Van Gogh, Terrorismo Y Estado De Derecho
En medio de la histeria y de la manipulación, las reflexiones de Francesc de Carreras son un oasis de la razón. También lo vienen diciendo destacados políticos y juristas holandeses, como el antiguo alcalde de Amsterdam, van Thijn, y el ministro del Interior (1995), Dijkstal, que afirma que la mayor amenaza para Holanda ahora son los políticos del gobierno, empeñados en aprobar un régimen aparte para los musulmanes, apartándose así del estado de derecho y de "la civilización" (http://blogia.com/mqh/index.php?idarticulo=200411117 ) . Más aun, teme que se alcance una mayoría en el Parlamento y se instaure una tiranía fascista como en Alemania en 1933 (http://blogia.com/mqh/index.php?idarticulo=200411139).Que mucha gente en el país advierte este horrendo, pero no impensable peligro lo demuestra el hecho de que muchas organizaciones judías, de sobrevivientes y víctimas del Holocausto, están colaborando con grupos musulmanes para prestarles asistencia legal y defenderse del acoso del estado.
Para poner este asesinato de van Gogh en su contexto, debe tomarse en cuenta que desde principios de siglo se viene aplicando un programa de segregación oficial de la minoría musulmana, llegando al punto de que el estado les obstaculiza y en muchos casos impide la vida familiar, separando a padres de hijos y a parejas amparándose en leyes recientes que ponen inconmensurables trabas a la reunificación familiar. Por ejemplo. También debe tomarse en cuenta que grupos de extrema derecha vienen amenazando y agrediendo a políticos demócratas, especialmente en las provincias aledañas con Alemania, al menos desde el 2000. Y que se ha atentado también contra políticos de extrema derecha ya antes del asesinato de Fortuyn, y después: este mismo año se atentó sin éxito contra el jefe parlamentario del VVD (hoy de extrema derecha) y se detuvo a una persona que aparentemente quería asesinar a la ministro Verdonk, encargada del plan de deportaciones.
Lo que hay pues es un gobierno de centro-extrema derecha que viene instalando un régimen tiránico fuertemente anti-popular y xenófobo. (Entiéndase que en Holanda las llamadas clases populares las componen, en su gran mayoría, extranjeros). La capacidad de acción de la ciudadanía contra el gobierno es muy limitada, en razón de su mayoría parlamentaria y debido a la silenciosa complacencia de los partidos de izquierda. La población obrera y extranjera está desprotegida. Agréguese a esto que el gobierno, autoritario, se niega a cumplir resoluciones judiciales. Refugiados que han ganado sus casos en tribunales han sido de todos modos expulsados y jueces y abogados no saben ya a qué o quién recurrir para que el gobierno acate la ley y respete al poder judicial. Peor, el gobierno ha reaccionado ayer con una investigación policial de consecuencias imprevisibles sobre lo que considera delito de "desprestigio de instituciones del estado" que amordazará definitivamente a periodistas y abogados.
Modelo Multicultural Y Terrorismo
Es erróneo creer que el modelo holandés multicultural y la integración extranjera han fracasado. Están a mal debido a la intervención del gobierno y sus planes para desmantelarlo. Debe tenerse en cuenta que la comisión Blok concluyó en 2003 que los extranjeros están bien integrados y que los mayores obstáculos a su plena integración eran las políticas de exclusión del estado y la discriminación en la sociedad. El gobierno rechazó estas conclusiones e instaló un nuevo ministerio de Integración, a cuyo cargo puso a una ex guardia de prisiones, la llamada hija de Hitler'. Este gobierno canceló prácticamente todos los subsidios a instituciones culturales extranjeras, al mismo tiempo que creó un centro de estudios del cabecilla fascista Fortuyn, asesinado en 2002. Y ha puesto en práctica una serie de medias anti-populares (anti-obreras, por tanto anti-extranjeras) que afectan principalmente a las minorías, como el desmantelamiento de proyectos de empleo municipales, que dejó en la calle a varias decenas de miles de trabajadores extranjeros.
No es el modelo multicultural el fracasado. Es simplemente un gobierno dominado por los fascistas y otros elementos todavía más extremistas que decidió deshacerse de los extranjeros. Consíderese por ejemplo que la hija de Hitler' ha decretado la expulsión de 26 mil refugiados mayormente de países musulmanes y ha aprobado un plan de importación de trabajadores polacos, a los que considera más cercanos culturalmente, en violación de las leyes de asilo y europeas. No es necesario seguir engañándonos: el gobierno holandés pretende remplazar a los árabes por poblaciones blancas de la antigua Europa del Este. Para esto necesita crear un clima de tensión que justifique a sus ojos medidas más duras contra los musulmanes. Al mismo tiempo, ha introducido leyes aberrantes que permiten la detención indefinida sin cargos de acusados y opositores, usando como prueba testimonios anónimos de agentes y ciudadanos y desempolvando una ley que permite encerrarlos en hospitales psiquiátricos, como en las antiguas dictaduras comunistas.
¿Se Debe Aterrorizar Para Terminar Con El Terror?
Estos políticos de una repugnante inmoralidad están desmantelando todos los logros de la democracia europea. Y cuentan lamentablemente con el apoyo de otros gobiernos europeos. En Holanda, por ejemplo, se ha aprobado una ley que permite a los jueces considerar como pruebas en un proceso las declaraciones anónimas de policías, espías y ciudadanos. Visto que hay controles supuestamente estrictos de estas declaraciones, parecería que la probidad y honestidad policiales serán suficiente garantía. Pero ¿cómo confiar en cuerpos policiales y de inteligencia dominados por elementos de extrema derecha? Reina en ellos la incompetencia y la deshonestidad (http://blogia.com/mqh/index.php?idarticulo=200411186). Sus jefes -empezando por los ministros- y analistas son militantes de extrema derecha. ¿Qué garantía se puede humanamente esperar de semejante plantel? Dentro de poco se estará hablando de amurallar los barrios de mayoría musulmana y controlar con policía militar quién entra y sale de ellos.
Nunca se pensó antes que llegaríamos a una situación en que tendríamos tiranías en democracia -un régimen de leyes y controles excepcional para grupos específicos de la población, amparándose en la constatación de que hay grupos terroristas musulmanes sueltos por el planeta. Así pensaron los nazis cuando iniciaron sus políticas de acoso de la población judía. (En Holanda, numerosas asociaciones judías están ayudando a los musulmanes a defenderse del apartheid del estado).La incompetencia policial no debiese servir de pretexto para medidas excepcionales innecesarias y contraproducentes. Lo último porque mientras más medidas de acoso se implementen, más grande será el peligro de una justificada reacción. Piénsese además que estas medidas afectarán poco a poco a toda la población. Y hay mucha gente de bien que no permitirá una re-edición de regímenes xenófobos como el alemán del siglo pasado. Pero, sobre todo, sólo un tarado maligno puede creer que se puede detener el terror aterrorizando.
Dónde Están Los Graves Conflictos Xenófobos
Para comenzar, no hay graves conflictos xenófobos en Holanda. Ha habido en los últimos cuatro o cinco años numerosos atentados contra mezquitas, que se han intensificado en las últimas semanas. Según la policía, son acciones organizadas y coordinadas de grupos de extrema derecha. Estos grupos, que el gobierno no considera terroristas (sus acciones son calificadas de "activismo políticos violento"), han gozado tradicionalmente de impunidad. No ha habido ningún caso de violencia espontánea contra mezquitas o templos. Y toda la última ola de atentados empezó después de que el ministro del Interior llamara a la guerra contra el terrorismo musulmán. Sí hay amenazas, contra políticos, también musulmanes. Pero debe tomarse en cuenta que parte de estas amenazas son fabricadas: por ejemplo, el presidente del partido fascista LPF, que escribió cartas de amenazas firmándolas como si fuera un grupo terrorista musulmán. (Renunció al partido; sus colegas diputados siguen en el Parlamento).
Este clima de tensión ha sido y es alentado por el gobierno. Ha de preguntarse cuántas de estas mezquitas hubieran sido quemadas si el gobierno hubiese resuelto perseguir y acabar con los terroristas blancos antes del asesinato de van Gogh. Y si hubiese puesto mordaza a estos grupos, que actúan en completa libertad, y tras las rejas a sus cabecillas. En este sentido, policía y servicio secreto han mostrado una terrible incompetencia. Y cuántas mezquitas no hubieran sido quemadas si ese ministro no hubiese llamado a sus partidarios a hacer la guerra. Los holandeses no son estúpidos como para creer -como sus gobernantes- que esta es una guerra entre moros y nativos. El gobierno viene implementando un sistema aparte para los árabes desde hace varios años, como ya sido señalado por observadores extranjeros. Y este sistema es probablemente el mejor caldo de cultivo del terrorismo -no solamente moro, ya que Fortuyn fue asesinado por un holandés, y contra van Aartsen atentó una abogado holandesa.
En Holanda se está instalando una tiranía fascista. En Holanda se imponen impuestos especiales a los inmigrantes árabes y del tercer mundo; se imposibilita su vida familiar, dificultando vía tarifas abusivas de varios miles de euros la reunificación familiar; se acaba de decretar una ley que exige que un inmigrante gane 120% del salario mínimo si quiere casarse con una pareja de un país del tercer mundo, exigencia que no se aplica a otros. El gobierno prosigue una política sistemática de acoso y humillación de los musulmanes, y extracción casi forzosa de recursos para el estado. No por nada el ex ministro del Interior Hans Dijkstal ha dicho que la principal amenaza para Holanda es su propio gobierno (http://blogia.com/mqh/index.php?idarticulo=200411139). La continuada discriminación y segregación se ha enlazado con el terrorismo islámico, pero no hay una relación intrínseca entre las dos cosas. Quien no lo entienda, no entenderá por qué son holandeses los autores de otros atentados.
El Payaso Fascista
¿Por qué miente el payaso? En realidad, no le interesa el diálogo. Su primitivismo lo hace creer que los gritos y la fuerza bruta son criterios válidos en la vida política. Defiende la inmoralidad y la cobardía. Le repugna lo que se llama la corrección política. Quiere institucionalizar el odio. Todos somos sus enemigos. Desprecia la moral y las leyes. Considera la democracia y la civilización como debilidades. El diálogo y la democracia son meras herramientas para él. Así, pretenderá que la democracia es sólo un sistema de votación sin relación con principios morales. "Queremos un referéndum", dice. "Vamos a votar si echamos a los moros". El payaso no advierte que esa proposición es inmoral e inaceptable. El payaso culpa a los judíos, no a Hitler. No le interesa que sea inmoral. Mejor aún: mientras más estúpidas y arbitrarias sus medidas, más demuestra su poder sobre sus víctimas. "Que lleven medialunas clavadas en sus ropas", grita el payaso anti-musulmán. "Así sabremos dónde están".
En Holanda se está instalando, desde el año 2002, un régimen aparte para los árabes. "Mentira", dice el payaso. En este sistema se obstaculiza la vida familiar de los musulmanes y otros del tercer mundo. Dirá nuevamente: "Mentira". O quizás: "Se lo merecen". Los dos argumentos le parecen válidos al mismo tiempo. El mismo payaso grita: "Fortuyn no era fascista". Si le preguntáis por qué, dirá: "Porque mucha gente votó por él". Vaya lógica. El coco no le da para más. Gritará el payaso: "En Holanda no hay fascismo. ¡Mi abuelo era de la resistencia!" Otra muestra de su lógica. Si le decís que la policía de Amsterdam colaboró con los nazis y que no se la purgó nunca, os dirá: "¡Mentira!". El fascista no busca dialogar. Se siente fuerte machacando. Y quiere que lo aplaudamos por su cobardía y vileza. Sabe que es irracional. Para él, que aceptemos su irracionalidad equivale a un triunfo. Por eso hay que combatirlo, con las leyes, con la razón y con todos nuestros santos y vírgenes.
En Holanda No Hay Tensiones Culturales
Qué imaginación. En Holanda no hay violentos choques interculturales. Ha habido en las últimas tres semanas un grave aumento de atentados sobre todo contra mezquitas. No sabe el autor que la policía ha concluido que se trata de una acción coordinada de grupos fascistas y neo-nazis, que también han atentado contra iglesias, escuelas, centros de refugiados y sedes municipales. Estos grupos vienen atentando contra mezquitas y escuelas particularmente desde 2000. Un último atentado grave, con bomba, frustrado, ocurrió en agosto, durante el día. La policía no persigue casi a estos grupos. Según asesores del gobierno, esos grupos -que no han causado víctimas por casualidad- no son terroristas y califican esos atentados como "activismo político violento". Son los grupos en realidad a los que el ministro del Interior y políticos de extrema derecha llaman "la ciudadanía", afirmando que sus atentados son expresión de "furia popular", rechazando las conclusiones de la propia policía.
También debe corregirse que la película de van Gogh no fue exactamente una creación espontánea del cineasta, sino un encargo del ministro del Interior, que aprobó la película para su emisión por red nacional. El corto tenía claramente intenciones políticas. Muchas de las amenazas son fabricadas por los propios grupos de extrema derecha, como resultó ser la amenaza terrorista contra el partido de Fortuyn, que fue escrita por su propio presidente y que le valieron diez días de cárcel. Pero, además, estas amenazas son en su gran mayoría intervenciones en la red, donde son características y no suponen nada serio, como lo demostrarán las numerosas amenazas e insultos en este mismo espacio de foros. El asesinato de van Gogh y los atentados contra mezquitas están siendo manipulados para afianzar un régimen de segregación de la población musulmana, que se viene implementando desde hace años, como ya ha empezado a informar alguna prensa (http://blogia.com/mqh/index.php?idarticulo=200411226).
Inquieta ver cómo columnistas y otros de los que se piensa que son mínimamente serios ceden a una enfermiza imaginación y dan rienda suelta a su odio, torciendo e inventándose los hechos. No son ciertamente los moros los que han matado a van Gogh, sino un señor llamado Mohamed; lo mismo que quien mató al cabecilla fascista Fortuyn no fueron los holandeses, sino un señor llamado Volkert van der G. Y la abogado holandesa que intentó asesinar a van Aartsen (del VVD, el principal partido detrás del odio) tampoco es musulmana. La policía y servicio secreto han dado muestras de una increíble incompetencia y ineficiencia, lo que no sorprenderá si se considera que la hija de Hitler' (la ministro de Extranjería), ex guardia de prisiones y ex jefe del servicio secreto, dejó el servicio lleno de jefes y analistas de extrema derecha. En Holanda el mayor peligro no es el terrorismo musulmán, que se resolverá obviamente policialmente, sino el apartheid al que el gobierno está sometiendo a los moros.
El Odio Como Factor De La Historia
Dialogar con la extrema derecha es a menudo un diálogo de sordos. ¿Por qué? ¿Solamente porque no usamos los mismos criterios para analizar la realidad? Por ejemplo: según informes policiales, los atentados contra mezquitas de los últimos años, incluyendo los de las últimas semanas en Holanda, son obra de grupos organizados y coordinados de extrema derecha. ¿Por qué pues insisten algunos en que son expresión de una "indignación popular"? Esos atentados no son actos espontáneos. ¿Por qué entonces esa insistencia, que lleva al gobierno a desmentir a su propia policía? ¿Sabe más que la policía? La conclusión que se impondría, razonablemente, a los interlocutores, sería que las conclusiones del gobierno son erróneas o, en el peor de los casos, manipuladas. Pero nuestro rival de extrema no acepta esta conclusión. ¿Por qué no? Por un lado, no le conviene; lo que le conviene es que esos atentados sean actos espontáneos de grupos no organizados para poder decir que la ciudadanía se toma la justicia en sus manos.
Obviamente, el paso siguiente es que como no es normal que los ciudadanos se echen a la calle a hacer justicia, debe la policía encargarse del asunto y para ello necesita más poderes y atribuciones. Por otro lado, si se aceptara la conclusión de la policía, de que son actos organizados y coordinados de terrorismo blanco, habría justamente que encargarla de reprimirlos y acabar con ellos. Y esto no lo querrán hacer, ya que les consideran ´ciudadanía´. Hasta tal punto, que esos actos de terror no son considerados terroristas, sino "actos de violencia política" (según el Instituto Neerlandés de Relaciones Internacionales). Así, si la policía recibe más poderes no será para combatir este terrorismo, sino al grupo que el gobierno (escudándose en los actos de "indignación popular") culpa de originarlo, o sea, a las víctimas precisamente de ese terrorismo. Como se ve, es un tipo de pensamiento reacio a una sana y natural lógica.
Ahora, ¿por qué habría de reprimirse a las víctimas del terror blanco? Porque, dirían, son ellas las que han provocado los actos terroristas musulmanes. Esto, naturalmente, vuelve a desdecir las pesquisas policiales, que señalan que estos grupos vienen cometiendo actos de terror antes de que tuviesen lugar los actos terroristas musulmanes -antes que el asesinato de van Gogh. Pero, sigamos: ¿por qué sería culpable la cultura mora del asesinato de un individuo? Porque, responde el fanático, la cultura mora prescribe el crimen. Esto, naturalmente, es un absurdo y una falsedad. Y encima contradice todos nuestros principios jurídicos y éticos, y hasta nuestra epistemología. (Que el asesino de Fortuyn sea holandés no implica que todos los holandeses sean criminales). Pero al extremista no le interesa nada de esto. En realidad, para él mismo el diálogo no es más que una pérdida de tiempo, un artilugio para meter baza. Los criterios con que juzgamos las cosas no le interesan.
Si La Realidad Niega Sus Conclusiones, Tratará De Cambiarla Para Que Sustente Sus Conclusiones
Su fanatismo le lleva incluso a negar lo que es más evidente, e incluso a desmentir las instituciones en las que confiamos. Si la policía insiste en que se trata de atentados cometidos por terroristas de extrema derecha, entonces o la policía se equivoca o miente o llama terrorismo a lo que no lo es. Este mecanismo mental se observa en otros terrenos. Por ejemplo, el gobierno formó una comisión parlamentaria y científica -la comisión Blok- para investigar la integración de los extranjeros y concluyó 2003 que estaban perfectamente integrados. Las conclusiones fueron rechazadas por el gobierno. No se formó otra comisión para volver a investigar el asunto, sino simplemente se siguió adelante con un plan que estaba preparado ya antes de conocerse las conclusiones de la comisión. En otras palabras, el gobierno simplemente esperaba que la comisión reafirmara sus propósitos.
Pero no fue así. Al fascista no le interesa la realidad del asunto. Las conclusiones de la comisión Blok eran que los principales problemas para la integración lo constituían las prácticas de segregación del estado y la sociedad misma. Si se aceptaban las conclusiones de la comisión, todo el programa de segregación del gobierno tendría que haber sido desechado. Este plan -que se presenta como un plan de integración- es en realidad de un plan de segregación y explotación o expropiación de la población extranjera, llevado a cabo con un lenguaje moderno y encubierto. Por ejemplo: las medidas de restricción de la inmigración afectan particularmente a los extranjeros de países árabes y del tercer mundo, y para hacer encajar su concepción fascista de las cosas, el gobierno utiliza categorías culturalo-raciales en las que, por ejemplo, los japoneses, entre otros, son considerados "occidentales".
Lo mismo las medidas claramente ilegales de restricción de la ley de reunificación familiar. Son tan altas las tarifas que se imponen a esa gente para ingresar al país que la reunificación familiar a la que tienen derecho se transforma simplemente en algo imposible. Lo mismo las nuevas leyes que exigen que los ciudadanos que quieran casarse con parejas de esos países en lista negra deben ganar más que los ciudadanos que no se casen con parejas de esos países -leyes muy similares a las de los nazis. Quien se niega a ver que este es un plan destinado a oprimir y despojar de sus recursos a la población extranjera está ciego. Esta no es una realidad que se pueda ocultar. Poco importa que el gobierno se escude en un lenguaje burocrático obtuso, como hacían igualmente los nazis: las intenciones son claras. Lo han confirmado parlamentarios, grupos de derechos humanos, incluso antiguos políticos, incluyendo al ex ministro del Interior, Dijkstal, y analistas nacionales y extranjeros.
Pero el interlocutor de extrema derecha niega que esto sea realidad. (Y en el caso de Holanda hay que destacar que el objetivo de hacerse con el dinero de los extranjeros es casi explícito; la ministro Verdonk, encargada de este plan, declaró que los ingresos de su Servicio de Inmigración y Naturalización, por concepto de las nuevas leyes y tarifas, son "estructurales" -aunque declaró también que los refugiados expulsados no serían expropiados). Y, si no, argumenta que son medidas necesarias, o que se lo merecen. Pero, claro, el punto de partida de la postura fascista es falso. Para tocar un solo aspecto: la restricción de la reunificación familiar es anterior a los atentados terroristas por grupos musulmanes. Ahora se restringirá aun más este derecho para, según argumenta el fascista, impedir esos atentados. Pero, ¿no nos ha oído? ¿Por qué seguir machacando con una falsedad?
En Un Circo De Débiles Mentales
Con esto vuelvo a mi problema original: es difícil debatir con un fascista, porque no acepta los criterios normales del conocimiento ni de la validez de proposiciones lógicas. En realidad, como digo, el diálogo mismo no le interesa. El argumento fascista no es un argumento propiamente hablando; es simplemente una expresión de odio. Y el fascista utiliza todo argumento, incluso el engaño, la mentira y la falsificación, para dar apariencia de verdad a sus puntos -como lo demuestra el caso del presidente del partido fascista Lista Pim Fortuyn, que escribió cartas de amenaza a parlamentarios, firmándolas como si las hubiese enviado un grupo terrorista musulmán. Los parlamentarios de ese partido exigieron en el Parlamento medidas más duras contra los musulmanes justamente motivándose en las cartas de amenaza que habían recibido. Y hoy, a casi dos semanas de descubrirse el engaño -que le costó diez días de prisión al presidente fascista-, esos parlamentarios siguen utilizando esas cartas de amenazas para hablar del clima de tensión que se viviría en el país. Realmente, es como estar en un circo de débiles mentales.
Creo yo que el fascista simplemente odia. Y trata de ocultar su odio. Aunque cada vez menos, porque el fascista ahora proclama que es malo tener posiciones políticas correctas -como proclamo ayer una parlamentaria del VVD, ese partido cuyas siglas significan Patria, Pueblo y Libertad, que es un conglomerado tan horrendo como el de los ´liberales´ rusos y austriacos, ahora dominado por la extrema derecha. Ser "políticamente correcto" significa en Holanda no incitar al odio contra los musulmanes u otros grupos. Y la parlamentaria rechazaba con cara de asco justamente la corrección política. Ahora el fascista reclama el derecho a mostrar públicamente su odio, y se escuda en lo que llama la libertad de expresión. (Su concepción de esta es también curiosa, porque excluye de este derecho a los musulmanes). Así, como digo, lo que inspira a la extrema derecha es el odio.
El Odio Y La Codicia Y La Incorrección Política
¿De dónde viene este odio? ¿Qué es? Dar respuesta a esta pregunta me atormenta. El odio como factor en la historia no es un asunto que se trate normalmente. Obviamente hay pasión en la historia. Pasión hubo en la historia antigua. También en la moderna. Por ejemplo, hay evidentemente pasión en la guerra de Bush hijo contra Saddam Hussein, el antiguo enemigo de su padre. Pero también el odio está asociado a la codicia. Por eso no es raro que estos programas de odio contra los extranjeros vayan acompañados de medidas cuyo fin es extraer recursos y medios de la población a la que se desprecia: así, los extranjeros deberán pagar impuestos más altos que los nativos y se les extraerá recursos de otros modos -por ejemplo, obligándoles a seguir un curso de integración de varios miles de euros que los cursistas mismos deberán pagar; obligándoles a pagar tarifas extras altísimas, e ilegales en gran parte, si quieren vivir con sus familias, u obtener un documento de residencia oficial. También intentarán los fascistas de disminuir los gastos del estado con esos grupos, tratando de excluirles -como es el caso en Holanda- de los servicios médicos, de vivienda y otros.
Muchas veces los comentaristas de asuntos políticos pasan por alto este punto: el odio. O lo desdeñan, como esa parlamentaria del VVD que predica la "incorrección política", o sea la inmoralidad. Quizás convenga pensar en la significación de los nazis, como la expresión de un odio transformando en una ideología xenófoba. Ese régimen persiguió, oprimió, robó, encarceló, torturó y mató a millones de seres humanos, niños y adultos, hombres y mujeres. Llegó al punto de querer explotar económicamente lo que quedaba de sus víctimas -extrayéndoles los dientes de oro, por ejemplo, y experimentando con su piel y carne para fabricar lámpara y jabones. Esto no es nada imaginario. No es una película. Esto es una imagen del infierno. Los seres humanos que hicieron esto son, en mi opinión, demonios. Ellos y sus jefes son demonios llegados a la Tierra para causar el mal y el dolor de los pueblos de Dios. Son lo que llamamos ´el Mal´ en la Tierra. Este odio -injustificado, innecesario, incomprensible- es el mal propiamente dicho. Y no tiene otro objetivo que causar el mal a otros porque sí -en el menor de los casos, por codicia-, simplemente porque necesita re-afirmarse. (Este mecanismo mental se ve en operación en el ´axioma´: bin Laden ordenó un atentado en Nueva York; bin Laden vive en Afganistán; por tanto, hay que atacar a Iraq). Y porque necesita re-afirmarse, no necesita mayor justificación ni racionalidad. Su odio mismo es su justificación -de ahí el desprecio por la corrección moral y política.
¿Cómo se hace frente al mal? El odio es persistente. Utiliza todos los medios. Su objetivo es implantarse en tanto que tal, en tanto que odio socialmente reconocido como un bien cultural. El fascista quiere que se le rinda tributo según su falta de criterio: porque es más fuerte, porque para el fascista ser fuerte es o debe ser un criterio válido en la vida política; porque quiere, porque querer e imponerse es el punto del fascista, es aquí donde se prueba y demuestra su dominio; porque es blanco -poco le importa en realidad: su definición de lo correcto es siempre arbitraria y cambia bruscamente a cada momento; porque habla su idioma -así castigará y humillará a los que no lo hablen. Será capaz incluso de declararse cristiano, aunque los cristianos son para él también enemigos. Por lo mismo, muchos de sus decretos son arbitrarios y descerebrados: así lo quiere el fascista, quiere demostrar a su víctima que tiene completo dominio sobre ella y obligarla a hacer actos ridículos y humillantes, como llevar una estrella de tela amarilla en la ropa, o cargar con una tarjeta donde se especifica su puntaje desde el punto de vista de la integración, o negar a la víctima el derecho a vestirse como quiera. Poco le importa. Lo que le importa es humillar, y demostrar así su poder y su fuerza. La impunidad, para él, es un logro. Cometer un crimen, y no pagar por ello, el símbolo máximo de su poder.
Para El Fascista El Diálogo Es Una Pérdida De Tiempo
Argumentar con la extrema derecha es así imposible, fundamentalmente porque no le interesa. En realidad, su objetivo es acabar con el diálogo. El diálogo, para el fascista, es un método más para identificar a los que serán sus enemigos. Así, el fascista considera enemigos a todo el que se opone a él. Considera enemigos a los partidarios de la Constitución. Enemigos a los que respetan las leyes -como criticaba un ministro del VVD holandés a otro, despreciándolo públicamente por "preferir el respeto de las leyes antes que la defensa del pueblo holandés" (Remkes, del Interior, a Donner, demócrata-cristiano del CDA). Son enemigos también los que defienden los derechos humanos. Y también son sus enemigos los que defienden la simple y sana lógica. El fascista re-definirá las leyes de modo tal que las mismas acciones sean consideradas delito dependiendo de quien los comete. Es delito, en una reciente ley holandesa "incitar al odio contra las sociedades occidentales". Incitar al odio contra un grupo de la población -los musulmanes, en este caso- no es delito, sino libertad de expresión. Para la extrema derecha, todos somos enemigos.
No hay una fórmula para acabar con el mal. Tendremos que ir tirando. Se pregunta uno cómo es posible que los demócratas hayan dejado que las cosas llegaran tan lejos. Tan lejos en realidad que algunos partidos políticos de centro y de derecha los han admitido en su seno -¿cómo, sino, explicar que haya personas como Verdonk, Remkes, Zalm, van Aartsen, en un partido supuestamente liberal? ¿Cómo es posible que partidos demócratas hayan pactado y gobernado con un partido claramente fascista, como el de Pim Fortuyn? Se piensa que esos partidos no los consideran fascistas, ni peligrosos. Pero es evidente que son ambas cosas, como ya lo tienen en claro -aunque no les llaman así- muchos prohombres de derechas, como el antiguo ministro holandés del Interior. Tan urgente era la necesidad de llegar o mantenerse en el poder, que fueron capaces de unirse con el demonio para ello. ¿Cómo pueden esos partidos haber perdido tanto el norte moral? ¿Es también por ansia de poder y codicia? ¿Por qué han hecho la vista gorda durante años sobre el peligro fascista, sobre los atentados contra mezquitas y extranjeros? ¿Por qué no han tratado, como en Bélgica, de poner trabas legales y otras al desarrollo del fascismo?
Reprimir Al Fascismo
Algunos analistas dicen que, fascistas o no, esos grupos tienen derecho a participar en la vida política porque representan obviamente a una parte de la ciudadanía. Pero este es un punto de vista viciado y carente de ética y de inteligencia. Es evidente que no es razonable permitir la participación en la vida política de grupos e individuos que tienen por fin terminar el sistema político que hace posible justamente su participación. No es inteligente permitir a partidos políticos que ven la democracia como una debilidad y apenas un método, entre otros, para hacerse con el poder. Estos partidos deben ser prohibidos y reprimidos severamente. La democracia como sistema político supone una cierta comunidad de principios morales. Hoy en día, no es posible pensar la democracia como un mero método sin relación alguna con los derechos humanos o con principios morales internacionales europeos que prohíben, por ejemplo, la discriminación. La democracia no es simplemente contar los votos de todos. Si un grupo de la población se manifiesta políticamente contra estos principios, debe ser razonablemente reprimido y excluido de su participación en la vida política. También para defender la democracia hay que tener coraje.
Me temo que aquí un problema grave es que muchos políticos y comentaristas consideran a los fascistas miembros de su propia población. El fascismo les parece una reacción de su propio pueblo. Así, a los ministros holandeses les ha dado con referirse a los grupos terroristas de extrema derecha como "jóvenes exaltados". Sí, son exaltados, como lo son los grupos terroristas musulmanes. Pero a estos últimos el gobierno llama "terroristas internacionales". Pareciera que no les parece grave el terrorismo blanco. ¿Por qué? Ese terrorismo y esa gente es igual o más peligrosa aun que los otros terroristas. ¿Por qué no se les reprime? Aquí llegamos a un terreno de la vida política donde hay cosas inconfesables. El gobierno holandés se sustenta, pero sin admitirlo, en que esos grupos son formados por gente de su misma raza. El gobierno entiende sus motivos. Si lo confesara, el gobierno se excluiría voluntariamente de todo lo que llamamos "valores occidentales". El mal, que nos desprecia, evitará mostrar su verdadera cara. Nos la mostrará cuando sienta seguro.
¿Hay Fascismo En Holanda?
¿Por qué Holanda? ¿Por qué se desarrollaría justamente en Holanda este fascismo moderno? Dar respuesta a esto es mucho más complicado. Un historiador norteamericano, James Kennedy, dice que Holanda sufre un problema de identidad desde julio de 1995, cuando tropas holandesas se rindieron ante los serbios y permitieron que estos asesinaran a sangre fría a 7.800 niños y hombres musulmanes. En esa matanza, las tropas holandesas facilitaron su labor a los serbios separando a hombres de mujeres en los campos. Holanda, supuestamente, no ha podido remontarse de ese golpe a la imagen que tenía de sí misma. Sus soldados eran cobardes. Se hicieron cómplices de un espantoso crimen. Sin embargo, no se les juzgó. El gabinete entonces, en 2002, renunció colectivamente. Así pagó Holanda ese crimen ante la comunidad internacional. Desde entonces tenemos una tiranía fascista en el país. De las elecciones que siguieron a la debacle, surgió el partido fascista LPF, con el que partidos políticos demócratas, pero irresponsables, llegaron incluso a gobernar. Luego, se hicieron con su programa.
Para este cambio de constelación política tiene ingredientes psico-sociales. Pareciera ser que el mecanismo para dar cuenta de ese increíble acto de cobardía y bajeza incluía presentar los acontecimientos de entonces como justificados de algún modo. Así, se dirá que el enclave de Sbrenica era un antro de terroristas. Por lo demás, se dijo también, los serbios eran cristianos; los bosnios, musulmanes. Y ahora los acontecimientos en el mundo, sobre todo los atentados del 11 de septiembre de 2001, vienen a demostrar que se tenía razón: las sociedades musulmanas generan terrorismo. Los holandeses no consideran que la matanza de Sbrenica haya sido un acto de terror. A pesar de ello, la comunidad internacional no tomó medidas contra Holanda. El mundo guardó silencio. Se contentó con la caída del gabinete, que, dicho sea de paso, nada tenía que ver con la inmoral conducta de sus tropas. Este acontecimiento puede considerarse como una capitulación moral. Es el momento en que Holanda empieza a alejarse de lo que llamamos la civilización occidental.
Muchos críticos me han reprochado que niego la historia de Holanda. Que, por ejemplo, Holanda resistió la ocupación nazi. Estoy muy lejos de negar que hubo muchos holandeses que lucharon contra la ocupación. Pero no me olvido que la población colaboró con los alemanes y que ello condujo a que Holanda exterminara, como en Alemania y Polonia, a casi toda su población judía. No conviene olvidar estos hechos. Cuando se instalaron tribunales, en Holanda se juzgó, si no me equivoco, a cinco funcionarios holandeses nazis. Es increíble. Veía hace unos días un documental en televisión sobre la policía de Amsterdam durante la ocupación. Y me entero que la policía colaboró enteramente, desde el primer día, con los alemanes; que participó en la expropiación y transporte de los judíos a campos de concentración en Alemania; que cuando llegaron las tropas aliadas, quemó sus archivos; y que no fue purgada. No se castigó a ninguno de los policías que participaron en esos horrendos crímenes.
Y esos mismos policías que colaboraron con los nazis, son los que al año siguiente y posteriores pusieron flores en el monumento a las víctimas del nazismo. Este es el pasado de Holanda. Un pasado que se oculta y reprime. Un crimen sobre el que no se puede hablar y sobre el que hay que pretender que los holandeses no lo cometieron. Es simplemente una imagen distorsionada de la realidad. Pero había que mentir, y mentirse. Un país se libra de sus propios demonios cuando se enfrenta a ellos. Cuando los niega, en realidad los protege. Los mantiene a resguardo para dejarlos salir cuando crea que ha llegado su nueva oportunidad de manifestarse en la historia. Es nuevamente el mal, suelto por la Tierra. Y creen que ese momento ha llegado. Amparándose en la amenaza terrorista musulmana, implantarán un régimen demoníaco en este país, con guetos y campos de concentración, con expropiaciones y expulsiones, con medialunas en lugar de estrellas amarillas colgando de la ropa. El mal no tiene límites. Y nada impide que vuelva a re-editar el odio de un modo que le es conocido.
El Terrorismo De Extrema Derecha
Los partidos políticos responsables debiesen excluir de la vida política a los partidos fascistas y de extrema derecha, de extrema izquierda e integristas, por más que pretendan los primeros ocultarse cada vez más crecientemente bajo el rótulo de populistas e incluso de liberales. No es el apellido el que los hace fascistas, sino los programas y medidas de defienden. Un gobierno -tómese por caso el holandés- que discrimina y perjudica a sus ciudadanos árabes es propiamente hablando, fascista. Esos partidos que alojan esas ideas no debiesen haber podido participar, y no debiesen tomar parte nunca en elecciones. La misma UE debiese tomar medidas para castigar a esos países con esos gobiernos -ya se ha hecho, como en el caso de Austria. Debe profundizarse. Bélgica -y ya antes Francia- da un ejemplo de cómo tratar esta amenaza, excluyendo de las indispensables alianzas y coaliciones a los partidos fascistas. También la prensa hace lo suyo, privando de cobertura a esos partidos.
Se hace necesario además que los políticos recuperen la cordura. Sobre todo en Europa, donde los gobiernos son de coaliciones cambiantes, es necesario que los políticos en el poder no olviden que la administración del estado requiere cordura y medida, y que sus gobiernos son igual de legítimos que otras posibles coaliciones de las que bien pudieron haber sido excluidos. No se debe gobernar pensando que la mayoría significa carta blanca para hacer y deshacer. Esta desviación autoritaria es probablemente el mayor peligro, porque puede convencer a los ciudadanos de la inanidad de las instituciones democráticas. En Holanda, por ejemplo, un ministro se niega a acatar resoluciones judiciales y personas que debiesen estar con su situación legal regularizada hace años, están todavía en situación irregular. Poco puede hacer el poder judicial para obligar al gobierno a ejecutar sus resoluciones. El peligro es, por la propia dinámica autoritaria, que pierda la ciudadanía confianza en la democracia.