historia de sus propios países, pero sin rendir culto al crimen ni al mal.
Otra Vez en Peligro el Estado de Derecho
En los últimos meses varios juristas, analistas y jueces y antiguos políticos han denunciado la grave situación que se vive en Holanda a raíz de las políticas de inmigración y asilo del gobierno y de las medidas legales y policiales anti-terroristas. Estas críticas se vienen haciendo desde al menos un año. Cada vez más personajes de cierta eminencia alzan la voz. Las nuevas medidas anunciadas implican la aceptación de una legislación contraria a la Constitución, a las leyes vigentes y a leyes y tratados internacionales. Y, por encima de todo, son irrelevantes, torpes, contraproducentes y odiosas.
Pero las advertencias ya las vimos, y hoy parecen haber sido olvidadas. Abogados de refugiados denunciaron hace un año o algo más que aunque en muchos casos de juicios iniciados por solicitantes de asilo en que los jueces resolvían a favor de estos y contra el servicio de inmigración o de la policía, estos servicios se negaban a ejecutar las órdenes judiciales. En otras palabras, cuando un juez dictaba que debía ponerse en libertad a un detenido, los servicios los seguían manteniendo ilegalmente en prisión. En última instancia, las fuerzas policiales y el servicio de inmigración obedecen a los ministros del Interior y de Extranjería. Los jueces no han querido hacer un punto de esto, y han permanecido silenciosos.
Desde entonces hay cada vez menos estado de derecho en Holanda. Tiene las características de una conspiración de palacio. ¿Qué significa que por ejemplo la policía se niegue a ejecutar órdenes judiciales y los detenidos sigan detenidos contra la decisión de un juez? ¿No es lo que llamamos tiranía?
A los extranjeros les cuesta creer que la situación sea tan dramática como yo la pinto. Pero es lamentablemente real. El país ha llegado a una situación de tiranía de facto en la que dentro de poco nuestros inmorales gobernantes comenzarán a darse cuenta de que también hay disidentes y opositores no árabes, y que son igualmente peligrosos. Las víctimas suelen gozar de poca visibilidad y el gobierno se encarga de ocultar sus facetas más tenebrosas. Los dos campos de detención de refugiados que serán deportados han sido instalados en el norte de Holanda, lejos del barullo mundano en el mismo pueblo donde funcionaba el campo de concentración donde se internaba a los judíos en la Segunda Guerra Mundial. Los ilegales viven ocultándose; así, rara vez pueden ser reconocidos. Y muchas de las personas de las que dice el gobierno que han partido sin destino conocido, no sabe la ciudadanía dónde están. Sin embargo, sí sabemos que algunos de ellos fueron entregados a las autoridades nacionales de sus países y que algunos de ellos se encuentran desaparecidos -y probablemente muertos. El gobierno mantiene esta aparente invisibilidad de lo que ocurre. Las miles de parejas y familias que han debido separarse en razón de las nuevas leyes están demasiado lejos, y sus voces no se oyen.
Para todos los 250 mil ilegales de Holanda, y sus miles de refugiados y de extranjeros, hace ya un buen tiempo que no hay estado de derecho. Recién ayer la Corte de Justicia de Luxemburgo reprochaba a Holanda la violación de leyes europeas. La policía holandesa había detenido y deportado en dos ocasiones a un ciudadano francés luego de que no pudiera mostrar documentos de identidad válidos. Esto ocurrió antes de 2005, cuando Holanda impuso a sus ciudadanos la obligación de identificarse ante requerimiento de la policía. Este caso de discriminación y maltratos se reproduce en Holanda miles y miles de veces al año en el país. Las deportaciones son a menudo violentas y humillantes y suelen ser también agresivas. La policía holandesa se comporta con los extranjeros con un sorprendente barbarismo. El año pasado la policía deportó forzosamente a cerca de 40 mil personas, mucho más que el año anterior. Muchas de las violencias a que somete la policía a los extranjeros son sinceramente indescriptibles en su humillación y crueldad. Para todas esas personas no hay estado derecho hace mucho tiempo.
También en el terreno judicial hay desarrollos que no auguran nada bueno. Desde hace algunos años el servicio de inmigración cuenta con el beneplácito del poder judicial para aplicar una especie de derecho rápido de exactamente 20 minutos de duración en que un juez determina, sobre la base de un informe escrito por la policía o por un funcionario del servicio de inmigración, si se acepta o no la solicitud de asilo del extranjero. Esta es una farsa de derecho al que muchos jueces se han sometido. Pero además en diferentes causas y tribunales se advierte una peligrosa tendencia a acatar instrucciones de gobierno por encima de las leyes y hasta del sentido común. Los tribunales han dejado en libertad a un soldado acusado de matar a un civil iraquí. A pesar de la acusación del ministerio fiscal y de las declaraciones públicas y descripciones de los hechos de sus propios compañeros, el juez dictaminó que el soldado no podía ser procesado por insuficiencia de datos. Días antes de la sentencia, el ministro del Interior había declarado en una entrevista que no convenía juzgar "a nuestros chicos" que vuelven de hacer el trabajo en la guerra. En el mismo sentido, el padre e hijo neo-nazis que atacaron con una pistola a un grupo de cinco marroquíes con la intención confesa de matarlos y que dejaron gravemente heridos a dos de ellos, fueron condenados a las ridículas pena de cuatro y cinco años de prisión, mientras que han modificado las leyes para poder condenar a Mohammed B., el asesino de Theo van Gogh, a cadena perpetua, por un crimen tan motivado por el odio como la masacre frustrada que tramó la familia neo-nazi.
Al mismo tiempo que se aprueban estas leyes anti-terroristas anti-árabes, los extremistas de derecha, fascistas y neo-nazis siguen actuando impunemente en el país. En los casos de cerca de 40 atentados contra mezquitas y centros árabes sólo se ha detenido a unas seis o siete personas y los casos parecen sido cerrados. La ministro de Extranjería alentó a los extremistas retirando o negando vigilancia policial a los templos y escuelas musulmanas. Ayer se lanzó una bomba casera en una tienda judía; también ayer se pintaron cruces gamadas en los ventanales de tiendas árabes. Lamentablemente tenemos razones fundadas para suponer que la policía una vez más hará la vista gorda con los terroristas de extrema derecha.
En Holanda, del estado de derecho no queda más que una carcasa. Es hora de que intervenga Europa. A los ciudadanos se les impedirá dentro de poco que recurran a leyes europeas para defender sus libertades y derechos. Y a los ciudadanos que tuviesen algún pleito con el estado por motivo de estas leyes, se les privaría del derecho a tener jueces independientes -porque se inhabilitará a los jueces que hagan objeciones o que pretenden aplicar el derecho europeo.
Entonces se podrá decir que el estado derecho en Holanda fue asesinado. Y los chacales fascistas impondrán su tiranía ante la mirada estupefacta del mundo civilizado.
Pero las advertencias ya las vimos, y hoy parecen haber sido olvidadas. Abogados de refugiados denunciaron hace un año o algo más que aunque en muchos casos de juicios iniciados por solicitantes de asilo en que los jueces resolvían a favor de estos y contra el servicio de inmigración o de la policía, estos servicios se negaban a ejecutar las órdenes judiciales. En otras palabras, cuando un juez dictaba que debía ponerse en libertad a un detenido, los servicios los seguían manteniendo ilegalmente en prisión. En última instancia, las fuerzas policiales y el servicio de inmigración obedecen a los ministros del Interior y de Extranjería. Los jueces no han querido hacer un punto de esto, y han permanecido silenciosos.
Desde entonces hay cada vez menos estado de derecho en Holanda. Tiene las características de una conspiración de palacio. ¿Qué significa que por ejemplo la policía se niegue a ejecutar órdenes judiciales y los detenidos sigan detenidos contra la decisión de un juez? ¿No es lo que llamamos tiranía?
A los extranjeros les cuesta creer que la situación sea tan dramática como yo la pinto. Pero es lamentablemente real. El país ha llegado a una situación de tiranía de facto en la que dentro de poco nuestros inmorales gobernantes comenzarán a darse cuenta de que también hay disidentes y opositores no árabes, y que son igualmente peligrosos. Las víctimas suelen gozar de poca visibilidad y el gobierno se encarga de ocultar sus facetas más tenebrosas. Los dos campos de detención de refugiados que serán deportados han sido instalados en el norte de Holanda, lejos del barullo mundano en el mismo pueblo donde funcionaba el campo de concentración donde se internaba a los judíos en la Segunda Guerra Mundial. Los ilegales viven ocultándose; así, rara vez pueden ser reconocidos. Y muchas de las personas de las que dice el gobierno que han partido sin destino conocido, no sabe la ciudadanía dónde están. Sin embargo, sí sabemos que algunos de ellos fueron entregados a las autoridades nacionales de sus países y que algunos de ellos se encuentran desaparecidos -y probablemente muertos. El gobierno mantiene esta aparente invisibilidad de lo que ocurre. Las miles de parejas y familias que han debido separarse en razón de las nuevas leyes están demasiado lejos, y sus voces no se oyen.
Para todos los 250 mil ilegales de Holanda, y sus miles de refugiados y de extranjeros, hace ya un buen tiempo que no hay estado de derecho. Recién ayer la Corte de Justicia de Luxemburgo reprochaba a Holanda la violación de leyes europeas. La policía holandesa había detenido y deportado en dos ocasiones a un ciudadano francés luego de que no pudiera mostrar documentos de identidad válidos. Esto ocurrió antes de 2005, cuando Holanda impuso a sus ciudadanos la obligación de identificarse ante requerimiento de la policía. Este caso de discriminación y maltratos se reproduce en Holanda miles y miles de veces al año en el país. Las deportaciones son a menudo violentas y humillantes y suelen ser también agresivas. La policía holandesa se comporta con los extranjeros con un sorprendente barbarismo. El año pasado la policía deportó forzosamente a cerca de 40 mil personas, mucho más que el año anterior. Muchas de las violencias a que somete la policía a los extranjeros son sinceramente indescriptibles en su humillación y crueldad. Para todas esas personas no hay estado derecho hace mucho tiempo.
También en el terreno judicial hay desarrollos que no auguran nada bueno. Desde hace algunos años el servicio de inmigración cuenta con el beneplácito del poder judicial para aplicar una especie de derecho rápido de exactamente 20 minutos de duración en que un juez determina, sobre la base de un informe escrito por la policía o por un funcionario del servicio de inmigración, si se acepta o no la solicitud de asilo del extranjero. Esta es una farsa de derecho al que muchos jueces se han sometido. Pero además en diferentes causas y tribunales se advierte una peligrosa tendencia a acatar instrucciones de gobierno por encima de las leyes y hasta del sentido común. Los tribunales han dejado en libertad a un soldado acusado de matar a un civil iraquí. A pesar de la acusación del ministerio fiscal y de las declaraciones públicas y descripciones de los hechos de sus propios compañeros, el juez dictaminó que el soldado no podía ser procesado por insuficiencia de datos. Días antes de la sentencia, el ministro del Interior había declarado en una entrevista que no convenía juzgar "a nuestros chicos" que vuelven de hacer el trabajo en la guerra. En el mismo sentido, el padre e hijo neo-nazis que atacaron con una pistola a un grupo de cinco marroquíes con la intención confesa de matarlos y que dejaron gravemente heridos a dos de ellos, fueron condenados a las ridículas pena de cuatro y cinco años de prisión, mientras que han modificado las leyes para poder condenar a Mohammed B., el asesino de Theo van Gogh, a cadena perpetua, por un crimen tan motivado por el odio como la masacre frustrada que tramó la familia neo-nazi.
Al mismo tiempo que se aprueban estas leyes anti-terroristas anti-árabes, los extremistas de derecha, fascistas y neo-nazis siguen actuando impunemente en el país. En los casos de cerca de 40 atentados contra mezquitas y centros árabes sólo se ha detenido a unas seis o siete personas y los casos parecen sido cerrados. La ministro de Extranjería alentó a los extremistas retirando o negando vigilancia policial a los templos y escuelas musulmanas. Ayer se lanzó una bomba casera en una tienda judía; también ayer se pintaron cruces gamadas en los ventanales de tiendas árabes. Lamentablemente tenemos razones fundadas para suponer que la policía una vez más hará la vista gorda con los terroristas de extrema derecha.
En Holanda, del estado de derecho no queda más que una carcasa. Es hora de que intervenga Europa. A los ciudadanos se les impedirá dentro de poco que recurran a leyes europeas para defender sus libertades y derechos. Y a los ciudadanos que tuviesen algún pleito con el estado por motivo de estas leyes, se les privaría del derecho a tener jueces independientes -porque se inhabilitará a los jueces que hagan objeciones o que pretenden aplicar el derecho europeo.
Entonces se podrá decir que el estado derecho en Holanda fue asesinado. Y los chacales fascistas impondrán su tiranía ante la mirada estupefacta del mundo civilizado.
Desvaríos de Scheffer
Scheffer es uno de esos ideólogos que como la extrema derecha del gobierno, no acepta las conclusiones de numerosas comisiones de investigación y prefiere cacarear desde el mismo palo que los neo-fascistas. Nunca hubo ni ha habido problemas de integración de los extranjeros o de la población musulmana en Holanda hasta que el gobierno, en 2002, iniciara y fundara la ficción de que Holanda tenía problemas con los extranjeros. Y el asesinato de van Gogh no cambia esta situación. Se ha transformado lamentablemente en una excusa del fascismo, que razona y convence como razonan y convencen los simios: falsificando la realidad, aplicando criterios extraños al pensamiento racional y utilizando la violencia y las amenazas. Los fascistas llaman problema de integración al hecho de que algunos inmigrantes (los menos) no hablen lo que los aborígenes llaman lengua materna y a que practiquen una religión que no les gusta.
Quieren transformar en ley la estúpida idea de que si Mohammed B. mató a van Gogh, entonces todos los árabes quieren matarnos. Y utilizan la violencia (atentados, incendios de mezquitas y locales judíos) y las amenazas (se inhabilitará a los jueces que se opongan a las nuevas leyes anti-terroristas y a los que piensen, como los jueces de la Corte Suprema, que el derecho europeo tiene primacía sobre el nacional) para acallar a los opositores. Holanda no tiene motivo alguno para esta falsa guerra contra los musulmanes. En pueblos con la salud mental en orden un asesinato no puede dar origen a ideas estúpidas, como las de Scheffer, ni a planes y leyes insensatas e ilegítimas. Ahora algunos políticos discuten abiertamente si, en el marco de lo que permiten las nuevas leyes, habrá que encerrar a 15 mil o 50 mil holandeses árabes. Acá los enfermos mentales no son los musulmanes ni los extranjeros, sino los aborígenes. Quizás tiene que ver con el hecho de que Holanda nunca fue castigada por su participación en el Holocausto.
Los soldados holandeses que colaboraron con las tropas serbias en el asesinato de 7.800 niños y hombres musulmanes en 1995 no fueron ni serán probablemente castigados. Los aborígenes viven en la creencia de que han hecho bien. Ahora cuando se acaba de descubrir que el gobierno holandés está entregando a refugiados a las policías de sus países, y que con este régimen se encuentran desaparecidas varias decenas de refugiados -Auschwitz por encargo-, prácticamente ningún partido político ha abierto la boca. La izquierda de antaño participa de la misma lógica que el gobierno, y Scheffer es un ejemplo de ello. Cuando el peligro es el fascismo, el racismo y la discriminación, pretenden que es más importante la amenaza de un puñado de terroristas islámicos. Mientras a los árabes se los despide de sus trabajos por ser árabes, pretenden que hay problemas de integración. Mientras los neo-nazis siguen quemando y atentando casi a diario, se nos machaca con el peligro musulmán. La manipulación y mala fe son evidentes.
Quieren transformar en ley la estúpida idea de que si Mohammed B. mató a van Gogh, entonces todos los árabes quieren matarnos. Y utilizan la violencia (atentados, incendios de mezquitas y locales judíos) y las amenazas (se inhabilitará a los jueces que se opongan a las nuevas leyes anti-terroristas y a los que piensen, como los jueces de la Corte Suprema, que el derecho europeo tiene primacía sobre el nacional) para acallar a los opositores. Holanda no tiene motivo alguno para esta falsa guerra contra los musulmanes. En pueblos con la salud mental en orden un asesinato no puede dar origen a ideas estúpidas, como las de Scheffer, ni a planes y leyes insensatas e ilegítimas. Ahora algunos políticos discuten abiertamente si, en el marco de lo que permiten las nuevas leyes, habrá que encerrar a 15 mil o 50 mil holandeses árabes. Acá los enfermos mentales no son los musulmanes ni los extranjeros, sino los aborígenes. Quizás tiene que ver con el hecho de que Holanda nunca fue castigada por su participación en el Holocausto.
Los soldados holandeses que colaboraron con las tropas serbias en el asesinato de 7.800 niños y hombres musulmanes en 1995 no fueron ni serán probablemente castigados. Los aborígenes viven en la creencia de que han hecho bien. Ahora cuando se acaba de descubrir que el gobierno holandés está entregando a refugiados a las policías de sus países, y que con este régimen se encuentran desaparecidas varias decenas de refugiados -Auschwitz por encargo-, prácticamente ningún partido político ha abierto la boca. La izquierda de antaño participa de la misma lógica que el gobierno, y Scheffer es un ejemplo de ello. Cuando el peligro es el fascismo, el racismo y la discriminación, pretenden que es más importante la amenaza de un puñado de terroristas islámicos. Mientras a los árabes se los despide de sus trabajos por ser árabes, pretenden que hay problemas de integración. Mientras los neo-nazis siguen quemando y atentando casi a diario, se nos machaca con el peligro musulmán. La manipulación y mala fe son evidentes.
Fascismo Holandés en Plan de Ataque
En Holanda se asiste al renacimiento de las tenebrosas ideologías que dieron origen al nazismo. Han hecho de los musulmanes a sus nuevos judíos. El gobierno anunció la pronta implementación de leyes anti-terroristas que permitirá encarcelar sin cargos y sin derecho a defensa a los árabes que la policía considere sospechosos, recreando centros de detención en todo similares a las cárceles de Guantánamo y Abu Ghraib. Pero aun, los ciudadanos tampoco tendrán derecho siquiera a enterarse si algún ciudadano ha sido encarcelado preventivamente o no. Destacados juristas y jueces han denunciado el fin del estado de derecho democrático, incluyendo entre ellos a jueces del Tribunal Supremo y de otros tribunales del país. A raíz justamente de las protestas del Tribunal Supremo, el gobierno amenazó al poder judicial con inhabilitar a los jueces que se opongan a la nueva legislación anti-terrorista. La campana contra el poder judicial no es nueva. Y muchos jueces colaboran con el régimen.
Una parte de los jueces holandeses han aceptado legitimar con su participación las farsas montadas para privar a los refugiados de su derecho a asilo en juicios rápidos de 20 minutos y juzgando exclusivamente sobre la base de informes de la policía y del servicio de inmigración, una institución cada vez más cercana a las SS alemanas. Hay aun casos más escandalosos. Un padre y un hijo neo-nazis, que intentaron en 2003 asesinar a cinco marroquíes, dejándoles heridos gravemente y lisiados a dos de ellos, han sido apenas condenados a 4 anos de prisión, al mismo tiempo que se impondrá cadena perpetua al asesino del antisemita Theo van Gogh. El gobierno, y ahora también los jueces, no consideran terrorismo al terrorismo de extrema derecha. Entretanto, los grupos neo-nazis continúan actuando impunemente: hace unos días quemaron una tienda judía y mancharon con pintura varias otras musulmanas. La policía hace la vista gorda.
Ninguna de las medidas tomadas por el gobierno holandés tiene realmente como fin combatir el terrorismo. Lo que le interesa es acosar y humillar a la población musulmana. Este gobierno es como una extensión del gobierno pro-nazi que dejó la corona al huir del país en la 2a Guerra y que colaboró tan alegremente en el asesinato de la población judía -que, por cierto, era perseguida y discriminada mucho antes de que invadieran los alemanes. La historia se repite hasta en los detalles. Pretendiendo que están amenazados, los holandeses de la antigua izquierda se unen a fascistas, manteniendo en pie una criminal ficción destinada a justificar el acoso de los árabes y su final expulsión para ser remplazados por poblaciones blancas de Europa del Este. Scheffer es uno de esos tediosos y descerebrados ideólogos del nuevo régimen que se anuncia. Holanda es uno de los más graves y urgentes peligros que enfrenta Occidente.
Una parte de los jueces holandeses han aceptado legitimar con su participación las farsas montadas para privar a los refugiados de su derecho a asilo en juicios rápidos de 20 minutos y juzgando exclusivamente sobre la base de informes de la policía y del servicio de inmigración, una institución cada vez más cercana a las SS alemanas. Hay aun casos más escandalosos. Un padre y un hijo neo-nazis, que intentaron en 2003 asesinar a cinco marroquíes, dejándoles heridos gravemente y lisiados a dos de ellos, han sido apenas condenados a 4 anos de prisión, al mismo tiempo que se impondrá cadena perpetua al asesino del antisemita Theo van Gogh. El gobierno, y ahora también los jueces, no consideran terrorismo al terrorismo de extrema derecha. Entretanto, los grupos neo-nazis continúan actuando impunemente: hace unos días quemaron una tienda judía y mancharon con pintura varias otras musulmanas. La policía hace la vista gorda.
Ninguna de las medidas tomadas por el gobierno holandés tiene realmente como fin combatir el terrorismo. Lo que le interesa es acosar y humillar a la población musulmana. Este gobierno es como una extensión del gobierno pro-nazi que dejó la corona al huir del país en la 2a Guerra y que colaboró tan alegremente en el asesinato de la población judía -que, por cierto, era perseguida y discriminada mucho antes de que invadieran los alemanes. La historia se repite hasta en los detalles. Pretendiendo que están amenazados, los holandeses de la antigua izquierda se unen a fascistas, manteniendo en pie una criminal ficción destinada a justificar el acoso de los árabes y su final expulsión para ser remplazados por poblaciones blancas de Europa del Este. Scheffer es uno de esos tediosos y descerebrados ideólogos del nuevo régimen que se anuncia. Holanda es uno de los más graves y urgentes peligros que enfrenta Occidente.