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Drácula y la WSPA

[El extendido reconocimiento de que los animales, aparte ser seres sintientes, son también portadores de cultura, no lleva a la WSPA a concluir que no debiéramos explotarlos. Propone tratarlos bien para que la carne sea más blanda y sabrosa y no represente peligro para el consumo humano.]

Desde su fundación en 1981, la WSPA (Sociedad Mundial para la Protección Animal; World Society for the Protection of Animals) ha ido cambiando y adaptando algunos aspectos de su ideología. Si al principio recomendaba abiertamente la matanza de perros y gatos callejeros e incluso instruía a sus miembros en técnicas específicas sobre cómo matar a los animales de manera eficiente (por ejemplo, recomendaba matar a los cachorros recién nacidos dándoles un golpe en la nuca), hoy, después de muchos enfrentamientos con la opinión pública y animalistas, en algunos documentos de la WSPA se puede leer que no son partidarios del sacrificio. No es exactamente verdad, porque en 2010 la organización tuvo problemas en Argentina por su intento de implementar un plan de exterminio de los animales callejeros, que los animalistas y la opinión pública trasandina rechazaron enérgicamente. Pero en otros países, al menos en Chile, la organización ya no predica el exterminio de manera abierta. En otros documentos, como los que trataremos aquí, se advierte igualmente un cambio de punto de vista. “El fin último de la WSPA”, se lee en un documento, “es un mundo donde ningún perro sano sea sacrificado y las razones y excusas que se ofrecen actualmente para matarlos ya no existan”. Pero, entretanto, mientras ese mundo mejor no se establezca con magia, podemos seguir matándolos por numerosas excusas.

La WSPA ha empezado a reconocer que los animales son seres sintientes con capacidad para sentir dolor, angustia, sufrimiento y placer. “Mientras las discusiones sobre la capacidad de sentir a veces incluye otras materias tan complejas como la cognición y la auto-conciencia, estos temas no son los más relevantes para identificar qué animales son los más afectados por nuestros cuidados o malos tratos. […] La mayor parte de las investigaciones científicas sobre el hambre, la sed y el dolor demuestra que todos los vertebrados y algunos invertebrados son similares a los humanos en sus respuestas frente a la escasez de alimento o agua y ante estímulos poco placenteros. Poseen receptores nerviosos y funciones de procesamiento similares dentro del sistema nervioso central y muestran cambios psicológicos y de conducta similares en estas situaciones. Todas estas evidencias respaldan el hecho de que los animales son seres sintientes y que sus procesos mentales son comparables, al menos de algunas maneras, a los de los humanos”.
Que la WSPA reconozca que los animales son seres sintientes en un paso adelante, pero en el estado actual de nuestros conocimientos sobre sociedades animales es una postura claramente insuficiente. Las investigaciones zoológicas y etológicas de principios del siglo veinte y especialmente después de la Segunda Guerra Mundial dejan en claro que los animales compartimos muchos otros rasgos, como vivir en sociedad, conocer estructuras de parentesco, reconocer funciones y jerarquías, tener historia (la relación humano-animal es influida y determinada por relaciones locales previas), tener cultura y lenguaje –lo que implica transmisión de conocimientos y la fundación de tradiciones- e incluso poseer una tabla moral inter-especies básica.

Pero el reconocimiento de una cierta identidad, tanto entre humanos entre sí como entre humanos y animales, al menos en las culturas occidentales, conduce por lo general a compartir también algunos derechos o privilegios. Así suele ocurrir entre humanos. Tras el debate iniciado por el Padre Bartolomé de las Casas sobre la igualdad entre europeos e indios –que la casta gobernante negaba- en tiempos de la colonización española de América, la Casa Real finalmente reconoció esa humanidad compartida y empezó a dictar el cuerpo legal que conoceríamos como las Leyes de Indias –siendo una de las primeras la obligación de los colonos peninsulares de contraer matrimonio con las mujeres indias con las que vivían fuera del matrimonio. Posteriormente los esclavos negros de las grandes potencias europeas también fueron reconocidos como compartiendo con otras razas la identidad humana. (Curiosamente, los colonos europeos de la época de la esclavitud africana pretendían saber –acorde con lo que se entendía por ciencia en la época- que los negros no sentían dolor.)
Este mismo mecanismo ideológico –el reconocimiento de una identidad compartida conduce al reconocimiento de derechos compartidos- se aplica también para las relaciones entre humanos y animales. Hace unas semanas, para recurrir a un caso reciente, en Estados Unidos la repartición oficial Institutos Nacionales de Salud, aceptando las recomendaciones del Instituto de Medicina, limitó severamente las investigaciones biomédicas con chimpancés y otros animales utilizados en laboratorios. Los motivos que justificaron la recomendación del Instituto de Medicina fueron que los chimpancés son una especie “que exhibe claros signos de amor, una compleja organización social, auto-conciencia y estrés”. El director de INS, Francis F. Collins también adujo que “los chimpancés son nuestros parientes más cercanos en el reino animal” y como tales merecen “especial consideración y respeto”. Por muchas razones que no viene al caso discutir aquí, las investigaciones con chimpancés no se prohibieron enteramente, pero serán discontinuadas paulatinamente y los animales serán trasladados a santuarios.

Pero para la WSPA ese reconocimiento de una identidad (“sus procesos mentales son comparables […] a los de los humanos”) y la idea de que los animales deben ser respetados (“los animales deben ser tratados con justicia y sus necesidades deben ser respetadas”, se lee en el documento de la WSPA) no la lleva a reconocer algunos derechos compartidos con los animales. Todo lo contrario, la WSPA enfatiza que -estos avances en el conocimiento de la psicología, sociedad y cultura animales- no implican ningún reconocimiento de algún derecho animal. “Considerar activamente”, se lee en su folleto, “el bienestar animal implica entender las necesidades de los animales individuales, promover su cuidado y reducir el maltrato. Esto no implica dar derechos a los animales o elevar su condición por encima de los humanos”.
La misérrima conclusión a la que llega después de explorar brevemente la idea de que los animales sienten (no que tengan sentimientos), es reducir el dolor o el estrés y mejorar sus condiciones de cautiverio para que la carne y otros de sus subproductos sean de mejor calidad y su consumo no represente un peligro para la salud humana. Lo que sigue es un buen ejemplo de cómo ve este asunto la WSPA: “La comprensión de que los animales son seres sintientes y que pueden sufrir implica reconocer responsabilidad en cuanto a cómo se les debe tratar. Por ejemplo, es una práctica ganadera bastante extendida en el mundo que las cerdas sean confinadas en jaulas -que restringen severamente sus movimientos- para reducir la tasa de mortalidad de los cerditos, que suelen morir aplastados [por la madre]. Sin embargo, hay fuertes evidencias científicas de que las cerdas sufren cuando se las mete en estas jaulas y se frustran porque no pueden moverse para buscar comida o comportarse como madres. También hay evidencias de que estos sistemas son innecesarios”. Según el documento, por esta razón estos establos han sido prohibidos en países como el Reino Unido y Suecia.

El hecho de que los animales sean seres sintientes y, como nosotros, conozcan estructuras sociales, parentesco, cultura, sentimientos, tradiciones, lenguaje, no lleva a la WSPA a considerarlos sujetos de derecho. Todo lo que pretende la WSPA es que los animales no sufran demasiado –probablemente se refieren al sufrimiento físico, porque no parece que entienda que el cautiverio, la esclavitud, la separación familiar, la explotación y el consumo tras el obligado pasaje por el matadero son también experiencias dolorosas, quizás más que los rigores físicos. Si se descubriese alguna vez que las vacas o los cerdos pueden aprender a leer, la WSPA probablemente sugeriría instalar bibliotecas en los mataderos, para que las víctimas se distraigan antes de ser llevadas a la carnicería. Y esto no tiene nada que ver con la causa animalista. Esto es la causa animalista tal como la debe entender Drácula.
[Foto viene de Animal Urbano.]

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La WSPA y la Industria Ganadera


Pese a la reputación de la WSPA como una organización dedicada al bienestar animal, y a la errónea creencia relacionada de muchos de que por esto es una organización animalista, la verdad es que el bienestar animal en sí mismo no parece interesarle mucho. Para la organización, el bienestar animal está supeditado al bienestar humano y sólo tiene sentido en el contexto de la explotación animal. La WSPA, a diferencia de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en su Declaración Universal de los Derechos de los Animales (aprobada por la UNESCO en 1977), que en su artículo 1 declara que “los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia”, no reconoce el derecho de los animales a la vida. Pese a que la WSPA se caracteriza muchas veces por formulaciones poco explícitas, con intenciones encubiertas y con frases de múltiple o incierta significación, esta postura se hace evidente en muchos de sus documentos públicos. (Dicho sea de paso, la WSPA desdeña completamente la declaración de la ONU sobre los derechos animales, como si tal declaración no existiese.)

En un documento subido a la red hace dos años por Animals Matter to Me, se encuentran postulados y propuestas que hacen evidente una concepción de los animales que es fundamentalmente utilitarista. Durante la Semana Animal Mundial de la ONU de 2009, la WSPA logró introducirse para propagar su espeluznante ideología, enfatizando los beneficios del bienestar animal para la industria ganadera. “Juntos [según la WSPA, su intervención en la ONU fue una colaboración con varios gobiernos de países que la respaldan] subrayamos el vital vínculo entre el bienestar animal y el desarrollo sustentable”.

El desarrollo sustentable es una de las áreas en las que más insiste la WSPA, probablemente por su estrategia de expansión en países que llama en vías de desarrollo. Para estos países propone el bienestar animal como una manera de “mejorar la seguridad alimentaria, combatir la pobreza, proteger el medio ambiente y facilitar la agricultura sustentable”. En este contexto, sin mencionar para nada temas como, por ejemplo, la reducción del sufrimiento animal, hace suya una declaración de Jakob Strom, consejero de Asuntos Económicos y Sociales de la Misión Permanente de Suecia ante Naciones Unidas, que postula bizarramente que el bienestar animal “beneficia tanto a seres humanos como a animales”. El funcionario debe haber entrevistado a los animales a la entrada del matadero.

Según la WSPA, en otro documento (Animal welfare matters to animals, people and the environment), de 2011, la necesidad del bienestar animal se deriva de que casi la mitad de la población mundial trabaja en la agricultura, lo que convierte al ganado “en esencial para su alimentación, empleo e ingresos”. Las prácticas de bienestar animal “reducen el riesgo de enfermedades transmisibles a humanos (zoonosis) y mejora la seguridad alimentaria […]”. También son buenas “para combatir la pobreza y reducir el hambre” y “mejoran la productividad de los animales”. Es bueno también cuidar a los animales para el caso de que los humanos deban enfrentarse a desastres, por lo que “deben ser considerados como respuesta ante catástrofes”.
En cuanto a los derechos animales, la aplicación de prácticas del bienestar animal “no implica dar derechos a los animales”, ya que según quiere entender la WSPA, eso equivaldría a “elevar su condición por encima de los humanos”. Curiosa lógica. Si les reconocemos derecho a la vida, los ponemos por encima de nosotros. Para la WSPA, la condición de esclavitud animal en beneficio humano corresponde a la naturaleza misma de la única relación humano-animal que concibe.

En resumidas cuentas, el bienestar animal es una estrategia para contribuir al desarrollo y bienestar humano. Los animales bien tratados enferman menos y asegurar carnes de calidad. Al mismo, son igualmente más productivos, lo que implica que se puede aumentar la producción ganadera que se necesita para contribuir al desarrollo y  eliminar la pobreza y el hambre. Cita el documento a un funcionario de la FAO, Samuel Jutzi, que aclara que “el bienestar animal es [...] una parte integral de programas para mejorar la salud humana, aumentar la producción de ganado [y] responder ante desastres naturales”.

Repite el documento de diferentes modos los mismos planteamientos sobre los beneficios del bienestar animal para la industria ganadera y la salud humana. Siguen aquí algunas frases relevantes que he traducido de los documentos de la WSPA citados aquí:

-“El trato humanitario de los animales es esencial para la sustentabilidad, debido a que muchos pueblos del mundo –particularmente en países en desarrollo- dependen de los animales para su alimentación e ingresos. Para ellos, una mayor consideración del bienestar animal ayuda a mejorar la tasa de supervivencia, el crecimiento y la producción de su ganado, así como resguardar la seguridad alimentaria, la salud humana y el desarrollo social

-“La buena ganadería contribuye considerablemente a la nutrición y la seguridad alimentaria, ya que la carne y los productos animales están presentes en la dieta de muchas personas”.

-“Las mejoras en el bienestar animal no redundan solamente en carne más segura, sino que además la calidad y rendimiento de la carne están directamente relacionados con el modo en que se trata a los animales”.

-“[…] uno de nuestros pilares estratégicos es el mejoramiento de la seguridad alimentaria y soberanía, y la consideración de que el bienestar animal es vital para proveer al consumidor con productos cárnicos de buena calidad y sanos”.

- “La salud animal aumenta la productividad y contribuye a la estabilidad de las comunidades que dependen de ellos, protegiendo la agricultura y conduciendo al desarrollo sustentable. Más allá de esto, el manejo animal responsable tiene un efecto positivo sobre el uso de la tierra, el cambio climático, la polución, el suministro de agua, la conservación del hábitat y la biodiversidad. También reduce el riesgo de enfermedades que pueden ser transmitidas de animales a humanos y mejora la seguridad alimentaria”.

-“Hoy, con cerca de mil millones de las personas más pobres del mundo dependen de los animales para sus ingresos y alimentación, el bienestar de estos animales es esencial para sostener las economías humanas”.

La siguiente idea merece ciertamente pasar a la historia de infamia:

-“Los animales sanos también aseguran el suministro de agua, ayudando a proteger a la gente contra la desnutrición y el hambre”.

La ideología de la WSPA parece bastante infantil. El bienestar animal es una estrategia destinada a mejorar la productividad del ganado, a mejorar la calidad y seguridad de la carne y a aumentar el consumo de esta. Los buenos tratos logran también otro montón de objetivos, como menos polución y mejor salud humana.
Todos estos objetivos deben parecer a muchos –a juzgar por las expresiones de afinidad de muchos con la WSPA- fines loables, especialmente los que consideran que el bienestar humano no es compatible con el respeto del derecho de los animales a la vida. Sin embargo, en el mundo moderno muchas de los presupuestos y proposiciones de la WSPA son simplemente mitos. En estos documentos sobre los beneficios de la buena ganadería, el desarrollo y la salud humana la WSPA no menciona ni una sola vez cosas como, por ejemplo, el fomento del consumo de vegetales como alternativas válidas al consumo de carne; no menciona que el consumo de carne está en el origen de muchos de los males que afectan la salud humana, como la artritis, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares e incluso el mal de Parkinson y la enfermedad de Alzheimer; no menciona ni una sola vez el fomento de dietas más sanas, ni siquiera dietas tradicionales como la mediterránea, que implican una reducción drástica del consumo de carnes. Su objetivo principal, en un contexto en que muchos gobiernos e instituciones del mundo quieren convencer a sus poblaciones de que, por razones de salud y relacionadas con el impacto de la ganadería sobre el medio ambiente, reduzcan substancialmente el consumo de carnes, la WSPA propone exactamente lo contrario: aumentar la producción ganadera y el consumo, en la creencia de que esto es sinónimo de mejor salud, mejor carne, mejor medio ambiente, menos hambre y menos pobreza y más desarrollo, proposiciones entrelazadas unas a otras de manera arbitraria y, a veces, bastante incoherente, porque simplemente no se deducen unas de otras. Más ganado y más carne no implica necesariamente menos hambre ni menos pobreza ni más salud y, muchas veces, implican exactamente lo contrario.

Al mismo tiempo, la WSPA está activamente implicada en obstaculizar el desarrollo del vegetarianismo. “Es importante no tergiversar el mensaje de la crueldad animal y traducirlo al vegetarianismo”. De lo que se trata es de fomentar el “consumo de carne sin [sentimientos de] culpa” y de “demostrar que hay formas humanitarias de producir y comer carne” (en Pepa García). ¿Cuál será la forma humanitaria de comer carne? ¿Será diferente a la forma cavernícola, o a la forma vampírica?

Desde un punto de vista ético, en momentos en que muchas iglesias del mundo, entre ellas la católica, la adventista, las iglesias evangélicas, la anglicana, la pentecostal, la musulmana, la judía, la budista, y numerosas organizaciones de la sociedad civil, insisten ante sus miembros, o fomentan entre ellos reducir o eliminar el consumo de carne como parte de una nueva relación con los animales, la WSPA quiere convencernos de que debemos comer más carne, tener más ganado y rechazar la idea de que el consumo de carne, o la ganadería misma, sean opciones éticas. Para la WSPA, es una cuestión meramente técnica.

Estas decisiones presuntamente técnicas las quiere dejar la WSPA en manos de estamentos o grupos profesionales como “veterinarios y organizaciones inter-gubernamentales”, a los que invita a integrarse a la WSPA para “jugar roles claves en la definición del futuro del bienestar animal a nivel global”. Al mismo tiempo, la WSPA emplea también tácticas de infiltración en los movimientos bienestaristas e incluso animalistas, adaptando sus posturas dependiendo de los grupos, y de acercamiento y seducción de las clases política y funcionaria. Actúa evitando la luz pública. En Chile, sin embargo, no oculta sus avances en la infiltración del Senado y en ministerios, como el de Agricultura y el Salud. A nivel de ministerios y reparticiones gubernamentales ofrece asesorías presuntamente profesionales, pero que apuntan todas a fortalecer su propia posición de poder para fomentar la industria ganadera. Al dejarles influir de manera decisiva, y completamente injustificada, tanto desde el punto de vista profesional como ético, en estrategias y planes de desarrollo ganadero, o de desarrollo en general, los gobiernos que le abren la puerta a esta organización ponen en grave riesgo la soberanía nacional, y en peligro todo modelo social o de desarrollo donde la ciudadanía juegue un papel central y en los que la noción misma de desarrollo excluye a estos grupos que quieren enquistarse en el cuerpo social como los expertos que han de guiarnos hacia el futuro. Para la sensibilidad contemporánea sus proposiciones son anticuadas e inmorales. Reflejan los valores de un modelo de sociedad que hoy es derechamente incompatible con el desarrollo, sobre la base de premisas absurdas y falsas: por ejemplo, que más carne equivale a mejor salud o que más ganado implica la erradicación de la pobreza, como si esta fuese consecuencia de la escasez de recursos, y no de una distribución aberrante de estos.

Lecturas recomendadas

Amado de Mérici
-Qué hace la WSPA en Chile 
(hay una versión abreviada en QuintoPoder
-Las iglesias y los derechos animales

Pepa García
-La verdad sobre la WSPA 
-Los pavos y las culturas inventadas 

Descenso al Infierno

[Recientemente llegaron a tribunales argentinos fotografías de detenidos argentinos que, durante la dictadura, eran arrojados, maniatados y amarrados, al mar. Uno de los cadáveres recuperados llevaba un tatuaje.]

[Amado de Mérici] No deja uno de asombrarse sobre las terribles torturas y malos tratos a que fueron sometidos los perseguidos por las policías secretas durante las dictaduras de inspiración norteamericana en el continente en los años setenta. Torturas y confinamiento en condiciones inhumanas de vida. Persistentes humillaciones. Aniquilación de la personalidad. Despersonalización. ¿Qué esperar de un ejército que viola a las detenidas para dejarlas embarazadas y luego, tras dar a luz, asesinarlas para traficar con los bebés, que terminaron muchos siendo apropiados ilegalmente, como hijos adoptivos, por parejas de fascistas estériles? Eso es lo que sabemos. La realidad puede ser peor. Y este espantoso régimen de terror iba unido a la terrible banalidad del mal que ejercían. Por ejemplo, muchos ciudadanos fueron acusados falsamente de estar implicados en actividades subversivas simplemente para robarles. Y eso tampoco les impedía asesinarlos con torturas igual de atroces que injustificadas, como si hubiesen sido los enemigos a los que odiaban.
A veces, agentes se peleaban hasta la muerte por el botín. En una ocasión, tras descubrir en un allanamiento varios miles de dólares, luego de asesinar a sus moradores se agarraron a balazos entre ellos. Y estas barbaries no eran casos aislados ni eran cometidos por las tropas o agentes de bajo rango. Durante la dictadura argentina –que es la que describimos- incluso un grupo de ministros tenía su propio escuadrón de la muerte que se especializaba en secuestros extorsivos.

Hace unos días leí el caso del prisionero Mario Villani que cuenta que salvó la vida porque los militares y los agentes civiles lo usaban para que reparara los electrodomésticos que robaban en las casas de los detenidos que, posteriormente, serían asesinados. Los artefactos “tenían que ponerlos en condiciones para llevárselos a sus casas o venderlos”.
En la cárcel secreta donde estuvo retenido, vio morir a muchos, militantes y no militantes, no por motivos políticos ni ideológicos, sino simplemente para sepultar los robos y otros actos ilícitos. Como los nazis, un objetivo de la represión era hacerse con los bienes y propiedades de los perseguidos. Sus jefes autorizaban este pillaje como botín de guerra, razón por la que algunos allanamientos se hacían con camiones, para trasladar los muebles y otras pertenencias a depósitos del ejército. Como en la Alemania nazi, un grupo se especializaba en la reducción de los objetos.

Se conoce el caso del llamado “Cura del Infierno”, el capellán de policía Christian von Wernick, que, con un grupo de agentes de seguridad, secuestraba a chicos católicos, les acusaba falsamente de ser subversivos y encarcelaba. Luego se acercaba a las familias ofreciéndose a trasladarlos a Uruguay y otros países para que iniciaran una nueva vida, todo ello naturalmente a cambio de dinero. Recibido el dinero, los hacía asesinar. Se sabe que también llegó a participar él mismo en el asesinato de uno de los chicos. Tras matarlos, quemaban sus cadáveres y celebraban la victoria con un asado.

Otro caso impresionante es de unos sobrevivientes que contaron que, en la cárcel clandestina donde estaban recluidos, los agentes no les alimentaban. Encerrados a oscuras durante días sin bebida ni comida, eran liberados de vez en vez para que salieran a un patio, donde debían luchar por la comida, que eran repollos podridos que les arrojaban sus celadores y que no alcanzaban para todos. ¿Se puede imaginar algo más inhumano? En otros campos se alimentaba a los prisioneros cada dos o tres días con agua con harina y vísceras de animales crudas

Hace unos días la prensa informó sobre el hallazgo de algunos detenidos que fueron arrojados al mar en el Río de la Plata. Las fotos muestran pies amarrados con cuerdas, cuerpos maniatados. Este método de eliminación –con los reos sedados- había sido aprobados por la demoníaca iglesia católica argentina (la que, como ven, en nada se parece a la iglesia chilena, que asumió la defensa de los perseguidos desde el primer día de la dictadura), que lo calificó de humanitario. Era lo que decía el cura von Wernick. Pero un impresionante detalle en las fotos revela que aparentemente a algunos prisioneros los tatuaban, como hacían los nazis con los prisioneros judíos. El cadáver de una víctima que apareció en una playa de Uruguay en 1976, llevaba tatuadas las letras “FA”, que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) cree que corresponde con Floreal Avellaneda. Por lo general, los detenido recibían un número de identidad, que debían aprender de memoria. El uso del nombre les quedaba prohibido.

Parece establecido que aunque los militares, o muchos de ellos, se pretendían católicos, y lograron conseguir el apoyo de la jerarquía de la iglesia argentina, en realidad eran nazis. Los agentes encargados de la represión recibían instrucción ideológica y debían leer y comentar “obras de Adolfo Hitler y otros autores nazis y fascistas”. Es difícil entender cómo personas que pretendían ser católicas, instruían a sus subalternos con literatura nazi. Pero la usurpación ideológica es un fenómeno conocido. En Chile el partido de la extrema derecha pinochetista, UDI, también se declara católico (falsamente, creo yo), aunque se originó en una milicia neo-nazi (Patria y Libertad) financiada por Estados Unidos.

Por otro lado, los discursos de Hitler eran también usados como un instrumento de tortura psicológica, obligando a los prisioneros, especialmente a detenidos judíos, a escucharlos interminablemente.
Los agentes argentinos se ensañaban con los presos judíos. En un espeluznante caso, un guardia obligaba a un detenido judío a salir de su celda y “le hacía mover la cola, que ladrara como un perro, que le chupara las botas. Era impresionante lo bien que lo hacía, imitaba al perro igual que si lo fuera, porque si no satisfacía al guardia, este le seguía pegando. Después cambió y le hacía hacer de gato”.

Violencias similares ejercieron los agentes chilenos contra sus detenidos. El general Contreras, jefe de la policía secreta y al mismo tiempo agente de la CIA, acostumbraba sacar los ojos de los prisioneros en un ritual que todavía no ha sido explicado, pero que puede ser satánico. Arrancaba a los prisioneros las tapaduras y dientes de oro para reducir las piezas en el mercado.

Es doloroso pensar que todavía muchos ciudadanos, pese a todo lo que sabemos sobre esos regímenes, persistan en justificar esos horrores y en defender a sus autores, a los que se atreven incluso a rendir homenaje. Resulta igualmente increíble que esos militares, de una indecible cobardía, exijan todavía trato de héroes, como si ignoráramos lo que hicieron. Y sigue siendo urgente empujarles de vuelta al infierno.

Circo, Tortura y Animales Exóticos

[En Estados Unidos discutirá el Congreso en estos días un proyecto de ley que muchos, pese a sus deficiencias, esperan que sea aprobado. Se trata del proyecto que prohíbe que los circos itinerantes trabajen con animales exóticos salvajes, como leones y elefantes.]

La Ley de Protección de Animales Exóticos Itinerantes no prohibirá que esos circos, que recorren las carreteras estadounidenses cincuenta semanas al año, trabajen con animales domésticos, pero es igualmente una gran decisión.

Aparentemente la principal razón para la prohibición es la constatación de que el adiestramiento de esos animales incluye numerosos métodos de sometimiento que hoy consideramos derechamente tortura, “usando instrumentos como la picana, látigos, tubos de metal y patadas en la cabeza, y la destrucción sistemática y total de su espíritu”, según escribe Jay Kirk. Hoy los domadores utilizan igualmente la pistola eléctrica.
Es interesante el análisis de Kirk. Dice que los partidarios de los actos circenses con animales recurren siempre al argumento de que la prohibición dejará a muchos –entre ellos domadores y cuidadores- sin trabajo. Es lo mismo que temían cuando se prohibieron los espectáculos con personas deformes, como enanos, mujeres bigotudas, albinos, hombres con manos de seis dedos y similares. Sin embargo, el circo no desapareció. Agrega que, al contrario, con la prohibición de usar animales en el espectáculo podría aumentar el empleo para humanos. Con un poco de creatividad, sus dueños podrían contribuir a que el circo se refine como espectáculo.

El espectáculo con animales no solamente es un crimen en el sentido de que realizan esos actos sometidos por cotidianas y dolorosas torturas, físicas tanto como psicológicas, apartados de sus entornos naturales y exiliados de sus sociedades y culturas, sino además por la constatación de la terrible banalidad de su cautiverio. El espectáculo provoca desazón y el sentimiento tiene que ver “[…] con el conocimiento de que la única razón del sufrimiento de estos animales es que aprendan, admitámoslo, un conjunto bastante pobre de actos, especialmente cuando lo que realmente queremos ver es a los acróbatas y los trapecistas”.
Por las condiciones en que viven en cautiverio, el hacinamiento, el encierro prolongado, los dolorosos ensayos, los golpes, las descargas eléctricas, los latigazos, las cotidianas humillaciones llevan a muchos animales, especialmente a los elefantes, a la locura, y esos estallidos de rabia y violencia terminan a veces en terribles tragedias con víctimas humanas y animales. A veces matan a sus domadores. Pero aun, escribe Kirk, a veces también atacan a niños y transeúntes inocentes.

Suele compararse el circo con la cárcel http://mqh02.wordpress.com/2011/12/22/entre-el-circo-y-el-zoo/, el manicomio, el campo de concentración y el zoológico. La comparación es pertinente. De hecho, era habitual que en los hospitales psiquiátricos de Inglaterra, y hasta entrado el siglo diecinueve, se obligase a los internos a realizar actos considerados artísticos para los visitantes (Ellenberger, en Mérici). Aparte esto, el cautiverio, sea en zoológicos o en circos, deja terribles secuelas de deterioro emocional y mental en los animales, incluyendo la locura a la que se refiere Kirk. En las jaulas circenses, cuando no están en la pista, es frecuente ver a animales haciendo movimientos repetitivos durante horas, como mover la cabeza de un lado a otro, o caminando en círculos, o incluso, en un caso extremo, comiendo sus propios excrementos. Hasta hace poco, en muchos zoológicos del mundo los visitantes podían llevar un perro o un gato para alimentar a los leones, que los cuidadores arrojaban a las jaulas para que pudieran presenciar el atroz espectáculo.

Si el circo no se reforma radicalmente y termina con la explotación animal, debiese ser derechamente prohibido, aunque en la prohibición del uso de animales se puede encontrar la semilla del circo del futuro, sin esclavos animales y con nuevos números humanos –incluso con humanos disfrazados de animales, que sería de cualquier modo mucho más divertido. Como Kirk, también creo que la prohibición de los espectáculos con animales es, para los circos y los artistas circenses, quizá la mejor noticia que hayan oído en su historia, excepto quizás cuando les prohibieron la exhibición de seres humanos –gigantes, mujeres peludas, albinos, jorobados, y también, recordemos, indios y negros.

Lecturas recomendadas

Editorial de Los Angeles Times
Son elefantes, no payasos 

Jay Kirk
Terminemos con el circo con animales

Amado de Mérici
Contra el zoológico

Entre el circo y el zoo


Entre el Circo y el Zoo

En un editorial del 2 de diciembre, el diario Los Angeles Times (en mQh2) celebraba el convenio entre el Ministerio de Agricultura de Estados Unidos y la compañía Feld Entertainment Inc., responsable del circo Ringling Bros. and Barnum & Bailey, según el cual la primera pagará 270 mil dólares al estado después de una prolongada investigación sobre maltrato animal. 

En los últimos dos años ciudadanos y organizaciones animalistas presentaron numerosas denuncias por maltrato animal, especialmente de los elefantes, que, entre otras cosas, permanecen encadenados durante horas y son doblegados por medio de la picana, que es un instrumento de tortura. La investigación descubrió hechos más graves que los denunciados. El convenio puso fin a la pesquisa y el circo se comprometió a implementar estrictamente la ley de bienestar animal.
Pese a que Los Angeles Times cree que el circo debería simplemente dejar de ofrecer espectáculos con animales exóticos, en lugar de proponer, por ejemplo, su prohibición, recomienda a los lectores que se perturban con los actos circenses con animales que muestren su descontento dejando de asistir, y que los que realmente quieran ver a paquidermos, pueden hacerlo pagando una visita al Zoológico de Los Angeles –como si el hecho de que no presenciemos el sufrimiento animal de un algún modo lo anulara.
Para los animales, como para los humanos, esta recomendación sugiere saltar de la sartén al fuego. Si el circo es una suerte de cárcel itinerante, el zoológico es todavía peor. La situación de los animales que viven en cautiverio en los zoológicos ha sido comparada muchas veces con la de los reos en cárceles humanas, los prisioneros en campos de concentración y los pacientes en hospitales psiquiátricos. El cautiverio en zoológicos suele ir acompañado de terribles secuelas psicológicas en los animales, que resienten el cautiverio con todavía mayor intensidad que los humanos.
El temor y la ansiedad permanentes, los estados prolongados de estupor y el rechazo de la alimentación –a veces hasta que acaece la muerte-, el proceso de aniquilación de la personalidad del animal para convertirlo en un ser asustadizo y sumiso, su exhibición permanente, son algunos de los síntomas más ligeros, si se puede, del cautiverio. “A estas frustraciones […] deben agregarse las que son creadas por el público y los guardas. La mera, ´inocente´ exhibición en una jaula puede ser una experiencia traumática, cuando te sabes observado por, y a merced de decenas de enemigos” (en Mérici).

El resultado de este confinamiento perpetuo, “son casos graves de deterioro emocional. Entre sus síntomas se incluyen ´severas crisis de ansiedad, repentinos y violentos estallidos contra los guardas u otros miembros de su especie, y ataques de autodestrucción´. Entre estos últimos el autor [Ellenberger] cuenta los movimientos repetitivos que ejecutan algunos animales: ´¿Quién no ha visto en el zoo a un oso agachando la cabeza una y otra vez, o apoyándose en un pie, moviéndose de derecha a izquierda,  o a un tigre moviéndose en círculos en su jaula, o a una hiena haciendo la figura del ocho?´ Son todas conocidas reacciones psicopatológicas ante el cautiverio. También el consumo de excrementos es un síntoma patológico, una reacción desconocida en su hábitat natural y que parece confinarse a reacciones ante algunas formas de cautiverio. Se cree que esta conducta aberrante es producto de dietas desequilibradas. Pero también son reacciones ante el aburrimiento y la falta de actividad”.

El terrible e injustificado daño emocional que sufren los animales en el zoológico afecta ciertamente su integridad mental, y no menos igualmente la de los humanos que los observan, que se habitúan a vivir en una sociedad que encuentra normal la esclavitud y la crueldad hacia los animales.
El circo pertenece al mismo universo que el zoológico, el manicomio, el campo de concentración y la cárcel. Tan es así que en Occidente y en muchas otras partes del mundo, los espectáculos artísticos que hoy vemos en los circos formaban parte del repertorio habitual de zoológicos y manicomios humanos. China acaba de prohibir hace poco los espectáculos con animales en los zoológicos. El zoológico de Chicago permitió los espectáculos con sus animales residentes nada menos que hasta 1983.
No sé si se justifica hoy la reflexión de Ellenberger de que la situación de los animales en los circos, pese al cautiverio y los síntomas del estrés asociado al confinamiento y a los malos tratos, era mejor que en los zoológicos, precisamente debido a la actividad y a las giras por paisajes diferentes, que pueden ser una fuente de entretención de los animales. Hoy tendemos a creer que esas ventajas no lo son en absoluto, cuando van acompañadas de malos tratos, torturas y humillaciones permanentes, que es el único modo en que conciben los domadores su relación con los animales.
Por eso la recomendación de Los Angeles Times suena bizarra. Presenciar el encierro animal, o disfrutar con él en un circo o en un zoológico no afecta en nada la condición de cautiverio a la que tenemos sometidos a los animales.
El zoológico, así como el circo, debiesen ser simplemente abolidos o transformados radicalmente. El primero podría convertirse en un santuario o en centro de rescate y rehabilitación animal; el segundo, si prohibiese los espectáculos con animales, ganaría mucho si los animales fuesen representados por humanos.

“El zoológico es una máquina de demencia, ansiedad, terror. Esta mera constatación debería marcar su absoluta falta de justificación. Asombra en realidad que exista todavía, conocidos los nefastos efectos sobre la salud mental de los animales, y los menos conocidos efectos sobre la salud mental de los humanos. ¿Consideramos de verdad fundamental criar y educar a los humanos en una sociedad que contempla como normal la esclavitud animal? ¿Vale la pena crecer y vivir en una sociedad que somete a violentos malos tratos y torturas a los animales, que encuentra  normal encerrarlos de por vida para divertirnos y criarlos para matarlos y mutilarlos y exhibir para la venta sus trozos sanguinolentos en las carnicerías? Muchos creemos que estos violentos espectáculos son nocivos para la condición humana, pues nos convierten en seres monstruosos e insensibles, prisioneros de nuestra pequeñez y gula, incapaces de emocionarnos e indiferentes ante la indecible crueldad con que tratamos a los animales”.

Lectura recomendada
Contra el zoológico


¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Qué Hace la WSPA en Chile

Desde hace un tiempo he venido recopilando información sobre la WSPA (World Society for the Protection of Animals; Sociedad Mundial para la Protección Animal) con la intención de mostrar la verdadera naturaleza de esta organización. Otras ocupaciones desviaron mi atención y el proyecto quedó en el tintero. Pero mi interés volvió a renacer ahora a fines de octubre cuando, leyendo sobre la campaña contra la matanza y explotación comercial de los lobos marinos de las costas chilenas en la página web de SOS Lobos Marinos Chile (que para esta campaña agrupa a organizaciones animalistas como Ecocéanos, Centro de Conservación Cetácea, AnimaNaturalis y la WSPA), me entero, en un párrafo escrito como al paso, que el senador Girardi, que apoya la campaña, es también "aliado de la WSPA en otras iniciativas como la campaña por la Declaración Universal sobre Bienestar Animal".
Antes de seguir, creo que esta campaña contra la explotación o muerte de los lobos marinos, es una iniciativa necesaria y urgente que todos deberíamos apoyar. Mi problema no es esta campaña, sino lo que me parece que son intentos de manipulación de la WSPA, tanto del senador Girardi como de la opinión pública en general. En los últimos años, el senador Girardi ha demostrado ser un activo defensor de las causas animalistas y es uno de los políticos que sumó sus esfuerzos a la campaña por borrar del proyecto de ley de protección animal el articulado que autorizaba, en el proyecto del gobierno de la presidenta Bachelet, el exterminio de los perros callejeros. Por eso llama la atención que aparezca como firmante de esa declaración de la WSPA.

¿Qué Es la WSPA?
La WSPA es una organización internacional bienestarista fundada en 1981 que tiene como uno de sus objetivos explícitos la protección y bienestar animal. Agrupa a mil sociedades protectoras y organizaciones animalistas en 150 países. En su página web para América Latina, podemos leer que la organización incluye entre sus prioridades a los animales de compañía y que promueve la tenencia responsable de mascotas, el control o manejo humanitario de poblaciones callejeras (vagabundas) y que quiere evitar la crueldad hacia los animales. También es activa en el campo de los animales de granja y aparentemente buscan introducir reformas a la cría intensiva, al transporte en trayectos largos y en las técnicas de sacrificio de los animales -con el fin de desterrar las prácticas crueles o no humanitarias.
En los últimos 30 años ha logrado introducirse en una serie de organismos internacionales, como Naciones Unidas y el Consejo Europeo, convirtiéndose en una organización de mucho poder. Está constantemente buscando aliarse con personas con poder (léase políticos como senadores, diputados, ministros) y con organizaciones del ámbito del bienestar animal (protectoras). Su objetivo explícito es influir y determinar de manera decisiva las políticas públicas relativas al bienestar animal basándose en su aparente carácter profesional.

La WSPA y los Perros
Pese a sus aspiraciones, y al hecho de que lleva varios años en el país infiltrando y cooptando a las más diversas organizaciones, la organización tiene un conocimiento bastante precario de la realidad chilena.
En mayo de 2011, la página web PrensaAnimalista publicó un artículo de la WSPA bajo el título de ‘Animales de la calle: la triste realidad’, la versión en español de un artículo publicado en inglés en la página web de esa organización. Leyéndolo, no parece que haya sido escrito pensando en Chile, porque su descripción de los perros de la calle, sus premisas y conclusiones, no tienen nada que ver con la realidad de los perros en el país. La razón de su publicación es pues misteriosa. La organización predica lo que llama el manejo humanitario, vale decir, la eliminación de los perros y gatos de la calle, e incluso de mascotas con hogar, como método de lo que creen un necesario control canino. Estando en Chile prohibida la aplicación de la eutanasia médica a animales de compañía sanos, y permitiendo la legislación administrativa existente (los dictámenes de la Contraloría) la aplicación de la eutanasia sólo en casos individuales y calificados por razones urgente y estrictamente médicas, la difusión de la ideología de la WSPA revela un desconocimiento brutal de la realidad chilena y de la sensibilidad de sus habitantes.

Sé que hay muchos que ignoran o niegan estos hechos. Trataré de demostrar en este escrito que quienes se oponen a la penetración de la WSPA en Chile, como mis amigos Claudio Lísperguer (Cuidado con los nazis de la WSPA; La WSPA sigue matando; Mercanchifles de la WSPA vienen a matar) y Pepa García (La verdad sobre la WSPA), tienen toda la razón. En el documento publicado por PrensAnimalista bosqueja la presunta realidad de los perros en la calle. Dicen que "la vida en la calle es dura", los perros se pelean por la comida que encuentran en la basura y "las heridas sufridas de esta manera rara vez son tratadas". Que la vida es dura en la calle es una constatación innegable para muchos perros, pero que riñan por la comida no es privativo de los perros callejeros. Todos los perros se disputan por la comida, en la calle o no. Y, de hecho, todos los animales se disputan por la comida, domésticos o no. Quien escribió esas líneas no tiene ni idea de etología (la ciencia que estudia la conducta y cultura animales).

Seguidamente afirman que el "75% de los cachorros de los países en vías de desarrollo mueren en la agonía de enfermedades que incluyen la rabia y el distemper". No sé si Chile es un país en vías de desarrollo ni sé qué significa exactamente esa descripción, pero esas conclusiones no se aplican aquí en absoluto. Tampoco las del párrafo anterior. En Chile existe una amplia y extendida red de tutores (madrinas, padrinos, llamados afectuosamente viejas locas) que se ocupan de los animales en la calle, los alimentan, les proporcionan ayuda médica o los llevan al veterinario. Esta es una realidad que conocemos todos. En 2006, cuando asumió la presidenta Michelle Bachelet, el intendente de Santiago mandó matar a los perros que vivían en la Plaza de Constitución, frente al Palacio de La Moneda, que es la sede del gobierno nacional. Los perros llevaban viviendo allí varios años y las nuevas autoridades socialistas decidieron exterminarlos para que no empañaran la ceremonia de investidura de la nueva presidenta. Pues bien, todos los perros de la plaza contaban con tutores, que los alimentaban y cuidaban. Todos ellos tenían sus tarjetas médicas al día, estaban todos vacunados y ninguno de ellos estaba enfermo. Algunos de ellos dormían incluso en locales, quioscos y cobertizos, porque los dueños o administradores de esos recintos les dejaban dormir ahí para protegerles del frío y otros peligros. La noche en que los funcionarios de la intendencia salieron a matar, los carabineros de turno en la plaza, cuando vieron sus intenciones, rescataron a algunos y los ocultaron en las furgonetas policiales hasta después de que se marcharan. Este terrible e injustificado acto de crueldad fue denunciado ampliamente y es una de las circunstancias que más impulso dio al movimiento animalista, entonces incipiente.

No se puede decir que esta sea la realidad de todos los perros de la calle ni que su presencia en la calle no implique problemas para los humanos. Pero ese trágico incidente (que le costaría el cargo al intendente algunos meses después) dejó en claro que los perros en la calle sí cuentan con una extensa y comprometida red de protección. La matanza fue ampliamente condenada por toda la ciudadanía, sin distinción ni de credo ni de orientación política. Las encuestas demuestran que la inmensa mayoría de los chilenos reconocemos a las mascotas el derecho a la vida y rechazamos que se les sacrifique por motivos pueriles. De hecho, la jurisprudencia administrativa de los últimos diez años sólo permite la eutanasia de animales con enfermedades dolorosas o incurables o que sufren de rabia. Incluso en este último caso, un perro aislado en observación por presentar síntomas aparentes de rabia sólo puede ser sacrificado si tras diez días se confirman esos síntomas.

Dice luego el documento de la WSPA que "a menudo las personas que viven a su alrededor los ven como una molestia y un riesgo para la salud" y que "la falta de conocimiento y recursos hacen que las comunidades de los países en vías de desarrollo recurran a la matanza por azar, envenenando, electrocutando o disparando a los perros". Hay que decir que el documento está lleno de estas frases alarmistas y los autores no ofrecen ningún documento ni enlace donde se demuestre la veracidad de estas afirmaciones. Son afirmaciones huecas, sin ninguna justificación. Más que constataciones y hechos, son creencias mal
inspiradas. Este recurso a afirmaciones no fundamentadas sólo muestra algo que queda en claro a poco de empezar la lectura. Sus conclusiones no se basan en ninguna investigación ni objetiva ni científica ni académica.

Tiene Lísperguer toda la razón cuando nos advierte que este documento debe ser leído con extremo cuidado, porque ha sido escrito para ocultar o encubrir su verdadera ideología. Por ejemplo, considérese esta frase que dice que por ignorancia y falta de recursos la gente realiza "matanzas al azar". ¿Es que existen matanzas que no sean azarosas? Claro, existen las matanzas sistemáticas, que en nuestro país son delito. A sus autores los perseguimos y, si podemos, los encarcelamos. Lo que quiere sugerir la WSPA es que hay métodos de sacrificio que no incluyen el veneno, ni la electrocución ni los disparos. "Estos métodos no son humanitarios y causan enorme dolor y sufrimiento a los animales". Así, para la WSPA se trata de la manera en que mates a los perros y gatos de la calle, sin reconocer lo que creemos los chilenos, que es que nuestras mascotas tienen derecho a la vida, tal como tú o yo, tal como los funcionarios de la WSPA.

Dice luego el documento, en esta retahíla de constataciones infundadas que no se aplican a Chile, que "la mayoría de los animales callejeros han sido abandonados por sus dueños o estos les permiten andar sueltos libremente". Para esta afirmación no ofrecen ni fuentes documentales ni cifras ni nada. Que la mayoría de los perros en la calle han sido abandonados es una creencia infundada y en algunos países derechamente falsa. Investigaciones y estadísticas en Inglaterra y Estados Unidos indican que, al contrario, la mayoría de las mascotas que se encuentran en la calle son en realidad animales extraviados. Y aunque en Chile no hay todavía estadísticas ni estudios, todo parece indicar que esa descripción también se aplica aquí. En realidad, esa creencia ha sido difundida de mala fe por las organizaciones que tienen interés en que la gente crea que esos animales son abandonados, porque así se puede culpar a sus antiguos dueños y justificar su sacrificio sobre la base de que la comunidad no puede hacerse responsable de la negligencia e irresponsabilidad de otros. Pero la afirmación es falsa. Enseguida pretenden que "los perros sin supervisión se reproducen, generando cachorros no deseados". La verdad es que en Chile, aunque de vez en vez se puede ver a una hembra preñada y aunque se diga que muchas veces las hembras preñadas son echadas a la calle justamente por eso, la esperanza de vida de esos cachorros es muy baja y muchos estudios consideran que ese es el menor de los problemas. Pero la solución para esos cachorros que se encuentran en la calle no es su eliminación, sino sencillamente su retiro e inscripción en planes de adopción por familias humanas.

La WSPA, sin embargo, en sus propuestas de solución a lo que ven como problema (vale decir, los perros en la calle), no menciona en ningún momento ni la adopción ni la creación de organismos o programas que faciliten el reencuentro entre mascotas perdidas y sus familias humanas. En sus propuestas sólo incluyen "la identificación de perros, la vacunación y la esterilización". Esta manera de formular su solución deja expresamente fuera a los animales en situación de calle, los que, considerados abandonados en lugar de perdidos, aparte de ser focos de peligro para la salud pública humana y de molestia, no podrían ser ni adoptables ni devueltos a sus familias humanas. ¿Qué solución queda pues para ellos? La respuesta de la WSPA es "tratamientos" y "educación sobre tenencia responsable". ¿Qué quiere decir "tratamiento"? No lo dicen explícitamente. Pero lo que quieren decir es simplemente exterminar a los perros y gatos de la calle, aunque cuidando las apariencias y procurando utilizar métodos que llaman humanitarios. Puede uno intuir qué quieren decir con tenencia responsable. Con "tenencia responsable" quieren decir que hay que matar a las mascotas o que se encuentren en la calle o que, en casa, sobren.
Su estrategia de control de la población animal incluye "educación sobre cuidado de mascotas", "identificación y registro de mascotas", "esterilización de animales callejeros y con dueño", "vacunación". Agregan también "legislación". Pero, repito, no incluyen la adopción ni la creación de programas de reunificación familiar de mascotas y familias humanas. ¿Por qué no incluye la adopción ni los programas de reunificación? Porque creen injustificadamente y porque este problema no lo han estudiado nunca profesionalmente, que no hay familias suficientes para acoger a los animales de la calle.
En cuanto a lo segundo, como creen que se trata de animales abandonados, ¿qué sentido podría tener iniciar programas de reunificación? ¿Qué pasaría si los perros en la calle fuesen en su mayoría perros perdidos? Obviamente, la solución humanitaria sería buscar la manera de identificar a sus familias humanas. Sin un registro de identificación canina y sin chips de identidad, la única alternativa razonable es recoger a los perros en caniles y ofrecer a las familias un programa que facilite el reencuentro.
No se puede aquí pasar por alto las enormes e importantes contribuciones de Nathan Winograd y el movimiento No Kill (Sacrificio Cero). En algunas ciudades en Estados Unidos la tasa de adopción es tan alta que los voluntarios sobran y faltan las mascotas adoptables. Cuando se inician seriamente programas de adopción y de reunificación, los resultados sorprenden. Mientras que los aducen falsamente que la única solución es matar ("humanitariamente", claro está) y pese a sus millonarios recursos, como la organización PETA, no logran encontrar familias humanas ni para diez de ellos, sacrificando a los otros, en Chile organizaciones animalistas y municipalidades bien intencionadas demuestran que esta estrategia es que la más conviene tanto a los humanos como a los animales. La municipalidad de Ñuñoa, por ejemplo, en diez meses de campañas de adopción ha encontrado hogares adoptivos para nada menos que 700 animales. En Estados Unidos, una organización con un presupuesto de 30 millones de dólares no logra encontrar familias ni para diez.
¿Qué explica la diferencia? ¿Son los estadounidenses de Virginia diferentes a nosotros, o a los habitantes de, digamos, California? ¿Es una diferencia cultural? No, la verdad debe ser otra. No es que no haya gente que no quiera adoptar. Lo que pasa es que PETA no fomenta la adopción. ¿Por qué? Matar es más cómodo, más rápido, más fácil. Incluso, algunos gobiernos te pagan por ello. Más todavía: en muchos caniles eutanásicos, donde se mata indiscriminadamente a todo animal recogido, los cadáveres de los perros y gatos sacrificados son vendidos a fabricantes de alimento para mascotas. No digo que PETA o la WSPA hagan esto. Pero muchos caniles particulares y municipales lo hacen porque la legislación estadounidense lo permite. De hecho, algunos políticos chilenos han propuesto que los animales recogidos de la calle sean subastados para su uso como materia prima no solamente como ingrediente para comida de mascotas, sino también para el procesamiento comercial del pelaje, los huesos y el cuero. En China los perros son utilizados comercialmente para estos fines. Y ha sido la razón por la que la Unión Europea ha legislado sobre la materia y prohibido la importación de muchos subproductos animales para su uso como ingrediente de alimentos aptos para consumo humano y animal. Es muy posible que si compras un peluche, abrigo o llavero hecho en China, estés comprando productos hechos con cuero o pelaje de perros.
En su artículo sobre los perros de la calle, cuyas conclusiones aplican sin ton ni son a Chile, la WSPA demuestra un desconocimiento aberrante de la realidad local. Pese a desconocerla, ofrecen su cooperación cuando se trata de la eliminación sistemática, humanitaria según la organización, de los perros y gatos en situación de calle.

Los Métodos de la WSPA
Es dudoso que se pueda hablar de métodos humanitarios de eliminación de mascotas sanas, o no sanas. Lo mismo que es dudoso hablar de sacrificios humanitarios del ganado en los mataderos, donde el olor a sufrimiento y muerte se extiende incluso a las calles aledañas. Los métodos que ha fomentado la WSPA en el pasado distan mucho de ser humanitarios. Una lista de métodos de eliminación de mascotas publicada por la organización en 1990 parece una lista de torturas de un campo de exterminio. He aquí un extracto:

"Cuando es necesario sacrificar perros, la tarea algunas veces será responsabilidad del propietario, y algunas veces estará a cargo de los servicios comunitarios, en interés de la salud pública, limpieza de las ciudades o protección del ganado. Es más deseable que los propietarios mismos corrijan el exceso de perros no deseados. Se debe dar preferencia a la eliminación de los cachorros inmediatamente cuando nacen. Las personas bajo cuyo abrigo y cuidado nacen los perros y gatos tienen la obligación de decidir el número a dejar y criar cuales pueden conseguir hogares. Existen varios caminos a seguir por la persona responsable, a saber: a) llamar a la organización de bienestar animal más cercana o al servicio de salud pública para que ayuden en la eliminación y disposición humanitaria de los animales no deseados b) para los gatos pequeños usar cloroformo, según se describe en Sección 6.5 c) cuando no se dispone de servicios especiales, los cachorros y gatos recién nacidos pueden sacrificarse humanitariamente con un golpe fuerte en la parte de atrás de la cabeza. Luego hay que dislocar el cuello para asegurar la muerte. Tal acción debe ser hecha, claro está, por alguien que tenga gran cuidado y determinación.
"6.5 EUTANASIA . Esta sección describe los métodos recomendados por la WSPA para el sacrificio humanitario de los animales que no han sido reclamados por sus dueños y no son adecuados para adopción. Es importante que el operador esté muy bien entrenado y sea competente en estos métodos, de manera que se cause el menor dolor y angustia a los animales. Todos los cadáveres deben ser rápida y adecuadamente eliminados. 6.5.2. Barbitúricos 6.5.3 Cloroformo 6.5.4 Monóxido de Carbono 6.5.5. Disparos a) en un recinto cerrado b) a distancia 6.5.6. Otros métodos" (Guía para el manejo de la población canina – OPS – WSPA – Ginebra 1990) (en la página del Centro de Prevención de la Crueldad Animal).

Este es un documento antiguo, publicado en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud, del que algunos funcionarios de la WSPA se habrían distanciado. Sin embargo, y ya independientemente de los métodos, la organización sigue fomentando el exterminio de las mascotas en situación de calle que, según describen, no tienen posibilidades de ser adoptados. Así se lee en un documento de la organización publicado en 2007:

"Cuando se asume el funcionamiento de lugares para retener animales o centros o redes de adopción, se requerirá administrar la eutanasia a animales que estén sufriendo enfermedades o lesiones incurables o problemas de comportamiento que hagan que no puedan ser reubicados o que no puedan sobrellevar su estadía en el centro lo suficientemente bien como para mantener un nivel razonable de bienestar. Al final, un programa de manejo de poblaciones exitoso debe crear una situación donde éstas sean las únicas ocasiones en las que se deba requerir de la eutanasia y donde se pueda hallar un buen hogar para todos los perros saludables. Sin embargo, en la realidad, la mayoría de los países no podrá lograr esta situación inmediatamente sino que necesitará trabajar para llegar a ella, aceptando que algunos animales saludables deberán recibir la eutanasia porque no hay suficientes hogares que puedan proporcionar un buen nivel de bienestar" (Guía para el manejo humanitario de poblaciones caninas, WSPA, 2007).

"A largo plazo es sumamente difícil mantener un buen estado de bienestar para los perros que permanezcan encerrados en perreras. En esta situación, la eutanasia debe ser considerada tanto para bien del animal como para el de otros perros a los que se les podría ofrecer la oportunidad de encontrar un nuevo hogar" (Guía para el manejo humanitario de poblaciones caninas, WSPA, 2007).

La WSPA, pese a las afirmaciones de algunos de sus funcionarios, no ha abandonado su filosofía de control de la población canina y sigue fomentando la eliminación de mascotas sanas. En un documento de 2010, la WSPA en Argentina rechaza virulentamente las políticas de Sacrificio Cero (que rechazan la eliminación de mascotas y fomentan la adopción y reinserción social):

"Declarar a un municipio o a una provincia como no eutanásica, no aporta herramientas de trabajo, sólo genera confrontación e incumplimiento del Código Penal Argentino y demás normativas en resguardo de la salud humana y animal" (Estrategias para la implementación de las directrices de la OIE en tenencia responsable y control de poblaciones caninas, WSPA, 2010).

Los documentos y declaraciones más recientes de la WSPA y/o algunos de sus funcionarios, en los que rechazan lo que llaman eutanasia como método de control de la población canina y felina, apartándose de directrices anteriores, no parecen ser más que palabras de buena crianza (por ejemplo, en Methods for the eutanasia of dogs and cats, donde rechaza la "destrucción masiva" de perros y gatos como control de la población). En los últimos años, la WSPA, en su intento de infiltrar las instancias de poder, predica sea la eliminación de perros en unos países, sea la esterilización en otros, sea la adopción de estrategias todavía más humanitarias, rechazando de plano la eliminación arbitraria de animales. Mucho me temo que nada de lo que dicen es creíble y dudo, como Lísperguer, de su sinceridad.

¿Qué Es la Declaración Universal de la WSPA?
Cuando la WSPA se refiere a esta declaración, incluye un solo enlace a un borrador muy rudimentario en el que definen cuatro proposiciones: 1) los animales son seres sintientes que merecen consideración y respeto; 2) el bienestar animal incluye la salud animal y los veterinarios deben tener un papel esencial en la salud y bienestar de los animales; 3) los humanos y otras especies coexisten en un ecosistema interdependiente; 4) la Organización Mundial de Sanidad Animal debe fijar las normas globales de bienestar animal. En una versión más extensa agregan algunos puntos interesantes de ser analizados: reconocen que muchos países cuenta con sistemas legales de protección de los animales, y afirman que el "uso humanitario de los animales redunda en más beneficios para los humanos".

Pese a que en el borrador se lee que los animales son seres sintientes que merecen consideración y respeto, el presunto principio se derrumba totalmente cuando la WSPA afirma al mismo tiempo que la declaración debe "animar a las industrias que usan animales a mantener" su bienestar, lo que, en el contexto de la industria ganadera, por ejemplo, es un contrasentido o una broma macabra, porque en ambas industrias lo que se busca es la muerte del animal para que terminen como alimento. La declaración, agrega la WSPA, "mejoraría la vida de más de mil millones de personas que dependen de los animales para sus sustentos". La declaración universal sobre bienestar animal, termina la WSPA, mejoraría la salud humana, porque el bienestar animal "contribuye a sistemas de producción sostenibles y al mejoramiento de la seguridad en la comida para humanos".
Es evidente que la preocupación por bienestar animal no es el reflejo de una preocupación sincera por las condiciones de vida y muerte de los animales. En cualquier caso, el bienestar en sí mismo no es un objetivo de la organización, sino que reproducir los "sistemas de producción sostenibles" y asegurar "la seguridad en la comida para humanos" (véase también Animals Matter To Me). Es otro modo de decir que el bienestar animal es esencial para obtener carnes más blandas y sabrosas.

No he encontrado en ninguna página de la WSPA ninguna referencia ni enlace a la versión más extensa de su declaración universal, que incluye no cuatro sino ocho artículos. El inciso e) del artículo 6 declara que los "médico-veterinarios u otras personas por ellos calificadas deben ser autorizadas a destruir humanitariamente a aquellos animales de compañía que han sido abandonados y no pueden ser reubicados en hogares o provistos con el cuidado adecuado para asegurar su bienestar" (en BioÉtica). Este punto de la declaración es incompatible con los principios animalistas y es incompatible incluso con la legislación chilena, que no admite que los animales de compañía, como perros y gatos, en situación de calle o no, puedan ser sometidos a eutanasia, con o sin la asistencia de un veterinario, por otros motivos que los estricta y urgentemente médicos. En Chile aplicar eutanasia a un perro sano es un delito grave y puede ser castigado con hasta tres años de cárcel.

Por esto la presencia de la WSPA en Chile debe considerarse como un retroceso y un obstáculo para la causa de protección de los animales. Esta organización, activa en la compra de conciencias -mediante generosos subsidios, invitaciones a congresos internacionales y otros tipos de carnadas- y en la manipulación de la verdad, quiere ocupar un lugar de privilegio a la hora de formular políticas públicas basándose en el imaginario derecho que daría a los veterinarios el ejercicio de una profesión. Ningún profesional de ningún ámbito tiene ni debe tener ningún privilegio especial por encima de la ciudadanía. Las pretensiones de la WSPA son simplemente ridículas. Habría que concluir que, estando la profesión de los médico-veterinarios sujeta al espíritu de los tiempos, como el resto de las cosas, es afortunado que crean ahora, basándose en lo que llaman análisis científico, que es malo maltratar a los animales. Si estuviésemos en el siglo catorce en Inglaterra, nos dirían que para mejorar la calidad y sabor de la carne no hay mejor método que someterlos a tortura y hacerlos mordisquear por perros peligrosos (como los pit bulls). Tampoco se entiende por qué insistir tanto en estas reformas en el tratamiento del ganado, cuando lo más probable es que los propios ganaderos las introduzcan en cualquier momento, habida cuenta que el trato que le dan hoy al ganado es evidentemente perjudicial para la industria.
Algunos funcionarios de la WSPA se han defendido en público diciendo que la organización respeta las particularidades culturales. Pero es evidente que si creyeran de verdad en lo que dicen, no habrían redactado nunca ese inciso en el que se justifica el asesinato de animales por motivos ajenos a los meramente médicos -con lo que de paso demuestran una fragilísima, sino aberrante formación ética.
No se entiende qué motivo real pueda tener la WSPA para pretender que un gremio llamado profesional tenga más atribuciones que otros grupos de la ciudadanía para determinar las políticas públicas sobre los animales -sean de compañía o de producción. El permanente guiño a las autoridades que practica la WSPA (cuando, por ejemplo, reconoce la vigencia de sistemas legales locales a los que hay que adaptarse o cuando afirma que se adapta a las condiciones locales o cuando persiste en predicar el exterminio de perros que dice que sobran) no es otra cosa que practicar una política de acomodo con el poder para hacerse hueco en esas esferas y con un nicho en el ámbito de las políticas públicas. Estas constantes y flagrantes contradicciones delatan su intención de seducir y adaptarse a cualquier estructura de poder. En su visión de sociedad, la WSPA, como organismo dirigido por veterinarios y responsable de la ganadería, los primeros están destinados por vocación a determinar, por encima de la ciudadanía, la manera en que se ha de tratar a los animales y no en función de estos, sino en función de las necesidades humanas. Es claramente un intento de usurpación y exclusión de la participación y voluntad ciudadanas, y es un intento de torcer la dimensión ética del trato que debemos a los animales para presentarlo como un asunto técnico en el que ellos, naturalmente, serían los expertos. Con afirmar que este es un asunto ético no quiero decir, obviamente, que sólo los curas y los filósofos puedan discutirlo. Si es una opción ética que debemos decidir como sociedad, es un asunto que nos concierne a todos los ciudadanos -desde panaderos y maestros hasta veterinarios y ministros de estado, todos en pie de igualdad.
Lo que sí queda claro de la lectura de documentos de la WSPA es que lo que defienden, más que el bienestar de los animales, sean de compañía o de producción, son los intereses del gremio veterinario y de la industria ganadera y, más allá de eso, de una cultura y un modo de vida que no se puede concebir a sí misma sin la explotación, el cautiverio, el sacrificio y el consumo animal, que teme reconocer en los animales a personas con relaciones sociales inmersas en contextos históricos y culturales, que se niega a buscar un nuevo tipo de relación con los animales que excluya su explotación y consumo. Eso es lo que defiende la WSPA, y eso es lo que la hace impresentable.

El senador Girardi ha protestado en muchas ocasiones por las matanzas ilegales de perros y de otros animales. Por eso suena inverosímil que haya firmado esta declaración de la WSPA avalando el asesinato de mascotas. ¿Qué versión de la declaración le mostró la WSPA: la breve y truchísima o el texto más extenso y vergonzante? ¿Leyó el senador el artículo 6 de la declaración? Conociendo la posición del senador, lo dudo. Esto querrá decir, imagino, que firmó o avaló una declaración que o no leyó nunca o no tuvo en sus manos el texto completo. Me inclino a creer que fue engañado, porque otros activistas han sido igualmente engañados por esta organización. En algunos casos aberrantes, el engaño ha llegado tan lejos que los activistas cooptados niegan incluso que la WSPA avale o haya avalado la eliminación de perros y gatos como método de control de población (en La verdad sobre la WSPA), pese al indesmentible documento citado WSPA trasandina). Es también coherente con la filosofía de la WSPA que la organización prefiera asociarse a estructuras de poder, independientemente de su representatividad o vínculo con la ciudadanía. El 6 de febrero de 2011, la WSPA respondió de la siguiente manera una pregunta que le formulara un lector chileno: "La WSPA no cree que una gestión Sacrificio Cero sea sostenible. A veces es necesario eutanasiar, por un tema de bienestar animal. En tales casos siempre recomendaremos el uso de métodos humanitarios" (en el artículo de Pepa García, La verdad sobre la WSPA).
[Foto viene de msnbc.]


Gadafi, el Tirano Mártir



Cuando empezaron a llegar noticias sobre las manifestaciones en Libia, y las acusaciones contra el coronel Gadafi, me di el trabajo de investigar dos temas: la represión de esa primera manifestación en la plaza central de Trípoli, y el historial de derechos humanos de la dictadura. Sobre lo primero descubrí que la acusación de los rebeldes, de que la aviación libia había bombardeado desde el aire a los manifestantes matando a más de mil doscientos de ellos, era total y enteramente falsa. Nunca hubo un bombardeo aéreo. Una comisión del Parlamento europeo visitó Trípoli dos días después y no encontró ni cráteres en la plaza, ni impactos de bala en los edificios adyacentes ni nóminas de heridos o muertos en morgues y hospitales de la ciudad ni testigos de los hechos. Sí hubo una manifestación, y fue reprimida. El gobierno reconoció dos muertes.
En cuanto al historial de derechos humanos de la dictadura sólo encontré, como el hecho más cruento de toda su historia, la matanza de -se dice- más de mil reos en una cárcel libia. Ocurrió en 1996 en la cárcel de Abu Salim, después de un motín organizado por militantes fundamentalistas de al Qaeda y otras organizaciones terroristas. No se conocen las circunstancias precisas de la masacre. El gobierno libio accedió a formar una comisión de investigación independiente de esos hechos hace solo dos años, en 2009, pero no se ha emitido todavía ningún informe, ni creo que se haga ahora nada que se acerque a una investigación fiable. Es dudoso achacar esta matanza al coronel, aunque no hizo nada para castigar a los culpables.
Más impresionante, en mi búsqueda, fue que Human Rights Watch había emitido dos informes muy favorables a la situación de derechos humanos en Libia en 2009 y 2010 y que estaba colaborando con el gobierno libio en la creación del nuevo Ministerio de Derechos Humanos.
¿Cuáles son las grandes violaciones a los derechos humanos cometidos por el régimen libio? Siempre se menciona el atentado terrorista sobre Lockerbie en 1988, pero los periodistas y comentaristas suelen olvidar que este atentado fue una represalia por el ataque aéreo de Ronald Reagan contra Trípoli y Bengasi en 1986, que causó numerosas víctimas civiles, entre ellas una hija del coronel. Y en venganza también por el atentado fallido de la OTAN contra su vida en 1980, cuando aviones caza norteamericanos derribaron un avión de pasajeros italiano al que confundieron con el jet de Gadafi. En ese ataque murieron 32 personas. Gadafi recurrió al terrorismo para responder a los ataques terroristas de Occidente. Ojo por ojo.
Obviamente Estados Unidos y la OTAN han mentido y manipulado las informaciones sobre Libia de la mano de agencias y periodistas mediocres e interesados. Libia, uno de los diez países más ricos del mundo en los años ochenta, se describe con los mismos términos con que se describe otras dictaduras, como si Gadafi se hubiese enriquecido a manos llenas mientras mantenía a su pueblo en la miseria -como en Egipto o en el mismo Estados Unidos. Sin embargo, la verdad es que Libia era un país desarrollado, con el ingreso per cápita más alto de la región, con la mejor distribución del ingreso, con la tasa de alfabetización más alta de África, con la esperanza de vida más alta, con un presupuesto nacional que destinaba casi el 40 por ciento a la educación, con una increíble y moderna infraestructura que Occidente ha destruido completamente y en el primer lugar del índice de desarrollo humano del continente.
Antes que caracterizarse por la violación a los derechos humanos, la dictadura de Gadafi se caracterizó más bien por una ahogamiento casi absoluto de los derechos civiles. En el artículo en wikipedia se menciona sobre este aspecto el informe del Departamento de Estado de Estados Unidos de 2007, en que se acusa al régimen libio de violar los derechos humanos, que el informe detalla: malas condiciones de vida en las cárceles, detenciones arbitrarias y abuso del régimen de confinamiento aislado de los reos, persecución política y detenciones indefinidas y sin cargos,¿Suena conocido? Pero no menciona masacres ni exterminios ni persecuciones sistemáticas contra grupos de la población. De hecho, el coronel Gadafi fue un dictador mucho menos cruel y mortífero que el mismísimo Premio Nobel de la Paz, el primer presidente negro de Estados Unidos, Barack Obama, que en dos años de gobierno ha causado la muerte de decenas de miles de civiles inocentes.
El estado de cosas nos suena conocido porque la descripción que hace Occidente de Libia se podría aplicar perfectamente a sí mismo: detenciones arbitrarias, indefinidas y sin formulación de cargos, torturas y asesinatos, malos tratos en las cárceles y campos de concentración (Guantánamo, Abu Ghraib), aislamiento permanente de los reos, persecución política, cárceles secretas, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales (cerca de dos mil en los últimos años cometidas por fuerzas paramilitares norteamericanas -el llamado Ejército Secreto de Virginia del Norte), etc.
La salvaje ejecución del Gadafi sigue la política introducida por el presidente Obama, de atacar y destruir a los gobernantes hostiles y sus familias. De momento, es la mayor contribución de Obama a la nueva política norteamericana que fomenta el exterminio de los opositores. El coronel Gadafi es el tirano mártir de esa política. Ciertamente, el terrible e inevitable hecho que originó esta rebelión por encargo y final asesinato del coronel, fue que Libia despertó la conocida y criminal codicia de europeos y norteamericanos, esas dos culturas que pierden los estribos y el norte moral cuando oyen el tintinear de monedas.

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Qué Está Pasando en Los Ángeles


Municipalidad de Los Ángeles anuncia nueva ordenanza con un plan para la erradicación de perros de la calle.

Desde hace una semanas el diario La Tribuna viene informando sobre la mesa de trabajo para la "erradicación de perros vagos" que ha convocado la municipalidad de Los Ángeles con la participación de varias instancias políticas, profesionales y ciudadanas. Los planes que se exponen en la última edición de La Tribuna, son muy inquietantes. Empezando por el título y propósito del grupo de trabajo, que busca la "erradicación de perros vagos" y su "próximo retiro del centro de la ciudad."

En Los Ángeles el problema con los perros es, según la mesa de trabajo, la "proliferación de perros vagos", lo que redundaría en "mordeduras en la vía pública" y problemas con la "higiene y limpieza de la ciudad." Según algunos expertos, en Los Ángeles habría sobrepoblación de perros, los que serían abandonados por dueños irresponsables. La solución que proponen es iniciar una campaña de esterilización y castración y de educación de los vecinos en lo que usualmente las autoridades llaman "tenencia responsable". Los perros vagos serían retirados del centro de la ciudad. En lo esencial, estas son las conclusiones y planes de la mesa de trabajo. ¿Tienen algún sentido? Después de leer los informes publicados en La Tribuna, pareciera que las conclusiones ya habían sido formuladas antes de convocar siquiera a la mesa de trabajo, y que esta aparentemente sólo sirve para ratificarlas. La formulación misma del problema ("la proliferación de perros vagos") delata una visión torcida. En lo que sigue trataré punto por punto las conclusiones y fundamentos avanzados por la mesa de trabajo, y otros temas.

1. Sobrepoblación canina.
Es el punto de partida y principal argumento: hay demasiados perros. Sin embargo, no es evidente en los informes de prensa que este tema haya sido investigado. Más bien parece la impresión que se forman muchos cuando ven grandes concentraciones de perros en algunos puntos de la ciudad. Pero eso no significa que haya sobrepoblación, que es una ratio demográfica de perros y humanos que comparten un espacio. Determinada esa tasa, si se la llama sobrepoblación o no es en gran parte subjetivo. Es, de cualquier manera, un dato cultural. Que haya demasiados perros, según le pueda parecer a las autoridades o vecinos, en algún punto de la ciudad señala una concentración de cane, no su sobrepoblación. ¿Cuando se habla de esta se quiere decir que la hay en toda la ciudad? ¿La hay tanto en el centro como en los barrios suburbanos y zonas rurales? ¿O sólo nos referimos al barrio donde está alcaldía? ¿Y lo es realmente: vale decir, se ha medido esta tasa y se ha constatado en toda la ciudad un índice inusual -por ejemplo, diez perros por habitante? Si no es así, no se trata de sobrepoblación si no meramente de una alta concentración de canes en determinadas áreas. Según formules el problema, las medidas a tomar para solucionarlo son diferentes.

2. Ataques de perros y mordeduras.
No se cansa uno de repetir los resultados de numerosísimas investigaciones en Chile y en el extranjero. Una y otra vez vienen investigadores, estudiantes de medicina veterinaria, organizaciones animalistas, incluso las propias autoridades sanitarias insistiendo en que los perros de la calle son los menos peligrosos para los humanos. En realidad, más del noventa por ciento de los ataques caninos corren por cuenta de perros con dueño, muchos de los cuales utilizan a los perros como guardianes sin adiestrarlos por profesionales.
Es extendida la costumbre de usar perros para la custodia de parcelas, locales comerciales, fábricas y casas. Esos perros no adiestrados han llegado incluso a matar a humanos cuando creen que su territorio ha sido invadido. Estos son los perros peligrosos.
Sin embargo, no hay ninguna ordenanza que obligue a los dueños de perros con esas funciones a dejar el adiestramiento en manos de profesionales, de modo tal que retengan firmemente a los intrusos o despistados sin provocarles lesiones que podrían ser fatales. Esta modificación de conducta podría además convertirse en una especialización de la carrera de medicina veterinaria. Esta especialización puede incluir muchas otras intervenciones en conductas caninas.
Si la municipalidad tuviese realmente la intención de reducir los ataques caninos, sólo bastaría con obligar a los dueños de perros a contratar a profesionales para adiestrarlos.
De cualquier modo, en la mesa de trabajo, aparentemente, no se realizaron investigaciones que hayan sido mencionadas, ni se entregan detalles sobre los tipos de mordedura, ni la frecuencia, ni el lugar, ni las razas de los perros implicados, ni la gravedad de las heridas, ni las circunstancias de los ataques, ni las fuentes de esos datos (partes policiales, partes médicos). Sin estos y otros datos, no se puede enfatizar el peligro que representarían los perros en situación de calle. Tampoco se puede saber si en los casos de ataques se trató de jaurías, de perros en celo, de perros de razas llamadas potencialmente peligrosas o de circunstancias en las que los propios humanos son culpables -cuando agreden a los perros, pateándolos y golpeándolos sin motivo alguno. Si no se saben estas cosas, formular una solución es derechamente imposible.

3. Problemas con la higiene y limpieza.
Francamente, no se entiende la preocupación por este problema. Desde hace décadas que los perros no representan ningún peligro para la salud pública ni son plaga. En Viña del Mar los barrenderos recorren las calles céntricas cada tres o cuatro horas. Si molesta a algunos pisar de repente feces de perro, lo que se ha de hacer es simplemente contratar a más barrenderos y procurar que los dueños recojan las feces de sus perros. Daría empleo a gente que probablemente lo necesita y tendría una ciudad, o al menos su centro, permanentemente limpio. Hay muchas otras soluciones, como colocar la basura en estructuras alejadas del suelo, o en contenedores antivuelco. Realmente, este es un argumento terriblemente pequeño. Causan más problemas de higiene y limpieza los borrachos que los perros, y muere más gente y son agredidas más personas por borrachos que por perros. (Y, dicho sea de paso, los perros son vitales para la seguridad de las personas en los vecindarios que cuentan con perros comunitarios, que cuidan las casas y controlan y señalan la presencia de extraños en la noche. Estos perros comunitarios, nocheros, debiesen ser igualmente adiestrados para que la defensa del vecindario no resulte en lesiones fatales para los transeúntes.)

4. Perros abandonados.
En la mesa de trabajo se da por sentado que los perros en situación de calle son perros abandonados, pero no se dice cómo llegó la mesa a esa conclusión. En Estados Unidos y en Inglaterra, y muy probablemente en Chile, investigaciones recientes han demostrado que la mayoría de los perros en la calle son perros extraviados. La solución debería ser, pues, facilitar la reunificación familiar de mascotas perdidas y familias humanas, creando por ejemplo una página web por comuna y región a la que los vecinos puedan subir los datos sobre sus perros perdidos que permita potenciar la creación de redes de voluntarios buscaperros. (Existen proyectos de este tipo en Estados Unidos y Holanda. Los voluntarios se inscriben y reciben alertas cuando un perro se pierde en su sector.) También se puede solicitar la colaboración de la televisión y prensa online y escrita para colocar fotos de perros extraviados.
El énfasis en que los perros son abandonados, sin investigación alguna, es una proposición ideológica insostenible que hace responsable de la presencia de perros en la calle a presuntos dueños irresponsables cuyo único propósito imaginable es el de justificar medidas punitivas tanto contra esos dueños no identificados como contra los perros que habrían abandonado. A esos perros se los solía matar para dejar claro que el resto de los ciudadanos, o las autoridades, no se harían cargo de los costes de la irresponsabilidad de algunos. Sacrificar a esos perros es considerado por algunas autoridades y vecinos como un castigo merecido para el dueño irresponsable, y una manera de terminar con el problema que plantea la adopción del chucho abandonado. La ruindad de la argumentación no necesita mayor demostración.
Pero lo que necesitan los perros abandonados y perdidos no es que se los maltrate todavía más, sino que se les ayude a reencontrarse con sus familias humanas o, si eso ya no fuera posible, buscarles una familia que los adopte. No debe olvidarse tampoco que los perros perdidos viven la misma ansiedad y angustia que los humanos que los extraviaron y que no se contribuye a la integridad psíquica, ni de perros ni de humanos tratando a los perros como si fuesen un estorbo del que es mejor deshacerse.

5. Adopción.
Es un concepto que no aparece en los informes de prensa sobre la mesa de trabajo. Sin embargo, es la única solución a corto y mediano plazo para los perros que se encuentran en la calle hoy. Aparte de la campaña de educación en tenencia responsable, en la ciudad deberían iniciarse campañas de adopción. Con campañas bien montadas y bien intencionadas (cuando se trata de buscar una familia humana genuinamente y no de deshacerse de un cacho), los resultados pueden ser impresionantes. El Centro de Rescate Canino de Ñuñoa, que es de la municipalidad de esa comuna y trabaja con voluntarios, desde que se fundó en octubre de 2009, ha recogido cerca de mil perros y encontrado familias adoptivas a 800 de ellos: un promedio de 38 canes por mes. Estas son las experiencias de las que debemos aprender. Si no se cuenta con profesionales o personas con experiencia que puedan implementar un plan semejante, nada cuesta comunicarse y pedir ayuda.

6. Tenencia responsable.
Este es un concepto que se esgrime a menudo para justificar medidas agresivas contra perros y humanos por igual. La mesa de trabajo de Los Ángeles promete hacer lo mismo. La nueva ordenanza "incluirá fuertes sanciones para aquellos dueños de mascotas que no cumplan con lo prescrito por ese cuerpo legal", que incluirá probablemente sanciones para los dueños irresponsables. Sin embargo, no se dice una palabra sobre las razones de las conductas que calificamos como tenencia irresponsable. En los casos de abandono, no se han investigado sus causas.
En las encuestas, muchos entrevistados en Chile dicen que no abandonarían nunca a su mascota. Si fuera así, muchos perros no son abandonados, sino perdidos. Pero cuando se los abandona, muchos lo hacen por miedo a enfermedades o síntomas que no conocen o por falta de recursos o por aislamiento o por desconocer que una mala conducta canina (comerse las plantas, mordisquear los muebles, defecar dentro de casa) puede ser fácilmente modificada con la ayuda de un profesional. También habrá, obviamente, gente ruin que los abandonan cuando se van de vacaciones y el perro estorba. Pero tendremos que vivir con ello, porque la ruindad humana no se puede predecir ni podemos terminar con ella.
La tenencia responsable no puede limitarse a sugerencias para que tú o tus perros no hagan cosas que le caen mal al alcalde, obviamente. No se puede limitar a las advertencias habituales: no dejar que el perro salga solo a la calle, recoger las fecas si tu perro llega a evacuar en espacios públicos, sacarlo siempre con correa, esterilizar a tus perros, etc. Pero la tenencia responsable también se puede fomentar facilitando terrenos donde sea posible que perros y humanos puedan relacionarse de otro modo: habilitando zonas específicas para perros acompañados en parques y playas, por ejemplo; instalando más obstáculos para el tráfico vehicular en las calles, de modo que las mascotas, y los niños, corran menos peligro a manos de borrachos y conductores imprudentes. En los proyectos urbanísticos también se debe tomar en cuenta que los humanos vivimos con perros.

7. Seguro médico veterinario.
Si las familias o personas con perros tuviesen acceso a servicios médico-veterinarios gratuitos, probablemente habría menos perros enfermos y menos perros abandonados. Las municipalidades deberían fomentar la creación, o crear ellas mismas estos servicios médicos para ayudar a la gente de pocos recursos. Sería todavía mejor si las mascotas fuesen incluidas en la libreta de familia. Así se podría trazarlas en todo momento y tener un registro al día de los perros en la ciudad. Imagino que muchos creerán que estos servicios (el Fonasa para mascotas) pueden ser impagables. Sin embargo, se puede recurrir a las universidades que incluyen medicina veterinaria para que sus estudiantes hagan sus prácticas en ese servicio municipal. Con buena voluntad todo es posible. Recuérdese que un seguro médico canino redundará a largo plazo en menos perros en la calle, menos perros enfermos, menos familias angustiadas y más perros felices y sanos.

8. Retiro de perros del centro de la ciudad.
No se dice en ningún lugar adónde los van a llevar: ¿a un canil? ¿A hogares adoptivos temporales? Pero si los llevan a un canil (del que no se sabe nada) sin tener un programa de adopción, ¿qué se supone que van a hacer con ellos? ¿Encerrarlos y esperar que mueran? ¿Matarlos? Si se quiere retirar a todos los perros de la calle de una vez, se hará evidente que los autores de este plan tienen malas intenciones. ¿Piensan encerrarlos a todos en un canil, sanos y enfermos por igual, y sin planes de adopción? Si las autoridades usan el canil como botadero (muchos políticos sin corazón lo hacen o harían), en poco tiempo los perros se hacinarán y el canil será inmanejable (por ejemplo, aumentarán las muertes por peleas de perros, aumentarán los contagios si autoridades y vecinos empiezan a botar ahí a perros enfermos). Entonces aparecerá algún genio cavernícola que dirá que la única solución es matarlos. Quizá todo el plan está diseñado para llegar a esa situación y poder justificar los asesinatos. No tiene sentido retirar todos los perros a la vez. Si se es serio, es mejor hacerlo de a poco, a medida que se vayan encontrando hogares adoptivos. Tampoco debe ser una medida ideológica del tipo: "No debe haber ni un solo perro en las calles." Eso delataría el modo de pensar de un fanático. Los perros tienen tanto derecho a la calle como nosotros. Si se los retira de la calle es para evitarles sufrimientos y peligros y para insertarlos en una familia humana, y no para que los coches puedan pasar a toda velocidad.

9. Caniles y hogares adoptivos.
La mesa de trabajo no menciona los caniles y por tanto no sabemos dónde se ubicará a los perros que van a ser retirados. En sí mismo, un canil no tiene por qué ser una mala idea si la intención es que la estadía del can ahí sea breve y tenga por fin su adopción en una familia humana y, las condiciones, buenas. Una alternativa al canil es la adopción temporal en una familia. Sin embargo, si se trata de un canil, deberá ser este pequeño, porque de otro modo se transforma en inmanejable.
Por eso es mejor tener muchos caniles pequeños, familiares, que un solo canil grande. Una alternativa integrar a voluntarios a estos planes. Entre las ventajas del voluntariado se incluyen que se ahorra en salarios y otros costes asociados que muchas municipalidades no pueden pagar, la disponibilidad de los voluntarios y su genuino afecto por los chuchos. Los voluntarios (viejas locas, dicen algunos) pueden colaborar en las campañas de adopción e incluso convertirse en pequeños caniles familiares (de unos seis a diez perros). Muchos voluntarios aceptarían ocuparse de más perros de los que tienen si contaran con apoyo en lo que se refiere a los cuidados médicos y vacunas. En la calle misma, son las viejas locas las que suelen ocuparse de la alimentación y salud y esterilización de los perros de la calle. En los informes de la mesa de trabajo no se las menciona ni es aparente que hayan sido invitadas a formar parte del proyecto, aunque son la parte más importante de la solución.

10. Reinserción social ni adiestramiento profesional.
Muchos perros recogidos aumentarían sus posibilidades de ser adoptados si se les educase. Muchos perros podrían convertirse en perros de terapia y ser integrados en hospitales y residencias de ancianos y otras instituciones. Pueden aprender otras habilidades, como rastrear para bomberos en labores de rescate. Al mismo tiempo, la municipalidad misma podría ofrecer sus servicios para adiestrar a perros o modificar sus conductas. Estos servicios, realizados por nuevas especializaciones veterinarias, podrían ayudar a los dueños de perros a solucionar sus problemas con sus mascotas. Perros adiestrados adecuadamente podrían igualmente colaborar en la búsqueda de perros extraviados.
Es siempre aconsejable, de todos modos, que las personas que adopten perros sean asesoradas por especialistas en conducta canina (etólogos), para que puedan conocer más profundamente a sus perros y sus conflictos de conducta no terminen en el maltrato o el abandono. Estos especialistas también podrían adiestrar a perros con funciones de guardia para que la defensa del territorio se limite a retenciones no letales. Aunque su uso lo cuestionan muchos, investigaciones recientes muestran que prácticamente la mitad de las familias con perros, los adoptan o compran con ese fin. Estos servicios podrían ser pagados, cuidando igualmente que las familias de menos recursos puedan acceder a ellos.

11. Compraventa de perros.
Para facilitar la adopción de perros en situación de calle y porque la crianza de perros para su venta es una práctica que carece de toda ética, la municipalidad debería restringir severamente o prohibir la crianza comercial de perros y gatos. Por la misma razón, las campañas comerciales que suelen realizar algunas grandes tiendas, en las que regalan cachorros de raza si compras más de cierto monto, deberían ser estrictamente prohibidas. Poco avanzaremos en crear un nuevo tipo de relación con las mascotas si educamos a nuestros hijos en una sociedad que trata la vida como si fuese una mercancía y que, como mercancía, es igualmente desechable. Al menos, si la prohibición no fuese aceptada por razones de voluntad política, la compraventa debería limitarse severamente para que la campaña paralela de adopción tenga más posibilidades de éxito.

12. Nueva ordenanza.
La ordenanza que anuncia la mesa de trabajo suena terriblemente amenazadora. Es de esperar que no incluya prohibiciones absurdas e inhumanas, como hacen algunas municipalidades que, por ejemplo, castigan que un vecino alimente a perros en la calle o que construya casetas para ellos para que sobrevivan los rigores del clima. Estas prohibiciones son simplemente insensatas. También son inhumanas. Y también son ilegales. Los católicos (pero creo que esto es válido también para los cristianos en general, los musulmanes, los hindúes y otros credos) construyen su identidad religiosa sobre la base de la piedad, que es el único camino de su redención. Prohibirles ejercer esa piedad, que es considerada un don divino, sería lo mismo que prohibirles el culto de su religión, que es un derecho garantizado por la Constitución.
Pero, además, una prohibición semejante atentaría igualmente contra otro derecho constitucional, que es el derecho a la integridad psíquica. No puede ninguna autoridad obligar a un ciudadano a hacer algo, o dejar de hacer algo que es esencial para su integridad moral o psíquica. No puede una autoridad obligarnos, por ejemplo, a no dar limosna, ni a no ayudar a un ciego a cruzar la calle. Ni tampoco obligarnos a dejar morir de hambre a un perro en la calle. Si lo intentan, los vecinos deben recurrir a un abogado y querellarse contra las autoridades por violar estos derechos constitucionales. Los ciudadanos deben insistir ante las autoridades para que la nueva ordenanza no incluya disposiciones punitivas que redundan en mayores sufrimientos para mascotas y humanos por igual.

13. Iglesias.
Las iglesias pueden ayudarnos en la solución de algunos problemas más urgentes. En Estados Unidos en 2007 se celebró una reunión de unas veinte congregaciones (musulmanes, católicos, judíos, hindúes, budistas, etc.) que decidieron implicarse en la defensa de la vida animal y se comprometieron a difundir entre sus fieles el respeto por los animales, pidiéndoles terminar o reducir el consumo de carne. Los católicos se comprometieron a dedicar varios sermones dominicales a esta causa, y también que recordaran el principio fundamental del catolicismo, que es la piedad. Todos los creyentes debiesen esforzarse por incluir a sus iglesias en estas campañas de respeto por la vida animal, llamando a la gente, entre otras cosas, a adoptar perros en situación de calle como un ejercicio legítimo de la piedad.

14. Voluntarios.
Si nos sentáramos a esperar que las municipalidades tengan todas los recursos suficientes para solucionar todos los problemas que tiene la sociedad con sus mascotas, nos convertiríamos en estatuas de piedra. Pero en todas partes hay personas dispuestas a ayudar. A esos voluntarios hay que saber llegar. Siempre se necesitan personas para las campañas de adopción, para dar charlas en escuelas y juntas de vecinos, para acompañar y cuidar a los perros si se encuentran en algún canil, etc. El mejor ejemplo de voluntarios son las que llamamos viejas locas. Son las personas, hombres y mujeres, que salen todos los días a la calle a alimentar a las mascotas perdidas y abandonadas, que a veces las adoptan, que las llevan al veterinario cuando enferman, que las curan de la sarna, etc. Estos voluntarios, más otros que se puedan reclutar en escuelas y residencias, debiesen organizarse en redes, para que puedan ayudarse mutuamente y enfrentar juntos las dificultades. Las municipalidades avanzarían mucho en la solución de sus problemas con los perros si abandonaran las prácticas ilegales para su erradicación. Muchos voluntarios se acercarían entonces a las autoridades para buscar juntos hogares adoptivos para los chuchos en situación de calle.
El énfasis en reclutar voluntarios preferentemente en escuelas y en residencias u otros lugares de reunión de personas de la tercera edad se debe a dos motivos: la población chilena envejece rápidamente, lo que quiere decir que hay cada vez más jubilados con tiempo libre a los que podemos aproximar. El reclutamiento entre niños conviene para modificar, en el largo plazo, nuestra relación con los animales. Los niños, por otra parte, también tienen más tiempo y son más receptivos de la causa animalista.

15. Se suele interpretar manera arbitraria el último dictamen de Contraloría.
Muchas autoridades interpretan de manera torcida el último dictamen de Contraloría, pretendiendo que las autoriza para sacrificar a perros de la calle. Esto es enteramente falso. En Chile matar a un perro sano sigue siendo un delito. La jurisprudencia sólo admite el sacrificio de perros con rabia. En el último dictamen de Contraloría se determina que el único motivo para aplicar la eutanasia a un perro es que sufra de una enfermedad irrecuperable o que esté gravemente herido. Las municipalidades no están autorizadas para aplicar eutanasia a perros de la calle ni sanos ni enfermos, excepto en los casos mencionados.1
Tampoco pueden las autoridades aceptar la llamada entrega voluntaria, que sigue siendo ilegal. La razón fundamental es que nadie puede probar la propiedad del perro entregado de esta manera, porque como no existe un registro canino, no se puede determinar quién es el propietario. Muchas veces las personas sustraen al perro del vecino y lo entregan para matarlo como si fuera suyo, aduciendo que está enfermo (antes los vecinos no tenían ni siquiera que explicar por qué los querían matar). En 2008 se descubrió que la municipalidad de Viña del Mar tenía personas que recogían a perros de la calle y los llevaban a la clínica veterinaria para matarlos diciendo que eran suyos. Esto está prohibido y es un delito. Ciertamente las autoridades no pueden fomentar la comisión de delitos ni aceptar por ello entregas voluntarias de perros que sus entregadores no tienen modo de demostrar que son sus dueños.

16. Comisión ética.
Pero como el dictamen no incluye ninguna fiscalización, algunos alcaldes, como el San Antonio y otras comunas, según han denunciado organizaciones y vecinos animalistas, obligan a los funcionarios veterinarios a falsificar los informes y declarar a perros sanos como si fuesen perros con enfermedades terminales para justificar su sacrificio o definen de manera arbitraria y sin control alguno lo que llaman focos de enfermedades. Una manera de evitar estos abusos sería simplemente que se formase una comisión ética formada por el veterinario municipal y un ciudadano animalista que, respetando el espíritu de la ley, velase por los derechos animales y por la aplicación correcta de la legislación existente. Eso es lo que debería hacer un alcalde si quiere demostrar buena fe, mientras esperamos que algún senador o diputado aliado de la causa animalista presente un proyecto de ley a este efecto.

17. Veamos los problemas como oportunidades.
Muchas autoridades ven en los perros solamente problemas. Pero una política bien llevada puede convertir a los perros en una fuente de inspiración para nuevas iniciativas a todo nivel. En los barrios, se puede fomentar la formación de grupos de vecinas para que hagan ropa para perros de formatos y diseños originales que puedan acceder al mercado. Con algo de ayuda municipal, pueden surgir nuevas iniciativas que se inscriban en el plan de reformular nuestra relación con las mascotas y mejorarla, reinventando su lugar en nuestra cultura. Se puede fomentar la formación de pequeñas fábricas de galletas u otros productos para mascotas que eludan los elevados precios de las marcas comerciales. La municipalidad también puede ayudar a pequeñas empresas familiares o vecinales que se dediquen a la fabricación de ataúdes para mascotas, o incluso iniciar cementerios para mascotas, que permitiría que tratemos a nuestras mascotas con la dignidad que merecen los miembros de nuestras familias. Evitaríamos el dolor a tantas personas que se ven obligadas por las circunstancias o por la falta de instalaciones a brindar a sus mascotas un final indigno. Un cementerio municipal en Los Ángeles ciertamente atraería a vecinos de muchas otras ciudades cercanas.

Por todo esto, animalistas de Los Ángeles, atención. Este plan huele mal. Y depende de todos nosotros que nuestros amigos no terminen en cautiverio indefinido sin esperanza de volver a vivir en una familia humana.

Nota
1
Cito del dictamen 069752N10 del 19 de noviembre de 2010, firmado por el contralor Ricardo Mendoza Zúñiga:

"Al respecto, cabe indicar que conforme lo dispone el artículo 1° de la ley N° 20.380, sobre protección de animales, sus normas están destinadas a conocer, proteger y respetar a los animales, como seres vivos y parte de la naturaleza, con el fin de darles un trato adecuado y evitarles sufrimientos innecesarios.
"Por su parte, el artículo 11 de la misma ley, agrega que en el beneficio y sacrificio de animales deberán emplearse métodos racionales tendientes a evitarles sufrimientos innecesarios.
"En tales condiciones, frente a casos específicos de canes enfermos o gravemente heridos, cuya vida no es viable desde el punto de vista clínico, y que de provocarse su muerte se le evitarán sufrimientos innecesarios, resulta procedente que la autoridad municipal disponga la adopción de las medidas adecuadas."

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