El Asesinato De Van Gogh 3: ¿Y De Aquí Para Adelante, Qué?
El gobierno y sus elementos más extremistas aprovecharán esta oportunidad para atentar contra el estado de derecho, en nombre del estado de derecho. Esta estrategia la conocemos desde los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Llevaba bigotito.
Hay motivos para preocuparse. El ministro de Justicia, por ejemplo, ha dado a conocer documentos que pertenecen al sumario abierto por el fiscal general. Este ha salido ayer por televisión condenando la acción del ministro, por ser ilegal y por contribuir a una mayor exacerbación de los ánimos.
¿Y cómo responde el ministro? Publica otros documentos más, igualmente secretos del sumario.
Así demuestra el gobierno su respeto por los órganos de justicia, atragantándose con conceptos como el estado de derecho' que apenas si comprende.
Lo que ocurre en Holanda es de una gravedad que Europa debe entender, e intervenir a tiempo. No se trata del peligro terrorista.
La libertad de expresión se limitará. Los fundamentalistas no podrán predicar la guerra santa, y es sin ninguna duda una limitación comprensible y razonable. Pero ¿se prohibirá a los escritores neo-nazis? ¿Se prohibirá a los tarados mentales que predican abiertamente la discriminación, o expulsión, de los musulmanes y/o extranjeros? ¿Prohibirán a la hija de Hitler?
Y ¿dónde se convierte un imán -o cualquiera de nosotros- en un peligro para la seguridad del estado? ¿En qué consistirá incitar al odio? Condenar las políticas discriminatorias del gobierno, ¿será incitar al odio y al quiebre del estado de derecho? Condenar los crímenes de las tropas aliadas en Iraq, ¿será incitar al odio? Condenar los crímenes de las tropas judías en Palestina, ¿será incitar al odio? Y condenar los atentados de los extremistas palestinos, ¿será incitar al odio, o no?
Criticar y rechazar los insensatos programas de integración -en realidad, son de exclusión- de la ministro de Extranjería, dentro o fuera de las mezquitas, ¿será igual a fomentar ideologías extremistas? Y visto que el pueblo católico se opone igualmente a esos planes, ¿enviará el gobierno espías a nuestras iglesias?
El asesinato ha exacerbado el odio de los elementos más viles del pueblo, y esos elementos -algunos en el gobierno- amenazan con empujar a toda la sociedad a tomar medidas justificadas en el temor, pero no en la razón ni en la ética, contra lo que consideran un peligro: la minoría musulmana.
Es un grave y fatídico error que las autoridades no quieran comprender que el terrorismo fundamentalista musulmán amenaza también a las comunidades musulmanas. Quizás a ellas más que a nadie.
El asesinato de Van Gogh y sus secuelas no amenazan la libertad de expresión: amenazan el fundamento mismo de la sociedad holandesa que conocíamos, la Holanda civilizada y occidental, fiera de ser puerto de refugiados y extranjeros, que corre el riesgo de encerrarse en sí misma y buscar solaz en una identidad recuperada de valores teutónicos encubiertos e inaceptables en nuestra época.
El Asesinato de Van Gogh: "¿Nos Vengaremos"?
Luego nos enteramos de que la funcionaria no había sido " de ninguna manera" invitada y que, lo mismo que otros ministros, llamó repetidas veces a los organizadores para que se la admitiese en el podio ese día. Los demás fueron rechazados. No ella, que argumentó que Van Gogh era su amigo.
En su discurso -afortunadamente muy breve- dijo también que el cineasta le había asegurado que apoyaba su política con respecto a los extranjeros.
Esto último es falso. Un amigo de Van Gogh dijo más tarde en un programa de televisión que el cineasta justamente disentía de la ministro, porque era partidario de otorgar un perdón general a los ilegales y refugiados que la funcionaria ha decidido deportar del país. No significa que Van Gogh no fuera anti-musulmán. Y anti-judío.
Hay que consignar que la ministro fue ampliamente abucheada, antes, durante y después de su discurso -aunque sí hubo algunos que la aplaudieron cortésmente.
Nadie la quiere. Ni nativos ni extranjeros. Un dirigente de una organización musulmana dijo al día siguiente que a la funcionaria sólo le faltaba el bigotito del teutón nazi, Hitler.
En su discurso, dijo la ex guardia de prisiones: "¿Nos vengaremos?" Pregunta tan retórica como francamente imbécil. Nadie entiende quiénes habrían de vengarse, y conocidas sus inclinaciones políticas, debe de haber querido decir algo así como: "Nosotros, los aborígenes, ¿nos vengaremos?" "¿Nos echaremos a la calle a machacar a los árabes?"
Pero el pueblo de Amsterdam no agradeció ni su presencia ni su punto de vista. Y la ministró se retiró rápidamente de la plaza del Dam.
Luego de la histérica frase, dijo: "¿O diremos: hasta aquí, y no más?" ¿Hasta aquí? ¿Qué querrá decir?
¿Está En Peligro La Libertad De Expresión, De Quién?
Fue un asesinato brutal. El asesino, un joven musulmán de Amsterdam, le clavó finalmente una declaración escrita en el pecho. Se confirmaron las sospechas de que era un asesinato motivado ideológicamente. El asesino se quería vengar de los insultos y agresiones verbales de Van Gogh contra Maoma, el Corán, los árabes y los musulmanes.
Las autoridades y muchos periodistas han dicho que rechazan este atentado contra la libertad de expresión. O que la libertad de expresión está en peligro.
Pero ¿lo está? Van Gogh no pensaba que él corría peligro, sino la diputado Hirsi Ali, con la que hizo una película -Submission'- de denuncia' del islam.
El corto, de unos 9 minutos, muestra a unas mujeres desnudas con frases del Corán escritas en el cuerpo. Parece que en las frases se describe a las mujeres muy malamente. Se supone que la película es una denuncia de los maltratos a las mujeres en el mundo musulmán.
Así,¿es su asesinato un atentado contra la libertad de expresión?Si lo fuese, no sería ni el primer atentado contra este derecho. Sí el más horroroso, pero no el único.
Cuando el gobierno prohíbe a la prensa informar, por ejemplo en el caso del atentado frustrado1 contra el centro de refugiados de Ter Apel en Groningen, en agosto, ¿limita la libertad de informar, por tanto la de expresión? Yo creo que sí. Lo mismo que creo que la amenaza de la ministro Verdonk de procesar a todos los que la comparen con personajes de la dictadura nazi2, es un atentado contra la libertad de expresión.
Cuando la ministro exige retirar de los libreros de las mezquitas algunos libros en los que según se ha enterado se habla mal de los homosexuales3, ¿atenta contra la libertad de expresión?
Pero, si es un delito que se hable mal, digamos, de los judíos, ¿por qué no ha de serlo hablar mal de los musulmanes? ¿Y por qué ha de prohibirse la literatura musulmana, pero no la literatura nazi, o la budista, que se puede adquirir libremente en Holanda? ¿Por qué ha de prohibirse lo que diga un imán en una mezquita, pero no los insultos contra los musulmanes que profiere con cierta regularidad la ministro de Extranjería? ¿Por qué ha de determinarse qué predican los imanes en las mezquitas pero permitir que Van Gogh celebrara públicamente el exterminio de los judíos durante la persecución nazi?
Notas
1 En agosto un niño refugiado en el centro de deportación de Ter Apel encontró un paquete con varias bombas que no llegaron a estallar. Según la policía, de haber explotado puderon haber causado víctimas y daños. Hasta el momento nadie ha sido detenido. Tampoco salió la gente a la calle a protestar. El gobierno prohibió a la prensa informar sobre el asunto y la prensa obedeció. La opinión pública recién se enteró a fines de agosto.
2 La ministro Verdonk quería introducir, como digo en el texto, un sistema de medición del grado de integración de los extranjeros. Debían todos portar una libreta de puntajes. Muchos holandeses compararon el plan con medidas similares a las de los nazis. De ahí las amenazas. El plan fue abandonado en su momento, pero la ministro ha vuelto a insistir en aplicarlo bajo otro nombre. Hay que agregar que la opinión de que los extranjeros no están integrados ha sido desmentida por todos los estudios existentes, incluyendo el de la comisión parlamentaria. La ministro, que no es conocida exactamente por sus luces ni maneras, rechazó esas conclusiones y sigue insistiendo hasta el día de hoy en que a los extranjeros hay que integrarlos. No se sabe a qué.
3 El libro en cuestión citaba de un viejo texto árabe del siglo 14. Así, la ministro pretende prohibir los estudios de la literatura antigua. Pero no ha amenazado con prohibir los estudios bíblicos, donde referencias semejantes sobre los homosexuales son igual de abundantes y odiosas.
El Asesinato De Van Gogh 2: La Hija De Hitler'
A este ambiente de odio ha contribuido sobre todo el gobierno. A su cabeza, la ministro de Extranjería, a la que el pueblo de la calle llama en Amsterdam la hija de Hitler'.
La hija de Hitler ha tenido éxito con su campaña de odio: ha logrado la deportación de 26.000 refugiados, la mayoría de ellos provenientes de países como Iraq, Somalia, Bosnia. Musulmanes. Ha implementado un plan en gran parte ilegal que hace prácticamente imposible que lleguen al país inmigrantes de países musulmanes y/o del tercer mundo. Ha creado un estúpido sistema de integración, rechazado ampliamente por extranjeros y holandeses por igual. Ha implantado un régimen de arbitrariedad y falsedad, rechazando por ejemplo las conclusiones de investigaciones parlamentarias y científicas cuando no concuerdan con sus limitadas y preconcebidas ideas, e ignorado resoluciones judiciales en casos de juicios sobre refugiados. Ha intentado obligar a los extranjeros a llevar consigo una libreta con sus puntajes de integración -como los nazis obligaron a llevar la estrella amarilla a los judíos. Últimamente, la hija de Hitler ha decretado una ley que dificulta -lo hace imposible, de hecho- el matrimonio con parejas provenientes de países musulmanes y/o del tercer mundo.
La hija de Hitler ha llenado de odio y de veneno a la sociedad holandesa, transformándola de tolerante en estúpida e intransigente. La ha alejado cada vez más de los valores que conocemos como occidentales y acercado a lo que los nazis llamaban civilización en los años treinta y cuarenta del siglo pasado.
Este gobierno holandés, que dura una amarga infinidad de años, está transformando a Holanda en una farsa macabra donde se llama integración a la exclusión, tolerancia al desprecio, libertad a la opresión y donde se celebra y recompensa la estupidez y la falta de inteligencia. El país amenaza con descender poco a poco hacia lo más oscuro de sus atávicas lealtades teutonas.
Se hace necesario que Europa tome cartas en el asunto para impedir que Holanda se aparte del mundo civilizado.
El Odio Mató A Van Gogh
Es en este clima de odio que mataron a Van Gogh. A Van Gogh le gustaba provocar. Le llamaban el provocador intransigente'. Nosotros en este mundo no creemos que se pueda matar a alguien por decir algo. Tampoco que se pueda encarcelar a alguien por decir algo. O deportar a alguien por decir algo.
Pero ya la hija de Hitler ha amenazado con encarcelar a los que la comparen con los nazis. Y deportar a los que prediquen el odio.
Ella predica el odio. ¿Qué medidas tomará contra sí misma? ¿Se deportará a sí misma?
No creemos que alguien merezca la muerte por escribir un libro o hacer una película. En parte es porque vivimos en una época en que confinamos a la literatura a los personajes literarios. Nuestros dioses viven en el papel. No nos hiere terriblemente que hablen mal de nuestros dioses.
No sé qué dirán los lectores de la Biblia, pero a mí no me afecta realmente que insulten a mi Virgen María, ni a mi José, ni a mi Isidro. Pero sí sé de gente que se ofuscaría hasta el punto de cometer un crimen. Y algunos los han cometido y han agredido y matado a los que consideran infieles -por ejemplo, a activistas en pro del derecho a decidir, a doctores que practicaban el aborto, a gente que quiso ver la película La última tentación de Cristo'.
Por ejemplo, sé que muchos holandeses se matan de la risa de mi enorme colección de dioses pequeños -santos- y vírgenes. Hay también escritores holandeses que ridiculizan mis obsesiones culturales con la muerte o la sangre o los corazones, ridiculizan mis santos a caballo y mis santas con ojos que echan rayos, y ridiculizan mis vírgenes rodeadas de flores y mis curas que me escuchan mis pecados -Gerard Reve, por ejemplo, que es quizás el más grande escritor holandés. Pero no me ofende.
Yo también los insulto a mi manera. Les digo que su protestantismo no es más que un disfraz de sus dioses germanos. Que su Dios se parece más a Wotan que al mío. Y también les digo que sus libros -la Biblia entre ellos- fueron escritos por criminales y tarados mentales. También les digo que tienen dioses de nombres impronunciables.
Lo peor, les digo que no entienden nada de Occidente y que hay que civilizarlos de nuevo.
Nunca he sido golpeado por decir eso. Nos hemos reído mucho todos nosotros. Creo que es porque compartimos la opinión de que, después de todo, son todos personajes de ficción, de libros.
Nadie me va a matar porque diga que me caiga mal la puta de madame Bovary.
¿Por qué alguna gente se toma tan mal las procacidades de Van Gogh?
Creo que es por el contexto. Creo que si Van Gogh, y yo, y Gerard Reve, y mi amigo Said estuviéramos sentados a la mesa hablando de estas cosas y sacando ejemplos de como suele insultarse la gente de diferentes credos, no moriría nadie.
El problema es que no estamos sentados a la mesa. El problema es que el gobierno tiene viviendo en el temor y en la desesperación a mucha gente musulmana. El problema es que el gobierno y su prensa se solazan en insultar cotidianamente a los musulmanes. El problema es que el gobierno aplaude los asesinatos que cometen las tropas norteamericanas en Iraq todos los días. El problema es que tienen tropas en ese país apoyando la invasión de los demonios norteamericanos. El problema es que el gobierno se quiere meter en las mezquitas a humillar a los musulmanes también ahí, su último reducto.
Un chico musulmán decidió vengarse. Y mató a Van Gogh. Y es terrible que lo haya matado, y da rabia, y pena. Pero no es una lucha de civilizaciones, ni está en peligro la libertad de expresión -no más ahora que lo estaba hace un mes, dos años, un siglo, o lo estará mañana, o pasado mañana. La libertad de expresión siempre está en peligro. Está en peligro de que alguien se sienta insultado y te ataque. Y es más fácil que te ataquen si eres grosero y agresivo y gritón como Van Gogh. Es el riesgo de la libertad.
A mí no me gustaba Van Gogh. Y me repugna que Mohammed lo haya matado, y de esa manera tan cruel. Pero el asesinato no tiene nada que ver con los musulmanes, ni con los marroquíes, ni con la integración ni con la libertad de expresión.
Tiene más que ver con el clima de odio, de desprecio, y con el acoso que practica el gobierno. Y el odio que han sembrado las mal llamadas autoridades lo ha cosechado desgraciadamente este intolerante cineasta holandés.
La Sociedad Ideal De Bush
Así, ¿cuál será el ideal de gobierno, de sociedad y de sistema jurídico de los partidarios de Bush? ¿Cómo destilar ese ideal? En ese ideal de sociedad es legítimo atacar e invadir a cualquier país del que el presidente sospeche que es una amenaza directa o remota, sin que importe la veracidad del peligro. Es legítimo apropiarse de los recursos de otros países y entregarlos a sus propios amigos para su explotación. Es legítimo detener a cualquiera y meterlo en prisión sin acusación, sin juicio y sin que el detenido tenga derecho a impugnar su detención ni a un abogado defensor. Es legítimo y hasta bueno que los pobres revienten en la calle, por hambre o enfermedad, y es bueno que las clases bajas y medias paguen más impuestos que los más ricos. Es legítimo que gobierne con leyes secretas. Es legítimo que ignore las resoluciones de los tribunales. Suena absurdo, pero así es. Y es legítimo que decrete que no se le puede investigar, ni a él ni a sus amigos con empresas en Iraq. Es, dice en el decreto, porque una investigación pondría en peligro la seguridad interior.
Ese país que acabo de describir obviamente no es una democracia. No es posible creer en la memez de que Bush quiere hacer de Oriente Medio o del mundo musulmán una sociedad libre. Por lo que parece, lo que quiere hacer Bush es implantar en EEUU una sociedad autocrática cuyo modelo encuentra justamente en esas sociedades que supuestamente quiere reformar. Compárese. ¿En qué tipo de sociedad tiene el presidente cárceles propias y secretas? ¿En qué país puede un presidente ignorar una resolución judicial sin pagar las consecuencias? ¿Dónde conceden los presidentes privilegios y botines de guerra a sus familiares y amigos? ¿En las democracias y monarquías europeas? ¿No será que Ali Babush ha hecho suyo el ideal de Bin Laden, de implantar un califato donde él sea el califa, su hermano el jefe del harén y Cheney el mandamás de los eunucos? De cualquier manera, el ideal de Bush está mucho más cerca de califatos y emiratos y semejantes, que de lo que llamamos democracia.
Los Partidarios De Bush
Llama la atención el crédito extraordinario de que goza el presidente Bush, y ese inmerecido prestigio y el silencio que se guarda sobre su papel como presidente son inquietantes. Por ejemplo, no preocupa a muchos que ganó las elecciones del 2000 por medio de prácticas fraudulentas y por una vergonzosa intervención de la Corte Suprema cuando Bush pidió que se suspendiera el conteo de los votos. Fue una demostración escandalosa de una manera de entender la democracia, que debe ser similar a como un Ali Babá entiende el concepto de propiedad. Más grave es que, siendo la diferencia de votos tan mínima, aún si esa elección hubiese sido legítima, el presidente claramente no tenía el mandato de la ciudadanía para imponer su programa. Sin embargo, siguió adelante como si contase con ese mandato, y con una incompetencia y petulancia abrumadoras, rodeándose de los peores elementos imaginables.
Luego, a pocos de sus partidarios parece preocupar que haya mentido para justificar el ataque contra Iraq ni que haya desechado a la comunidad internacional y los informes profesionales, ahora probadamente correctos, de las agencias de la ONU. No parece evidente que les preocupe a sus partidarios que haya instalado un sistema judicial paralelo, secreto, inconstitucional e ilegal, que permite cosas como la tortura, las detenciones arbitrarias y prolongadas sin que los perseguidos tengan derecho a impugnar su detención ni a una defensa legal. Tampoco les preocupa que haya instalado otro sistema para encubrir el anterior. No les inquieta que conceda contratos para la reconstrucción de Iraq a empresas de sus ministros y senadores. No preocupa que gente como Dick Cheney y otros de su gobierno tengan intereses comerciales en la guerra de Iraq. Tampoco les inquieta aparentemente que haya impedido por decreto que se investiguen las actividades de la empresa de Dick Cheney en Iraq.
No parece preocupar a sus partidarios que no acate las resoluciones ni de la Corte Suprema ni de tribunales. Al contrario, pareciera que todas esas irregularidades les alegran. Y eso causa estupor, incredulidad y temor. Estupor porque se tendería a creer que la primera lealtad de todo demócrata, de izquierda o de derechas, es el respeto de la ley; incredulidad porque no parece posible que el presidente entregue Iraq y el mismo erario americano al pillaje de su familia y amigos mientras los soldados mueren en Iraq por falta de pertrechos y 45 millones de ciudadanos no pueden pagar sus cuidados médicos; y temor, porque si no preocupa a Bush y sus partidarios ni la ley, ni la comunidad internacional, y ni siquiera las normas mínimas de la decencia, ¿adónde se supone que terminará el planeta con semejante equipo de gobierno? Si es re-elegido, Bush creerá que se aplaude su incompetencia, su petulancia, su desprecio de la democracia y su increíble deshonestidad.
¿Ofrece Bush Seguridad?
El retrato de Busch como el político de la seguridad es, para decirlo con generosidad, incoherente. En política exterior propone seguir la guerra, sin un plan coherente o firme de llevarla a un fin ni bueno, ni justo ni pronto. El presidente además ha instalado un sistema judicial y carcelario paralelo, secreto e ilegal. Ha entregado Iraq al pillaje de empresas de sus amigos y asociados. Gobierna por decretos, y algunos de ellos secretos. (En uno de sus últimos prohíbe investigar las empresas de Dick Cheney, pretendiendo que pondría en peligro la seguridad interior). Ha intentado legalizar la tortura. No le interesa que los menos favorecidos revienten en la calle por carecer de medios para acceder a servicios médicos. No acata las resoluciones judiciales. Desprecia las leyes e instituciones internacionales. En todo sentido, el presidente representa la inseguridad, la arbitrariedad, la ilegalidad, la negación de los valores democráticos. Es el gobierno caprichoso de un descerebrado.
Y asusta que sus partidarios ni siquiera respondan con coherencia a estos temores. Dejando el criterio de legitimidad y legalidad de lado, ¿por qué sería bueno tener un sistema judicial con cárceles secretas y detenidos sin los derechos normales de nuestros sistemas jurídicos? ¿Por qué sería bueno admitir que el presidente decida encarcelar indefinidamente a ciertos ciudadanos? ¿Acaso dañaría nuestra seguridad que los acusados fueran llevados a tribunales, contasen con abogados y fuesen detenidos en cárceles normales? Por otro lado, ¿por qué sería bueno, para EEUU y para su economía, que la reconstrucción de Iraq fuese dejada en manos de empresas de amigos del presidente? ¿En qué y cómo beneficia eso a la seguridad de EEUU? ¿Por qué ha de ser un delito investigar las relaciones comerciales de Bush con Cheney o los intereses de Halliburton en Iraq? Son preguntas que sus partidarios sólo tratan de acallar con bulla; no con respuestas civilizadas.
Así, ¿qué imagen nos formamos y se forma el mundo de Bush y lo que representa? Su política exterior no lleva sino a más guerras; una victoria norteamericana eventual en Iraq no significará ni de lejos el fin del terrorismo, que no tiene domicilio ahí. Muy al contrario, puede hacer aún más agobiante la amenaza terrorista. Por otro lado, ¿qué sociedad libre ofrece al mundo árabe? Rechazamos todos la absurda ambición fundamentalista de instalar un califato global. Pero ¿la sociedad que ofrece Bush es acaso mejor? Que siga los pasos de su padre, ¿no es lo mismo que han hecho las sociedades de Oriente Medio durante siglos? Repartir entre parientes y amigos el erario público ¿ no es algo que conocen esas sociedades desde tiempos inmemoriales? Gobernar sin leyes, con cárceles secretas y torturas, ¿no nos son prácticas más conocidas de reinos como el saudí y otros? Gobernar por decretos, y secretos, ¿no es más propio de un emirato que de una democracia?
¿Enemigos Terroristas O Enemigos Patriotas?
¿Se niega EEUU a distinguir en Iraq entre terroristas y patriotas? A veces pareciera que reserva el término terrorista a los partidarios de bin Laden y a los milicianos extranjeros en Iraq. Con ellos no valdrán las Convenciones de Ginebra. Sí serán de aplicación para los milicianos iraquíes que, obviamente, no hagan parte de las células fundamentalistas. Pero la invasión de Iraq abrió una caja de Pandora. Ahora hay un buen montón de fundamentalistas fanáticos, y no todos son amigos entre sí. Encima, están en todo el mundo. Lo peor: se dedican todos con ahínco al terrorismo improvisado, plantando bombas en las calles.
Sin embargo, ninguna solución será posible en Iraq si EEUU no enfatiza la distinción entre terroristas y patriotas. Patriotas somos todos, en su momento. El mismísimo Bush hizo suyos los sentimientos patrióticos, cuando dijo, a los pocos días de la guerra, que a él tampoco le gustaría que le invadieran su país.
Por eso, podemos preguntarnos, si España fuera invadida, digamos por Francia, acusando a su gobierno de refugiar a terroristas; si el gobierno fuera derrocado y se instalase uno nuevo con colaboradores españoles de los franceses, y surgiese un movimiento de resistencia a la ocupación, ¿nos uniríamos a ese movimiento? Yo, sí. ¿Tomaríamos las armas y dispararíamos contra soldados o funcionarios franceses? Otra vez, sí. ¿Seríamos capaces de atacar un cuartel francés con bombas y morteros? Obviamente, sí. Nos gustaría tener bombas que en lugar de causar la neutralización del enemigo en un radio de 3 metros, lo neutralizara o matara en un radio de 20 metros? A mí, sí. ¿Atacaríamos y secuestraríamos a los españoles que colaboren con los franceses? Sin muchas dudas. ¿Viajaríamos de incógnito a París y pondríamos una bomba en el Parlamento que ha autorizado esos ataques contra nuestro país? Para muchos, sería un honor. ¿Somos terroristas o patriotas?
Si las tropas francesas quisieran llegar a un acuerdo con la resistencia y pidieran una tregua para iniciar negociaciones, ¿lo aceptaríamos? Yo, sí, pero a condición de que el tema central de esas negociaciones fuera la retirada de las tropas de ocupación. Si los franceses dijeran, digamos, que no pueden retirarse en un plazo de un año por razones técnicas, ¿lo aceptaríamos? Yo, sí, a condición de que se desplegasen tropas de otros países elegidos por nuestra resistencia en conjunto con los franceses para que vigilasen el cumplimiento de las condiciones de la tregua. Si entretanto se hubiese formado un movimiento fundamentalista español que odiase a los franceses por considerarles descendientes de las coles y se dedicara a matarlos, a ellos y otros extranjeros por la misma o similares razones, porque en su ideología matar a un extranjero especialmente francés les otorgara puntos para entrar a un cielo de vírgenes españolas de fogosos ojos negros, ¿los eliminaríamos o entregaríamos a los franceses? Creo que los más sabios de entre nosotros aceptaríamos un trato así o semejante. ¿Somos terroristas o patriotas?
Para ser patriota hay que tener una patria que defender. Los iraquíes tienen una. Se llama Iraq. Para los terroristas, en cambio, es un accidente oportuno.
Ali Babush, Presidente
Para muchos es difícil darse cuenta de la tragedia que significa Bush para Estados Unidos y el mundo libre. Bush es un delincuente. Distorsiona de manera grotesca todos los principios fundacionales de nuestra civilización. Ha elevado a política de estado la tortura y el asesinato. Ha creado un sistema judicial paralelo y secreto, controlado sólo por él y sus cómplices. Ha transformado en ley las detenciones arbitrarias, la denegación de derechos, las condenas secretas, sin el control de los tribunales ni de ningún organismo de control. Ha entregado Iraq al pillaje de su familia, de sus ministros, de sus senadores y diputados republicanos. Ahora se acaba de descubrir que a los pocos días de constatarse la desaparición de 4.000 millones de dólares de la cuenta del pueblo iraquí' en el Banco Central norteamericano, firmó un decreto en el que se prohíbe la investigación de la desaparición de esos fondos como una amenaza de la seguridad interior.
Al mismo tiempo, envía a los soldados y reservistas al campo de batalla sin los materiales y equipos necesarios. Muchas de las bajas provocadas por los atentados con bombas improvisadas se pueden atribuir directamente al hecho de que muchos de los vehículos militares carecen de blindaje.
Ayer informaba el New York Times que muchas familias han enviado chalecos antibala modernos a sus hijos en Iraq, así como láminas de acero para que protejan sus vehículos, porque el Ejército no lo hace. Al mismo tiempo, apenas la semana pasada, se descubría que la compañía de su vice-delincuente (perdón, vice-presidente) ha estafado al Ejército con facturas infladas por varios cientos de millones de dólares.
La codicia rompe el saco, pero no ha logrado romper el velo que impide que la opinión pública tome conciencia cabal de lo que significa. El presidente Bush es un ladrón, un ali babush moderno, un emperador calato, mal encarado y vulgar que desde su caverna en la colina del Capitolio nos divertirá tocando country mientras el planeta arde.
Llama la atención el crédito extraordinario de que goza el presidente Bush, y ese inmerecido prestigio y el silencio que se guarda sobre su papel como presidente son inquietantes. Por ejemplo, no preocupa a muchos que ganó las elecciones del 2000 por medio de prácticas fraudulentas y por una vergonzosa intervención de la Corte Suprema cuando Bush pidió que se suspendiera el conteo de los votos. Fue una demostración escandalosa de una manera de entender la democracia, que debe ser similar a como un Ali Babá entiende el concepto de propiedad. Más grave es que, siendo la diferencia de votos tan mínima, aún si esa elección hubiese sido legítima, el presidente claramente no tenía el mandato de la ciudadanía para imponer su programa. Sin embargo, siguió adelante como si contase con ese mandato, y con una incompetencia y petulancia abrumadoras, rodeándose de los peores elementos imaginables.
Luego, a pocos de sus partidarios parece preocupar que haya mentido para justificar el ataque contra Iraq ni que haya desechado a la comunidad internacional y los informes profesionales, ahora probadamente correctos, de las agencias de la ONU. No parece evidente que les preocupe a sus partidarios que haya instalado un sistema judicial paralelo, secreto, inconstitucional e ilegal, que permite cosas como la tortura, las detenciones arbitrarias y prolongadas sin que los perseguidos tengan derecho a impugnar su detención ni a una defensa legal. Tampoco les preocupa que haya instalado otro sistema para encubrir el anterior. No les inquieta que conceda contratos para la reconstrucción de Iraq a empresas de sus ministros y senadores. No preocupa que gente como Dick Cheney y otros de su gobierno tengan intereses comerciales en la guerra de Iraq. Tampoco les inquieta aparentemente que haya impedido por decreto que se investiguen las actividades de la empresa de Dick Cheney en Iraq.
No parece preocupar a sus partidarios que no acate las resoluciones ni de la Corte Suprema ni de tribunales. Al contrario, pareciera que todas esas irregularidades les alegran. Y eso causa estupor, incredulidad y temor. Estupor porque se tendería a creer que la primera lealtad de todo demócrata, de izquierda o de derechas, es el respeto de la ley; incredulidad porque no parece posible que el presidente entregue Iraq y el mismo erario americano al pillaje de su familia y amigos mientras los soldados mueren en Iraq por falta de pertrechos y 45 millones de ciudadanos no pueden pagar sus cuidados médicos; y temor, porque si no preocupa a Bush y sus partidarios ni la ley, ni la comunidad internacional, y ni siquiera las normas mínimas de la decencia, ¿adónde se supone que terminará el planeta con semejante equipo de gobierno? Si es re-elegido, Bush creerá que se aplaude su incompetencia, su petulancia, su desprecio de la democracia y su increíble deshonestidad.
¿Ofrece Bush Seguridad?
Y asusta que sus partidarios ni siquiera respondan con coherencia a estos temores. Dejando el criterio de legitimidad y legalidad de lado, ¿por qué sería bueno tener un sistema judicial con cárceles secretas y detenidos sin los derechos normales de nuestros sistemas jurídicos? ¿Por qué sería bueno admitir que el presidente decida encarcelar indefinidamente a ciertos ciudadanos? ¿Acaso dañaría nuestra seguridad que los acusados fueran llevados a tribunales, contasen con abogados y fuesen detenidos en cárceles normales? Por otro lado, ¿por qué sería bueno, para EEUU y para su economía, que la reconstrucción de Iraq fuese dejada en manos de empresas de amigos del presidente? ¿En qué y cómo beneficia eso a la seguridad de EEUU? ¿Por qué ha de ser un delito investigar las relaciones comerciales de Bush con Cheney o los intereses de Halliburton en Iraq? Son preguntas que sus partidarios sólo tratan de acallar con bulla; no con respuestas civilizadas.
Así, ¿qué imagen nos formamos y se forma el mundo de Bush y lo que representa? Su política exterior no lleva sino a más guerras; una victoria norteamericana eventual en Iraq no significará ni de lejos el fin del terrorismo, que no tiene domicilio ahí. Muy al contrario, puede hacer aún más agobiante la amenaza terrorista. Por otro lado, ¿qué sociedad libre ofrece al mundo árabe? Rechazamos todos la absurda ambición fundamentalista de instalar un califato global. Pero ¿la sociedad que ofrece Bush es acaso mejor? Que siga los pasos de su padre, ¿no es lo mismo que han hecho las sociedades de Oriente Medio durante siglos? Repartir entre parientes y amigos el erario público ¿ no es algo que conocen esas sociedades desde tiempos inmemoriales? Gobernar sin leyes, con cárceles secretas y torturas, ¿no nos son prácticas más conocidas de reinos como el saudí y otros? Gobernar por decretos, y secretos, ¿no es más propio de un emirato que de una democracia?
¿Enemigos Terroristas O Enemigos Patriotas?
Sin embargo, ninguna solución será posible en Iraq si EEUU no enfatiza la distinción entre terroristas y patriotas. Patriotas somos todos, en su momento. El mismísimo Bush hizo suyos los sentimientos patrióticos, cuando dijo, a los pocos días de la guerra, que a él tampoco le gustaría que le invadieran su país.
Por eso, podemos preguntarnos, si España fuera invadida, digamos por Francia, acusando a su gobierno de refugiar a terroristas; si el gobierno fuera derrocado y se instalase uno nuevo con colaboradores españoles de los franceses, y surgiese un movimiento de resistencia a la ocupación, ¿nos uniríamos a ese movimiento? Yo, sí. ¿Tomaríamos las armas y dispararíamos contra soldados o funcionarios franceses? Otra vez, sí. ¿Seríamos capaces de atacar un cuartel francés con bombas y morteros? Obviamente, sí. Nos gustaría tener bombas que en lugar de causar la neutralización del enemigo en un radio de 3 metros, lo neutralizara o matara en un radio de 20 metros? A mí, sí. ¿Atacaríamos y secuestraríamos a los españoles que colaboren con los franceses? Sin muchas dudas. ¿Viajaríamos de incógnito a París y pondríamos una bomba en el Parlamento que ha autorizado esos ataques contra nuestro país? Para muchos, sería un honor. ¿Somos terroristas o patriotas?
Si las tropas francesas quisieran llegar a un acuerdo con la resistencia y pidieran una tregua para iniciar negociaciones, ¿lo aceptaríamos? Yo, sí, pero a condición de que el tema central de esas negociaciones fuera la retirada de las tropas de ocupación. Si los franceses dijeran, digamos, que no pueden retirarse en un plazo de un año por razones técnicas, ¿lo aceptaríamos? Yo, sí, a condición de que se desplegasen tropas de otros países elegidos por nuestra resistencia en conjunto con los franceses para que vigilasen el cumplimiento de las condiciones de la tregua. Si entretanto se hubiese formado un movimiento fundamentalista español que odiase a los franceses por considerarles descendientes de las coles y se dedicara a matarlos, a ellos y otros extranjeros por la misma o similares razones, porque en su ideología matar a un extranjero especialmente francés les otorgara puntos para entrar a un cielo de vírgenes españolas de fogosos ojos negros, ¿los eliminaríamos o entregaríamos a los franceses? Creo que los más sabios de entre nosotros aceptaríamos un trato así o semejante. ¿Somos terroristas o patriotas?
Para ser patriota hay que tener una patria que defender. Los iraquíes tienen una. Se llama Iraq. Para los terroristas, en cambio, es un accidente oportuno.
Ali Babush, Presidente
Al mismo tiempo, envía a los soldados y reservistas al campo de batalla sin los materiales y equipos necesarios. Muchas de las bajas provocadas por los atentados con bombas improvisadas se pueden atribuir directamente al hecho de que muchos de los vehículos militares carecen de blindaje.
Ayer informaba el New York Times que muchas familias han enviado chalecos antibala modernos a sus hijos en Iraq, así como láminas de acero para que protejan sus vehículos, porque el Ejército no lo hace. Al mismo tiempo, apenas la semana pasada, se descubría que la compañía de su vice-delincuente (perdón, vice-presidente) ha estafado al Ejército con facturas infladas por varios cientos de millones de dólares.
La codicia rompe el saco, pero no ha logrado romper el velo que impide que la opinión pública tome conciencia cabal de lo que significa. El presidente Bush es un ladrón, un ali babush moderno, un emperador calato, mal encarado y vulgar que desde su caverna en la colina del Capitolio nos divertirá tocando country mientras el planeta arde.