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Un Caso de Usurpación Ideológica

La usurpación ideológica es un método al que se recurre habitualmente en el mundo del espionaje, y en la política. Consiste en asumir otra identidad que la propia, y a menudo una identidad opuesta -la del enemigo, por ejemplo, para que se le haga responsable de tus acciones, o alguna otra, que desvíe la atención de los que te persiguen. En muchas ocasiones es todavía más que eso, y se utiliza como un instrumento de tortura más, para profanar y mofarse de los valores de los que se considera enemigos. La usurpación está también muy cerca de la traición.

Se me viene un buen montón de ejemplos a la memoria. Durante el gobierno socialista entre 1970 y 1973 en Chile, período durante el cual presenciamos numerosos atentados terroristas contra objetivos como puentes y torres de alta tensión, sus autores abandonaban proclamas y panfletos en los lugares donde atentaban pretendiendo que eran comunistas o socialistas o marxistas revolucionarios. Pero eran elementos de extrema derecha. El lenguaje los delataba de lejos. También sus métodos.

De ese modo -entre otros muchos casos- se pretendió culpar del asesinato del comandante en jefe del Ejército, Raúl Schneider, en 1970, a organizaciones de izquierda.

"El trabajo libera", rezaba un letrero a la entrada de un campo de exterminio nazi. Engañaban así a los internados sobre el destino que les esperaba. Se hacían pasar por humanos. En 1974, Pinochet, inesperadamente, explicó su gobierno de facto diciendo que defendía el catolicismo y la civilización -justamente en uno de los años más crudos de su régimen. Obviamente, las prácticas de esa tiranía contradecían todo el legado cultural de Occidente y eran una negación de sus principales valores.

El desarrollo de la cultura occidental ha convertido en materia de dogma y doctrina los derechos del hombre o humanos, la libertad política y económica, la democracia, la tolerancia religiosa, la libertad de movimiento y asentamiento y otros valores que consideramos básicos. Es el respeto de los derechos humanos, tolerancia y el estilo de vida lo que caracteriza a Occidente hoy en día de otras culturas del mundo.

Obviamente, quien predica el exterminio de los opositores, rechaza la democracia, prohíbe la vida política, gobierna mediante soplones y el terror, tortura y asesina ocultando los crímenes, encubriendo a los victimarios o culpando a sus opositores, no puede pretender que está defendiendo la civilización. En realidad, es claramente uno de sus enemigos.

Lo mismo ocurre con el pretendido catolicismo de muchos dictadores sudamericanos. Sin embargo, su propia condición, y sus prácticas de innoble barbarie, deben impedir que se les tome en serio. Su catolicismo es tan falso como el misticismo de los asesinos en serie, los que matan explicando que Dios se los ordena.

Hace unos días leía en Página 12 un artículo sobre la reciente condena del dictador Bussi a reclusión perpetua. Escribe el periodista a propósito del caso:

"Tras explayarse sobre torturas, uñas arrancadas con tenazas y hombres enterrados hasta el cuello, el ex gendarme Omar Torres relató dos fusilamientos que presenció. "El general Bussi se apersonaba y daba la orden con un disparo ejecutando a una persona". Sus subordinados remataban al resto, que caían a un pozo. Luego "se echaba leña, aceite y gomas de automóviles". Juan Martín describió el método de entierro en vida, contó que obligaban a los detenidos a rezar el Padrenuestro y el Ave María: "Y nos exhortaban a dar gracias a Dios por haber vivido un día más". Los jefes de los campos se ufanaban de haber aprendido a torturar en Vietnam, donde Bussi fue como observador invitado por el ejército norteamericano".

Considérese que estos criminales, recién condenados, continúan defendiendo y justificando sus crímenes e insultando y mofándose de sus víctimas y sus familiares. Pretenden que había entonces una guerra y que defendieron a Argentina de una subversión marxista. Que defendían la civilización occidental.

¿Puede un ser tan repugnante como este pretender que defiende el catolicismo? ¿Quién no siente escalofríos cuando oye a chacales como el Guatón Romo o el general Manuel Contreras justificarse diciendo que defendían a Chile, a Occidente, al catolicismo?

¿Por qué razón habrán esos militares argentinos obligado a sus víctimas a rezar el Padrenuestro, la oración cuyo verso final lo forma justamente la súplica "líbranos del Mal"? Sus víctimas eran inocentes. Tanto en Argentina como en Chile y Colombia y otros países de América la inmensa mayoría de las víctimas eran inocentes -en el sentido de no ser culpables en ningún sentido judicial de ninguno de los delitos que se les llegó a imputar extrajudicialmente. De lo que se sigue, obviamente, que casi todas las víctimas eran católicas.

¿Cómo, pues, obligarles a rezar? ¿No es lógico suponer que sabiendo la muerte cercana rezarían por sí solos? ¿No habría sido más lógico haberles impedido que rezaran? Convertir la oración en un acto obligatorio niega su verdadero sentido y la convierte en un tormento. No sólo la priva de su contenido original, sino que lo distorsiona y se mofa de su verdadero propósito. Es como si, en lugar de metáfora del sacrificio, durante la misa se sacrificase a un humano o animal recién nacido, como en el altar del demonio. Les obligaban pues, después de inenerrables torturas, a rezar un padrenuestro y un avemaría para, tras pronunciar su último "líbranos del Mal", ser fusilados, o enterrados vivos.

¿Puede imaginarse una distorsión más infernal que la que acabo de describir?

¿A qué grados de inhumanidad pueden llegar hombres tan claramente inspirados por el Mal? Recuérdese que estos generales violaban a las detenidas -que podían o no ser revolucionarias, y que en general no lo eran-, y las hacían parir para luego asesinarlas y quedarse con los recién nacidos, a los que adoptaban o daban en adopción y posiblemente vendían. ¿Qué harían hoy si alguna de esas dictaduras se hubiese sostenido hasta hoy? ¿Asesinarían a los acusados para utilizar sus órganos o venderlos para transplantes? Probablemente.

¿Qué distingue a estas alimañas de los nazis? El nazismo era una doctrina atávica, inspirada en arcaicos y bárbaros valores y creencias germanas alimentadas por los desvaríos de criminales dementes y lunáticos, que se oponía derecha y abiertamente a la civilización occidental, a la que despreciaba. Las doctrinas de las dictaduras militares sudamericanas fueron igualmente un ataque contra la civilización, pero desde dentro, usurpando la propia identidad de Occidente.

No sé si alguien puede creer que estas hienas sanguinarias tienen algo que ver con la defensa del catolicismo o de Occidente. Se los describiría mejor como infiltrados del demonio. Fueron siempre y siguen siendo la personificación de todo lo que la cultura occidental rechaza como su propia negación. Esos defensores del catolicismo y la civilización occidental eran en realidad, y son, sus más terribles y despiadados enemigos.

Constituyen un ejemplo por excelencia de lo que llamamos usurpación ideológica.

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