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Un Peligro Fascista En Europa

Los atentados del 11 de septiembre, y los muchos más que ha habido después, hasta el atentado del 11 de marzo y después, y la guerra contra Iraq, han aumentado, al menos en Europa, el peligro de la extensión de un fascismo de nuevo estilo. Muchos gobiernos han identificado mañosamente la amenaza terrorista con la población árabe y musulmana. Y muchos han transformado a la población musulmana en blanco de represalias. Así, el gobierno holandés, para citar un ejemplo, ha iniciado una espeluznante campaña de acoso contra los musulmanes, a los que ahora pretende mediante medidas de apariencia legal limitar su acceso al país y deshacerse simplemente de ellos, violando todo lo que conocemos como valores occidentales. Ejemplos: la deportación de 26 mil refugiados, la mayoría musulmanes; la prohibición para los extranjeros musulmanes residentes de casarse con musulmanes de sus países; la distinción ilegal entre holandeses nativos y holandeses de origen extranjero; las cárceles para extranjeros.

Sigo con la descripción: en Holanda, los planes de excluir a los residentes musulmanes y árabes y otros ciudadanos de fuera de Europa de la seguridad social y del seguro médico; la ley de integración obligatoria, acompañada de un censo policial de la población extranjera; los planes de obligar a los extranjeros una ‘tarjeta de integración', que medirá el grado de integración y permitirá, como la estrella amarilla en tiempo de los nazis, identificar a los musulmanes; las tarifas arbitrarias que se impone a gente de fuera de Europa para ingresar al país. Son leyes todas que se adoptan bajo el pretexto de la amenaza terrorista. Pero este panorama no lo es todo: también se han decretado un buen montón de leyes igualmente sospechosas. Ejemplo: la admisión como prueba en los tribunales de testimonios anónimos de policías y soplones; la prohibición a la prensa de informar sobre casos que el estado considere que afectan la seguridad del estado; la reciente ley que anula el derecho de apelación en los tribunales.

Sigo: las detenciones arbitrarias y prolongadas, los allanamientos injustificados y sobre bases probablemente falsas. Por ejemplo, ningunas de las detenciones de ‘terroristas', a las que recurrió el gobierno para decretar ‘estado de alarma terrorista' ha probado ser ni remotamente justificada. Sin embargo, la alerta se mantiene. Sigo: el traspaso del mando de las policías de manos de los gobiernos locales a manos del ministro de Justicia o del Interior, ambos cabecillas; el internamiento en cárceles psiquiátricas de algunos disidentes (esta sentencia no se conoce en el resto de Europa occidental, pero sí en Rusia). Son medidas que se aplican cada vez más en otros países de Europa. Y todas con el pretexto de la amenaza terrorista. Los fascistas, disfrazados o no (en Holanda son miembros de un partido ‘liberal'), hacen agosto. Su objetivo no es protegernos, sino extender su imperio de odio por toda Europa. El Cuarto Reich. Estos regímenes son la peor amenaza que conoce Europa hoy.

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