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Desvaríos de Scheffer

Scheffer es uno de esos ideólogos que como la extrema derecha del gobierno, no acepta las conclusiones de numerosas comisiones de investigación y prefiere cacarear desde el mismo palo que los neo-fascistas. Nunca hubo ni ha habido problemas de integración de los extranjeros o de la población musulmana en Holanda hasta que el gobierno, en 2002, iniciara y fundara la ficción de que Holanda tenía problemas con los extranjeros. Y el asesinato de van Gogh no cambia esta situación. Se ha transformado lamentablemente en una excusa del fascismo, que razona y convence como razonan y convencen los simios: falsificando la realidad, aplicando criterios extraños al pensamiento racional y utilizando la violencia y las amenazas. Los fascistas llaman problema de integración al hecho de que algunos inmigrantes (los menos) no hablen lo que los aborígenes llaman lengua materna y a que practiquen una religión que no les gusta.

Quieren transformar en ley la estúpida idea de que si Mohammed B. mató a van Gogh, entonces todos los árabes quieren matarnos. Y utilizan la violencia (atentados, incendios de mezquitas y locales judíos) y las amenazas (se inhabilitará a los jueces que se opongan a las nuevas leyes anti-terroristas y a los que piensen, como los jueces de la Corte Suprema, que el derecho europeo tiene primacía sobre el nacional) para acallar a los opositores. Holanda no tiene motivo alguno para esta falsa guerra contra los musulmanes. En pueblos con la salud mental en orden un asesinato no puede dar origen a ideas estúpidas, como las de Scheffer, ni a planes y leyes insensatas e ilegítimas. Ahora algunos políticos discuten abiertamente si, en el marco de lo que permiten las nuevas leyes, habrá que encerrar a 15 mil o 50 mil holandeses árabes. Acá los enfermos mentales no son los musulmanes ni los extranjeros, sino los aborígenes. Quizás tiene que ver con el hecho de que Holanda nunca fue castigada por su participación en el Holocausto.

Los soldados holandeses que colaboraron con las tropas serbias en el asesinato de 7.800 niños y hombres musulmanes en 1995 no fueron ni serán probablemente castigados. Los aborígenes viven en la creencia de que han hecho bien. Ahora cuando se acaba de descubrir que el gobierno holandés está entregando a refugiados a las policías de sus países, y que con este régimen se encuentran desaparecidas varias decenas de refugiados -Auschwitz por encargo-, prácticamente ningún partido político ha abierto la boca. La izquierda de antaño participa de la misma lógica que el gobierno, y Scheffer es un ejemplo de ello. Cuando el peligro es el fascismo, el racismo y la discriminación, pretenden que es más importante la amenaza de un puñado de terroristas islámicos. Mientras a los árabes se los despide de sus trabajos por ser árabes, pretenden que hay problemas de integración. Mientras los neo-nazis siguen quemando y atentando casi a diario, se nos machaca con el peligro musulmán. La manipulación y mala fe son evidentes.

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