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Drácula y la WSPA

[El extendido reconocimiento de que los animales, aparte ser seres sintientes, son también portadores de cultura, no lleva a la WSPA a concluir que no debiéramos explotarlos. Propone tratarlos bien para que la carne sea más blanda y sabrosa y no represente peligro para el consumo humano.]

Desde su fundación en 1981, la WSPA (Sociedad Mundial para la Protección Animal; World Society for the Protection of Animals) ha ido cambiando y adaptando algunos aspectos de su ideología. Si al principio recomendaba abiertamente la matanza de perros y gatos callejeros e incluso instruía a sus miembros en técnicas específicas sobre cómo matar a los animales de manera eficiente (por ejemplo, recomendaba matar a los cachorros recién nacidos dándoles un golpe en la nuca), hoy, después de muchos enfrentamientos con la opinión pública y animalistas, en algunos documentos de la WSPA se puede leer que no son partidarios del sacrificio. No es exactamente verdad, porque en 2010 la organización tuvo problemas en Argentina por su intento de implementar un plan de exterminio de los animales callejeros, que los animalistas y la opinión pública trasandina rechazaron enérgicamente. Pero en otros países, al menos en Chile, la organización ya no predica el exterminio de manera abierta. En otros documentos, como los que trataremos aquí, se advierte igualmente un cambio de punto de vista. “El fin último de la WSPA”, se lee en un documento, “es un mundo donde ningún perro sano sea sacrificado y las razones y excusas que se ofrecen actualmente para matarlos ya no existan”. Pero, entretanto, mientras ese mundo mejor no se establezca con magia, podemos seguir matándolos por numerosas excusas.

La WSPA ha empezado a reconocer que los animales son seres sintientes con capacidad para sentir dolor, angustia, sufrimiento y placer. “Mientras las discusiones sobre la capacidad de sentir a veces incluye otras materias tan complejas como la cognición y la auto-conciencia, estos temas no son los más relevantes para identificar qué animales son los más afectados por nuestros cuidados o malos tratos. […] La mayor parte de las investigaciones científicas sobre el hambre, la sed y el dolor demuestra que todos los vertebrados y algunos invertebrados son similares a los humanos en sus respuestas frente a la escasez de alimento o agua y ante estímulos poco placenteros. Poseen receptores nerviosos y funciones de procesamiento similares dentro del sistema nervioso central y muestran cambios psicológicos y de conducta similares en estas situaciones. Todas estas evidencias respaldan el hecho de que los animales son seres sintientes y que sus procesos mentales son comparables, al menos de algunas maneras, a los de los humanos”.
Que la WSPA reconozca que los animales son seres sintientes en un paso adelante, pero en el estado actual de nuestros conocimientos sobre sociedades animales es una postura claramente insuficiente. Las investigaciones zoológicas y etológicas de principios del siglo veinte y especialmente después de la Segunda Guerra Mundial dejan en claro que los animales compartimos muchos otros rasgos, como vivir en sociedad, conocer estructuras de parentesco, reconocer funciones y jerarquías, tener historia (la relación humano-animal es influida y determinada por relaciones locales previas), tener cultura y lenguaje –lo que implica transmisión de conocimientos y la fundación de tradiciones- e incluso poseer una tabla moral inter-especies básica.

Pero el reconocimiento de una cierta identidad, tanto entre humanos entre sí como entre humanos y animales, al menos en las culturas occidentales, conduce por lo general a compartir también algunos derechos o privilegios. Así suele ocurrir entre humanos. Tras el debate iniciado por el Padre Bartolomé de las Casas sobre la igualdad entre europeos e indios –que la casta gobernante negaba- en tiempos de la colonización española de América, la Casa Real finalmente reconoció esa humanidad compartida y empezó a dictar el cuerpo legal que conoceríamos como las Leyes de Indias –siendo una de las primeras la obligación de los colonos peninsulares de contraer matrimonio con las mujeres indias con las que vivían fuera del matrimonio. Posteriormente los esclavos negros de las grandes potencias europeas también fueron reconocidos como compartiendo con otras razas la identidad humana. (Curiosamente, los colonos europeos de la época de la esclavitud africana pretendían saber –acorde con lo que se entendía por ciencia en la época- que los negros no sentían dolor.)
Este mismo mecanismo ideológico –el reconocimiento de una identidad compartida conduce al reconocimiento de derechos compartidos- se aplica también para las relaciones entre humanos y animales. Hace unas semanas, para recurrir a un caso reciente, en Estados Unidos la repartición oficial Institutos Nacionales de Salud, aceptando las recomendaciones del Instituto de Medicina, limitó severamente las investigaciones biomédicas con chimpancés y otros animales utilizados en laboratorios. Los motivos que justificaron la recomendación del Instituto de Medicina fueron que los chimpancés son una especie “que exhibe claros signos de amor, una compleja organización social, auto-conciencia y estrés”. El director de INS, Francis F. Collins también adujo que “los chimpancés son nuestros parientes más cercanos en el reino animal” y como tales merecen “especial consideración y respeto”. Por muchas razones que no viene al caso discutir aquí, las investigaciones con chimpancés no se prohibieron enteramente, pero serán discontinuadas paulatinamente y los animales serán trasladados a santuarios.

Pero para la WSPA ese reconocimiento de una identidad (“sus procesos mentales son comparables […] a los de los humanos”) y la idea de que los animales deben ser respetados (“los animales deben ser tratados con justicia y sus necesidades deben ser respetadas”, se lee en el documento de la WSPA) no la lleva a reconocer algunos derechos compartidos con los animales. Todo lo contrario, la WSPA enfatiza que -estos avances en el conocimiento de la psicología, sociedad y cultura animales- no implican ningún reconocimiento de algún derecho animal. “Considerar activamente”, se lee en su folleto, “el bienestar animal implica entender las necesidades de los animales individuales, promover su cuidado y reducir el maltrato. Esto no implica dar derechos a los animales o elevar su condición por encima de los humanos”.
La misérrima conclusión a la que llega después de explorar brevemente la idea de que los animales sienten (no que tengan sentimientos), es reducir el dolor o el estrés y mejorar sus condiciones de cautiverio para que la carne y otros de sus subproductos sean de mejor calidad y su consumo no represente un peligro para la salud humana. Lo que sigue es un buen ejemplo de cómo ve este asunto la WSPA: “La comprensión de que los animales son seres sintientes y que pueden sufrir implica reconocer responsabilidad en cuanto a cómo se les debe tratar. Por ejemplo, es una práctica ganadera bastante extendida en el mundo que las cerdas sean confinadas en jaulas -que restringen severamente sus movimientos- para reducir la tasa de mortalidad de los cerditos, que suelen morir aplastados [por la madre]. Sin embargo, hay fuertes evidencias científicas de que las cerdas sufren cuando se las mete en estas jaulas y se frustran porque no pueden moverse para buscar comida o comportarse como madres. También hay evidencias de que estos sistemas son innecesarios”. Según el documento, por esta razón estos establos han sido prohibidos en países como el Reino Unido y Suecia.

El hecho de que los animales sean seres sintientes y, como nosotros, conozcan estructuras sociales, parentesco, cultura, sentimientos, tradiciones, lenguaje, no lleva a la WSPA a considerarlos sujetos de derecho. Todo lo que pretende la WSPA es que los animales no sufran demasiado –probablemente se refieren al sufrimiento físico, porque no parece que entienda que el cautiverio, la esclavitud, la separación familiar, la explotación y el consumo tras el obligado pasaje por el matadero son también experiencias dolorosas, quizás más que los rigores físicos. Si se descubriese alguna vez que las vacas o los cerdos pueden aprender a leer, la WSPA probablemente sugeriría instalar bibliotecas en los mataderos, para que las víctimas se distraigan antes de ser llevadas a la carnicería. Y esto no tiene nada que ver con la causa animalista. Esto es la causa animalista tal como la debe entender Drácula.
[Foto viene de Animal Urbano.]

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