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Holanda, Turquía Y Los Neonazis


El gobierno holandés está dividido sobre la entrada de Turquía a la Unión Europea. Y algunos políticos, que saben por los sondeos que la oposición a su ingreso cuenta con un importante apoyo en la población, quieren convocar a un referéndum.
Un parlamentario del partido gobernante VVD (auto-declarados ‘liberales', aunque debe aclararse que son ‘liberales' a la manera de los ‘liberales' rusos y austríacos) fue retirado del partido por, se dice, su resuelta oposición a Turquía.
Se llama Wilders y ha formado su propia fracción neo-nazi.
Dice este extravagante y odioso personaje que Turquía no debe ingresar a la Unión porque es musulmán. Dice que los musulmanes son inferiores y no occidentales. También dice que la civilización occidental tiene valores superiores.
Justamente, entre esos valores superiores, institucionalizados por la misma Unión Europea, se encuentra la no discriminación.
Cualquiera que diga que Occidente es superior demuestra por lo mismo que no ha entendido los valores de la civilización que pretende defender de manera tan ridícula, contraproducente y falsa.
Si la Unión fuera a decidir ahora que no son los principios de la Unión establecidos en su Carta los que hacen de un país un país europeo -y entre ellos significativamente los derechos humanos-, entonces muchos países, como Alemania (por su pasado nazi) y Holanda (por sus políticas actuales en lo que se refiere a sus inmigrantes y por su complicidad en los crímenes contra los bosnios cometidos por las tropas serbias), deberían ser expulsados de la Unión. Y muchos otros no tendrían posibilidad de llegar a ser países miembros durante milenios (como Serbia y Croacia).
En el contexto actual, Holanda ciertamente es un país que debería o ser expulsado de la Unión o reprendido severamente.
Alemania, al contrario, ha demostrado y sigue demostrando su adherencia a una Europa moderna y civilizadora. Su gobierno ha desistido de llamar a referéndum sobre el ingreso de Turquía, según se dice porque la población alemana puede votar contra.
Es una decisión correcta. Cuando un pueblo amenaza tomar decisiones inmorales, sus gobiernos tienen el deber de reprimirlo. No es un procedimiento democrático, pero es eso o el retorno al terrible pasado germánico de ese país.
Turquía ha hecho enormes progresos en los temas que más preocupan a la Unión, sobre todo en el ámbito de los derechos humanos. Y en este terreno tiene una hoja de servicios más limpia que Holanda misma, que se enorgullece de su pertenencia a la Unión y contra la cual Europa todavía no se decide a emprender nada por sus atroces violaciones a los derechos humanos de su población inmigrante.
Y Turquía continúa haciendo progresos. El lamentable incidente sobre la ley de adulterio no debe llevarnos a creer que Turquía representa una amenaza. Dejar a Turquía de lado en estos momentos, significaría también dejar de lado a sus sectores progresistas y a sus sectores moderados.
Del mismo modo que los fundamentalistas musulmanes no representan a Turquía, no representa a Holanda el señor Wilders.
Es lamentable que Holanda no conozca leyes que repriman la propagación del odio racial y que impidan que personajes como este político participen en la vida política del país. En realidad, debería estar preso.
Sobre la lucha contra el fascismo, Holanda debería aprender de Bélgica, que acaba de aprobar leyes que imposibilitan la acción de esas bazofias. Y de Francia, donde los principales partidos políticos, incluyendo a los de derechas, han firmado hace años un acuerdo en el que se comprometen, y han respetado, a no colaborar bajo ninguna circunstancia con fuerzas de extrema derecha.
Quizás es por esto que el actual gobierno holandés prohíbe que se le compare con los nazis.
Lo de Turquía se verá en el camino. El mayor peligro en estos momentos para Europa y para la civilización occidental es Holanda.

Atentado Frustrado Contra Refugiados


Recién en septiembre informó la prensa holandesa sobre un atentado frustrado contra un centro de acogida de refugiados de Ter Apel, Groningen. El artefacto no estalló. La bolsa que contenía los explosivos fue encontrada por un niño, que la llevó diligentemente a un guardia de seguridad.
El intento de atentado pudo haber causado su muerte. Y la de otros refugiados. Ocurrió el 17 de agosto y el gobierno pidió a la prensa no informar sobre el tema para no causar alarma, según arguyeron los cabecillas del gobierno.
La prensa obedeció.
El gobierno no ha observado la misma precaución en casos notoriamente fabricados. Esos mismos cabecillas -un ministro llamado Donner, en particular- han recurrido a la prensa para informar sobre posibles atentados con bomba contra aviones, que serían obra de grupos de extremistas musulmanes. Ningún caso resultó ser verídico.
Pero el gobierno dejó ver su sombrero sobre la verosimilitud de esas denuncias. Tan falsas parecen ser, que el ministro informó a la prensa, pero no a los servicios que debían intervenir en caso de atentados -como los bomberos y las ambulancias. Curioso, por decir lo menos.
Ciertamente, mientras el gobierno ha detenido a turistas árabes sospechándoles de terrorismo porque los agentes les vieron filmando en locaciones tan sospechosas como zoológicos y parques de diversión, la policía no ha informado sobre los sospechosos del atentado contra el centro de refugiados.
¿Qué habremos de pensar sobre este caso? ¿Cómo explicar la celeridad con que la policía sospecha y encarcela a la gente árabe y el silencio que guarda sobre los terroristas que quisieron matar a esos refugiados?
Este gobierno causa enorme desconfianza. Tanta que hay muchos que creen que las alarmas de atentado que emite periódicamente el gobierno son obra de su propio servicio secreto. Lo mismo vale para el atentado contra el centro de refugiados.
También es significativo que la bomba la haya encontrado un niño refugiado, y no los guardias de seguridad que abundan por ahí. Evidentemente no los ha puesto el gobierno ahí para proteger a los refugiados.
Y el silencio de la prensa es aterrador. Que hayan los órganos de prensa colaborado en esta farsa es repugnante. Y que se presten a colaborar con el gobierno cada vez que fabrica alguna historia terrorista, más repugnante aún.
La prensa holandesa colabora con el gobierno, una coalición de extrema derecha cada vez más xenófoba. Lo supimos cuando el año pasado el director de los servicios informativos del gobierno -NOS- declaró en una entrevista a CNN a propósito de la expulsión de 26.000 refugiados, que había entre ellos muchos criminales de guerra, justificando así la decisión del gobierno. En verdad, se descubrió a solo un sospechoso de cometer crímenes de guerra, y una veintena de personas de antecedentes dudosos.
He ahí la independencia de la prensa holandesa, y he ahí lo que hace el gobierno por protegernos de la violencia terrorista.
Y mientras esperamos que el gobierno capture a los autores del atentado frustrado y se llene la boca sobre el peligro neonazi -que no lo hará, pues los autores, como los fascistas, gozan de su gobierno-, seguiremos presenciado el espectáculo bochornoso de ver a un país alguna vez valioso convertido en un extravagante simulacro de democracia.

¿Bush O Kerry?

Si el tema más importante de estas elecciones es la guerra de Iraq, la respuesta debería ser contundente: mi candidato sería Kerry.
La invasión de Iraq fue siempre ilegal -porque no fue apoyada por Naciones Unidas-, y aunque todavía no sabemos los motivos verdaderos de la guerra iniciada por Estados Unidos, cada día que pasa sabemos que los motivos aducidos por el gobierno republicano eran falsos.
Iraq no tenía armas de destrucción masiva, ni estaba en estado de fabricarlas aun si Saddam Hussein lo hubiese querido.
Los inspectores de Naciones Unidas lo sabían desde 1996. También lo sabían prácticamente todos los servicios secretos europeos.
Sin embargo, el presidente Bush pretende haber dado más crédito a los informes fabricados por gente como Chalabi y Allawi y el servicio secreto israelí.
Su propio servicio de inteligencia fabricó evidencias. Lo sabíamos en los meses previos a la guerra, cuando se descubrió que uno de esos informes lo había descolgado la CIA de una tesina publicada en la red.
Bush ordenó a sus servicios de inteligencia fabricar evidencias. No se equivocó ni interpretó mal.
Ciertamente, también lo sabían los servicios secretos británicos y la muerte de uno de sus hombres que se atrevió a revelar la conspiración debe ser todavía aclarada.
La guerra ha sido un desastre y una tragedia, sobre todo para los iraquíes, cuyos ciudadanos han perdido a 21.000 de los suyos, sin contar las bajas militares y de la insurgencia.
Un objetivo fundamental de las elecciones debería ser el fin de la guerra. Pero en ninguno de los candidatos se advierte un programa claro, menos aun coherente, para ponerle fin.
Con la visión de Bush, su elección significaría más guerra, más conflictos, más violencia y más actos terroristas.
También haría la situación interna de Estados Unidos peor, pues a nadie se le escapa que si es reelegido se agravarán las limitaciones ya en curso de los derechos civiles.
Para proseguir esa guerra insensata Bush no tendrá además otra alternativa que instituir nuevamente el servicio militar obligatorio, que condenará a muchos jóvenes norteamericanos a la muerte.
A nivel internacional, su reelección dará más fuerza a regímenes y gobiernos de extrema derecha en Europa y el mundo, que son los únicos que le apoyan.
Y Estados Unidos se aislará aun más. De hecho, después de la anunciada retirada de Polonia, Estados Unidos ya no tiene aliados; Polonia era su súbdito más importante, lo que queda son títeres. Y mientras de más títeres se rodee Estados Unidos, menos credibilidad si se puede tendrá su guerra de Iraq.
La guerra no terminará con más guerra. Estados Unidos debería saber que esa guerra no la puede ganar y que es urgente que busque un modo de salirse de ella.
Para ello debería buscar aliados respetables. No los tiene en el mundo árabe. No los tiene en realidad en ninguna parte del mundo.
Los dos candidatos han dejado en el tintero la ocupación israelí de Palestina. Sin embargo, es en esa ocupación donde se encuentra el origen del odio árabe hacia Estados Unidos. Mientras continúe, Estados Unidos contará sólo con enemigos en el mundo árabe y musulmán.
La idea de que Estados Unidos quiere imponer la democracia en Oriente Medio es poco creíble. Es poco creíble porque todo el mundo sabe que Bush llegó al poder cometiendo fraude. Es un presidente que no tiene autoridad moral para predicar esos valores. Por otro lado, sería su segundo mandato -una aberración de la democracia que permite la formación de dinastías políticas, justamente como la de Bush. Es fácil entender porqué la democracia que predica Bush es vista en el mundo árabe como un simulacro ridículo. ¿Qué diferencia hay entre una autocracia y un presidente que es elegido una segunda vez y que prosigue la guerra iniciada por su padre?
Bush no lucha contra el terror en Iraq. Lucha ahora para defender su pellejo, después de haberse ganado el odio y el resentimiento de los iraquíes, y de gran parte del mundo árabe. Los terroristas no estaban en Iraq. Ahora, gracias a la ineptitud y negligencia, se encuentran en todas partes..., incluso en Afganistán, donde todavía tiene domicilio Osama bin Laden. También los hay en Iraq, ahora, pero son los menos.
Los servicios de inteligencia norteamericanos confirman que la resistencia iraquí no está en manos de fundamentalistas, sino en las de los antiguos baazistas. Estados Unidos debe reconocer que si quiere realmente paz en Iraq, deberá negociar con ellos y deshacerse del grupo de notorios delincuentes -ladrones, estafadores, secuestradores incluso- que conforman su gobierno interino.
En su propio gobierno hay figuras que son francamente repugnantes. El mundo ya sabe que tiene funcionarios, como el vice-presidente Cheney, que tienen intereses comerciales personales en la guerra de Iraq. Es gente que se enriquece con la muerte y la destrucción. Sin embargo, siguen en el gobierno. Eso contribuye a la falta de credibilidad de Estados Unidos.
Si Estados Unidos, Bush o Kerry quieren seriamente poner fin a la guerra, deberían recurrir a Europa, donde se encuentran los únicos países que son interlocutores aceptables para los iraquíes y el mundo árabe.
Sin embargo, en los debates Bush sigue refiriéndose en términos despectivos a Europa.
Kerry, por otro lado, es poco claro. Si se mantiene el propósito de abandonar Iraq después de las elecciones de enero de 2005, debería crear las condiciones que hagan posible que esas elecciones sean nacionales y legítimas.
Para conseguirlo necesita crear un clima de menos violencia. Y lo puede conseguir asegurándose que los baazistas puedan participar legítimamente en esas elecciones. Habrá que confiar en que los baazistas también han aprendido lo suyo en esta guerra, porque al contrario de lo que afirmaba el presidente Bush, han sido siempre enemigos enconados de los fundamentalistas. Reconocer a los baazistas puede disminuir los niveles de violencia en el país. Aún hoy, los baazistas son la mejor carta anti-fundamentalista en Iraq.
Los aliados de Bush en Iraq no son aceptables para los iraquíes. No es probable que esos partidos conciten el apoyo de la ciudadanía. Y es indispensable restar apoyo a los fundamentalistas. Las actuales campañas bélicas norteamericanas en Iraq sólo redundan en beneficio de los extremistas musulmanes.
Estados Unidos no debe desprenderse de la obligación moral de proveer por esos miles de familias, de viudas y de huérfanos que los ataques de sus tropas y aviones han dejado en la calle y en la desesperación. Hacerlo demostraría buena voluntad, y la voluntad de reparar en lo posible los terribles daños que ha causado.
Mientras continúe la guerra no será posible para los demócratas iraquíes formar sus partidos políticos, llevar una vida normal y prepararse para participar en las elecciones. Hoy por hoy serían considerados enemigos de Iraq.
Kerry debería ser más claro. El tiempo apremia. Si es elegido el 2 noviembre, y espero que lo sea, sólo tiene dos meses de tiempo.

Holanda Prohíbe Matrimonio Con Extranjeros


El gobierno holandés viene de aprobar una de las medidas más escandalosas y repugnantes en la historia de este gobierno. Ha decidido imposibilitar los matrimonios con extranjeros, inmiscuyéndose en el ámbito personal de los ciudadanos y pretendiendo determinar con quién han de casarse los residentes.
Es lo más cercano a las leyes racistas de la Alemania nazi.
El gobierno quiere atacar solamente a esos holandeses que considera ciudadanos de segunda clase: los holandeses de origen extranjero. Y más específicamente a los holandeses que han nacido en algún país de fuera de Europa, en el tercer mundo, en los países musulmanes.
Según pretende el gobierno, esos holandeses extranjeros -que el gobierno llama ahora, para distinguirlos de los da raza germana pura, ‘holandeses residentes'- están mal integrados y si se casan con extranjeros de sus mismos países u otros peores del tercer mundo, se integrarán menos todavía.
Esta argumentación es dudosa. Para comenzar, una propia comisión investigadora nombrada por el gobierno determinó hace dos años que la población extranjera residente, vale decir los mismos que dice el gobierno que no están integrados, estaban integrados en un cien por cien, que hablan perfectamente el holandés, que trabajan y pagan sus impuestos y que tienen a sus hijos en la escuela, como el resto de los habitantes del país.
Esa investigación, realizada por la comisión Blok, fue rechazada por el gobierno, que sigue insistiendo asnalmente que los inmigrantes, por decreto, no están integrados.
Todo el programa de integración del gobierno se basa en premisas falsas y es inspirado por el odio racial y resentimiento de un reducido grupo de neo-nazis y fascistas y otras excrecencias semejantes que se han incrustado en el gobierno.
Las comisiones y grupos de investigación científica han rechazado las conclusiones estúpidas y testarudas del equipo gobernante.
Lo más grave es que los inmigrantes, según las leyes europeas, son holandeses, si se han naturalizado. Es el caso de los cientos de miles de inmigrantes que ahora no podrán elegir en libertad a sus parejas. Y la Carta europea prohíbe que se discrimine por motivos de origen racial o nacional.
Lo que hace el gobierno holandés es una grave violación de los derechos humanos de la población inmigrante.
El gobierno ha determinado que los ‘holandeses residentes' -los de raza impura- deben, si se quieren casar con otra persona de ‘raza inferior', deben tener al menos 21 años (y no 18, como era hasta hoy) y ganar unos 1320 euros al mes (un 120 por ciento del salario mínimo). Además, el novio o novia en el extranjero deberá aprobar un llamado examen de integración en su país de origen. Ahora estudia una medida adicional, que exigirá que el ‘ciudadano residente' cuente con viviendas ‘adecuadas' para vivir en pareja.
La medida afecta a los ‘holandeses residentes' y también a todo holandés de raza pura que quieran casarse con alguna persona de algún país musulmán o del tercer mundo.
Estas leyes son en todo evocativas de las leyes raciales de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. El gobierno ciertamente no tiene derecho a inmiscuirse en el ámbito privado de la vida de los ciudadanos. Ni tiene derecho a crear una categoría de holandeses -los llamados ‘holandeses residentes'- de segunda clase.
La Unión Europea debe dejar de hacer la vista gorda. El gobierno holandés ha ido más lejos de lo admisible y augura un futuro aterrador para todos los extranjeros que viven aquí. La Unión debe tomar cartas en el asunto y reprender severamente a Holanda, incluyendo su expulsión o amenaza de expulsión de la Unión.
Es lo menos que se merece. La Unión debe exigirle a Holanda o que respete las leyes y valores europeos y occidentales o que abandone la Unión. Si Holanda intentara proseguir su experimento germánico, la Unión debe considerar medidas más extremas todavía para impedirlo.
Su expulsión de Occidente no sería suficiente. Está cada vez más claro que la complicidad de las tropas holandesas en la matanza de Sbrenica en julio de 1995 no fue gratuita ni cayó del aire ni fue solo producto de la cobardía de sus tropas.
La renuncia del gobierno holandés en 2002, siete años después de la matanza, no es suficiente para que Holanda entienda que no puede volver a repetir los errores del pasado.
Ya después de la Segunda Guerra fue un error no castigar a los que colaboraron con los nazis. Holanda se ha quedado con la falsa impresión de que fueron ocupados por los nazis. En realidad, se integraron gustosamente al Imperio teutónico. Si se les hubiese castigado, no pensaría hoy el gobierno holandés que puede intentar una segunda vez un experimento germánico. Es de todo punto inadmisible.
Europa debe intervenir antes de que sea demasiado tarde. Holanda se ha puesto, con estas leyes de corte racial, claramente fuera de Occidente. En realidad, es lo más cercano a un enemigo que tiene la civilización occidental en Europa.
Si Europa acepta que Holanda tenga dos tipos de ciudadanos: los unos de primera clase, los que han nacido aquí y son arios, y ciudadanos de segunda clase (‘holandeses residentes' en la parla del gobierno), que han nacido fuera de Europa y no son arios; los primeros con derechos, los segundos con derechos limitados; los primeros con libertad de viajar libremente y emplearse libremente, los segundos limitados en sus movimientos y excluidos del mercado laboral. Los primeros con derecho a elegir libremente a sus parejas y vivir donde se les antoje; los segundos con restricciones a la hora de elegir pareja y sin la libertad de vivir donde quieran.
La Unión debe poner fin a este segundo experimento genético-social de un pueblo germánico. Ya sabemos adónde conduce.

¿Por qué Tiene Miedo el Gobierno Holandés?

Mientras Europa calla, el gobierno holandés continua con su política de odio contra la población extranjera, y particularmente contra la población árabe y musulmana.
Fuera de Holanda, muchos se sorprendieron de las aparentemente inusitadas acciones xenofóbicas de la actual coalición gobernante -de corte neo-fascista-, dirigidas todas a excluir a la población extranjera residente del goce de sus aportes al desarrollo y bienestar de este país.
Su clase obrera la conforman extranjeros. Sin embargo, la bazofia fascista les desprecia y no escatima oportunidad en hacérnoslo saber. Ahora el gobierno tiene intenciones de excluir a los extranjeros de la seguridad social, del seguro médico y de todos los otros avances que se lograron aquí justamente gracias al aporte fundamental del trabajo extranjero.
Holanda tenía fuera de sus fronteras la reputación de ser un país solidario y tolerante. Sin embargo, junto a sus tradiciones más liberales, Holanda ha sido también sinónimo de esclavitud, de apartheid -un término que proviene de su lengua-, de explotación. África sufrió en sangre y muerte la presencia holandesa. Suriname fue fundado por Holanda con los esclavos robados a África. Ahora el gobierno holandés, en una postura típica, ha abandonado a Suriname a su suerte, argumentando que nada tiene ya que ver con el país que fundó con la muerte, la sangre y el trabajo de millones de seres humanos.
Este gobierno ha creado un en gran parte artificial clima de odio hacia los extranjeros. Nunca hubo aquí conflictos de este orden hasta que asumiera la bazofia fascista. Y las leyes que decreta son cada vez más estúpidas e injustas: se puede aquí ser condenado a prisión sobre la base de declaraciones anónimas de policías (!) y soplones; no se puede so pena de ir en prisión comparar al régimen con los nazis de la Alemania de la Segunda Guerra, con los que sin embargo guardan un asombroso parecido; la eutanasia se aplica con criterios económicos y sociales y muchos ancianos, holandeses y extranjeros, han de morir porque el gobierno prohíbe que se les atienda en hospitales si no cuentan con seguro médico; a los refugiados se les encarcela y maltrata, humilla e insulta cotidianamente. Podría llenar páginas con el odio fascista.
Sin embargo, la bestia se dirige sobre todo contra los musulmanes y los árabes. ¿Por qué? Dicen los fascistas que se debe al miedo que tienen de que los árabes les ataquen como atacaron a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. Es difícil creer que se atribuyan tanta importancia. Pero, sea, podría ser un motivo legítimo. De hecho, todo el mundo vive ahora bajo el temor de la irracionalidad y violencia del fundamentalismo.
Pero la bazofia fascista no quiere reconocer que se trata de un problema policial, no bélico ni de estados en guerra. Porque le conviene malversarlo de este modo. Porque así ocultan el motivo verdadero de su temor.
Y el motivo verdadero de su temor es el crimen que cometieron sus soldados -que constituyen un excelente ejemplo de cobardía- contra la población musulmana de Sbrenica.
¿Lo habíamos olvidado? En 1995 Naciones Unidas encargó a las tropas holandesas la defensa del refugio creado para proteger a la población civil bosnio-musulmana de los ataques de los criminales serbios bajo el mando de Milosevic. Sin embargo, cuando los serbios atacaron, las tropas holandesas abandonaron su mandato y en lugar de resistir y oponerse a los serbios, colaboraron con ellos ayudándoles a separar a hombres y niños de las mujeres. Ese mismo día, poco después, 7.000 hombres y niños bosnios perdieron la vida a manos de las tropas serbias.
La cobardía e infamia holandesa no fue nunca castigada y el comandante de sus tropas vive ahora un exilio dorado nada menos que en la costa española. Los soldados que participaron así en la masacre sirven todavía en el ejército y quizás esperan volver a ser enviados en misiones de protección, que pagan muy bien.
La entonces temida venganza musulmana no se ha producido. Y es de esperar que no se produzca, si ha de producirse con la muerte de inocentes -como esos 7.000 hombres y niños, como esas 3.000 personas en las Torres de Nueva York. Europa entonces hizo la vista gorda. Hasta el día de hoy. Y es difícil imaginar que se haga justicia con los criminales y sus cómplices.
Hace pocos días una notoria agitadora fascista declaró que no podía sentir nada positivo hacia los musulmanes en razón de los muchos crímenes que habían cometido. Habrá que señalarle que esos crímenes no han sido cometidos por los musulmanes, como ha escogido expresarse, sino por delincuentes y criminales que no han nunca de confundirse con los que practican la fe musulmana. Pero la agitadora en ningún momento se refirió a la matanza en la que participaron sus gentes, de las que con la misma insensata y odiosa ligereza podrían ser llamadas cristianas. No es amnesia que no lo recuerde. Es una demostración de incomprensible, injustificada y arrogante inmoralidad. Es fascismo puro.
Esos ataques incesantes contra los musulmanes tienen por intención prevenir un ataque que se supone que vendrá. Se trata de reprimir a los árabes y mantenerlos tan ocupados de su propia defensa que no logren llevar a cabo ningún acto de venganza.
Pero los crímenes cometidos con la aprobación y complicidad holandesas, como los cometidos por los terroristas fundamentalistas, están más allá de la comprensión de los hombres. Son tan atroces que más allá de la justicia sólo Dios podrá juzgarlos en su verdadera dimensión, pues son inspirados por el mal.
Y nosotros, pueblo de Dios, aguardamos con temor, pues así se explica el miedo del fascismo holandés.

Pinochet Desaforado

La Corte Suprema chilena ha desaforado al ex dictador Augusto Pinochet por los crímenes cometidos por órdenes directas de él por el escuadrón de la muerte que recorrió el país asesinando a los opositores al régimen en los primeros meses después del cruento golpe de estado de 1973. Las víctimas de la bestia fascista superan las tres mil personas. En teoría, el dictamen de la Corte permitiría llevar al ex general a juicio.
Sin embargo, no ha de esperarse mucho, ni de la justicia de ese país, ni de los políticos que actualmente lo dirigen. Ya antes se ha intentado infructuosamente llevar al asesino a tribunales. Cuando el juez español Baltasar Garzón intentó someterle a juicio en España, fue el propio gobierno chileno, de cuño socialista, el que se encargó de frustrar sus planes y negoció falsamente su retorno a Chile prometiendo que se le sometería a juicio en su propio país.
Desgraciadamente, nada de esto ocurrió. El pacto sellado por los socialistas y los militares impidió entonces llevar a justicia al criminal. Y no es probable, vista la hoja de servicios del actual gobierno, que ocurra ahora. Ya buscarán los socialistas una nueva solución para el general.
Además, llevar a juicio a Pinochet ahora no sería más que un acto simbólico de justicia, ya que en razón de su edad no puede ser encarcelado.
Ha de observarse también que Chile abolió, presumiblemente pensando en el dictador, la pena de muerte, que es la única sentencia que merece.
Es una lástima tener que tolerar que este aborrecible criminal muera en la cama de alguna muerte natural. Pero es quizá mejor para todos que la justicia, aunque mínima, prosiga su curso. Chile ya no cuenta con héroes.

Iniciativas Españolas Sobre Inmigración: Ejemplo Para Europa

Las recientes medidas anunciadas por el gobierno socialista español en torno a la inmigración han causado escozor entre las fuerzas reaccionarias opuestas a la llegada de extranjeros a Europa. El gobierno ha anunciado que se legalizará a los extranjeros ilegales que presenten un contrato de trabajo. Al mismo tiempo, ha anunciado que se dejará de impedir que las pateras lleguen a puerto, para no poner en peligro la vida de los inmigrantes que arriesgan la vida en su desesperado cruce al continente.
Son medidas que todo hombre de bien debe aplaudir, a empezar por los inmigrantes mismos. Pone fin a la explotación de que son objeto los trabajadores inmigrantes. Ofrece una esperanza de vida y un futuro a cientos de miles de personas que han vivido hasta hoy con temor y en la inseguridad, y con la perspectiva de ser detenidos y repatriados. Y ofrece a España lo que necesita urgentemente: gente. Gente que trabaje, que haga familia y que contribuya a mantener la España actual y a proyectarla hacia el futuro.
El gobierno socialista sabe también que sin inmigración España corre el riesgo de hundirse, como otros países europeos.
Hay también un aspecto humanitario primordial. Tampoco debe ignorarse la inmensa portada moral de estas medidas, todas ellas en el sentido señalado repetidas veces por el rey Juan Carlos, que ha creado el marco institucional y moral en que estas medidas adquieren sentido y son posibles.
Es en verdad inhumano e inmoral seguir permitiendo la cotidiana muerte de miles y miles de seres humanos desesperados, amparándose en leyes y reglamentos. Es inmoral seguir permitiendo que se les explote por no tener papeles. Es inmoral dejar que se les explote para expulsarlos luego. Y es también inmoral, y en todo caso idiota, pretender ignorar que España necesita también a esa gente.
Las medidas del gobierno socialista son un ejemplo para Europa, donde gobiernos fascistas, como el holandés, pretenden expulsar a cientos de miles de trabajadores con la esperanza, tan estúpida como la ministro que la propugna, de remplazarlos con inmigrantes cristianos y blancos de la antigua Unión Soviética.
Ojalá sirva la iniciativa española para hacer frente al peligro que representa para una Europa democrática y libre el gobierno holandés. Es inadmisible que Europa debe soportar otra vez las imbecilidades sociológicas de un pueblo germánico. Con los experimentos nazis del siglo pasado los germanos en Europa no tienen nada que decir. Ni deben. Holanda es un país germánico, nuevamente en las garras de ideologías fascistas, y ese peligro debe ser erradicado de cuajo, cueste lo que cueste.
España alumbra el camino de la lucha contra el fascismo. Y lleva en sus manos la antorcha del humanismo, la solidaridad, la democracia y la libertad de Europa.

¿Fascismo con Cara Humana?

¿Puede el fascismo tener cara humana? ¿Y cómo se vería?

El fascismo europeo hoy en día se compone de regímenes fundamentalmente anti-musulmanes o anti-árabes. Como el holandés, son regímenes cuyos gobiernos llevan a cabo una activa campaña xenofóbica con el fin de sacar a los inmigrantes árabes del mercado de trabajo y remplazarlos a largo plazo por mano de obra cristiana y blanca procedente de los antiguos países de la Unión Soviética.
Son regímenes anti-populares, cuyas medidas económicas implican una crisis mayor, más desempleo, más empresas paradas, más recortes en la seguridad social y los servicios médicos y más policía y represión. Son regímenes que endurecen las leyes y tratan de acallar las voces autónomas. Son regímenes que, como el holandés, admiten como prueba las declaraciones anónimas de policías y soplones y que quiere controlar, por medio de amenazas, la manera en que ha de tratar la prensa sus planes.
¿Qué significaría un fascismo con cara humana? El régimen holandés quiere deportar a 26 mil refugiados y a más de 200 mil ilegales. Estas deportaciones masivas se implementarán dentro de poco y se construirán innumerables cárceles y otros centros de reclusión para facilitarla. Ahí se encerrará a gente que no ha cometido delito alguno durante meses, quizá años, con la esperanza de que accedan a dejar el país voluntariamente.
Holanda viola groseramente tratados internacionales y las propias directrices de la Unión Europa. Es uno de los países que hace mofa de la Unión y del espíritu de la Unión, que no comprende.
La política holandesa de represión y acoso permanente de la población árabe y extranjera debe considerarse no sólo como una fea injusticia sino además como una seria amenaza a los derechos humanos y a la seguridad de Europa.
Expulsar a los refugiados a sus países de origen significará para muchos la cárcel, la tortura e incluso la muerte.
El fascismo con cara humana no existe. ¿O es el fascismo la cara humana del nazismo?