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El Indulto de Libby

El presidente Bush, haciendo uso de una prerrogativa presidencial, ha indultado a I. Lewis ‘Scooter' Libby, ex jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney y asesor en políticas de seguridad nacional, que acababa de ser condenado a dos años y medio de presión, más una multa de 250 mil dólares, por perjurio, obstrucción a la justicia y declarar falsamente en el caso de la filtración de la verdadera identidad de una agente de la CIA estacionada en África. El presidente Bush anuló la parte de la sentencia que lo obligaba a pasar treinta meses en prisión, pero mantuvo la multa.

El caso es el siguiente: Libby pidió a un periodista amigo de extrema derecha (Robert Novak, también llamado a veces ‘paleo-conservador') que difundiera en público (lo hizo en la columna de un periódico) la identidad de la espía, Valerie Plame, esposa del embajador norteamericano Joseph C. Wilson en Níger. Se trataba de castigar a Wilson por haber denunciado públicamente la manipulación de la Casa Blanca en el caso de la pretendida compra de uranio efectuada por Saddam Hussein en Niger para construir una bomba atómica. Esto se utilizó como uno de los argumentos para invadir y ocupar Iraq. [Pinche aquí para leer la historia de Libby].

Pero era falso. El embajador Wilson fue encargado de investigar la veracidad de esas informaciones (que provenían del círculo del lamentable pelele iraquí, agente de la CIA y ex líder del Congreso Nacional Iraquí, Ahmed Chalabi), y el embajador, descubriendo el engaño, informó debidamente al gobierno. Sin embargo, su informe fue desechado y el gobierno norteamericano persistió en la utilización de esa falsedad para justificar el ataque. Wilson escribió una columna en el New York Times en julio de 2003 denunciando, aunque tardíamente, la manipulación. [Pinche aquí para un artículo sobre Valerie Plame].

No se sabe mucho más. La decisión de vengarse del embajador en la persona de su esposa sólo pudo provenir de gentes enfermizas, o tan llenas de odio que pensaban legítimo eliminar físicamente a la mujer de un adversario de la guerra por haber denunciado públicamente que el gobierno de Bush estaba manipulando las informaciones en que se basó la guerra. Pues la pareja Wilson viajaba frecuentemente a África y la revelación de su identidad la exponía al inminente peligro de que al Qaeda o alguna otra organización terrorista atentara contra ellos. Su carrera como una altamente especializada analista de la CIA había terminado.

Pero Libby es un subalterno y es improbable que haya actuado por su cuenta. La verdad que no se ventiló en el tribunal es que debe haber recibido órdenes de Dick Cheney, el vicepresidente, lo que equivale a decir, obviamente, que las recibió del presidente Bush mismo. Es por eso que el indulto que le otorga Bush a Libby debe interpretarse como su recompensa por haber guardado silencio y no haber delatado la fuente última de las órdenes que recibió.

El presidente del Comité Judicial de la Cámara, John Conyers, condenó la decisión de Bush diciendo que ""hasta ahora parecía que el presidente se había limitado a hacer la vista gorda ante el hecho de que un alto funcionario del gobierno filtrara información clasificada. La acción de hoy del presidente deja en claro que aprueba esa actividad. Esta decisión es inconsistente con el estado de derecho y envía un terrible señal al pueblo norteamericano y a nuestros operativos de inteligencia que arriesgan sus vidas todos los días". [Véase un artículo sobre el caso en mQh ].

sta decisión del presidente deja una vez más en evidencia el precario estado de la democracia norteamericana. Aunque seguimos considerando que Estados Unidos es una democracia, yo creo que hace bastante tiempo dejó de serlo, para transformarse en una simple y llana y bruta tiranía -aunque ciertamente subsisten áreas independientes. Hoy en día Estados Unidos no logra cumplir con algunos requisitos básicos de las democracias occidentales, que son, por ejemplo, el derecho de habeas corpus, eliminado hace años, y el principio de la igualdad ante la ley, principio constitucional también puesto en cuarentena.

Ahora se trata del poder judicial. Aunque no lo cancela directamente, Bush se reserva así el derecho de cuestionar las decisiones del poder judicial, y en este caso específico de una comisión de tres jueces, dos de ellos justamente republicanos. Quizás es por la creciente oposición republicana a su presidencia que dejó la multa en pie, en una especie de mal interpretado acceso salomónico.

Muchos republicanos repudian su decisión, que efectivamente envía un pésimo mensaje al mundo y en particular a los servicios de inteligencia de su país. El presidente Bush se reserva el derecho de delatar a los innumerables enemigos de la potencia a cualquier miembro de los servicios de seguridad y espionaje que se oponga a sus políticas. Y todavía peor, no solamente a quienes se oponen a sus políticas, sino incluso a los familiares de quienes se oponen a sus políticas. ¿Puede imaginarse algo más primitivo y bárbaro que esto? ¿Entregar a la muerte a la esposa del embajador al que odia, como en tiempos de los romanos, cuando todavía los pecados de un miembro de la familia condenaban a la ruina a todo el clan?

Con su decisión, el presidente Bush muestra una vez más su verdadera naturaleza. Es un presidente autoritario y avieso, que hace mal uso del temor del pueblo norteamericano ante el terrorismo, que aceptó sin chistar dos elecciones patentemente fraudulentas para no dividir al país en tiempos tan revueltos. Es la peor desgracia que ha sufrido Estados Unidos en años. Y su mandato ha llevado a Estados Unidos al borde de su extinción como democracia libre de América. Poco a poco, ha ido socavando, amparándose en el peligro terrorista, lo que hizo de Estados Unidos en el pasado, una democracia razonablemente pasable. [Para un artículo sobre el crecimiento aislamiento y enajenación de Bush, véase este articulo en mQh].

Ahora quizás los arrastrados del Senado chileno reunirán el coraje suficiente para protestar o pedir a la cancillería chilena que proteste ante el gobierno norteamericano por la arrogante y bárbara desfachatez del presidente Bush, que con el indulto de Libby hace mofa del poder judicial y desconoce sus resoluciones autónomas, empujando a Estados Unidos a un abismo todavía más profundo y siniestro donde se pisotean diariamente los principios básicos de la democracia.

¿Tendrán coraje los senadores chilenos para protestar por la insolencia y usurpación de Bush? Lo dudo.

Pero esta decisión del presidente contribuirá probablemente a su mayor aislamiento, ahora que más republicanos optarán por abandonarlo. Los jueces que redactaron la sentencia de Libby son republicanos (dos de los tres jueces) y contrariamente a lo que afirma Bush, es una sentencia bastante leve, habida cuenta que el delito de Libby estuvo muy cerca de la traición. Bush deberá seguir soportando una enorme presión, no solamente de la opinión pública estadounidense y de los demócratas, sino también de su propio campo, que advierte en sus decisiones una testaruda obcecación. Ya hay una iniciativa en curso para pedir la impugnación del siniestro Cheney. Quizás no esté muy lejos el día en que se impugne a Bush mismo. 

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