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Holanda Empieza Deportación de Árabes

La desgraciadamente inevitable ‘hija de Hitler' acaba de anunciar que ha decidido deportar a tres clérigos musulmanes de Eindhoven, y al mismo tiempo informa la prensa que la policía ha arrestado para su inmediata deportación a un imán turco de Rotterdam. La decisión la basa la señora en indicaciones de la policía secreta, la Algemene Informatie- en Veiligheid Dienst AIVD, que sospecha o acusa a los imanes -uno de Bosnia, uno de Egipto y uno de Kenia- de predicar contra "la sociedad occidental", la guerra santa y contribuir a la radicalización de los jóvenes musulmanes, y de haber reclutado militantes para la guerra santa. Como explicación, agrega el parte de la policía secreta, son los tres salafistas, que son, parece, los que predican vivir al pie de la letra las doctrinas del Corán. Se les acusa, pues, de pregonar el terrorismo.
Algunos analistas musulmanes han sostenido que con esta decisión pretende la ministro poner a prueba la implementación de una política de deportaciones y persecución religiosa masiva.
El terrorismo es un asunto demasiado serio como para creer que sea todo esto una chacota de la sargento Verdonk. Pero ¿qué otra cosa creer? Pues los tres imanes se han declarado sorprendidos de las acusaciones, diciendo que ellos, muy al contrario, predican contra la guerra santa y contra la violencia. ¿Estarán mintiendo? ¿Serán de verdad espías y jefes terroristas encubiertos que reclutan a jóvenes para transformarlos en criminales de la guerra santa?
La policía secreta en estos asuntos se ha mostrado incapaz e inepta en muchos terrenos. Algunas de las acusaciones y sospechas han resultado ser estrafalariamente falsas. El abogado de los clérigos dice que como prueba de la verdad de las declaraciones de los imanes, ha entregado o entregará al tribunal las filmaciones en video de las prédicas, de las que se suele encargar el personal de la mezquita como parte de sus tareas habituales. En ellas se vería y oiría predicar a los clérigos justamente contra la guerra santa y la violencia, o sea, de los delitos de los que son acusados.
Se pregunta uno: ¿Habrán los espías -pues las imputaciones de la policía secreta se basan en informaciones obtenidas de espías y soplones, obviamente- oído mal, entendido al revés lo que dijo algún imán algún viernes? Esto sería ridículo. Realmente, ¿serán tan malvados los imanes para pretender que, siendo reclutadores de terroristas, además predicaban contra el terrorismo? Suena, por decir lo menos, novelesco. Además, ahí están los videos, como prueba contundente de la ineptitud de la policía secreta. Si no, ¿por qué llegaron a esa conclusión?
La explicación -que son salafistas- no dice nada, ya que no se puede hacer equivaler el fundamentalismo con el terrorismo. En primer lugar, porque el fundamentalismo, de la especie que sea -los hay también cristianos y judíos- es una ideología y pensar no es un delito, por extravagante que nos parezca alguna idea. Lo que se condena es que se cometan (o se pregonen, recluten, preparen, inicien) actos terroristas, y se traban consecuentemente, en los países más consecuentes, las actividades de los grupos o individuos que utilicen la violencia para la consecución de sus fines.
Han sido salafistas, lamentablemente, los que han estado implicados en graves atentados, entre ellos el del 11 de marzo de 2003 en Madrid. De los terroristas del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York y Washington, se dice que eran saudíes y wahhabistas, una secta aliada al salafismo. Aun así, que algunos atentados hayan sido cometidos por salafistas es tan relevante como decir que los terroristas colombianos, por ser colombianos, son cristianos, lo que sería un absurdo.
O sea, que todo este asunto tiene cara de ser un torpe y patético montaje de la policía secreta.
Es muy sorprendente que, por ejemplo, los espías no estuvieran al tanto de que las prédicas eran filmadas y que los clérigos podrían, por tanto, probar que no hacían apología de la violencia ni de la guerra santa. Y menos aun que reclutaran a jóvenes para cometer atentados terroristas.
El alcalde de la ciudad -Eindhoven- dice que el ayuntamiento no ha tenido nunca problemas con la mezquita de los acusados y otros entrevistados a las puertas del templo se mostraban atónitos ante las acusaciones de la ministro. Tampoco la policía de la ciudad tenía indicios de que fuese un centro de reclutamiento terrorista.
Sería lamentable que se probase que todo este asunto es manipulación de la ministro de Extranjería y que tiene por propósito probar hasta dónde puede llegar en fortalecer el apartheid de facto de la población árabe. Si se acepta la deportación de los imanes, se aceptará el principio de someter a los hombres religiosos árabes a un régimen aparte, especial, en el pueden ser encarcelados y deportados si son acusados por la policía secreta. Y se aceptaría, también, el principio de que las acusaciones, por provenir de la policía secreta y por razones de seguridad, no pueden ser verificadas ni controladas independientemente. De este modo, la máxima autoridad judicial del país serían ahora no los tribunales, ni la policía, y no toda la policía, sino en particular la policía secreta -obviamente, de siniestra reputación.
Aceptar la decisión de la ministro sería aceptar el principio de que los árabes son culpables a primera vista -por ser árabes y musulmanes, por no ser cristianos, por ser extranjeros- y que, machacando la vieja corrección política, someter a los árabes a un régimen derechamente aparte, con leyes y sanciones diferentes. Si así ocurriese, sería el fin definitivo de la democracia holandesa y su decadencia en una peligrosa e irracional ideología xenófoba. Y la medida, una vez aprobada, se puede extender a otros terrenos y personas, y terminar afectando no sólo a los fundamentalistas, sino a todos los árabes y posteriormente a otros grupos de la población.
Sería mejor que la ministro dedicara más atención a la efectividad y fiabilidad de su servicio secreto. Pero ella misma tiene muy poca credibilidad, así que cuando se oyen sus explicaciones, termina siempre dominando la impresión de que está loca de histérica, llena de un odio que se le nota hasta en la manera de posar, y que hará cualquier cosa para salirse con la suya, contra viento y marea. Esta impresión se confirma si se toma en cuenta que apenas unos días atrás negó más de diez veces que las autoridades de inmigración habían entregado informaciones sobre decenas de deportados devueltos a sus países a las policías de esos países. Algunos ellos están desaparecidos y algunos suponen, muertos. Si las acusaciones fuesen verídicas, sería la más explícita demostración de la naturaleza demoníaca de las políticas de la ‘hija de Hitler'. Es más que evidente que si se entregan esos datos a esas policías, esas personas difícilmente volverán a ver la luz del día, sea porque serán asesinados, sea porque serán encerrados por un largo tiempo, ya que han huido originalmente por temor a represalias de las dictaduras de sus países. Lamentablemente para la ministro, al menos un refugiado logró volver y contó a periodistas exactamente cómo ocurrió su entrega a las autoridades congoleñas, agregando el macabro detalle de que al llegar al aeropuerto nacional, los policías holandeses estaban muertos de miedo por el conocido salvajismo de los militares a quienes estaban entregando a los deportados. Fue de ese modo que la prensa se hizo con una ordenanza del servicio de inmigración que ordena que se debe entregar a las autoridades congoleñas el informe de los interrogatorios de los deportados, que esas autoridades exigen a cambio de un permiso de retorno al país. Pues bien, entre el día en que se publicó en la prensa ese documento y el día del debate, ella simplemente modificó la ordenanza, eliminando la frase en que se refería a la entrega de esos documentos confidenciales a las autoridades de esos países. Y los parlamentarios de extrema derecha acusaron subsecuentemente a los demandantes de haber leído mal la ordenanza, sin considerar la explícita confesión de la ministro de que la había modificado. Es el colmo. Realmente, esta señora es superlativamente intratable. Y lo peor de todo es que, a pesar de que lo vimos todos -porque todo esto pasó por televisión a hora punta-, los parlamentarios terminaron aceptando su absurda explicación: vale decir, que puede ser verdad que esos documentos se hayan entregado a esas policías, pero que ella ya venía desde hace un tiempo pensando en modificar la ordenanza y lo había hecho el día anterior al debate parlamentario. ¿Explicación? Es, francamente, una historia de simios, incoherente, hasta surrealista. Y, así, libró. Es difícil entender cómo puede el pueblo holandés aceptar autoridades políticas tan nefastas e irracionales. El espectáculo de la clase política es asombrosamente bizarro. ¿Deben los contribuyentes pagar para mantener a esa manga de simios dizque debatiendo en el Congreso?
Es decir, la credibilidad de la ‘hija de Hitler' no existe. Uno se acostumbra a creer que miente abundante y enfáticamente, sin complejo alguno, desparpajada y mostrando una alucinante arrogancia. Y es una mala idea que la ciudadanía la asocie regularmente con lo peor que tiene Holanda, muchas de sus gentes todavía racistas y xenófobas. ¿Si no se le exige lógica ahora, que dirá cuando se pruebe que esos imanes son en realidad importantes aliados en la lucha contra el terrorismo? ¿Dirá como dijo un reciente informe del servicio secreto español, que son tan malos que hasta comen jamón? ¿Vale decir, que aunque inocentes, son culpables? El único contexto en que esto tiene sentido es uno en el que lo malo es ser árabe, no ser musulmán ni terrorista. No es una buena impresión.
Parece que en el arresto de gobierno se dice que predicaban contra las sociedades occidentales. Este es uno de los nuevos bizarros y simiescos delitos de la llamada legislación anti-terrorista: no se puede predicar contra la sociedad occidental, un supuesto delito estúpido, absurdo y de amplia aplicación. Tal por ejemplo, que la posesión de libros de ciertos autores o sobre ciertos temas será usada como prueba en una acusación de terrorismo. Como solían hacer las sangrientas dictaduras de simios que vivió América Latina en los años setenta y ochenta, cuando la posesión de libros marxistas en la biblioteca familiar podía significar la ejecución de la familia.
Habría sido más coherente que si los clérigos son efectivamente culpables de terrorismo o de actividades asociadas al terrorismo, fuesen detenidos y procesados con cargos específicos. Con expulsar a esos imanes no se obtiene nada, y hasta es posible que sus países no los quieran, en la presunción de que si son efectivamente terroristas, entonces significarían allá una carga más para sus propios servicios de inteligencia. Si son terroristas, serán un problema en cualquier parte y lo mejor sería sacarlos de circulación recurriendo a leyes normales que lo permiten antes que empaquetar el problema a otro país.
Realmente, todo esto tiene mala cara.

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